La snowboarder suiza Sophie Hediger, que logró dos podios en la Copa del Mundo y participó en los Juegos Olímpicos de Invierno-2022, falleció el lunes en una avalancha en Arosa (Suiza), anunció este martes la Federación Helvética de esquí.
La joven de 26 años recién cumplidos era miembro del equipo nacional de snowboardcross.
Obtuvo sus dos primeros podios en Copa del Mundo el pasado invierno (boreal), con un 2º puesto en St-Moritz en enero de 2024 como mejor resultado, indicó la Federación Suiza de Esquí (Swiss-Ski).
“Para la familia de Swiss-Ski, una sombra negra se cierne sobre el periodo navideño con la trágica muerte de Sophie Hediger”, lamentó en un comunicado Walter Reusser, máximo dirigente de Swiss-Ski.
El lunes, la policía cantonal de los Grisones anunció la muerte de una mujer que practicaba snowboard fuera de pista a causa de una avalancha. Pero no comunicó la identidad de la víctima.
Los riesgos de avalancha son actualmente muy elevados en Suiza, donde han caído copiosas nevadas los últimos días.
La salud económica del Valencia CF sigue siendo delicada, pero parece haberse estabilizado tras años de pérdidas y duros ajustes. El consejo de administración presentará el próximo día 17 de diciembre a los accionistas en junta general unas cuentas que ha cerrado con un beneficio de 2,2 millones de euros antes de impuestos. Es el segundo ejercicio que, de manera consecutiva, no se arrojan pérdidas.
Si bien los beneficios son un indicador de la estabilización económica, es la reestructuración de la deuda y la activación de las obras del Nou Mestalla lo que impulsan los balances. El club ha reducido en los últimos cinco años su fondo de maniobra negativo hasta dejarlo en 20 millones frente a los 74,5 del pasado ejercicio. Eso supone capacidad para, como describió Ron Gourlay hace unos meses, poder acudir a los próximos mercados con el fin de fortalecer la parcela deportiva. Ya lo hizo el pasado verano, con un crédito de 30 millones que se invirtió en la contratación de jugadores.
A pesar de que el resultado de explotación ha crecido en 7,8 millones, pasando de 16 millones a 23,8, los resultados del equipo se siguen trasladando los ingresos. La cifra de negocio decrece en 3,2 millones de euros por la reducción de los ingresos por derechos televisivos al caer en la clasificación los dos últimos años, a lo que se suma el pago por el préstamo de CVC. Sostiene la caída la partida de competiciones, que crece en 2,3 millones gracias a la venta de entradas el día del partido tras limitar el número de abonados. Esos tampoco fallan, y la cifra de ingresos por abonos sube ligeramente de los 16,2 a los 16,8 millones. Otros dos millones crece la partida de comercialización, publicidad y patrocinios: de 16'4 a 18 millones de euros.
En cuanto a los gastos, se han incrementado hasta los 114,5 millones, entre otras cuestiones, por destitución de Rubén Baraja, que provocó un aumento de los costes de la plantilla.
También aparece un incremento en el coste financiero de la deuda. Frente a los 17,5 millones se pasa a 22,4. La razón explica el club que son los costes de cancelación y los ajustes a los que la refinanciación a largo plazo ha obligado. Según las cuentas que presentará la entidad, la deuda total del club ha crecido de los 300 a los 382 millones, aunque ahora tiene que afrontar a largo plazo 302 millones, lo que supone un desahogo. Contra esa deuda , el club ha aumentado el valor de sus activos: a corto, más tesorería (31 millones), y a largo, las obras del Nou Mestalla, que aumentan su valor en 47,5 millones.
Retomar los trabajos ha permitido apuntarse una reversión del deterioro que había sufrido el nuevo estadio, la pérdida de valor que, en el caso del suelo, supone sumar dos millones más y 14 en el caso del valor del edificio.
La clave de la financiación
La operación firmada a través de Goldman Sachs para reactivar las obras del recinto de la Avenida de las Cortes después de 15 años ha sido la más importante ejecutada en el ejercicio. El club explica a sus accionistas que el repago del préstamo al fondo de titulización constituido se cubrirá con los "ingresos futuros del nuevo estadio" con "toda solvencia". La previsión con la que trabajan es que los ingresos "se multiplique por tres".
