Georgia y República Checa firmaron tablas en un duelo en el que los primeros se encomendaron sobre todo al acierto bajo los palos de Mamardashvili y lograron adelantarse en el añadido del primer tiempo con un penalti convertido por Mikautadze. Schick, en el primer cuarto de hora de la segunda parte, sería el encargado de anotar el gol que sellaría un empate que deja las opciones de ambos combinados por ahora en el aire. [Narración y estadísticas, 1-1]
De nada le sirvió inicialmente a la República Checa llegar con peligro al área de una Georgia a la que, en apariencia, le bastaba con mantenerse con vida gracias a su portero. Y, cuando Hlozek envió el balón a la red tras un primer rechace del meta, fue el VAR el que invalidó el tanto por mano. Otra mano, de Hranac, en el otro extremo del campo, acabaría también tras intervención del videoarbitraje por convertirse en un penalti, transformado por Mikautadze, que les permitió a los georgianos ponerse por delante en el marcador en el tiempo añadido. Y con 1-0 se llegaría al descanso, gracias, eso sí, a otra buena intervención de su arquero.
En arranque del segundo tiempo, Georgia se permitió dejar gran parte de la iniciativa en manos de la República Checa para buscar sin prisa alguna la opción de ampliar distancias. Una apuesta arriesgada que acabó por cristalizar en un a la postre afortunado remate de Schick tras saque de córner que se convirtió en el 1-1 con 30 minutos de tiempo reglamentario aún por delante en el crono.
Rozaron, además, los checos el 1-2 muy poco después y eso provocó que los georgianos se espabilaran. Ni unos ni otros, a pesar del arreón final checo y la postrera contra georgiana, lograron que el marcador volviera a moverse.
La historia podría haber sido diferente de no haber pronunciado esas palabras, pero el caso es que las dijo: «No me gusta correr». Para un niño tímido que hablaba más bien poco, era toda una declaración de intenciones. Por eso su primer entrenador, Iván Mankó, se las tomó muy en serio. Entonces cambió a Andrii de posición y le colocó en la que menos metros tiene que recorrer durante un partido: la de portero. Gracias a aquella decisión, hoy Lunin
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"Me siento con mucha confianza", "tengo la confianza muy alta", "lo importante es mantener la confianza". Confianza, confianza, confianza. Después de su rápida victoria ante Cameron Norrie (6-2, 6-3, 6-3) en cuartos de Wimbledon, Carlos Alcaraz repetía la misma clave: confianza. Su evolución en el torneo, que apunta al título de manera irremediable, sólo se explica con una confianza por las nubes. Después de ser campeón los dos últimos años y, sobre todo, de su remontada en la final del último Roland Garros, el español ya llegaba al All England Club con el pecho inflado, pero en los dos últimos encuentros la fe en sí mismo ha alcanzado su máximo.
"En octavos, ante Rublev, empecé a sentir más la bola y a mejorar con mi servicio. A partir de ahí todo ha sido fácil. Desde el fondo de la pista me siento más tranquilo, puedo pensar con más claridad", analizó Alcaraz, que en semifinales el viernes se medirá a Taylor Fritz, que también este martes derrotó a Karen Khachanov (6-3, 6-4, 1-6, 7-6 [4]). En las horas posteriores a su encuentro ante Norrie, a Alcaraz se le veía feliz, satisfecho, en un verdadero estado de gracia: "La clave ahora es no pensar en nada más, sólo disfrutar del tenis. Jugar en Wimbledon es un regalo y quiero sentirlo así".
Horas antes, de hecho, su jornada ya empezó con alegría. En el calentamiento previo le tocó la pista 14, al lado de la pista central, con acceso del público y aquello se empezó a llenar de gente. Los aficionados ingleses no paraban de animarle y él respondía sonriente con saludos hasta que unos agentes de seguridad abrieron paso y apareció el actor Tom Holland, Spider-Man.
"He oído que le das bien"
Con ese carisma tan suyo, Alcaraz no sólo le saludó, también se atrevió a bromear con su nivel de golf -"He oído que te gusta, que le das bien", le soltó- y a invitarle a jugar juntos 18 hoyos. De hecho la charla acabó con el número de Holland en las manos de Albert Molina, el representante del tenista, así que es posible que el duelo tenga lugar pronto. "He visto vídeos suyos y creo que tiene mucho nivel, me puede ganar. Me encantaría jugar con él antes de que acabe Wimbledon, espero que tenga la agenda libre", comentó Alcaraz.
WIMBLEDON
Con Holland o sin Holland, lo que está claro es que Alcaraz volverá a jugar al golf sí o sí en el campo de Wimbledon en los dos días de descanso que tiene antes de las semifinales. "¿Qué harás con tanto tiempo libre?", le preguntaron a pie de pista al acabar el partido su partido ante Norrie y a un espectador se le ocurrió contestar por él: "¡Ibiza!". "¿He oído Ibiza? No, esta vez no", rectificó Alcaraz que admitió que practicaría golf con su entrenador, Juan Carlos Ferrero. También planea hacer una visita el jueves al centro de Londres, aunque la logística será más complicada por su creciente popularidad en Reino Unido.
Los problemas de Sinner
Como ya le pasó en Roland Garros, Alcaraz nuevamente cuenta con un preciadísimo día extra de descanso cerca de la final mientras sus máximos rivales, Jannik Sinner y NovakDjokovic, deberán batallar este miércoles ante Ben Shelton y Flavio Cobolli. De hecho, sobre Sinner pende ahora una duda que sólo se resolverá cuando salte a la pista. Mientras los partidos se sucedían en las pistas, la prensa italiana corría de un lado a otro para saber qué estaba pasando con el número uno.
Kin CheungAP
En su partido ante Grigor Dimitrov sufrió un golpe en el codo por culpa de una caída y este martes su retirada era una opción. Por la mañana se hizo una resonancia, por la tarde canceló su entrenamiento y, al final, según declaró su entrenador Darren Cahill, se probó en las pistas indoor, lejos de las miradas de aficionados y periodistas. Al parecer pudo golpear con su derecha, aunque más lento de lo habitual. La preocupación se cierne sobre Sinner mientras para Alcaraz todo es confianza.