Inglaterra pudo con España en Wembley para cumplir una pequeña revancha tras la final de la Copa del Mundo 2023. A la selección que dirige Sarina Weigman le bastó con un gol de Jessica Park y las buenas intervenciones de su guardameta, Hannah Hampton, para imponerse por 1-0, resarcirse del empate con Portugal firmado en el debut de la Nations League y condenar a la derrota al conjunto de Montse Tomé, que venía de derrotar a Bélgica en el Ciutat de Valencia (3-2).
Las españolas, que dominaron gran parte del encuentro frente a unas rivales que supieron explotar perfectamente su despliegue a la contra y su solidez defensiva, buscaron con ahínco el gol que les permitiera llevarse al menos un empate de su visita a Londres, pero vieron cómo sus intentos se frustraron una y otra vez ante el ordenado muro rival.
De nada le sirvió a España su control del juego en los primeros compases. Inglaterra, con un remate de Park tras rechace de Irene Paredes prácticamente sobre la línea de gol, se puso por delante en el minuto 33, después de sobreponerse al dominio inicial de las españolas y firmar varias aproximaciones con peligro al área de Cata Coll.
Apagón de los focos
La portera azulgrana, de hecho, ya se encargó de desbaratar un primer disparo peligroso de falta de Lauren James y frustró poco después un remate tan cercano como escorado de la propia delantera del Chelsea. Con el 1-0, las visitantes, que ya había visto cómo Lucía García estrellaba un balón en el travesaño poco antes de que se cumpliera el primer cuarto, retomaron el pulso y amenazaron, pero ni Salma Paralluelo ni Aitana Bonmatí tuvieron acierto para batir a Hampton. La portera del Chelsea, eso sí, tuvo que emplearse a fondo para frustrar un último remate de la doble ganadora del Balón de Oro, casi cuando morían los primeros 45 minutos del choque.
En la reanudación, España saltó más que dispuesta a poner la igualada. Y, en los primeros instantes, Mariona Caldentey, Lucía García y Salma tuvieron buenas opciones para lograrlo. Inglaterra, con todo, respondió con un remate blando de Clinton y, tras un breve apagón de los focos de Wembley, un disparo desde fuera del área que la guardameta barcelonista acertó a desviar.
Terceras de grupo
Pese al susto, la selección española apostó por estirar un poco más sus líneas. Sus llegadas, a pesar de todo, no lograban el objetivo. La mayoría de sus disparos no encontraban la dirección de la portería. Y, cuando lo hacían, como en un prometedor intento de Leila, relevo en el lateral izquierdo de Olga Carmona, se encontraban con el acierto de la guardameta británica. A punto estuvo, además, Inglaterra de dictar sentencia en una recta final en la que Cata Coll salvó una doble ocasión con cierto suspense y a la que finalmente no pudo seguirle el tan perseguido tanto del empate.
Portugal, que venció 0-1 a Bélgica, se queda primera con cuatro puntos, los mismos que Inglaterra. España cae al tercer puesto, con tres unidades, con el que tendría que ir a un ‘playoff’ para no descender, mientras que Bélgica sigue colista .
Prato es una ciudad próxima a Florencia de belleza oculta tras el apodo «La Manchester de la Toscana» por su industria textil. Allí nació en 1956 Paolo Rossi, que con los años bien podría haber recitado aquello de «yo a las cabañas bajé, yo a los palacios subí...». La suya fue una peripecia futbolística sin igual, con abrupta caída de la cima a la sima para regresar de forma imprevista y fulgurante con tres partidos en seis días que le colocaron para siempre en el Olimpo de los grandes.
Hijo de futbolista fallido, fue un niño fan de Kurt Hamrin, exquisito extremo sueco de la Fiorentina. Jugó en el Santa Lucía de Prato hasta que con 12 años entró en el San Michele Cattolica Virtus, de Florencia, de donde a los 16 lo captó la Juventus, birlándoselo en sus propias barbas a la Fiorentina. Era un extremito fino y frágil. Con 19 años le cedieron al Como, en la Serie A. Jugó poco por problemas de menisco, el equipo descendió, y entonces la Juve acordó con el Vicenza, de la Serie B, un curioso contrato en régimen de copropiedad. Allí el entrenador, Giovanni Fabri, le colocó en punta. Le faltaban estatura para el cabeceo y cuerpo para el choque (1,74 y 66 kilos), pero era escurridizo, veía el gol y, por decirlo todo, el titular estaba lesionado. Fue un hallazgo: marcó 21 goles y el Vicenza subió a la Serie A. En la siguiente temporada marca 24, se proclama capocannoniere y el seleccionador, Enzo Bearzot, le lleva al Mundial Argentina1978, pese a que no ha tomado parte en la clasificación. Italia hará un gran papel, será la única selección que gane a la campeona, Argentina, con un gol de Bettega en perfecta pared con Rossi. Terminará cuarta. Rossi, que hizo tres goles, vuelve consagrado y con el apodo de Pablito, ocurrencia de Giorgio Lago, desde Il Gazzettino de Venecia.
