En su ridícula e inútil huida hacia delante de algo de lo que no tiene escapatoria (el caso Negreira nunca va a poderse justificar y él está metido hasta las trancas), Joan Laporta dio con la tecla con su ocurrencia del madridismo sociológico. La ver
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Irene Junquera (Madrid, 1985) está (vuelve a estar) de moda. Quien fuera miembro fundacional del imperio de Josep Pedrerol con ‘Punto Pelota’ y ’El Chiringuito’ y figura incipiente de la televisión, deportiva o no, ha dejado atrás un vacío de dos años y surfea de nuevo la ola buena en su doble vertiente. Es una de las reporteras del nuevo ‘Caiga quien caiga’ y tertuliana en Radio Marca, ‘El Desmarque’ y ‘Estudio Estadio’. "El pluriempleo es mi modo de vida. Si no tengo nada que hacer me lo invento, pero cada vez disfruto más de estar tranquila. Es por la edad. Si se me plantea ahora un día sin nada de trabajo, suenan trompetas de ángeles a mi alrededor. Cada vez me apetece menos ir a los estadios. Me pones comida rica, un sofá y una tele grande para ver el partido y es la gloria absoluta", explica.
Has mantenido una relación de amor y odio con el periodismo deportivo. ¿Cómo os lleváis ahora?
Mi relación con el periodismo deportivo está bien, pero he tenido épocas en las que llegué a huir de él. Más que el deporte, me ahuyentó el fútbol. Coincidió una época en la que, por motivos personales, conocía muy de cerca otros deportes más minoritarios, porque mi pareja en ese momento era piragüista [el campeón olímpico Cristian Toro]. Cada día veía cómo se esforzaban, cómo entrenaban, cómo trabajaban y lo humildes que eran y, después, me espantaba tener que enfrentarme a futbolistas privilegiados que se creen el ombligo del mundo. Empecé a tener manía al mundo del fútbol, surgieron oportunidades para hacer otras cosas fuera del periodismo deportivo y aproveché. Coincidieron las dos cosas en el tiempo y tiré más por el entretenimiento.
Sin embargo, has vuelto.
Porque tengo algo dentro que hace que siempre me haya gustado, yo no he aparecido en el periodismo deportivo por casualidad. El 'Carrusel Deportivo' de Paco González era mi banda sonora cuando iba en el coche de mis padres. Desde niña he tenido eso ahí y al final siempre voy a volver.
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Pero no es tu vocación.
No. Mi vocación era ser actriz y lo que más me gusta de todo lo que he hecho es presentar. Esa es la realidad y no voy a engañar a nadie. Lo que pasa es que el periodismo no me resultaba ajeno porque yo era muy friki de la información desde los 12 o 13 años. Cuando era adolescente, los boletines de noticias los escuchaba todos. Es algo que tengo ahí y para mí era también una forma de comunicar y de expresarme. Era el plan B y me formé para las dos cosas a la vez, lo que pasa es que el plan B se convirtió en plan A y nunca he estado a disgusto. No he sufrido por no haber logrado ser actriz, el periodismo me ha llenado lo bastante como para estar tranquila.
¿Te han tomado menos en serio en el periodismo por tu faceta de presentadora?
Ahora ya no me pasa tanto, pero he tenido un problema y es que dentro del periodismo no se me consideraba tan periodista deportiva por hacer otras cosas, pero en todas las otras cosas era "la periodista deportiva". Vamos a partir de la base de que yo estudié periodismo en genérico y me interesan muchísimas cosas aparte del deporte, porque tengo muchas curiosidades en la vida. Etiquetar a la gente es una mierda. O sea, las personas tenemos aristas, no somos blanco o negro, y porque sepas de una cosa no significa que seas una ignorante en otra. Hay mucho prejuicio con los periodistas deportivos, tengo amigos de información general que lo reconocen y piensan que el periodista deportivo no sabe ni hablar. Yo nunca tuve ese prejuicio y ahora, por cierto, en la universidad está de moda. Un profesor de la Complutense con el que todavía tengo relación me ha contado que es increíble la cantidad de estudiantes que ahora quieren ser periodistas deportivos.
Pobriños míos.
Ya, no está la cosa para tirar cohetes. Es verdad que el periodismo deportivo siempre ha estado un poco defenestrado, pero a mí me da lo mismo. No sé si también es por la edad, pero ya me da exactamente igual lo que piensen de mí. Todos y en todo.
¿De verdad? Porque eso se dice mucho, pero es difícil que sea cierto.
