El extremo derecho internacional del Barcelona Lamine Yamal es uno de los principales fichajes para la temporada 2024-2025 de la Kings League, aunque su papel es aún una incógnita informan los organizadores.
“Aquí empieza la temporada 2024-2025 de la Kings League. Vamos a conquistar el juego”, dice el futbolista en el vídeo de presentación que destaca las principales novedades del año.
El futbolista, recientemente nominado al Balón de Oro, ha sido un seguidor de la competición desde sus inicios: desde la ‘Final Four’ en el Camp Nou, justo antes de su debut con el primer equipo del Barcelona a los 15 años, hasta su visita al Cupra Arena para ver al Rayo de Barcelona enfrentarse al xBuyer Team en la tercera jornada del último ‘Split’.
“En los próximos días conoceremos más detalles sobre el papel del jugador en la Kings League, pero no cabe duda de que su fichaje es una grata sorpresa para todos los aficionados al torneo”, señalan los organizadores.
Dos competiciones internacionales, la Copa de Naciones y la Copa del Mundo de Reyes; nuevas ligas, Tenerife como sede de la fase final en España y los Premios Corona son algunas de las novedades de la Kings League.
El fichaje de Lamine Yamal es una de las sorpresas de la nueva temporada. A principios de semana, la expectación ya crecía con la inauguración de una pancarta gigante en la calle Princesa de Madrid, donde se podía ver la silueta de un jugador encapuchado.
Hubo que contar 11 carreras (cuatro de 2023 y siete de 2024) para ver una eliminación de Fernando Alonso en la Q1. Y remontarnos casi ocho años, durante el GP de Malasia 2016, para ver al asturiano en la última fila por una cuestión ajena a la mecánica o las sanciones. Entonces, Alonso protagonizó una fantástica remontada con su McLaren que le llevó de la 22ª posición a la séptima en la meta. El honor de Aston Martin en Imola tampoco fue salvado por Lance Stroll, decimotercero en la parrilla, a cuatro décimas del corte en la Q3. La conclusión, por tanto, no podía resultar más desoladora en el equipo liderado por Mike Krack, que completó a orillas del río Santerno su peor sábado de la temporada.
El 1:15.992 del canadiense, a 1.24 segundos de la cabeza, deja a Aston Martin como antepenúltimo del sábado, sólo por delante de Williams y Sauber. Una situación tan crítica como la del pasado noviembre en Austin, cuando los dos monoplazas verdes partieron desde el pit-lane tras romper la normativa del parque cerrado.
Las mejoras traídas a Imola, con la actualizaciones aerodinámicas probadas en el túnel del viento y el simulador, no tuvieron un correlato sobre la pista, donde el AMR24 volvió a mostrarse a la altura de Alpine y por detrás de Visa Cash RB y Haas. Noticias más que preocupantes para Alonso, que deberá centrar sus esfuerzos del domingo en recabar datos para próximas carreras con más énfasis que en la remota búsqueda de los puntos.
"Tenemos que tener paciencia"
"Es un recorrido largo hasta fin de año y tendremos más actualizaciones en Mónaco la próxima semana. También en Canadá y en Barcelona. Durante las seis primeras sarreras trajimos piezas nuevas", confirmó Alonso. "Todo añadía rendimiento al coche. Aunque si traes media décima, pero el resto de rivales traen dos décimas, entonces eres una décima y media peor que el fin de semana anterior", admitió el doble ganador de las 24 Horas de Le Mans.
Krack, el team principal, recurrió a resiliencia para afrontar la preocupante cuesta abajo. "Nos llevará aún más tiempo compensar este déficit. Nuestros adversarios no llegaron a la cabeza de la noche a la mañana. Tenemos que tener paciencia hasta ponernos al día". Según la revista alemana Auto Motor und Sport, Krack ya habría decidido recuperar algunas de las piezas rotas de su líder, que por lo tanto iniciaría la carrera desde el pit-lane.
La falta de carga aerodinámica, especialmente en la parte trasera, preocupa a los ingenieros de Krack, especialmente porque este déficit multiplica la elevada degradación de los neumáticos. "Debemos intentar hacer el coche más versátil. Así, nuestros pilotos podrán conducir con más tranquilidad y confianza", valoró Pedro de la Rosa, embajador de la marca británica.
