El Getafe ha decidido dar por terminada la etapa de Quique Sánchez Flores en el banquillo azulón. El conjunto madrileño, cuarto por la cola de LaLiga con 31 puntos en 31 jornadas, podría caer a los puestos de descenso si el Valencia gana esta tarde al Valladolid.
Los del Coliseum Alfonso Pérez no gana desde el pasado 19 de marzo y acumulan cinco jornadas sin conocer el triunfo. La última derrota en casa ante el Almería (1-2) ha sido la gota que ha colmado el vaso de la directiva, que ha fulminado a Quique.
“El entrenador madrileño y su cuerpo técnico dejan de pertenecer a la entidad azulona. Desde el Club le agradecemos el compromiso y profesionalidad que han demostrado desde su llegada con este club, y su dedicación en todo momento”, ha asegurado el Getafe en un comunicado.
Empezó su carrera en el Liverpool de Rafa Benítez, Pepe Reina, Xabi Alonso y Fernando Torres, ha crecido con el Leipzig desde la Segunda División hasta la Champions League, donde se enfrentó al Madrid en los últimos octavos, y ahora lidera a Hungría, una de las candidatas a revelación. Péter Gulácsi (Budapest, 1990) disfruta las entrevistas, recuerda aquella etapa del spanish Liverpool, reflexiona sobre el "miedo" (o no) que da el Bernabéu y no se calla cuando tiene que tener una opinión contraria a la de su gobierno.
La selección de Hungría viene de ganar su grupo de la fase de clasificación y de quedar segunda en su grupo de la Liga de Naciones junto a Italia, Alemania e Inglaterra. Un buen momento, ¿no?
Totalmente. Llevamos seis años con el mismo entrenador, Marco Rossi, que cogió el equipo cuando no estábamos siendo exitosos y paso a paso nos ha dado equilibrio. Hemos tenido un cambio generacional, con muchos jugadores jóvenes, y una evolución continua. Esos resultados son algo grande para el fútbol húngaro y ahora competimos contra los mejores equipos de Europa y aunque haya plantillas mejores, como equipo hemos demostrado que podemos estar al mismo nivel.
Se enfrentan en el grupo a Alemania, Suiza y Escocia. ¿Cuál es el objetivo?
Intentamos ser realistas. Obviamente si comparamos nuestro grupo con el que tuvimos en la Euro 2021, con Alemania, Portugal y Francia, sobre el papel seguro que hay más posibilidades de pasar de grupo. Pero sabemos que Suiza tiene mucha experiencia, que Escocia tiene muchos jugadores de la Premier y luego está Alemania. Todos conocemos la calidad de Alemania. Puede que la gente lo vea un poco más fácil que hace tres años, pero no lo va a ser. Nuestro objetivo es sobrevivir a la fase de grupos, claro.
Históricamente, las selecciones que dominan la Eurocopa son las occidentales. ¿Ve alguna mejora en las del Este para alcanzar ese nivel?
Hay dos temas diferentes. Uno es la infraestructura, que va paso a paso. Puedo decir que en Hungría, por ejemplo, ha habido una mejora masiva en la última década. Y lo segundo es que las selecciones menores que tienen éxito, como puede ser Croacia, no viven de sus ligas nacionales, los jugadores juegan en las ligas occidentales y las ligas locales desarrollan jóvenes y luego los venden. Eso empieza a pasar en nuestra selección, la columna vertebral de nuestro equipo no juega en la liga húngara. Tener más jugadores que juegan en las mejores ligas es clave para los países de la parte central u oriental de Europa.
Alemania es su segunda casa. Lleva jugando en el Leipzig casi diez años y encima se enfrenta a ellos en la fase de grupos. ¿Cómo lo vive?
