Este mismo año había ascendido solo y sin cuerda por la vía Moulin Rouge, en los Dolomitas
Jonas Hainz, en su vídeo de la ascensión por la vía Moulin Rouge
El escalador Jonas Hainz, de 25 años de edad, ha muerto al sufrir una caída cuando intentaba ascender en solitario al Monte Magro, en Tirol del Sur, en el norte de Italia. Su muerte la ha confirmado el grupo de rescate Bergettrung Bruneck EO, del que formaba parte como socorrista.
Según los medios locales, Hainz sufrió una caída de unos 100 metros en la cara sur del macizo. Fueron sus compañeros los que avistaron su cuerpo, que fue recuperado por un helicóptero.
Jonas Hainz captó la atención de los aficionados a la escalada cuando, el pasado mes de septiembre, difundió el vídeo de su ascenso en solitario y sin cuerda por la vía Moulin Rouge, que habían abierto dos décadas antes su padre, Christoph Hainz, y Oswald Celva, en el macizo del Catinaccio, en Dolomitas.
Un logro que le llevó poco más de una hora y que él mismo definió como “un auténtico juego mental a cientos de metros sobre el suelo”.
Su adolescencia caminó hacia el tenis, como la de muchos y muchas, pero finalmente Gemma Triay encontró la felicidad y el techo mundial en el pádel. Ahora, con 33 años y todavía siendo número uno del mundo, reflexiona sobre una carrera tan inesperada como exitosa.
Es usted número uno del mundo con 33 años.
Uno de los años más felices. No es la primera vez que soy número uno, pero creo que por la madurez, por la edad que tengo ya lo estoy disfrutando mucho más. Ser número uno implica muchas cosas, esfuerzos, sacrificios, nervios, presión... Pero lo llevo de una forma diferente. Lo disfruto más. Aceptar cuando las cosas no salen, normalizar que hoy soy número uno y mañana puedo no serlo. Con el equipo que tenemos con Delfi (Brea) y Rodri, el entrenador, me siento muy afortunada.
¿Hay que estar un poco loco para ser número uno?
Diría que sí. Tienes que ser un poco obsesivo en tu trabajo. Yo lo normalizo porque tal vez no te das cuenta y lo ves como algo normal, pero para la gente no lo es. Mi entrenador me lo dice, que yo puedo estar dos horas haciendo A y B y me resulta fácil y natural, y para otros no. Se desconcentran, quieren probar otra cosa... A mí eso me pone nerviosa. He llegado a la conclusión, con los años y el trabajo con la psicóloga, que tu compañera hace lo que puede, que somos diferentes y que no todo el mundo hace lo mismo que tú. Imagínate un clon mío al lado, nos mataríamos. Me gusta dar el 100% e irme tranquila a dormir. Venía de tres años siendo número uno, el año pasado fui la dos y este año si no acabamos como número uno, pues dolerá, pero lo habré dado todo. Si llega un día en el que no me apetece levantarme y entrenar es que algo habrá cambiado y será el momento de dejarlo.
¿En un deporte de pareja cómo se gestiona el error de una compañera?
Es un trabajo que se tiene que hacer bien con tu psicólogo. Creo que me ha costado más asumir mi propio error que el de mi compañera, pero ambos son difíciles de gestionar. Llevo tiempo trabajando esa frustración y de hecho soy una jugadora que le tiene pánico al error. Lo que trabajo siempre cada año es aceptar mejor el error porque no me gusta fallar y mi entrenador me repite: "Permítete fallar". Esa es la pelea que tengo y no es fácil, y aceptar el error de tu compañera tampoco, para mí lo más difícil es saber cómo ayudarla, porque las dos queremos ganar y no tiene sentido meterle más caña, decirle algo malo o meterle presión. Hay que encontrar la manera, y no siempre es la misma que te viene bien a ti. Es algo difícil que se trabaja tanto individualmente como en pareja.