Las críticas de Briatore
Esas dificultades al volante quedaron en evidencia el viernes, cuando Alonso cometió un par de errores poco habituales y el sábado, cuando Lance Stroll se quejó varias veces sobre la configuración del coche. Por si no bastase, el accidente del bicampeón mundial durante la FP3 y su posterior paso por la grava en Tamburello durante la Q1 arruinaron las opciones de Aston Martin.
Estos incidentes prolongan la mala racha reciente de Fernando en el Autodromo Enzo e Dino Ferrari. Durante sus dos últimas carreras, ambas disputadas en algún momento bajo la lluvia, el ovetense sólo pudo arañar un punto con Alpine. En 2021, un absurdo toque contra el muro en Tosa durante la vuelta de formación obligó a cambiar el alerón delantero, mientras el curso pasado, un choque sin mala intención con Mick Schumacher desencadenó su abandono.
Quien no se anduvo por las ramas fue Flavio Briatore, mánager de Alonso. "Hay veces en las que parece que vamos para atrás en vez de hacia delante. Después de lo que vi en los libres... Parece que hemos dado un paso atrás", aseveró el italiano, con una rotundidad que no habrá caído demasiado bien en la escudería de Silverstone.
Son las 21.30 y los padres de Diogo José Teixeira da Silva, Diogo Jota, y André Silva abandonan el tanatorio de Puebla de Sanabria. La madre no puede contener el llanto, mientras que el padre aguanta serio la tragedia que ha sacudido a su familia hacía menos de 24 horas. Junto a ellos salen los coches fúnebres de dos jóvenes de apenas 28 y 26 años que jugaban al fútbol. A la comitiva la acompaña también el representante de Jota, Jorge Mendes, el único que brinda unas palabras a los medios allí apostados. "Todavía no me lo creo. Esro es muy, muy difícil", declara para, poco después, romper a llorar cuando sube a su vehículo.
Había sido una tarde dura en esta pequeña localidad zamorana de apenas 1.100 habitantes. Desde el tanatorio, situado al pie de las huertas medievales, se escuchan lamentos que quiebran el silencio cuando algún familiar de los fallecidos sale a hablar por teléfono o fumar un cigarro. En torno a cinco horas velaron a los dos jóvenes, mientras la burocracia seguía su lento curso para poder repatriar a los dos futbolistas, fallecidos en un terrible accidente en el fatídico punto kilométrico 63,300 de la A-52.
En el pequeño parking de tierra detrás del tanatorio se acumulan varios coches con matrícula de Portugal. Eran de los familiares que han venido a tomar conciencia de la tragedia. "Estamos esperando el permiso de repatriación, aún no sabemos donde será el funeral de los chicos", contaba uno de los trabajadores de la funeraria portuguesa a EL MUNDO, aunque ya se conoce que se celebrará en Gondomar, localidad en la que crecieron.
La instrucción la estaba llevando el Juzgado de Primera instancia de Puebla de Sanabria, cuya titular es Elena Rubio González. En la puerta del juzgado, mientras salía un trabajador de la funeraria con los papeles del deceso, estaban algunas señoras interesadas por lo ocurrido. Una de ellas contaba que era seguidora del Atlético de Madrid, club al que perteneció Diogo Jota durante dos años, aunque no pudo llegar a debutar oficialmente. "Qué pena que estos chicos hayan venido a morir aquí", lamenta.
Una pareja de la Guardia Civil, frente a los coches con los féretros de Diogo Jota y su hermano.CESAR MANSOAFP
Había sido un desafortunado accidente que está siendo investigado por la Brigada de Tráfico de la Guardia Civil, pero que llevará tiempo porque "la superficie quemada ha eliminado muchos de los indicios que podían indicar el motivo del siniestro", según confirmó el Instituto Armado. En el kilómetro 63,300 de la vía que une Pontevedra y Benavente se produjo, en sentido a la localidad zamorana, el trágico suceso.