Te lo prometo. Quizás por todo lo que he pasado. He vivido épocas chungas, me he visto en medio de polémicas sin buscarlas y lo he pasado mal. Entonces, he llegado a un punto en el que sé discernir lo que es la vida real y lo que es la gente que está aburrida y le apetece rajar de ti. Tengo muchos amigos y una vida muy plena como para preocuparme de otras cosas. Que piensen lo que quieran. ¿Qué hacemos? ¿Nos hundimos?
Preferiblemente, no, pero no siempre se puede elegir.
Ya, pero he hecho callo,. Tuve épocas de pasarlo muy mal por lo que se decía de mí, especialmente en redes. Insultos, machismo… Tenía que aprender a pasar y he aprendido.
¿Has sufrido más machismo en las redes o en el periodismo?
Dentro del gremio existe el machismo y he sufrido algún episodio memorable…
Hace unos meses, en un directo en Twitch, Isaac Fouto pidió que te llevaras la cámara al baño.
Sí, estuvo mal y hablé con él, pero es una persona a la que tengo aprecio y sé que no lo hizo con mala intención. Al final, lo que hizo es un comentario que, por desgracia, está tan normalizado que a veces no nos damos ni cuenta de su gravedad. ¿Por qué Jennifer Hermoso, después del beso de Rubiales, hizo como si nada? Porque a veces necesitamos tiempo para darnos cuenta de que lo que vemos como normal no lo es. No es normal que te hagan eso o te digan eso. Está mal aunque Fouto no lo hiciera con mala intención y tenemos que afear ese tipo de comportamientos para que la gente aprenda y erradicarlos. Otra vez Hugo Gatti me mandó a lavar los platos en ‘Punto Pelota’, pero han sido episodios súper contados. En las redacciones donde he estado me he sentido y me han hecho sentir como una igual. En el mundo de redes y en el del deporte es otra movida…
¿Es muy machista el deporte?
Es como cuando la gente dice que no hay racismo en España. Claro que hay racismo, pero tú no lo sufres y, entonces, no tienes ni idea. Hay machismo en todos los estamentos de la sociedad, en todos, pero en el deporte mucho más. Hablé para ‘Caiga quien caiga’ con Paula Leitón, la waterpolista, y me contaba que las chicas cobran menos que los chicos por hacer lo mismo. Le pregunté si era como en el fútbol, que ganan menos porque generan menos, y me explicó que ahora mismo ellas generan más y aun así cobran menos. Así que la gran excusa del deporte masculino se desmonta fácilmente. Ganan más porque son tíos, sencillamente. Me he ido del tema, ¿por dónde iba?
Por los ataques en redes sociales.
Es horroroso. Es horrible. Lo que pasa es que siempre se escudan en que no se meten contigo por ser mujer, sino porque no sabes de fútbol. Lo que no dicen es que piensan que no sabes de fútbol precisamente porque eres mujer. Esa es la trampa que hacen. Así que las periodistas deportivas tenemos que estar mucho más concentradas y mucho más informadas que un hombre porque nos miran con lupa. Si un periodista comete un error, nunca van a pensar que es porque no sabe de fútbol, pero si lo comete una mujer…
¿Tienes la sensación de que, siendo la misma periodista, te hubiera ido mejor siendo tío?
Creo que me hubiera ahorrado disgustos.
¿De qué tipo?
De que te pongan constantemente en duda, de menosprecios en redes sociales, de que haya gente que diga que estás ahí porque tienes algo con un jugador o para cumplir una cuota… Lo de la cuota espero que no haya sucedido, aunque probablemente sea así. No lo descarto, la verdad. Soy consciente de que hay programas en los que quieren que haya una representación femenina y te llaman por eso, pero entiendo que hay otras muchas periodistas y que si me llaman es porque quieren que esté yo. Prefiero contármelo así a mí misma.
¿El trato con los futbolistas siempre ha sido normal, pese a los rumores y las suspicacias?
He tenido un trato normal con todos, lo que pasa es que es verdad que hay épocas de tu vida que eres más joven, tienes la misma edad que ellos y hay cierto rollo. Es normal. Hay mucha gente que dice que por qué se lían las periodistas con los futbolistas, y digo: "Bueno, ¿tú no te lías con tu compañero de trabajo?". Al final, si estás trabajando mano a mano con ciertas personas, puede pasar. No lo veo tan raro ni creo que haya cambiado cómo me tratan los deportistas. Me han atendido los que son majos y los que son imbéciles, pues no. Como a cualquiera.