¿Desde cuándo trabajas con la psicóloga?
Llevo ya mucho tiempo, he tenido varios en mi carrera y ahora estoy con Eli Amatriain, que fue jugadora. Y me da una paz mental brutal. Cuando viene a los torneos solo verla ya me da calma. Es imprescindible y es un trabajo muy constante, hay semanas que hablo más y otras menos, pero siempre. Trabajo la frustración y aceptar el error, porque todas juegan muy bien y los partidos muchas veces se deciden por la capacidad de gestionar las emociones.
En los 'Major' de Premier Padel los premios son los mismos en el cuadro masculino y en el femenino. ¿En el día a día se nota la igualdad?
Creo que tenemos que estar contentos porque vamos dando pasos. Esos 'Major' reparten lo mismo, también el mundial por parejas, y luego en los demás los premios son diferentes, pero estamos trabajando mucho con Premier y ellos son conscientes de que tenemos que llegar a la igualdad. El pádel femenino está atrayendo mucho espectador y eso es importante. Sería preocupante que jugáramos con las gradas vacías porque dirían que no tenemos motivos para cobrar más, pero los motivos están, el esfuerzo es el mismo, tenemos los mismos gastos y queremos luchar por nuestros derechos.
¿En qué momento dejas el tenis, ves que no hay futuro ahí y terminas en el circuito de pádel?
Pues yo soy de Menorca y toda mi familia jugaba al tenis. No tenía ni tres años y ya estaba con la raqueta por todas partes. Empecé a jugar en el club de tenis, destaqué y con 14 me fui a Mallorca, al Centro de Tecnificación de Baleares, donde estuve hasta los 19. Tuve una lesión en el abdominal, que me lo rompí, y estuve un año para recuperarme, y cuando volví, a los 18, sentí que algo había cambiado. Tenía ese dolor que también me iba a la espalda y sufría mucho. Fue un momento duro y me replanteé un montón de cosas. Llevas toda la vida jugando al tenis para intentar ser buena jugadora y te lo replanteas todo. Así que decidí dejarlo e irme a Barcelona a estudiar, como una adolescente normal y corriente. A los dos años me volvió el gusanillo del deporte y como el tenis lo tenía aparcadísimo y el pádel estaba en auge, me apunté a un torneo universitario con una compañera. Y de ahí a un club, a jugar interclubes, a entrar en el circuito catalán y a las previas de World Padel Tour. Fue todo muy rápido. A los seis meses de empezar a jugar estaba en mi primer torneo de WPT.
Una segunda oportunidad.
Fue una decisión compleja también. Cuando me dijeron de entrar en el circuito eso implicaba viajar, y justo estaba estudiando Lenguas aplicadas en pleno plan Bolonia, tenía seminarios, asignaturas a las que tenía que ir... Tuve que decidir, seguir estudiando o probar con el pádel. Yo no trabajaba ni tenía para pagarme los viajes, así que mis padres me ayudaron. Para mi padre dejar el tenis fue como tirar la toalla, no le gustó, creo, y el pádel era una segunda oportunidad. Y sé que la mentalidad que tengo ahora en el pádel no la tenía en el tenis. Podía haber dado muchísimo más de lo que di. Y creo que vivir la carrera de tenis, el no llegar a profesional, que es algo que le pasa a casi todos, me ha ayudado a ser como soy ahora.
"No tengo nada que demostrar", pronunció en la previa Wout van Aert, acorralado por las críticas, consciente de que demasiadas miradas se posan ya en su preocupante bajón de rendimiento. Volvía el belga a A través de Flandes, el eléctrico anticipo del Tour de Flandes, allí donde hace un año se dejó media temporada en una caída en la que se fracturó la clavícula y varias costillas. Y lo que parecía que era su regreso a la victoria acabó en otro drama con el que acrecentar las dudas.
