Detenidos 18 capos ultras de Inter y Milan: extorsión en la venta de entradas, impuestos ilegales en el parking del estadio o cárteles en la venta de bebidas
Luigi Ferrarella | Cesare Giuzzi(Corriere della Sera)
(Corriere della Sera)
Extorsión en la venta de entradas para los partidos del Inter y del Milan, un pago mensual impuesto a las plazas de aparcamiento en los alrededores del Giuseppe Meazza, “cárteles” entre los ultras nerazzurri y rossoneri en la venta de bebidas y otros bienes en el estadio, violentas reyertas entre los grupos, pero también inscripciones patrimoniales ficticias. Los jefes de los grupos organizados de ultras de los dos equipos de fútbol de la ciudad de Milán han sido detenidos este lunes por la Policía y la Guardia di Finanza.
Hay dieciséis personas en prisión y otras dos bajo arresto domiciliario por orden del juez de instrucción Domenico Santoro en una investigación de la Fiscalía de Milán que ha expuesto indicios de delitos de hasta cuatro vertientes diferentes.
Curva Norte
En el caso de la Curva Norte de los seguidores del Inter (donde las medidas cautelares han alcanzado, entre otros, al dirigente Andrea Beretta y al subjefe Marco Ferdico), se alega una asociación criminal que habría facilitado el asesinato de Antonio Bellocco -perteneciente a los propios ultras del Inter y vinculado con la ‘Ndrangheta (la mafia calabresa)-. Belloco, de 36 años, murió apuñalado hace un mes por el propio Beretta (con quien había jugado al fútbol sala justo la noche anterior) en un repentino y acalorado enfrentamiento que estalló por reclamaciones económicas recíprocas.
Entre los detenidos se encuentran todos los nombres más destacados de la agrupación, entre ellos Renato Bosetti, recién nombrado regente de la curva tras el asesinato de Bellocco; Matteo Norrito, conocido como ‘Chuck‘, y Mauro Nepi.
Las investigaciones de la Fiscalía de Milán han arrojado luz sobre los últimos seis años de acontecimientos dentro y fuera del Meazza. En particular tras la liberación de Vittorio Boiocchi, que en 2018 volvió a dirigir a la afición del Inter tras 26 años en prisión. Y posteriormente fue asesinado a tiros debajo de su casa en la localidad de Figino, hace ahora dos años.
El asesinato de Boiocchi quedó sin resolver (no hay cargos en esta investigación) pero, según los investigadores, estaba relacionado con desacuerdos sobre el reparto de ingresos en la curva y con luchas de poder. Boiocchi había sido protagonista de extorsiones e intimidaciones relacionadas con la gestión del aparcamiento. Tras el crimen comenzó la “guerra” por la sucesión de Boiocchi.
Por un lado, el derrocamiento de los ‘Irriducibili‘ (los ‘irreductibles‘) liderados por Domenico Bosa, conocido como Mimmo Hammer. Se trata de un grupo histórico de extrema derecha. Fue entonces cuando Antonio Bellocco adquirió cada vez más poder dentro y fuera del Meazza. Hasta la ruptura y el enfrentamiento fatal entre con “Berro” al salir del gimnasio. Un asunto que confirmó, para los investigadores, “el interés de la ‘ndrangheta en la gestión del negocio de los estadios”. Sin embargo, la investigación reveló también la implicación de otras familias históricas de la mafia del área milanesa en la gestión de los negocios y en la “protección” de los distintos bandos en continuo conflicto entre sí.
Curva Sur
En el caso en lugar de la Curva Sur, los ultras del Milan, se habla de otra asociación criminal (sin el agravante de facilitación mafiosa y activa sobre todo en episodios de violencia) encabezada por el también detenido Luca Lucci, el ultra famoso por la foto tomada el 16 de diciembre de 2018 junto al entonces viceprimer ministro Matteo Salvini en la fiesta del 50 aniversario de la Curva Sud.
Junto a él han sido detenidos, entre otros, su hermano Francesco Lucci y Christian Rosiello, guardaespaldas del cantante Fedez (no implicado en la operación de este lunes). Rosiello fue protagonista hace unos meses de la paliza propinada al entrenador personal Cristian Iovino en una discoteca. Junto a ellos, Islam Hagag, conocido por el apodo de ‘Alex Cologno‘, también gran amigo del cantante, ha acabado esposado. El fin de semana anterior a las detenciones Fedez, Iovino y Hagag pasaron juntos unos días en París.
También han sido arrestados otros miembros de la directiva del Sud, como Alessandro Sticco, conocido como Shrek -implicado con Hagag en la paliza a un hincha del Milan al final del campeonato del año pasado- o Fabiano Capuzzo.