La periodista madrileña posa en su casa de Majadahonda.Sergio González Valero
Tu salto a la popularidad fue con ‘Punta Pelota’, donde estuviste desde el inicio. Supongo que no lo sabíais, pero estabais cambiando la forma de hacer tertulias deportivas en España.
Qué va. Piensa que venía de Punto Radio, de estar con Pedrerol también, y nos habían despedido a todos. Al poco, me llamó Josep, me explicó un poco la idea que tenía para la tele y yo no había visto nada así, aunque creo que ya existía ‘El Rondo’. Al principio éramos tres personas en la redacción y, de repente, se hizo gigante. Es verdad que Pedrerol siempre tiene mucha visión de lo que va a ocurrir, está al tanto de las tendencias y siempre va por delante. Por ejemplo, nos hicimos Twitter el mismo año que abrió, cuando aún no era habitual. Luego con Instagram, lo mismo y ha sido de los primeros en saltar a TikTok. Él es capaz de adelantarse y, al poco tiempo de empezar en una tele como Intereconomía que no veía nadie, ya me empezaron a pedir fotos por la calle y dije: "Guau, ¿qué es esto?".
¿Cuál crees que fue el secreto?
Que la gente nos veía, y aún les ve, como una familia y, además, se crearon personajes pero sin forzarlos. Tomás Roncero es como es, Cristóbal Soria es como es. Carme Barceló es como es... Y la gente te coge cariño. Era muy joven y aquello era un poco la jungla, pero lo que yo quería era meter baza. Venía gente muy top de muchos medios diferentes y aprendí mogollón. Eso es innegable.
Te costó meter baza, durante años tu papel en pantalla era leer los mensajes de los espectadores.
Sí y no me importaba leer mensajes, lo que me importaba era que la gente pensara que sólo hacía eso porque era mentira. Al principio éramos tres redactores y yo cubría el Real Madrid. Iba al entrenamiento por la mañana, llegaba a la redacción a las 17:00 y me iba a casa a las 02:00. Editaba vídeos, conseguía entrevistas, llevaba noticias, preparaba el programa y, sí, además leía los mensajes. Mira, aquí sí he notado el machismo. Jorge Hevia lleva leyendo los mensajes en ‘Carrusel Deportivo’ y en ‘Tiempo de Juego’ toda la vida y es una figura que a mí me encantaba. Cuando todavía estudiaba, escribí un mensaje al programa, me contestó y me puse super contenta. Nadie ha dudado nunca del trabajo de Hevia, sin embargo a mí me decían todo el rato que era una mujer florero que estaba ahí para adornar.
¿Te han juzgado por tu físico?
Con ese tema he de negar la mayor porque tampoco soy el prototipo de pibón que hay en las teles y que ponen en pantalla por eso. No me eligieron por eso. De todos modos, aunque no tengo esa percepción de mí misma, las mujeres que salen en la tele suelen ser guapas y los hombres no. Eso es así, pero que sea guapa no significa que no valga. Por ahora, y ya estoy cerca de los 40, no he tenido ese miedo al relevo generacional del que hablan muchas compañeras. Quiero ser optimista, hay periodistas como Maria Escario que han estado toda la vida, aunque es verdad que hay muy pocas presentadoras en el deporte. Me encantaría una mujer presentando ‘El Desmarque’, ‘El Chiringuito’, ‘La tribu’ o cualquiera de los programas estrella. De hecho, las pocas veces que ponen a una mujer, normalmente somos copresentadoras. Nos ponen un hombre al lado por si acaso. Es surrealista.
Trabajaste con Pedrerol 10 años, hasta 2017. ¿Qué pasó? Se dijo que el final fue feo.
Decían que me había echado, pero no es verdad. Me fui yo porque empezaron a surgirme otras oportunidades y llegó un punto en el que no podía abarcar más. Además, el horario de ‘El Chiringuito’ es muy sacrificado. Me fui y ya está.
¿Era mala vuestra relación?
Josep es súper exigente y a veces se hace difícil trabajar para él, pero tiene muchas cosas buenas también. Me dio la oportunidad cuando era superjoven y cuando le necesité con cuestiones personales, siempre respondió. Es una persona muy extrema. Tiene cosas malas que son muy malas, porque es muy duro y a veces se pasa, pero hay cosas buenas que son muy buenas, aprendes mucho y te da oportunidades.
Sois uno de los primeros programas orgullosos de ejercer periodismo de bufanda. ¿Cómo ves este fenómeno?
