Los chavales del Atlético desvencijan al Valencia para desesperación de Mestalla

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Era su sueño y por eso se abrazaron como una piña al final del partido. Los chavales del Atlético Madrileño de Fernando Torres habían pasado de jugar en Primera Federación a debutar con honores en Mestalla desvencijando a los profesionales que vestían la histórica camiseta del Valencia. Menospreciaron la fuerza feroz que empuja a quien quiere comerse el mundo. Como si el equipo de Corberán estuviera saciado o, lo que es lo mismo, al menos salvado. Les pasaron por encima sin paliativos con dos debutantes como héroes, Iker Luque y Miguel Cubo, ante el aplauso de Simeone. [Narración y estadísticas: 0-2]

El ímpetu a los locales les duró once minutos. Fueron lo que tardaron los niños en hilvanar la primera jugada en estático. Había mandado Simeone al campo a todos los canteranos que le permite el reglamento y les había advertido de que tenían la lupa encima. Nunca ha sido Mestalla un campo fácil para doctorarse, pero ellos lo consiguieron. Desde hace unos años, este estadio es tan capaz de ser el jugador número 12 como castigar la desidia de sus propios jugadores.

Saltó el Valencia con necesidad, jugando en campo contrario buscando engrasar los caminos hacia Musso. Eso sí, a la espalda no la podía descuidar. Nahuel Molina, uno de los pocos veteranos, detectó el hueco entre Pepelu, otra vez central, y Gayà y su primer disparo se fue alto. Ahí había partido y se demostró cuando, de tacón, dejó a Mendoza ante Dimitrievski, pero el macedonio rechazó y Morcillo, con una presencia cuajada a sus 19 años, la mandó a la grada. La tercera ocasión también fue de Molina, que volvió a forzar al portero, y hasta probó el argentino con un zapatazo de 40 metros que escupió el larguero lamiendo la cruceta. Cuatro oportunidades clarísimas que hicieron que Mestalla se incendiara. El único que apareció, en un solo destello fugaz, fue Javi Guerra que, ante el banquillo del Cholo, le puso un balón a lo Laudrup, mirando en dirección contraria, a Rioja para centrar, buscando a Sadiq. Pero el nigeriano, bien vigilado por Lenglet y Le Normand, no tuvo su tarde.

Los amagos rojiblancos consiguieron de nuevo hacer pequeñito al Valencia. Un remate a la media vuelta de Le Normand en un saque de córner y un testarazo que Rayane a centro de Molina hicieron aflorar los gritos de «Coberán, dimisión», «Carlos, vete ya» y hasta, con sorna, un «mañana es día libre» dirigido a los jugadores. No podía digerir la parroquia que, jugándose la salvación, su equipo no mordiera a un rival repleto de novatos.

A punto de irse al descanso, el Valencia se estrelló en el poste. Fue con un remate de Ramazani, a quien encontró Ugrinic en el área, en un medio giro. Quedaban cinco minutos y, a pequeño susto, supo sobreponerse el Atlético. A ellos, la responsabilidad no le lastraba las botas. Por eso Boñar salió del lateral hasta la frontal para presentarle a Rayane una pelota que no pudo aprovechar. Tampoco Almada, colándose por dos veces entre su compatriota Saravia y Tárrega. El Valencia ni se aplicaba en ataque ni era contundente en defensa, los males que arrastra toda la temporada y que tienen a su afición crispada y con la respiración contenida.

No mejoró la situación en la segunda mitad. Seguía estando el Atlético más cómodo y no había manera de meterle mano porque, cuando Rioja encaró una contra por la orilla izquierda, se ofuscó y no vio cómo Ramazani aparecía solo por el carril central. Al Valencia, que ni siquiera había sacado de esquina en todo el encuentro, se le acababa el tiempo: Simeone mandó a calentar a Koke y Griezmann. Antes de que saltaran al campo, Molina, un demonio que quebró a Gayà, le regaló a Rayane un centro que el joven atacante remató con el gemelo.

Con los locales sobrepasados, Corberán buscó a Hugo Duro, a Danjuma, y el Cholo a otros dos chavales: Miguel Cubo e Iker Luque, que el primer balón que tocó en Primera este vallecano de 18 años acabó dentro de la portería de Dimitrievski. Entrando en el área por la derecha encontró el mexicano Vargas al canterano que lleva vistiendo el escudo desde los nueve años.

Para entonces, los dos capitanes estaban en el campo y los nubarrones se cernían sobre un estadio indignado. La primera vez que apareció Griezmann, llegó el segundo gol rojiblanco. Asistió a otro debutante, Miguel Cubo, segoviano de 18 años que se lleva de Mestalla el mejor recuerdo de su vida. Hasta con la emoción de que el VAR revisara un posible fuera de juego. Ya no levantó cabeza el Valencia, con sobreexcitación, un gol bien anulado a Sadiq y un estadio encendido.

kpd