La Juve intenta recuperar su mitad, no hay acuerdo y se acude a la solución de 'sobres cerrados'. Giampiero Boniperti, presidente de la Juve, escribe la cantidad de 875 millones, que cree suficiente, pero Giusy Farina, su homólogo del Vicenza, se descuelga con 2.600 millones, cantidad que escandaliza a Italia, y se lo queda. En la 1978-79 marca 15 goles, pero el Vicenza desciende y, como Pablito no era jugador de Serie B, se lo cedió al Perugia para la 1979-80. Allí llevaba 13 goles en 28 partidos cuando se hundió el suelo bajo sus pies.
El domingo 23 de marzo de 1980 la policía irrumpió en varios campos para detener a 32 futbolistas de la Serie A y la Serie B. A los suplentes, en el descanso; a los sustituidos, nada más salir del campo; a los que jugaron el partido completo, al final. Todo simultáneo. También se detuvo a bastantes directivos. En total fueron 44 arrestos. Tremendo.
Ocurrió que el propietario del restaurante romano La Lampada, frecuentado por futbolistas del Lazio, y el frutero que le proveía, de nombres Alvaro Trinca y Massimo Cruciani, habían incitado a los jugadores clientes a amañar apuestas en el Totonero, réplica clandestina e ilegal del Totocalcio, equivalente a nuestra quiniela. El núcleo inicial de laziales fue captando jugadores de otros clubes en un efecto mancha de aceite. Trinca y Cruciani pagaban por anticipado con dinero adelantado por la mafia, pero no siempre los resultados salían como los complotados habían prometido y se les empezó a montar una pelota con sus prestamistas. Los jugadores les decían que a veces no era tan fácil, que haría falta más dinero para implicar a otros... Trinca y Cruciani les amenazaron con revelar todo, incluso iniciaron filtraciones a la prensa, hubo una encuesta, fueron citadas hasta 48 personas entre directivos y futbolistas, pero no prosperaba y los jugadores hablaban de fantasía periodística. Hasta que Cruciani, harto y agobiado por sus prestamistas, fue a la policía y cantó La Traviata.
Italia organizaba la Eurocopa ese verano, así que el caso exigía una sentencia rápida y severa en un país que toma la guerra como un juego y el fútbol como una guerra, y la justicia deportiva fue expeditiva. A cuatro clubes se les descendió a la Serie B, entre ellos el Milan, cuyo presidente y portero, Felice Colombo y Enrico Albertosi, una gloria nacional, fueron suspendidos de por vida. Los otros 32 jugadores encausados se repartieron 50 años de suspensión. A Paolo Rossi le cayeron tres por amaño de un Avellino-Perugia que se quedarían en dos tras apelación. Sólo él, Lionello Manfredonia y Bruno Giordano reaparecerían tras la sanción. Para el resto fue el fin.
Le repescó la Juve, pero no podía jugar ni amistosos. Pasó la 1980-81 en blanco y sólo pudo reaparecer a tres jornadas del final de la 1981-82 en el campo del Udinese, donde la Juve ganó 1-5 con un gol suyo. Jugó dos partidos más y terminó la Liga, ganada por la Juve. Bearzot, que le quería en el inminente Mundial de España, le hizo jurar que no había delinquido y después le dijo: «Te haré redescubrir el amor al fútbol y el clamor del público».
Portada de la Gazzetta sobre el escándalo del Totonero.E. M.