Es especial, claro. Mi carrera ha llegado a otro nivel desde que llegué aquí. Vine con el Leipzig estando en Segunda División y ahora jugamos la Champions. Me han pasado muchas cosas en Alemania, es mi segunda casa y estoy muy agradecido. Y la selección alemana pues qué voy a decir, tuve a Nagelsmann durante dos años como entrenador, un técnico fantástico, y ya se puede ver cómo ha transformado al equipo en uno de los favoritos. Pero luego hay más candidatos, España, Portugal, Inglaterra, Italia, Bélgica, Francia...
Usted fue parte del primer equipo del Liverpool entre 2007 y 2013, al inicio de su carrera. Coincidió con Rafa Benítez, Pepe Reina, Xabi Alonso y Fernando Torres. ¿Qué recuerda de aquello?
Fue una oportunidad increíble. Rafa era el entrenador y acababan de perder la final de la Liga de Campeones contra el Milán. Era su nivel más alto. Con Pepe tuve una relación increíble, yo llegué como portero joven y él para mí era uno de los mejores del mundo. Era una persona increíble con la que trabajar. Me acuerdo de Xavi Valero, un entrenador de porteros fantástico que ahora está en el West Ham y que tuvo un impacto enorme en mi carrera, porque mejoré en los años que pasé con él. En el equipo estaban Riera, Xabi Alonso, Torres... Gente fantástica y futbolistas fantásticos. Yo no llegué a jugar un partido oficial con el Liverpool, pero tuve la oportunidad de ver a estos jugadores todos los días, viajar con ellos... Una experiencia muy importante en mi carrera. Aprendí mucho.
¿Aprendió español?
No (risas). Es que estos chicos hablaban muy bien inglés y eran muy estrictos. También hablaban inglés en el vestuario. Era muy importante para ellos respetar la tradición del club. Cuando estaban entre ellos hablaban español, pero con el equipo hablaban perfecto inglés. Fue la primera vez que vi el fútbol de alto nivel y ver a gente tan profesional tuvo un gran impacto en mí.
¿Quién le daba más problemas en los lanzamientos a puerta, Gerrard o Torres?
Steven era de los mejores lanzando y tengo que decir que no le paré demasiados... Fernando, en ese momento, era para mí el mejor delantero del mundo. Tenía remate, velocidad, un gran primer toque... Era un futbolista importante.
Y Xabi Alonso acaba de ganar la Bundesliga con el Leverkusen. ¿Le ha sorprendido?
Teniendo en cuenta la experiencia que tenía a este nivel podría ser una sorpresa, pero conociéndolo como jugador, sabiendo lo inteligente que era dentro del campo, viendo el tipo de entrenadores que ha tenido, lo profesional que ha sido, lo bien que ha tomado sus decisiones a lo largo de su carrera... Si nos fijamos en todo el panorama, no es una sorpresa. Tenía una fantástica comprensión del juego, era uno de los mejores tácticamente, tenía ganas de aprender... Creo que lo tiene todo para ser uno de los mejores entrenadores del mundo. El dominio que ha tenido el Leverkusen este año es algo nuevo en Alemania. Sólo se lo hemos visto al Bayern. Tienes que ser muy bueno para conseguirlo.
Sobre el Leipzig, en febrero, en octavos de Champions, estuvieron a punto de dar la sorpresa contra el Madrid. Empataron en el Bernabéu y casi fuerzan la prórroga. ¿Qué le parece cuando dicen que los equipos tienen 'miedo' cuando juegan contra el Madrid?
Yo no diría que es miedo. Creo que el Madrid tiene carisma. Lo hemos visto este año y los anteriores. Tienen calidad para ganar partidos cuando no son el mejor equipo. Tienen una mentalidad muy fuerte para dar la vuelta al partido confiando en sus cualidades, para aprovechar los momentos en los que pueden cambiar el partido y así fue. La final de la Liga de Campeones fue un buen ejemplo. Nuestro partido fue un buen ejemplo. El Bernabéu es un estadio increíble y es especial jugar ahí, pero no teníamos ningún miedo. Tuvimos la oportunidad hasta el último momento, con un larguero, y no lo conseguimos. Un poco de mala suerte, pero también se puede decir que es la calidad del Madrid.