Ese fondo de titularización se ha constituido con la emisión de bonos por importe de 237 millones de euros a 28 años (tres años de carencia y a un tipo fijo del 5,82%) y un contrato de crédito por 85 millones de euros a 5 años (tipo variable de Euribor +3,5%, si bien los dos primeros años, durante la construcción, el tipo queda fijado en el 5,545%). De este crédito, hasta el 30 de junio de 2025 solo se había dispuesto de 21'2 millones de euros.
A través de ese fondo, el Valencia detalla que destinará parte del importe que ingrese por la venta del terciario del Nou Mestalla a posibles contingencias en la construcción del estadio. Asimismo, parte de los ingresos que se obtengan por la venta de Mestalla se utilizarán para amortizar deuda.
Ahora bien, si las previsiones de explotación fallan, el fondo de titularización tiene como garantías para cobrarse: una hipoteca sobre el Nou Mestalla, derechos del club de los ingresos de explotación de los estadios, parte de los fondos del terciario vendido a Atitlan, y los posibles ingresos que abonen los seguros por retrasos en la construcción.
El club ya tenía pignorados los derechos de televisión para hacer frente a CVC y los préstamos de Peter Lim, que también tiene los cinco primeros millones de la venta de jugadores, y la Ciudad Deportiva de Paterna con Haciencia, por una reclamaciones sobre el IRPF.
Presupuesto sin ventas
El Valencia presentará en su junta general de accionistas del próximo 17 de diciembre un presupuesto de 102,17 millones para la temporada 2025/26 que ajusta, por primera vez, sin contemplar ventas de jugadores.
Es cierto que en "hechos posteriores al cierre", contempla la venta por 25,4 millones de Mosquera y Yarek, y también la compra de Ugrinic y Copete por 6'9 millones. El coste de la plantilla crece hasta los 86 millones.
Pero lo que cuadra el presupuesto sin ventas forzadas es la contabilización de los ingresos que, por el terciario, pagaría Atitlan: 37 millones de euros. El Valencia puede reflejarlos por dos razones: porque avisó a la Liga de la operación para que incrementara su fairplay este verano y porque ha depositado en la tesorería del Ayuntamiento de Valencia los casi 12 millones del coste del polideportivo de Benicalap, compromiso que debía cumplir.
Se podría argumentar que lo que mejor define a Trinity Rodman es su potencia y su intensidad en la línea de tres cuartos. La agresividad y energía. La velocidad y la capacidad de desbordar por banda derecha. Su conducción o su fantástica pegada, con la pierna buena para poner centros o con la izquierda, a pie cambiado, para definir. Pero, seguramente, lo que define con mayor precisión a la jugadora de 23 años de las Washington Spirits es su facilidad para romper récords y el entusiasmo que genera.
Hija del legendario pívot Dennis Rodman, con el que no tiene una relación cercana, llegó a la liga profesional recién salida del instituto, como número 2 del Draft tras renunciar a la beca que tenía para la Universidad de Washington State. La más joven drafteada hasta hoy. En su primera temporada, las Spirit ganaron la liga y el club le ofreció un contrato de 1,1 millones de dólares a lo largo de cuatro años, una marca aún sin superar para una jugadora de 19 años que aún no había participado siquiera en un gran torneo con la selección.
En sus cinco temporadas en la NWSL, Rodman ha marcado 33 goles y ha dado 21 asistencias (en 109 partidos sumando todas las competiciones), lastrada por su espalda y su cadera, pero aun así consagrándose como la más joven en la historia de la liga en alcanzar las 50 «contribuciones de gol». Desde ahora, además, es probablemente la jugadora mejor pagada del planeta, con el permiso de la tres veces Balón de Oro Aitana Bonmatí. Más de dos millones de dólares por año, con todos los bonus incluidos, pero sin contar los jugosos contratos con Adidas, Red Bull, Oakley... ¿Sus señas de identidad? La ética del trabajo y la pasión, aprendida en parte, asegura, de Kobe Bryant.
Trinity Rodman, durante un partido con la selección estadounidense.KEVORK DJANSEZIANGetty Images via AFP
Aunque fue top 10 del Balón de Oro en 2024 y 18ª en 2022, Rodman no ha logrado ser MVP de la liga nunca, siempre por detrás en las votaciones de rivales como Lindsey Horan, Sophia Smith, Naomi Girma, Alyssa Naeher o Rose Lavelle, la mejor jugadora de 2025. Pero cuando está físicamente bien ofrece más espectáculo que nadie. Regates, taconazos, ruletas y la jugada que ha convertido en marca de la casa y bautizado como Trin spin, un cambio de sentido vertiginoso, pisando el balón mientras da un giro completo por el otro lado, a menudo acompañado de un caño.