Cuando leía mensajes no decía que soy del Madrid porque la gente ya me tachaba de cualquier cosa y prefería dejarlo así, pero todos los periodistas deportivos tienen un equipo. Si no, no se dedicarían a esto: si te gusta el fútbol, es imposible que no seas de ninguno. Antes y después de decir que soy del Madrid, he tratado de ser lo más objetiva posible. Nunca he defendido al club en algo en lo que no esté de acuerdo, pero hay periodistas que sí lo hacen y defienden a capa y espada cualquier cosa que hagan los suyos. Me parece bien, no engañan a nadie. Si me quiero informar, no voy a ir a ese periodismo de bufanda, pero es un entretenimiento digno. Hay que abarcarlo todo y no pasa nada. No hay que demonizarlo.
Como madridista, ¿qué piensas de la denuncia del club de una supuesta conspiración arbitral en su contra?
Siempre digo lo mismo con el tema del arbitraje, igual ahora que se queja el Madrid que cuando lo hace el Barça o cuando el Cholo decía aquello de la Liga peligrosamente preparada: si tú, como deportista, consideras que una competición está adulterada, no la juegues. Creo que hay un problema gigante con los árbitros, que cometen errores atroces, pero no creo que especialmente en contra del Madrid. ¡Ni a favor! Tiene que haber un cambio en el estamento arbitral, pero aquí cada uno llora por lo suyo.
¿Notas diferencia a la hora de abordar a los futbolistas como reportera de 'CQC'? ¿Se relajan un poco?
Qué va, son como son. Entiendo que hay niveles y que si eres Mbappé, que no puede andar por la calle, te comportes de una forma algo diferente al resto de humanos, pero es que hay futbolistas que no han empatado con nadie y van con los aires de Mbappé. También pasa en el periodismo eso, por cierto [risas]. Mucho ego en ambos mundos.
¿Tú no lo tienes?
No soy Roberto Gómez, que no se corta en decir que es el mejor reportero del mundo [risas]. Sinceramente, creo que soy humilde de más y que me hubiera ido mejor de no haberlo sido. A mi alrededor he visto subir como la espuma a auténticos déspotas. Y no hablo de Pedrerol, quiero dejarlo claro. Igual si me hubiera comportado de otra forma, me hubieran valorado más, pero mi forma de ser es otra. Trabajo mogollón, no se me caen los anillos por hacer lo que sea y no me considero excelente ni más que nadie.
¿Y qué futuro te auguras?
Ninguno porque no me da tiempo a pensar en él. Cuando empecé tenía claro que quería tener éxito, pero ¿qué es el éxito? ¿Tener mucho dinero? ¿Salud? ¿Amor? La felicidad son momentos y para mí la clave es que te guste tu trabajo en la medida de lo posible, porque ir a trabajar es una putada para cualquiera. Siempre es mejor estar de vacaciones. A mí me gusta todo lo que hago ahora y valoro muchísimo lo que tengo. ¿Dónde voy a estar de aquí a diez años? No lo sé. Me encantaría trabajar menos y cobrar más. Ese es mi sueño. Ahora trabajo muchísimo y cobro bien, pero para eso tengo que hacer muchos picoteos. Me gustaría algo más estable.
¿Es lo que te ha faltado estos años?
Siento que he tenido momentos muy buenos y mediáticamente potentes y también he estado en el barro. He pasado por todo. He tenido mucho trabajo y no he tenido nada. Estuve dos años enteros sin trabajar nada y sin paro, tirando de ahorros y pensando que a lo mejor no me volvían a llamar nunca más.
¿Qué pasó?
Fue cuando dejé el periodismo deportivo. Fiché por Mediaset, hice un programa allí que no funcionó (‘All you need is love… o no’) y sólo duró una temporada y a partir de ahí fue la nada. Eso me enseñó que nadie es imprescindible. Hay gente con carrerones de la leche, mitos de los 90 o los 2000, como Meg Ryan, que se pasan siglos en casa de brazos cruzados y el público no se da cuenta porque piensan que sigues ahí y que estarás bien. Y no. Me estoy comparando con Meg Ryan, ¿no? [risas].
Sí, pero se te entiende.
El caso es que nadie sabía que estaba en mi casa diciendo: "Ostras, si no me vuelven a llamar, ¿qué hago?". He tenido que empezar de cero otra vez. Tras dos años así, volví al mundo del periodismo deportivo porque era el único sitio donde me querían. Empecé a hacer colaboraciones y volví a entrar en la rueda, pero es muy difícil regresar cuando te has caído. Por eso ahora, cuando la gente me anima a dejar algún trabajo y descansar un poco más, ni se me ocurre. En esta profesión no se renuncia a nada porque nunca sabes si va a ser lo último que te ofrezcan.
