Disputó 35 partidos con el Real Madrid desde su llegada en el verano de 2017, pasó ocho años entre cesiones, banquillos y lesiones y ahora, como líder del Albacete, reta a los blancos en los octavos de final de la Copa del Rey. Jesús Vallejo (Zaragoza, 1997) lo ha vivido casi todo y ha ganado más Copas de Europa que la mayoría de jugadores del mundo. «He competido al máximo de mis capacidades en el Madrid», admite.
- Le marcó al Celta en el último minuto de la última eliminatoria de Copa. A lo Sergio Ramos.
- Entra en el Top 3 de recuerdos de mi carrera, sin duda, sobre todo a nivel emocional, que es lo que voy buscando. Se pudo pasar la eliminatoria y fue una emoción extra.
- A nivel emocional, ¿cómo está ahora?
- Estoy muy bien. Me siento muy natural. Se han alineado cosas claves para mí, incluso ahora los problemas musculares que tengo los veo como mínimos porque tengo otras cosas que pueden ayudar a los compañeros. He trabajado mucho para encontrarme así, no ha sido un camino fácil.
- En ese camino hay muchos títulos y una imagen icónica: andando sobre los jugadores del City, destrozados tras la remontada del Bernabéu.
- Yo es que ni me acordaba de ese momento. He visto mil veces la foto, pero para nada es buscada. Me gusta que sea natural y quede así para el recuerdo. La gente por la calle me recuerda mucho ese partido, fue un día muy emocionante. Me dicen que la ponga en mi habitación, pero de momento no, veremos el día de mañana.
- Usted se convierte en capitán de un equipo como el Zaragoza a los 18 años. ¿Cómo vivió aquello?
- Lo tengo muy reciente y eso que han pasado muchos años. Yo no estaba preparado para el fútbol de élite, venía de jugar en juveniles, hice la pretemporada con el primer equipo y me quedé. Tuve que espabilar en todos los sentidos y fue por instinto. Pero no estaba preparado para entrevistas, para competir ni para soportar la presión. Sin saber cómo, me habitué a ello, pero nadie me había enseñado.
- ¿Eso se multiplica al llegar al Madrid?
- Si te soy sincero, tenía que hacer mucha más gestión emocional en el Zaragoza que en el Madrid, porque la capitanía era una responsabilidad extra. Me ayudó mucho el año en Frankfurt, porque llegué a Madrid más tranquilo. En Madrid la responsabilidad estaba más dividida y en el Zaragoza no.
- ¿Cómo encaja usted en un vestuario de estrellas?
- Los primeros días me rodeaba de los que conocía de la sub21: Carvajal, Llorente… Era más tímido y me costaba porque en el vestuario estaban mis ídolos, pero poco a poco te das cuenta de que es un equipo y que tienes que ser tú mismo.
- De la etapa en Madrid, ¿con qué se queda?
- Con el día a día en Valdebebas. Yo me lo tomaba muy en serio, intentaba cuidarme mucho y prepararme para jugar. Y me he sentido querido por el vestuario, por los fisios, trabajadores… Eso me lo llevo.
- ¿Es cierto que copió alguna rutina de Cristiano?
- Sí, sí. Sobre todo el primer año, en 2017, yo venía de unas costumbres en Frankfurt y me decía que probara otros entrenamientos para calentar, más cortos e intensos. Me daba muchos consejos sobre preparación física. Él no pasaba de los demás, nos ayudaba mucho a cuidarnos. Es ejemplar.
- ¿Son cercanas las estrellas en el día a día?
- Hay de todo. Hay jugadores más suyos, otros que lo expresan hacia el exterior y otros más líderes. Me he encontrado de todo.
- ¿Cómo llevaba el no jugar?
- Me estaba acordando de los fisios, de Carvajal, de Nacho… Que en todo momento veían que yo seguía trabajando y trabajando, que ellos habían vivido momentos parecidos y me animaban a seguir preparado, que era una carrera de fondo. Por momentos tuve la recompensa, cuando me tocó jugar me encontré bien y eso ya es bastante en el Madrid.
- ¿Esos momentos compensan todo lo demás? ¿No quería tirar la toalla?
- No, tirar la toalla en ningún momento. Eso lo tenía clarísimo. Sí que hubo temporadas que yo valoré mal, como fue el caso del Granada. Me fui con la idea de volver más fuerte, pero al regresar mi rol seguía siendo el mismo, que volvía a la casilla de salida. A partir de ahí decidí quedarme en el primer equipo, intentar hacerme fuerte, sumar minutos y ayudar en lo que pudiese.
- En la última etapa con Ancelotti, ¿le dijo que se buscara una salida o que esperara? ¿Hablaba con él?
- Ancelotti era muy cercano al club, muy alineado con las decisiones, y yo hablaba más con Davide, Francesco, Simone, Pintus… Eran los que se encargaban más del día a día y me encontraba más cómodo.
- Hay momentos complicados.
- Sí, por alguna lesión. Me lesionaba a veces por exceso de entrenamiento, por querer estar listo cuando tocase me pasaba de rosca y tenía lesiones.
- ¿Ha trabajado con psicólogo en el Madrid?
- Sí, tanto a nivel grupal como individual, más centrado en la persona, en cuidarme para luego rendir. Creo que es muy importante.
- ¿Loscos, el pueblo de su madre, actúa como psicólogo natural?
- Sin duda, porque hasta hace poco no había ni cobertura. Cuando voy me gusta ir con mi primo, que es agricultor, en el tractor y fijarme en lo que hace, ir al huerto… Es totalmente distinto al día a día del fútbol. Te ayuda mucho.
- ¿Su familia ha sufrido al no verle jugar?
- Lo han llevado bien. Tengo la suerte de que a mis padres nunca les ha gustado mucho el fútbol y no me han metido presión.
- ¿Hay diferencias entre el tipo de entrenador del Madrid y el que se ha encontrado en otros equipos?
- Sí, por supuesto. En el Madrid, Ancelotti y Zidane dejan más hacer al jugador, que el talento salga de forma natural y gestionan los minutos. Aquí en Albacete el entrenador está a más cosas a todos los niveles porque sólo con el talento individual no sirve.
- Usted vivió el cambio dela salida de Kroos y la llegada de Mbappé. ¿Notó un cambio en el vestuario de lo que era antes a lo que es ahora?
- La verdad que sí. Cuando llegué había una generación con Cristiano, Benzema, Kroos, Modric, Ramos… Que los había visto en la televisión. Ahora cumples años y parece que no hay tantos grandes jugadores, pero sin duda tienen mucha capacidad de mejora, hay mucha juventud y mucho futuro.
- ¿Se arrepiente de algo?
- Es que aprendes con la experiencia. Lo vivía todo con mucha intensidad y esos errores de juventud, de ir precipitado, de querer demostrar… No hacía falta y me he jugado lesiones por eso, por no dosificar. Ahora, desde la experiencia, sé elegir los momentos. Me hubiese gustado tener antes esa experiencia, pero era imposible.
- ¿Qué reflexión hace de su carrera?
- Estoy muy orgulloso de los primeros años en Zaragoza, del paso de Frankfurt y de haber competido al máximo de mis capacidades en el Madrid. Me hubiese gustado manejar mejor ciertos momentos para aprovechar mejor las cesiones. Se me quedó la espina ahí. Pero contento de haber ayudado al Madrid desde mi posición y con los minutos que tuve. Y ahora en Albacete contento, lo fácil hubiera sido otra cosa. Pero era lo mejor para mí a nivel personal y deportivo.
- Si marca, ¿lo celebrará?
- No, no, que lo celebren otros (risas).