Cada mañana, Peppino, su padre, se ponía al volante para recorrer los 50 kilómetros que separan Reggiolo de Parma. Un hombre de pocas palabras, pero tifoso enfermizo del Milan, que se hizo enterrar con el uniforme oficial del heptacampeón de Europa. Cada 10 de mayo, fecha de su cumpleños, Carlo Ancelotti acudía puntual a felicitarle. Y la pasada semana, aprovechando un hueco previo a la final de Wembley, el entrenador del Real Madrid tampoco olvidó la visita al cementerio. Junto a él, su hermana Angela, que reside en la cercana Novi di Modena. Por las riberas del Po, el sol aprieta y la vida pasa despacio. Nadie olvida de dónde viene y todos saben que volverán. La gente se remanga a disposición del bien común, como tras el terremoto que devastó la zona, un 29 de mayo de 2012. Carletto, que nació, creció y salió de aquí camino de la eternidad, también regresará. Como uno más.
A la sombra de las almenas de la Rocca di Reggiolo, una fortaleza medieval cuyos muros resistieron los embates del seísmo, Fausto Mazza regenta el Ristorante Toscanini. «El jueves [16], a las nueve de la mañana, Carlo estaba sentado conmigo en esta misma mesa», revela, con la misma naturalidad con la que arrastra su corpachón entre los manteles. En su aire socarrón y hospitalario, en el apretón de sus manos callosas, cabe toda la Bassa Emilia. «Ancelotti proviene de una familia campesina muy pobre. Así que, pese a los éxitos, esa herencia siempre va a estar ahí. Dice mucho de él que un personaje de su relevancia entre aquí a saludar y a tomar un café con los amigos».
Junto a un banderín rossonero del Milan, Mazza guarda dos fotos como alhajas. Una, de 1974, el año que compartió junto a Carlo en el Reggiolo Calcio. La otra, de 1995, cuando organizó un torneo al que su camarada, entonces técnico de la Reggiana, quiso apuntarse. «A los 14 años todos queríamos ser profesionales, pero la mayoría no teníamos ni para las botas. Las que nos dejaba al club, a menudo no nos servían, porque ya las habían destrozado los mayores», recuerda Fausto. Y su sonrisa, deshilachada entre la barba entrecana, se despliega al presentar los cappelletti in brodo, especialidad gastronómica de la Bassa. Una pasta rellena sumergida en caldo de carne y aderezada con el toque preferido de Ancelotti: «Un dedo de vino tinto. Sólo un dedo».
«¿De verdad no se marcha?»
Entre las celebridades locales, la popularidad de Mazza rivaliza con la de Giancarlo Simonazzi, párroco de Santa Maria Assunta y guardián de la llave del Oratorio San Giuseppe. Entre sotanas y alzacuellos marcó sus primeros goles, hace casi medio siglo, aquel niño tan glotón. Pero de camino al número 96 de la Via Giacomo Matteotti hay parada preceptiva en la Ferretería Ancelotti. Gaetano y Roberto, remotos parientes por parte de abuelos, regentan el negocio. Son tan gentiles, tan a la vieja usanza, que hasta su duda enternece: «¿De verdad que no va a marcharse a Brasil?» Al fondo, varios militantes de Forza Italia faenan con las pancartas en una calle dedicada al ilustre mártir del socialismo. Los ojos de Don Giancarlo, casi octogenarios, ya parecen haberlo visto todo un par de veces. Pero cuando abre la cancela, también en su voz se derraman unos acentos de nostalgia.
«Todo este vestíbulo tuvo que reconstruirse tras el terremoto, aunque la parte de dentro no ha cambiado», explica el sacerdote, apuntando a un solar donde las matas de hierba crecen desordenadas. Hace tiempo que arrancaron las porterías y hay que forzar demasiado la imaginación. Así que mejor dejar constancia de la última prédica antes de partir. «Nadie podrá objetar nada de Carlo como futbolista y entrenador, pero a nivel personal, hay quien piensa que ha cometido graves errores». No hay forma, divina o humana, de sonsacarle algo más. Simonazzi habla y se mueve como aquel Don Camilo de las novelas de Giovanni Guareschi.