En el número 23 de Ronda de la Universidad, en pleno centro de Barcelona, había una casa que es historia del periodismo. ‘La Ronda’, como acabó por conocerla toda la ciudad, era el hogar de los Pérez de Rozas, la saga de fotógrafos que empezó a principios del siglo XX, cubrió tres generaciones y sigue vigente en Emilio Pérez de Rozas (Barcelona, 1952), al que todo el mundo conoce como reportero y columnista de ‘El Periódico de Catalunya’ y ‘Sport’ y tertuliano sin freno en la COPE y Radio Marca, pero se niega a renunciar a su herencia. "La foto va en la sangre. Si no hubiera sido lo que soy, que es mitad fotógrafo y mitad periodista, sería simplemente un idiota", resume.
A otros puede haberles sorprendido el periodismo, pero tú sabías perfectamente dónde te metías.
Mi padre tenía nueve hijos y a las ocho, cuando nos levantamos para desayunar e irnos al cole, llegaban mis dos tíos, Manolo y Kike, y se ponían a trabajar. La casa de papá era el laboratorio y el despacho donde trabajaban las fotografías los Pérez de Rozas para tres periódicos y para la agencia EFE. Y ahí vivía una familia con una abuela, tres hermanos fotógrafos trabajando todo el día y nueve niños. ¿Qué otra cosa habría podido ser yo?
Hippie.
[Risas] Sí, algo de comuna hippie tenía, pero sobre todo era un polvorín. Como mi padre estaba bastante ausente haciendo fotos, allí todo el mundo podía castigarte si te portabas mal. Me pasé muchas horas en el pasillo por haber hecho travesuras. Era muy divertido vivir allí. No había otra posibilidad para mí que dedicarme a esto. Se nos caía la baba viéndoles trabajar y mi hermano Carlos y yo conseguimos continuar la tradición. Lo que pasa es que, como han compartido todos los compañeros veteranos que han salido en esta sección, aquel periodismo que nosotros vivimos ha desaparecido. Totalmente. Y ahí se ha acabado también la saga Pérez de Rozas.
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Tus dos hijos se dedican a otras cosas.
Sí. Tienen una mezcla extraña porque les gusta lo que hace su padre, pero como curiosidad. No leen demasiada información, como casi todos los jóvenes ahora, y uno es informático y otro es productor de publicidad y cine. Han salido a su madre, que es bióloga, y ni siquiera leen lo que escribe su padre y esposo. Qué se le va a hacer…
Vives en Mallorca pese a informar sobre el Barcelona. Buen chollo.
Sí, soy un pionero en esto del teletrabajo, debo ser de los primeros periodistas que lo logró. Primero estuve a caballo entre los dos sitios y ahora llevo nueve años ya instalado aquí. Hace más de 50 años que conocí a Araceli, mi mujer, que es mallorquina y fue estudiar a Barcelona. Cuando murieron mis papás, decidimos venirnos a Palma porque creímos que era muy importante que los niños crecieran con los abuelos maternos y fue una estupenda decisión. Tuve la suerte de que Antonio Franco [director histórico de ‘El Periódico’] me lo permitió. Yo he tenido muchos maestros. Si me gusta esta profesión es porque he estado siempre colgado de los mayores, de aquellos periodistas y amigos que tenían unos años más que yo y me lo enseñaron todo: mi hermano Carlos, Antonio Franco, Àlex J. Botines, José Antonio Sorolla… Un montón de periodistas en los que me pude fijar. Eso también ha desaparecido ahora, ya nadie ejerce de maestro en el periodismo.
¿Has sentido esa distancia?¿Ha afectado a tu carrera no estar en Madrid ni, ahora, en Barcelona?