Y, en efecto, le metió en la lista, no sin escándalo, pues dejó fuera al capocannoniere de la Roma, Roberto Pruzzo, capocannoniere del año. También faltó Evaristo Beccalossi, del Inter, así que el equipo viajó a España con mucha prensa en contra. Le tocó el grupo A, en Galicia, con Polonia, Perú y Camerún. Bearzot blindó al equipo en el parador de Pontevedra, con limitaciones a la prensa, y un partido de preparación en Braga contra el filial, ganado por un magro 0-1, desató las críticas. El presidente de la Federación, Federico Sordillo, declaró: «Si sé que iba a ver esto me hubiera ahorrado el viaje». A ello siguió el tradicional escándalo por las primas, cuestión que llegó hasta el Parlamento del país. Se les acusó de pedir el triple de lo que pedían.
Italia debutó con un 0-0 ante Polonia, con tiro al larguero de Marco Tardelli. Digamos que fue un empate tolerable, pero no los otros dos: 1-1 ante Perú y 1-1 ante Camerún. Hubo titulares del tipo: «Camerún somos nosotros», «Bearzot, ¿no te da vergüenza?», «¡Azzurri, despertaos!». Antonio Matarrese, presidente de la Lega Calcio, dijo: «Si bajo al vestuario me lío a patadas en sus culos». Un periodista bromeó con la amistad entre Rossi y Antonio Cabrini, que compartían habitación, diciendo que «se quieren tanto que no sé quién es el chico y quién la chica», lo que fue tomado por la tremenda en la prensa de otros países y desató una tormenta. El grupo decretó un silenzio stampa, de riguroso estreno. Sólo hablaría, por imposición de la FIFA, el capitán Dino Zoff, de natural lacónico. Bearzot sí habló cada día, tratando con flema de poner paz.
Italia pasó con los mismos puntos que Camerún, que también empató los tres, sólo que tuvo un agregado de 2-2 y Camerún de 1-1. Ese gol más les clasificó como segundos. La primera fue Polonia por su 4-1 a Perú.
La segunda fase se jugaba en grupos de tres, de los que el campeón iría a la semifinal. A Italia le correspondían Argentina y Brasil, en Barcelona. Se la daba por eliminada. Rossi no había marcado; se le consideraba un peso inútil.
Pero, sorpresa general, Italia ganó a Argentina 2-1 en el viejo Sarriá. Fue el día del célebre marcaje de Claudio Gentile a Diego Maradona; la web de la FIFA le adjudica 23 faltas, cantidad inverosímil. Fueron seis, según SofaScore, y 23 el número total de faltas de Italia, de las que ocho las sufrió Maradona. En el 56' marca Tardelli y en el 67' Cabrini, un medio y un lateral aparecidos en ataque por sorpresa. Argentina se vuelca, pero no marca hasta el 87', en un golpe franco de Ramón Díaz que pilla a Zoff colocando la barrera. Es 29 de junio. Italia tiene seis días hasta su partido con Brasil y prefiere regresar a Pontevedra tras una victoria que consideran doble: sobre Argentina y sobre la prensa propia. Pero Paolo Rossi sigue sin marcar.
El 2 de julio Brasil gana a Argentina 3-1 en el Camp Nou y la elimina, confirmándose como gran favorito con ya cuatro victorias y un marcador agregado de 13-3. Italia vuelve a Barcelona para enfrentarse el día 5 a la verdeamarela, a la que ha de ganar o ganar. El empate clasifica a los brasileños. Eso sí: Brasil llega con sólo tres días de descanso; Italia ha tenido seis.
El delantero, en el partido contra Brasil.E. M.
Y Rossi explota. En un efecto bote de ketchup se desquita con tres goles. Partido gigantesco con este desarrollo: 1-0, Rossi, 8'; 1-1, Sócrates, 12'; 2-1, Rossi, 25'; 2-2, Falcão, 68'; 3-2, Rossi, 74'. Pablito ha vuelto: primer gol, cabeceando picado un centro de Cabrini; segundo, robando un mal pase y batiendo a Waldir Peres; tercero, cazando un rebote tras córner. En el 88', Zoff salva ante un tiro de Oscar. Italia elimina a Brasil. Matarrese baja exultante al vestuario, pero Zoff le expulsa. Il Corriere della Sera se desdice: «Brasil somos nosotros».
Tres días después, el 8, Italia se enfrenta a Polonia, sin Zbigniew Boniek. Rossi marca los dos goles. El 11 se juega la final en el Santiago Bernabéu ante Alemania. En el palco, el rey Juan Carlos I y el presidente italiano Sandro Pertini celebran sin protocolo. Rossi marca el 1-0; Tardelli el 2-0; Alessandro Altobelli, el 3-0. Alemania marca el gol de la honrilla en el 83' por medio de Paul Breitner, que ni celebra.