A primera hora de la tarde aún quedaban los restos del siniestro. El frenazo en el carril derecho, una marca de unos 50 metros de largo, anunciaba la tragedia unos 100 metros después. En aquel punto de la mediana seguían los restos del Lamborgini Huracán esparcidos en un cerco de superficie quemada. Una aleta desprendida del coche que se salvó de las llamas dejaba el único resto que indicaba el color verde fluorescente de un coche que terminó reducido a cenizas, según la Guardia Civil. "Muy frustrante", expresaba un miembro del servicio de emergencias de la localidad sobre la asistencia que no pudieron brindar a los fallecidos.
Los restos mortales de los dos jóvenes fueron trasladados horas después del siniestro, tras confirmar su fallecimiento, al Instituto Anatómico Forense de Zamora para certificar su identificación y realizarle un análisis postmortem. El estado de los mismos obligó a realizar una prueba de ADN para confirmar sus identidades, aunque la matrícula del vehículo y los enseres personales que se pudieron salvar de las llamas ya apuntaban la identidad de las víctimas.
Mientras el mundo lloraba por la trágica pérdida del futbolista del Liverpool y su hermano, jugador del Pennafiel, de la Segunda División Portuguesa, los familiares esperaban impacientes el permiso que debía conceder la Delegación del Gobierno de Valladolid para repatriar los restos mortales de los jóvenes, que llegaría a última hora de la tarde.
Un viaje frustrado
Diogo Jota y su hermano se dirigían de vuelta a Inglaterra vía ferry desde Santander, según apunta la prensa portuguesa. El futbolista del Liverpool había asistido a la boda del compañero de selección José Sa y Raquel Jacob y al enlace de otro amigo en el norte de Portugal. Antes de partir hacia el ferry había almorzado con su mujer, Rute Cardoso, y sus tres hijos, de cinco y dos años y un bebé de meses, en Leça de Palmeira, cerca de la playa portuguesa de Matosinhos.
La idea era parar en Benavente a hacer noche y de ahí partir a la localidad cántabra a coger el ferry que les llevara a Inglaterra para conducir directos a Liverpool, donde el lunes el futbolista comenzaba la temporada con los reds. A Jota, que recientemente había sido operado de un problema pulmonar, le habían desaconsejado los médicos coger un avión por los problemas de la presurización de cabina. Al final, el drama le alcanzó a él y a su hermano en una carretera de la España despoblada.
El cuarto Tour no fue el más asombroso. Será recordado como el de la madurez, quizá como el Tour en el que Tadej Pogacar que tocó techo, en rendimiento pero también en ilusión. Nadie con 26 años había conquistado cuatro veces la Grande Boucle, a ninguno de los que alguna vez lo hicieron (Anquetil, Merckx, Hinault, Indurain y Froome) se le comprobó tampoco tan sorprendentemente hastiado. El nuevo Pogacar no ataca para ganar las tres últimas etapas seguidas, como en 2024. El nuevo Pogacar se conforma con vigilar de cerca a su inseparable Jonas Vingegaard. También con superar con una veteranía impropia las adversidades: ni le inmutó la pérdida temprana de su mejor gregario (Joao Almeida) ni los impactos de su propia caída en Toulouse.
El esloveno fraguó el éxito con el que iguala a Froome en algunos momentos tan estudiados como prematuros. La primera semana del Tour 2025 pareció hecha a su medida, una sucesión de esas clásicas que cada vez le motivan más. En el periplo por el Norte de Francia, Pogacar se dedicó a divertirse, a vencer (Rouen, Muro de Bretaña), a ponerse a prueba con el único ciclista que es superior a él en algo (Van der Poel) y en golpear mentalmente a Vingegaard: en los Pirineos se plantó con más de un minuto de ventaja, labrado fundamentalmente en la contrarreloj de Caen.