Lo de Barcelona no, porque a efectos prácticos es como si estuviera. Hay aviones cada rato y me planto allí en nada, pero lo de Madrid… Ese madridcentrismo de los medios españoles lo he sufrido posiblemente más que nadie. Del año 82 al 92 estuve de responsable de Deportes de ‘El País’ en Barcelona y hubo una frase funesta que aprendí ya la primera semana: "Mira, es que en Madrid hacemos las cosas así". Tú proponías determinadas cosas desde Barcelona y siempre había un jefe en Madrid que te decía que no porque allí no se hacía así. Y punto. Ni se debatía si tu idea podía estar bien ni se probaba a ver si funcionaba. No había esa posibilidad. Al final eso sí te da la sensación de que te limita. Otro ejemplo tonto. Tengo una relación maravillosa con Raúl Varela, de Radio Marca, y entro en su tertulia de ‘La Tribu’ los lunes por la mañana. Cuando cuentan el parte meteorológico de Madrid y que hay atasco en la M-30… No sé qué pensará el que lo escucha en Mataró o en Dos Hermanas. Es una anécdota, pero pasa siempre en todos los medios nacionales.
Has ido arrinconando la faceta de fotógrafo. ¿Por qué?
Yo nací fotoperiodista y soy fotoperiodista, pero es cierto que al final ha sido más un complemento que una dedicación completa. Evidentemente, no hago las fotos como mi compañero Jordi Cotrina, como mi amigo Alejandro Ceresuela, que es el fotógrafo personal de Marc Márquez, o como el portentoso Raúl Cancio, pero me defiendo y son suficiente para completar mis informaciones y las historias que cuento. La profesión fotográfica me respeta y no me ve como un intruso. El de fotógrafo es el trabajo peor tratado y peor considerado que hay en el periodismo. Es una vergüenza. Ahora quieren reciclarlos para hacer vídeo, se los ha metido en las redacciones para solo editar, salen cada vez menos a la calle a hacer fotos… Es una pena, es a nivel mundial y no es nuevo. Mi serie de periodistas favorita es ‘Lou Grant’, que es de los 70 y 80, ¿y sabes cómo llamaban al fotógrafo?
No.
Animal. Directamente le llamaban Animal. Eso ya te da una idea de cómo ha visto siempre el periodismo a los fotógrafos.
También te has movido entre dos mundos en que, aunque el fútbol es lo que te ha dado la popularidad, por encima de todo eres un periodista de motociclismo.
Sí. Empecé en las motos al principio de los años 80 y ahí sigo por dos motivos. Primero, porque ese mundo ha ido ofreciendo constantemente generaciones de pilotos estupendas y siempre tenías un español que ganaba y, segundo, por una cosa muy importante que se ha perdido en todos los demás deportes grandes, especialmente en el fútbol: el contacto con los deportistas. Todavía hoy te permiten acceder a los pilotos, si necesitas tres minutos con Marc Márquez en un gran premio para completar un reportaje, los vas a tener. Eso es maravilloso porque aún te permite construir historias humanas paralelas a la carrera. Eso ya no lo puedes lograr en ningún otro deporte, sólo en las motos. Ojalá Carmelo Ezpeleta, que es el gran monstruo que ha creado este fantástico Mundial de motos, no se contagie nunca de la Fórmula 1 en esto.
Tienes muy buen trato con Marc desde el principio. ¿Esperabas esta resurrección?
Sí, ya el año pasado pensé que si le daban moto… Toda la familia Márquez, los papás y los hermanos son unos seres excepcionales que son tal y como se muestran, lo que parece ya imposible en el deporte de élite. Sólo tengo palabras de elogio. Siempre se han portado conmigo de una manera maravillosa y es un placer tener esa relación con ellos. Hay una cosa que me pasa con Marc y con otros amigos deportistas que tengo como Andoni Zubizarreta o, en menor medida, Rafa Nadal. Mucha gente en la profesión trata de dañarme lanzándome un "mira, tu amigo". Dicen eso como si fuera algo negativo cuando es un elogio sensacional. Sé que periodísticamente no está bien ser amigo de los protagonistas, pero, lo siento, para mí esas amistades tienen un valor tremendo por encima de lo laboral.
¿Qué tal conviven el periodista serio y el tertuliano polémico que también eres?
Llevo bien esa dicotomía porque tengo un trabajo diario en un periódico y, luego, hago ese segundo papel en la radio. Están bien diferenciados. Con la televisión he tenido muy poco contacto, sólo en los tiempos de ‘El Rondo’ de Alfonso Arús, que es un auténtico monstruo de la televisión. Es el tío que inventó todo lo que se hace ahora en televisión deportiva, un innovador absolutamente brutal.
Las tertulias de éxito como ‘El Chiringuito’ provienen de él.
Claro, ‘El Chiringuito’ es una copia de ‘El Rondo’, aunque no sé si a Pedrerol le molestará esto. Lo siento, pero tú puedes ser el inventor de algo que no has inventado y el maestro de esto se llama Alfonso Arús. Mala suerte. Pedrerol no debería de tomárselo como una ofensa porque ha imitado algo muy bueno, le funciona, le gusta a una determinada gente en un determinado horario, con un determinado estilo y ya está. Pero la verdad es la verdad: esto lo inventó Arús.