Las marcas se la disputan, los podcasts se pelean por traerla, atraídos por la historia de amor y odio con su padre, una figura ausente de la que ella reniega, pero al que abraza entre lágrimas cuando acude a sus partidos. Rodman es, como su progenitor, no solo carne de salón de la fama, sino figura icónica, incluyendo la moda. Junto a Mallory Swanson y Sophia Wilson (antes Smith) formó el Triple Espresso, la equivalente a la BBC madridista que llevó a EEUU a ganar el oro en las Olimpiadas de París. Recogiendo el testigo de las gigantes que las precedieron, las Mia Hamm, Brandi Chastain, Alex Morgan o Megan Rapinoe y superando el fracaso del mundial de 2023.
«Me siento increíble, estoy muy feliz, me siento muy afortunada. Creo que este es un momento trascendental que cambiará las reglas del juego. Ni siquiera puedo describir con palabras lo que siento. Obviamente, cada uno tendrá sus propias ideas y opiniones al respecto, pero a mí nunca me ha importado. Así que eso no cambia nada. Siempre he tenido una visión, una idea de cómo quiero que sea mi legado y cómo quiero que continúe. Creo que esto abre oportunidades para las chicas estadounidenses con sueños, y yo soy una de ellas, y por eso estoy muy agradecida», celebró durante la firma del contrato en Los Ángeles, donde está concentrada con la selección.
Contrato
El deporte profesional estadounidense llevaba en vilo meses, especialmente desde que el 31 de diciembre el contrato de Rodman expiró. Ella, tras un año plagado de lesiones y sin continuidad, quería renovar, a pesar de las tentadoras ofertas que llegaban de Europa, a donde muchas estrellas del soccer femenino han emigrado en busca de oportunidades mucho más lucrativas. Ella asumía que era inevitable su salto.
El problema de fondo es el límite salarial, que impone un tope de 3,5 millones de dólares por plantilla. En noviembre, el equipo de Washington y Rodman llegaron a un acuerdo que definieron como «especialmente creativo» para pagarle más de un millón por temporada, pero la comisionada, Jessica Berman, lo vetó, diciendo que violaba el espíritu de la norma y podía alterar la competición. Sólo quedaban tres opciones: que Rodman aceptara un salario mucho más bajo, que se fuera a Europa o que cambiara la norma. Y eso ha conseguido. La NWSL ha aceptado una cláusula especial para Jugadoras de Alto Impacto (HIP en inglés), conocida ya como la Cláusula Rodman, que permite a los clubes gastar hasta un millón de dólares por encima del límite salarial pero sólo para estrellas, algo que se define con el cumplimiento de una serie de criterios de impacto económico, galardones y estadísticas.
En EEUU, el límite salarial para los equipos se establece anualmente a través de un convenio colectivo que estará vigente hasta la temporada 2030. El tope se ajusta en función del reparto de ingresos y si todo marcha al ritmo actual podría cerrar 2026 con 3,7 millones y superar los cinco millones de dólares a final de la década.
La liga y los clubes han asumido en todo caso que hacía falta algo para evitar la fuga de talentos. Dos de los puntales de la selección, Alyssa Thompson y Naomi Girma, se fueron al Chelsea el año pasado. Y la centrocampista de las Portland Thorns Sam Coffey firmó por el Manchester City la semana pasada. La reacción está siendo a gran escala. Además de Rodman, las Denver Summit FC han firmado a la capitana de la selección, Lindsey Heaps, invocando la cláusula para que sea considerada jugadora de alto perfil (HIP), algo que debe ser aprobado. Portland, por su parte, se ha aferrado a Sophia Wilson, la MVP de 2022 que no ha jugado en 2025 por baja de maternidad, ofreciendo más de un millón por año.
«Trinity es una jugadora excepcional, pero lo que es aún más importante, representa el futuro de este club y el futuro del fútbol femenino», ha celebrado la propietaria de las Washington Spirit, Michele Kang. Puede ser la estrella de la próxima década.