La última no tiene que ver con el fútbol. En 2021 usted escribió un post en redes sociales hablando de amor y tolerancia en respuesta a una ley de su país que prohibía los contenidos referentes a la homosexualidad en los colegios, y recibió algo de crítica. ¿Cómo lo llevó? ¿Siente que los futbolistas deben dar un paso adelante en estos temas?
Creo que todo el mundo tiene derecho a decidir cuánto se involucra en diferentes temas sociales. Para mí es muy importante que nos respetemos unos a otros, que nos toleremos unos a otros, que nos aceptemos unos a otros. No sólo en el fútbol, sino en todo el mundo. Que no importa el color, la sexualidad... Y como futbolistas que tenemos más atención en los medios de comunicación, creo que podemos utilizarla para una buena causa. Luego la gente puede reaccionar ante algunos temas, pero creo que es muy importante que nos aceptemos.
Otro "Waterloo" en apenas tres días. Un Albacete disciplinado, con toda su ambición y con inteligencia mortificó el debut de Arbeloa. Pero, ¿qué se creen en la Casa Blanca, que con sustituir a Xabi Alonso ya estaba todo arreglado? Es un manicomio.
El grave error es no haberse cargado a Alonso hasta que no tuvieran un entrenador con personalidad, aunque estuviera lejos como Pochettino o Klopp, costase lo que costase. Pero creerse que Arbeloa era la solución es pueril, una falacia y un enorme error.
Me dicen que Arbeloa le hace magníficamente la pelota a Florentino, pero también me chivan que ha tratado de hacerle la cama constantemente a su amigo Xabi. ¿Con quién ha empatado Arbeloa?.
No tiene ninguna experiencia, sólo soberbia y deja jugadores vitales en Madrid o y los reemplaza por algunos del mediocre Castilla. Es un grave error de entrenador de un padrino equivocado.
Además, el Madrid, sin Mbappé y con jugadores del Castilla, no pasa por ser un equipo del montón. Me acuerdo de Talavera. De no haber "operado" Mbappé ya hubiera caído el Madrid en la anterior eliminatoria.
Me van a decir que no le doy ni los cien días Arbeloa. Es no se sostiene, se sabía que no tenía experiencia, ni calidad, ni talento. A mí, por lo menos, nunca me lo ha demostrado y el truco del "espartano" no cuela. El problema es lo que viene a continuación. Salvo milagro, pronostico que Arbeloa no durará ni un par de meses. Es como si un enorme Airbus fuera manejado por un azafato. No entiendo nada. Error tras error.
El Albacete fue un jabato. Planteó el partido Alberto González como un auténtico entrenador. Arbeloa no lo es todavía. Le espero al Madrid, le atacó cuando pudo con inteligencia y lo mató en el último minuto, con un ridículo Carvajal. Desgraciadamente, con la lesión que ha tenido, es imposible que vuelva a ser el mismo. El fútbol es muy cruel.
No quiero hablar mucho del sospechoso Vini, en uno de los partidos más vergonzantes ante un equipo de Segunda División. Y ese Lamine argentino Mantantuoso es un petardo que ni siquiera es capaz de hacer un sólo regate.
¿Qué queda ahora al Madrid? Rezar y creer más que nunca en Mbappé, el autentico mesías del fútbol. Escribí hace meses que la crisis del Madrid es más dañina de lo que creen en la Casa Blanca. La plantilla está mal diseñada. A Pérez no le gustan los entrenadores. Me parece muy bien. Pero por favor, no decida que con Pintus "gorgorito", Arbeloa y todas la patulea del Castilla, el Madrid pueda aspirar siquiera a ser un equipo notable en el mundo. Es la teoría del caos.
La octava partida del Mundial de Ajedrez fue de las que no se pueden escribir mientras las piezas siguen bailando. Las alternativas se sucedieron durante cinco horas y, hasta el último instante, era demasiado aventurado predecir cómo acabaría la lucha. Terminó en tablas, por lo que el marcador refleja un empate a cuatro. Llevamos cinco empates seguidos, pero nadie se podrá quejar del espectáculo ofrecido este miércoles por los dos grandes maestros (4-4 en el cómputo general).