Hablábamos de tu papel como tertuliano.
Sí, te decía que a mí la radio me parece atómica. Cuando todo el mundo está diciendo, y a lo mejor hay parte de verdad, que las redes sociales, los tuiteros, los influencers y la inteligencia artificial van a acabar con el periodismo, la radio está ahí, inmutable y con audiencias enormes. Yo he tenido la inmensa suerte de que los auténticos gigantes de la radio me han querido para trabajar con ellos. He estado con De la Morena, con García, con Paco González y con Manolo Lama, que es un tipo tan generoso que tú le pides la hora y él te da el reloj. Entonces, estás en ese ambiente y te ayuda mucho a soltarte, porque estás como en casa, entre amigos y sin nada guionizado. Lo grandioso de la radio es que es inmediatez, improvisación y originalidad.
También ese es el peligro.
Claro, porque muchas veces metes la pata, por supuesto que sí. Es todo tan rápido que te animas y te calientas tanto que existe la posibilidad de equivocarte. Yo lo he hecho y me he disculpado, pero entiendo que es parte del juego. Además, cada uno sabemos qué papel jugamos en las tertulias y en el mundillo. Por ejemplo, cuando me llaman para intervenir en tertulias de Catalunya Ràdio, sé que lo hacen porque quieren a alguien que le dé un palo al Barça. Yo soy consciente de mi papel, pero también es verdad que nunca digo lo que no pienso. Si me piden una opinión, doy la mía. Otra cosa es que la mía les va bien y la buscan porque contrasta con la de los demás.
Pérez de Rozas posa con su pincher, Anubis, en Palma de Mallorca.Araba Press
¿Se toma esta sociedad el fútbol demasiado en serio?
Creo que no hay que trascendentalizar las cosas que no tienen trascendencia y el fútbol es una de ellas, aunque no la única con la que lo hacemos. En casa se rompe un vaso y se monta un drama que no te lo puedes imaginar y luego lo piensas y, coño, sólo es un puto vaso. Recoge los cristales y a otra cosa. Nos montamos demasiados traumas ficticios, luego hay un drama de verdad y ¿ahora qué hacemos? Es fútbol, por favor. Vamos a tomárnoslo estupendamente y a disfrutarlo sin dramas. Además, los clubes, los presidentes, los entrenadores y los futbolistas no se merecen que nos volvamos locos por ellos, con una defensa a ultranza que no tiene ningún sentido. A mí me gusta que gane el Barça, pero también me gusta ver partidos estupendos donde gana el otro. Jamás dejaré de dormir por un resultado.
Eres un culé anti Laporta, que no abundan.
Lo que está pasando en el Barcelona con Laporta, su directiva, sus amigos, sus familiares y la manera de gobernar el club es escandaloso. Es una muestra de que la prensa ha dejado de tener poder y ya no se carga a nadie. Si el periodismo tuviera poder, Laporta no sería presidente del Barça como Mazón no lo sería de la Generalitat Valenciana, no hubieran podido soportar el justo aluvión. En Barcelona ha habido periodistas como Toni Frieros, Sique Rodríguez, Albert Guasch, Paco Cabezas, Xavi Hernández, Sergi Escudero, Xavi Bosch, Andreu Rauet o Joan Josep Pallás que han publicado cosas de Laporta que deberían haber provocado que pasara algo… y no ha pasado absolutamente nada. Yo intento cumplir una frase que me solía decir papá: "Emilio, en esta vida, sobre todo que no te tomen por tonto". Cuando doy mi opinión sobre la vergüenza que es Laporta lo hago fundamentalmente para decir: "Oiga, usted está comportándose así, está gobernando en su beneficio propio y está consiguiendo negocios para sus amigos, pero que sepa que le estamos viendo, nos hemos dado cuenta, no somos tontos". A lo mejor no sirve para nada y se sale con la suya, pero sobre todo que no me tomen por tonto.
¿Tienes algún contacto con Laporta?