Neilson Powless le arrebató el triunfo donde antaño era imbatible, en un sprint mano a mano en el que, para más inri, a Wout le acompañaban dos compañeros del Visma Lease a Bike. Un escarnio colectivo y otra punzada en lo personal para el que hace nada era considerado el corredor más completo del mundo. "Soy totalmente responsable. Fui demasiado egoísta. Quería tanto esta victoria, especialmente después de las críticas que he recibido y de la mala suerte que he tenido... Estaba pensando en mí mismo", se sinceró como nunca, para recibir de inmediato el apoyo público de compañeros y rivales, desde Demi Vollering a Tadej Pogacar.
Tras su irrepetible Tour 2022, Van Aert no es el mismo. Todo a su alrededor es sinónimo de infortunio. Ya ni siquiera aparece en las quinielas como favorito a las clásicas de primavera. Tanto para el domingo en el Tour de Flandes como para la París-Roubaix del siguiente están muy por delante Mathieu Van der Poel o el propio Pogacar.
Cuando Jonas Vingegaard conquistó su primer Tour no pudo más que rendirse a un gregario impagable. "Es el mejor ciclista del mundo, he tenido la suerte de que me ha ayudado a ganar", dijo de un Van Aert que se lo puso en bandeja -el golpe de gracia a Pogacar en Hautacam...- pero que, además, atacó a diario (a veces, de salida), se llevó el maillot verde, se enfundó varios días el amarillo, ganó tres etapas y en otras cuatro entró segundo.
Una salvajada que le proyectaba a un futuro en el que, por qué no, ser él mismo el que intentara ganar la Grande Boucle. Porque en la edición de 2021 ya había firmado algo 'imposible', vencer en todos los terrenos: en contrarreloj, en el sprint masivo de los Campos Elíseos y en alta montaña (tras coronar el Mont Ventoux).
Van Aert, con Benoot, Powless y Jorgenson en 'Dwars Door Vlaanderen'.AFP
Ese mismo 2022 Van Aert había sido segundo en Flandes y tercero en Roubaix. Tras ganar la Milán-San Remo en 2020, que en su palmarés se acumularan Monumentos parecía un hecho inevitable. Pero, a día de hoy, apenas la Classicissima sigue luciendo. Van der Poel, su enemigo íntimo desde niño, desde el ciclocross que les formó, le ha borrado del mapa. Aquel pinchazo fatídico en el Infierno del Norte de 2023 pareció precipitar el mal fario. "Especialmente en Roubaix nunca he tenido suerte. Es una carrera en la que tienes que correr de forma perfecta, pero siempre me ha pasado algo o había alguien más fuerte. En esas carreras especialmente cada detalle puede ser decisivo. Ojalá algún día la suerte este de mi lado", se sinceraba en una entrevista con este periódico.
Desde febrero de 2024 no gana una carrera de un día (La Kuurne-Bruselas-Kuurne). Al percance en A través de Flandes se unió el gravísimo (en su rodilla se aprecian las consecuencias) del final de temporada en la Vuelta, camino de los Lagos de Covadonga, cuando ya sumaba tres victorias de etapa y recuperaba la sonrisa y el espectáculo.
Una lesión durísima de la que no parece haber vuelto como antaño. En 2025, donde volvió a alzar los brazos en dos pruebas de ciclocross (aunque en el Mundial volvió a perder ante Van der Poel), hasta el segundo puesto en la meta de Waregem su registro era muy pobre. No brilló ni en la Clásica de Jaén (39º) ni en la Vuelta al Algarve (Vingegaard le ganó en la crono). Tampoco en clásicas que antaño conquistó como la Omloop Nieuwsblad o la Kuurne. Tras ellas, se marchó a una larga concentración en el Teide, de la que sigue dejando dudas sobre su estado de forma. En la E3 Saxo Classic entró a casi tres minutos de Van der Poel y el miércoles un calambre en el sprint le hizo ceder ante Powless. ¿Es el final de una estrella o será capaz de volver a ser el Van Aert de antaño? En el pavé busca redención.