Por estos contornos, los caminos son rectos y los vecinos conocen, terrón a terrón, cada palmo cultivable. En primavera, algunos diques se desbordan y el agua, fangosa, engulle las tierras bajas. Los mosquitos devoran. El sol curte incluso el pellejo de Adone Bertazzoni, labrador a tiempo completo y presidente, en los ratos libres, del Reggiolo Calcio. Como cada sábado a mediodía, Adone acude con su furgoneta al Stadio Comunale Rinaldi. Trajina con unas sillas de plástico y enseña al periodista las instalaciones municipales. «Carlo, como yo, viene de la tierra, de la estructura de la tierra. Por eso es un tipo tan humilde y trabajador». Bertazzoni, con sus ojillos vivaces y su dentadura de niño pobre, representa el testimonio de un mundo que se acaba.
«Tenemos un terreno fértil. Yo cultivo maíz, trigo y soja. Disfruto con mi vida tranquila y con mi casa en el campo», confiesa. Pero desde la construcción de la autopista a Brennero, la arcadia se ha visto azotada por el progreso. Comer Industries, suministradora de Jeep, y la farmacéutica Sarong, abrieron sede en los alrededores. Disminuyó el desempleo, aunque el orgullo de Reggiolo no se mide en datos macro. «En este club contamos con 50 voluntarios. Empezamos con niños de cinco años hasta el equipo senior. Siempre intentamos hacer bien las cosas. Ancelotti empezó aquí en 1974 y mira su trayectoria tan increíble». Bajo la tribuna principal, en un cuartillo carcomido por el polvo, se amontonan trofeos, testigos de aquel tiempo, cuando Carletto partió hacia Parma. Del Ennio Tardini, al Olímpico de Roma y San Siro. Del banquillo de la Reggiana a las puertas de su quinta Champions.
"Durante su primera etapa en la Reggiana tenía dudas sobre si valía para los banquillos"
Han transcurrido casi tres décadas desde aquel debut en los banquillos en la Serie B, quizá la fase menos conocida de su carrera. «En esa época Carlo estaba preocupado, con dudas sobre si valía o no, pero también tenía mucha motivación», apuntan sus conocidos de entonces. Reggio Emilia, capital de la región, no entendía el pésimo momento de un equipo que únicamente sumó cuatro puntos en las siete primeras jornadas. «Él siempre repite que fue uno de sus peores momentos. Incluso se planteó la dimisión, pero le dieron confianza y terminaron ascendiendo».
Su filosofía originaria aún encaja en las horas previas de una séptima final de Champions: «Ninguna noche impide al sol salir por la mañana». No obstante, al éxito con la Reggiana le sucedió una repentina crisis. «Repetía a sus asistentes: "Esto es demasiado estresante". Decía que lo iba a dejar en tres o cuatro años. De hecho se ponía como fecha límite el año 2000».
La electricidad de un banquillo quizá sólo sea equipareble a la de la política. Y de eso va sabiendo lo suyo Roberto Angeli, con tres legislaturas ya a las espaldas. «Le conocí en casa de Angela, durante la fase de reconstrucción del pueblo. Hace tiempo que no nos vemos, porque siempre anda muy ocupado, pero cuando gana algún título hablamos por teléfono», comenta el alcalde de Reggiolo. Aunque comparta una casa en Vancouver con Mariann, su esposa, Carlo guarda otros proyectos para la jubilación. «Todos esperamos con ilusión su regreso a Reggiolo. Ya me han pedido un homenaje de bienvenida, así que lo recibiremos con los brazos abiertos. Organizaremos una gran fiesta en la que participará todo el pueblo», finaliza Angeli.
Entre la brisa mecida por los cerezos llegan ecos lejanos de la Champions. Algo especial habrá en la Emilia-Romagna, tierra de Arrigo Sacchi y Alberto Zaccheroni. O de Simone Inzaghi, natural de Piacenza y Stefano Pioli, de Parma. Sacchi revolucionó el fútbol, pero Ancelotti ha perfeccionado, como ningún otro, la fórmula ganadora.
Sus rutas gastronómicas
M.A.H.
Durante su niñez de posguerra y privaciones, la dieta semanal se limitaba a una sopa con tocino, unos huevos con cebolla y un trago de vino. Para los días de fiesta, alguna perdiz o gallina frita. El pequeño Carletto siempre tuvo buen apetito y el dinero del fútbol simplemente hizo aflorar su lado más gourmet. Apasionado del jamón ibérico y los caldos gran reserva, el técnico blanco no pierde ocasión, cuando viaja a su tierra, para el buen yantar. Entre sus rincones favoritos, el Ristorante La Pinta, en San Bernardino di Novellara. Regentado por Jeris Folloni, en sus paredes aún cuelga una foto del entonces centrocampista del Milan. De sus tiempos en el Parma queda registro en cada visita a la Hostaria da Ivan, situada en la pequeña localidad de Fontanelle di Roccabianca. Sobre estas líneas, el Ristorante Toscanini, su favorito de Reggiolo.