A continuación, el golpe maestro llegó en Hautacam. El único día malo del líder del Visma lo aprovechó Pogacar para lo que tan prematuramente era una sentencia del Tour, corroborada al día siguiente en la cronoescalada de Peyragudes. Sorprendentemente ahí, con cuatro victorias parciales y una superioridad demoledora, apareció el Pogacar nunca visto. El joven hambriento e indomable dejó paso al 'veterano' con calculadora. De ahí a París se dedicó a marcar a un Vingegaard al que ya sólo iba a rematar con sus acelerones sin piedad en los últimos metros. El Pogacar más inapetente dejó pasar tres lugares icónicos en los que levantar los brazos: Mont Ventoux, La Loze y La Plagne. Esa última jornada alpina, el pasado viernes, confesó que iba «contando los kilómetros» para acabar. Lo nunca visto.
«ha mantenido su nivel»
El invierno de Pogacar no fue esta vez de reinvención, como el anterior, en el que cada mañana se levantaba en la afrenta del Tour 2023, el segundo perdido consecutivamente ante Vingegaard. Entonces trabajó cada detalle de su posición aerodinámica (ya jamás volvió a perder con el danés una crono), su resistencia en las jornadas maratonianas de montaña... Entonces cambió de entrenador, de Íñigo San Millán (ahora en el Athletic) a Javier Sola. «Hicimos muchos cambios y la diferencia es evidente hoy. Tadej simplemente ha mantenido su nivel», admitía estos días en L'Équipe Jeroen Swart, el director de rendimiento del UAE desde 2019. «No ha habido ninguna novedad en concreto. Hemos insistido en la posición, en la aerodinámica, el skin suit (ropa de competición), el casco, la posición del cuello, la entrada y salida de curva... El convencimiento de que lo has hecho todo perfecto, para no tener remordimientos», desvela Joxean Fernández Matxin en EL MUNDO.
Pogacar, ganador en Hautacam.ASO
La revolución fue el calendario. Y no es baladí. En vez del Giro, como en 2024, y desafiando toda lógica y consejo, Pogacar se aventuró en lo impensable, afrontar las clásicas europeas de primavera, terreno hostil. «Ahí no está en su habitad natural. Pero es una forma de motivación. Realmente es un campo que en el que un ganador de Tour nunca tuvo espacio. No veo a Vingegaard disputando una Roubaix. Le hizo cambiar el chip. Ya es un ganador de dos Flandes. Y la primera Roubaix queda segundo. Es el espíritu de no ser un prototipo de ciclista. Strade Bianche, San Remo... Eso a él le motiva», detalla Matxin.
Para esas clásicas de un día Pogacar varió su entrenamiento también. Trabajó más en el gimnasio, ganó masa muscular para adquirir mayor explosividad, aunque no perdió peso. De hecho, la versión 2025 del esloveno es la más estilizada que se recuerda, producto del «paso del tiempo». «Eso es un proceso natural. Cuando le conocí de amateur no me parecía ni ciclista. Ahora tiene músculo, definición... Hasta se le intuyen venas en sus piernas. Trabaja mucho con Víctor Moreno, especialista en rehabilitación», cuenta Matxin. «Comenzó sus sesiones de montaña más tarde en la temporada, lo cual siempre es un riesgo, ya que pasar del entrenamiento clásico al entrenamiento en altura requiere un período de asimilación. Esto podría haber tenido un efecto negativo en el Tour, pero nos alegra ver que no ha sido así», puntualizaba Swart.
Pero es como si toda esa ilusión de combatir con Van der Poel y los especialistas le hubiera abandonado donde se siente tan superior, el Tour. «A veces me pregunto qué hago aquí después de tres semanas. Luego, sientes cómo la gente te grita en la carretera y piensas que no se está tan mal», contaba él mismo estos días, mientras se situaba justo detrás de Froome en la lista de etapas vestido de amarillo (59).
Pogacar, con Vingegaard y Lipowitz, en el podio final.AFP
La incógnita que deja este Tour va también en cuanto a su rendimiento. El propio Swart deslizaba que quizá Tadej ha tocado techo. «Creo que está en su mejor momento. La pregunta ahora es cuánto tiempo podemos mantenerlo a este nivel, y ya no es cuestión de edad, sino principalmente de motivación. Con Tadej, lo más importante es mantener el entusiasmo. Le encantan las novedades, como intentar la París-Roubaix o intentar ganar la Milán-San Remo», deslizaba.