No, cero absoluto. Ni con él ni con el club. Tampoco lo quiero. Soy perfectamente consciente de que con este punto de vista crítico hago muchos enemigos y habrá presiones, pero por suerte me siento tremendamente protegido por mi periódico. Eso es importante y no tan frecuente como debería. Recuerdo una anécdota cuando Antonio Franco era director y yo llevaba la sección de Deportes, que aún éramos 10 o 12 redactores y hacíamos nueve páginas diarias. Se ponía delante de mí y me soltaba: "¡Vaya mierda de sección estamos haciendo!". Éramos la mejor sección de Barcelona, yo se lo decía, que era estupenda, y me respondía: "Hace un mes que no llama nadie cagándose en mí y eso es mala señal. Yo estoy aquí para pararos las balas. Haced lo que tengáis que hacer, pero hacedlo". Poder trabajar en un medio que te permite eso es sensacional.
¿Cómo valoras esa alianza estratégica entre Laporta y Florentino?
Forma parte de la anestesia general que están viviendo la afición, los socios y los abonados del Barça. Han vuelto a disfrutar del fútbol de la mano de Hansi Flick, Pedri y Lamine Yamal y pasan absolutamente de todo lo demás, están desconectados de la realidad. Estoy convencido de que esa complicidad con el Real Madrid no gusta, pero tragan porque saben que Florentino Pérez ha puesto los contactos financieros y económicos que posee, que son los mejores de España, a disposición de Laporta para que pudiera hacer las tropecientas palancas y endeudar por los próximos 25 años al Barcelona. Es otra de las cosas que el socio, que es el propietario en teoría del Barça, tiene guardadas en un armario para no verlas junto a la manera de distribuir comisiones en el contrato de Nike, que una empresa subcontratada meta 350.000 euros a una cuenta de los directivos para su aval o los retrasos del Espai Barça.
Antes, cuando has nombrado a los grandes de la radio con los que has trabajado, has obviado a Juanma Castaño.
No crees que haya sido casualidad, ¿no? Efectivamente, no lo ha sido.
¿Es porque esta temporada decidió prescindir de ti y de Tomás Guasch en ‘El Partidazo’?
Tomás te dijo que no le sabía mal por él sino por mí y yo te digo lo contrario, me sabe mal por él porque le considero uno de los grandes y además, y esto es lo peor para mí, es que Tomás sí es uno de ellos, del núcleo duro que pasó de la SER a la COPE. Yo no lo soy aunque llevo muchos años trabajando con ellos, sigo con Lama y creo que fui el primero que llamó a Paco González cuando dejó la SER y le dijo: "Me voy contigo". Lo cogí por las escaleras, saliendo del edificio. Lo de Castaño no quiero ni comentarlo. Lo que sí me supo mal fue que me lo dijera en pleno agosto, tres días antes de que empezara el programa y sin tiempo para buscar otra cosa. Por lo demás, es un programa de autor donde él elige a su gente y, de pronto, Tomás y yo dejamos de ser su gente. A mí me pareció mal, pero a Tomás le dolió bastante más.
¿Por qué crees que dejaste de ser de su gente?
Creo que fue por el ruido que hacía, el descontrol que yo provocaba. No lo comparto, pero es su opinión. De todos modos, no quiero centrarme en lo malo porque esta vida que he tenido ha sido la hostia. No, está mucho más allá de la hostia. Cuando te digo que me duele que la forma de trabajar que teníamos antes haya desaparecido totalmente es porque considero que ser periodista como lo éramos hace 50 o 30 años es de las cosas más grandes que se puede ser en esta vida. Es una manera de disfrutar tremenda. Es cierto que no tienes tiempo para la familia, los hijos ni los amigos, pero ¿por qué? Porque cuando te gusta el periodismo y contar historias, te vuelves loco. Felizmente loco. Eso es brutal y ahora ya nada de todo esto existe.
Hombre, algo quedará.
Muy poco. Los jóvenes periodistas creen que todo está en el móvil y, encima, los periódicos han dejado de tener dinero para ir a los sitios. Y si no estás en los sitios, no hay periodismo. La gente sólo copia, recopila e imita. Eso tiene poco valor. En mi época nadie se dignaba a escribir un texto si no había estado allí. Ahora todo el mundo escribe de todo desde la silla y, lo que es peor, todo el mundo se cree lo que esos publican. La manera de conseguir las fuentes de información en estos momentos es muy frágil, te puede engañar muchísimo, no las ves, no las tocas, no las tratas y puedes estar escribiendo una historia que se ha inventado alguien con el que has contactado por Instagram. El buen periodismo cuesta dinero y ya nadie tiene dinero. Tengo la impresión de que si mis hijos hubieran escogido esta profesión, me hubiera frustrado porque no hubieran disfrutado ni la mitad de lo que he disfrutado yo. Ese es el drama.