Paolo Rossi, Pablito, en la cumbre. Campeón del mundo, máximo goleador con seis tantos, mejor jugador del torneo y Balón de Oro de France Football ese año. Todo gracias a seis goles en seis días inolvidables para él y para el fútbol italiano.
Dejaría la Juve con 138 partidos y 44 goles, dos Ligas, una Copa y una Recopa, para cerrar su carrera con una temporada en el Milan (26 partidos y tres goles) y otra en el Hellas Verona (27 y siete). Cerró con 341 partidos y 134 goles en clubes, más 48 y 20 con la selección. Se perdió un tercer Mundial, México 1986, por lesión, aunque fue convocado. Trabajó en Sky en marketing deportivo, lo que me permitió charlas con él desde mi puesto en Canal +, de las que guardo dos ideas firmes: su protesta constante de inocencia y una convicción manifestada en muchas ocasiones: «Jamás, por bien que se hagan, se pueden acercar los entrenamientos al ritmo y la exigencia de la verdadera competición».
Fue comentarista en los principales canales italianos durante mucho tiempo, hasta su muerte en Siena, con 64 años, a causa de un cáncer de pulmón. Está enterrado en Perugia.
Una carrera y una vida cortas y azarosas, pero suficientes para hacerse eterno.
Gabriel Deck, con un triple a falta de tres décimas, certificó la victoria a domicilio del Real Madrid ante el Zalgiris Kaunas lituano (62-64) para cerrar la fase inicial de la Euroliga, tras un choque muy poco vistoso que solo tuvo emoción cuando unos y otros se torturaron desde el perímetro en el último cuarto.
Cerraba el conjunto blanco su participación en el tramo inicial de la temporada como líder, en la misma cancha, el Zalgirio Arena, en la que meses antes se había coronado como campeón de Europa tras superar sucesivamente en la Fase Final al Barça y al Olympiacos.
Sin embargo, y pese a ese éxito, no era Kaunas territorio propicio para el equipo cuando enfrente estaba el Zalgiris, pues de sus últimas cuatro visitas contra ese rival había perdido en tres. De hecho en febrero del 2022 sufrió una derrota histórica, pues sus 47 puntos fue la menor anotación del bando madridista en un partido del torneo.
El arranque de Musa
Por suerte para los espectadores algo así parecía irrepetible, si bien el anfitrión hizo méritos sobrados para ello en el primer cuarto. Sus nueve puntos, renunciando al acierto en los últimos cuatro minutos, fueron un pobre aporte que pese a ello no les sacó del partido. Y es que el Real Madrid, a medio gas, solo hizo 16, la mitad de ellos de Dznan Musa.
El bosnio anotó dos triples, y se subieron a ese carro Mario Hezonja en dos ocasiones y Sergio Llull. Así, el Real Madrid transformó desde lejos 5 de sus 7 canastas y alcanzó una máxima ventaja de diez puntos, que comenzó a bajar cuando el Zalgiris despertó de su letargo anotador de seis minutos. El aire se lo insuflaron Dovydas Giedraitis y Keenan Evans, autores entre ambos de 14 de los 25 puntos de los suyos.
También remaron los en el tercer acto, cuando junto a Edmond Sumner se repartieron los escasos 11 puntos que el cuadro de Kaunas fue capaz de hacer en nueve minutos. Maquillaron los de casa esa estadística en los sesenta segundos finales, un ejercicio de tanatoestética que echó de menos el Real Madrid. Muerto en la pista, el cuadro español solo aportó 13 puntos en ese cuarto, cinco de ellos de tiro libre.
Los triples finales
Dado el panorama, y más por demérito de los de Chus Mateo que por mérito suyo, el Zalgiris no pudo evitar certificar la remontada en su primer ataque del último acto con un triple de Brady Manek. Empezó ahí el recital de tiros lejanos provechosos que salpicó los últimos diez minutos.
Manek logró otros tres; Mario Hezonja dos; y Carlos Alocén, Evans y Musa uno cada uno en medio de un frenesí del que salió airoso el Real Madrid, con renta favorable de tres puntos a falta de 13 segundos. Esa balacera solo podía decidirse agotando uno y otro toda la munición. Kevarrius Hayes, cómo no de triple, selló el empate a falta de ocho y, con solo tres décimas por delante Deck inoculó la misma medicina para poner el broche al festival perimetral.