En Singapur estamos viendo la lucha entre un optimista casi suicida y un pesimista sin miedo a probar nuevas experiencias. Esa contradicción constante entre las personalidades de ambos genera una mezcla explosiva, cuando otras circunstancias lo permiten. En otro rasgo insólito por parte de un campeón, su sinceridad en las ruedas de prensa nos permite conocer con inesperada fidelidad el estrés casi insoportable que sufre un gran maestro de élite.
Ding Liren reconoció que el aspirante lo volvió a superar al comienzo de la partida, durante el cual se sintió muy nervioso e incómodo. Luego, un día más, consiguió darle la vuelta a la tortilla y fue el chino quien, sin darse cuenta de la magnitud de su ventaja, no atinó con las mejores jugadas para ganar. «No fue una partida demasiado perfecta», reconoció el campeón del mundo, a quien le vendría bien ver el vaso medio lleno para no conformarse a veces.
«Pensé que no era demasiado peligroso»
Y si a Ding hay que agradecerle que se tome sus comparecencias ante la prensa como si fuera una reunión de Alcohólicos Anónimos, a Gukesh Dommaraju no se le puede negar una valentía pocas veces vista a este nivel, aunque también sea consecuencia de un optimismo indómito. En la octava partida, cuando lo peor para los dos parecía haber pasado, el indio pudo concluir el choque con unas nuevas tablas por repetición de jugadas. Era, de lejos, la decisión más sensata. En su lugar, el más joven de los dos finalistas hizo una jugada inferior, arriesgadísima, porque suponía la pérdida de otro peón, pero era la única vía para mantener la lucha viva.
Un titular rondaba la cabeza de este cronista en esos momentos: «Gukesh da ejemplo y pierde». Por suerte para él, el karma o lo que quiera que le ayuda en esos momentos le dio la fortaleza necesaria para regalar a los aficionados unos minutos más de alegría, sin ningún disgusto final para los protagonistas. El jovencísimo gran maestro no parecía darle importancia: «Pensé que no era demasiado peligroso y que tenía algunas oportunidades. Sí, juzgué mal la posición», reconoció a los periodistas.
La objetividad es vital para triunfar en el ajedrez. Evaluar bien es una de las cualidades esenciales, porque no se puede jugar del mismo modo con ventaja o cuando hay que defenderse. Gukesh peca siempre de optimista y Ding suele ver su posición con malos ojos. Si alguno corrige ese pequeño desajuste, estará muy cerca de ganar el título.
Ding, durante la octava partida del Mundial.FID
La partida también tiene otras lecturas. El nivel de precisión descendió hasta casi el 90%, que no es demasiado alto para ellos. Es verdad que cuando no se afrontan riesgos se cometen menos errores y las tablas son inevitables. Esta vez el empate fue fruto casi del azar, un accidente probablemente justo para dos gladiadores que olvidaron ponerse el peto antes de saltar a la arena.
Gukesh tuvo otro detalle: agradeció a sus ayudantes las ideas que le han permitido conseguir ventaja al principio de la mayoría de las partidas. En este caso, su séptimo movimiento dejó con la boca abierta a otros grandes maestros, incluido su compatriota Vishy Anand, pentacampeón del mundo. El reconocimiento a sus segundos añadía de forma implícita una autocrítica: pese a esa ventaja, él había sido incapaz de rematar las oportunidades concedidas, a excepción de la tercera partida.
Para Ding, la asignatura pendiente sigue siendo la gestión del tiempo, aunque cuando los minutos son más escasos suele encontrar un conejo salvador en la chistera. Las partidas de ajedrez tienen tres fases: apertura, medio juego y final. Si fueran tres asaltos, el indio suele ganar el primero, el chino el segundo y el tercero acaba casi siempre con resultado nulo.