Si algo estaba poco menos que escrito era lo que iba a suceder tras la última pelota de la inesperada final femenina del Masters 1000 de Madrid. Sólo faltaba poder detallar la escenografía. La ucraniana Marta Kostyuk no estrecha la mano a las tenistas rusas que no hayan condenado públicamente la invasión de su país dirigida por Vladimir Putin, algo que solo ha hecho Daria Kasatkina.
Ni siquiera Anastasia Potapova, su víctima en semifinales, que renunció a la nacionalidad rusa para adoptar la austriaca el pasado diciembre, mereció su saludo. Tampoco iba a dispensárselo a Mirra Andreeva, su última opositora en el viaje hacia el título.
Kostyuk, 23 años, vigesimosexta cabeza de serie, se impuso por 6-4 y 7-5 para lograr en Madrid el tercer título de su carrera, segundo esta temporada, que se agrega al logrado en Austin en 2023. Este lunes será decimoquinta del mundo, su mejor ránking hasta la fecha. La flamante campeona se lanzó sobre la arena envuelta en llanto, saludó al juez de silla, pasó de largo ante su oponente, y realizó una pirueta con un salto de espaldas.
Final inesperada
Despedidas prematuramente las principales favoritas, la copa se la disputaban dos buenas competidoras, con amplio bagaje en arcilla esta temporada. Reciente campeona en Rouen, Kosytuk había encadenado 11 victorias consecutivas. Andreeva ganó en Linz e hizo semifinales en Stuttgart.
A la ucraniana le tembló el pulso y cometió doble falta en la primera pelota de set, pero certificó la conquista parcial a continuación e hizo bueno el break logrado en el sexto juego. Más directa en la toma de decisones, la tenista de Kiev no sólo tomó ventaja en el marcador, sino que inició el segundo con una nueva rotura. Andreeva lo rescataría de inmediato, pero el partido entró en un impredecible vaivén donde el servicio cotizaba a la baja. La rusa llegó a contar con dos bolas para igualar a un set, pero no pudo aprovecharlas: restó fuera un segundo saque y nada pudo hacer ante un ace.
A continuación perdió de nuevo su servicio y quedó expuesta a una sentencia que llegó al tercer match point. Con la valentía de la que hizo gala a lo largo de todo el encuentro, frente al juego más especulativo de su rival, Kostyuk remató una victoria cargada de significado para ella, que además de lograr el triunfo más importante de su carrera, exhibió el orgullo de su país. “¡Gloria a Ucrania!”, proclamó en el cierre de su discurso tras recibir el trofeo.




