Las llamadas de Piqué o Busquets no convencieron al ‘Máquina’, apodo con el que viejos compañeros de equipo y de la selección, como Casillas, llaman a Xavi Hernández desde los primeros encuentros en la sub 17. Tampoco el viaje exp
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La antítesis de Mbappé gana la Champions. Luis Enrique la representa y ha construido un PSG a su imagen y semejanza. No es un título contra el jugador del Madrid, por caprichoso que sea el destino, pero la realidad es que Mbappé se había convertido en la metáfora de una forma de hacer las cosas que el fútbol suele penalizar. El asturiano ha deconstruido la obra de Al-Khelaifi, aunque fuera contratado por el propio lobbysta qatarí, empezando por su su mascarón de proa, para volver a construir algo distinto, aunque comparta parte de las piezas. Esta Champions no es, pues, únicamente la primera del PSG. Es la victoria del PSG sobre el propio PSG, la de su presente sobre su pasado, la del equipo sobre la individualidad llevada al absurdo.
Luis Enrique es, hoy, uno de los personajes más amados de Francia, que vuelve a tener una Champions después de la ganada por el Olympique de Marsella del turbio Bernard Tapie. Emmanuel Macron le espera en el Elíseo como aguardaba a Mbappé, pero sin el servilismo de entonces. El asturiano ha convertido su irreverente personalidad en un atractivo en un país que ama cualquier representación del contrapoder. Es su nuevo sans-culotte.
El carácter del asturiano no es complejo, es frontal, algo muy positivo en términos futbolísticos si es posible convencer a los futbolistas, convertidos entonces en cruzados de una idea. La prueba es la forma en la que encararon la final ante un Inter colapsado por la voluntad ajena, determinados desde el primer minuto. El equipo que dejó en el camino al Barcelona fue un guiñol en manos de Luis Enrique. La final fue una de las de mayor desequilibrio de la historia.
No estamos, pues, ante un modelo de liderazgo pactista y conciliador, no. El PSG necesitaba un cambio conceptual del mismo modo que en el Barça urgía una evolución en el juego, después del endogámico adocenamiento que sucedió a la marcha de Guardiola. Esas dos cosas, que habrían sido consideradas anatema, hizo Luis Enrique para levantar dos Champions con 10 años de diferencia. La selección necesitaba lo mismo, pero la tragedia personal, los penaltis y la confusión lo impidieron, aunque parte de lo que recogió De la Fuente empezó ya con su trabajo.
Entra el asturiano en el selecto club de los entrenadores que han ganado el título con dos equipos distintos, y lo hace tras la reconstrucción más difícil que puede afrontar cualquier ser humano. La suya es, pues, una Champions llena de lecciones.
Después de una de las duras sesiones de la Corte Suprema de Estados Unidos, que debía decidir si ordenaba la entrega de las grabaciones de Richard Nixon a los investigadores gubernamentales, los periodistas asediaron a preguntas al presidente del órgano, el juez Warren E. Burger. «Digan a sus lectores que miren las páginas de Deportes de los periódicos, porque ahí está lo mejor del ser humano», respondió. En el resto estaba lo peor: la política.
El regate del juez no le impidió hacer su trabajo con deportividad. Había sido nombrado para el cargo por el propio Nixon, pero ante las evidencias, lideró el fallo en su contra, accionó la espoleta del 'caso Watergate' y provocó su dimisión. Alejandro Blanco podría haberse pasado a las páginas de Política, pero dijo "no" dos veces, lo mismo a Mariano Rajoy que a Pedro Sánchez. El "sí" lo habría quemado. El "no" lo ha hecho eterno, a punto de afrontar su sexto mandato al frente del olimpismo español, el último, que concluirá con el ciclo de Los Ángeles. Un cuarto de siglo sin equivocarse de página ni de bando, en el que el Comité Olímpico Español (COE) dejó de ser una sucursal de Viajes Halcón con los cinco aritos, para ser un agente activo del deporte español, aunque pase de puntillas por las competencias de otros. El presidente del COE es un dirigente aupado por dirigentes, los presidentes de federaciones, a los que siempre defiende y defenderá, pero donde realmente se siente a gusto es junto a los deportistas. Lo demás es política del deporte, y cualquier política mancha, aunque te apellides Blanco.
el embrión del 'caso noos'
Rajoy no fue quien escuchó el primer «no». Lo hicieron más arriba, en la Casa Real. De hecho, la candidatura de Blanco fragua en la rebelión contra el derecho de pernada olímpico que pretendía Iñaki Urdangarin. Las denuncias de los presidentes de federaciones frente a la llegada al COE bajo palio que pretendía el entonces marido de la Infanta Cristina fueron el embrión del estallido del 'Caso Noos'. La familia real puso la cruz a Blanco, que, una vez desactivado el 'yernísimo', se enfrentó en las primeras elecciones a Mercedes Coghen, en septiembre de 2005. Coghen contaba con la corriente del olimpismo más aristócrata y oficialista, incluso con la simpatía de Juan Antonio Samaranch Salisachs, hijo del patriarca, al que su padre había dejado una silla en el Comité Olímpico Internacional (COI) en el momento de su adiós. A Blanco, presidente del judo y de la Confederación Española de Federaciones, lo auparon, en cambio, los barones del deporte, entre ellos pesos pesados como Ángel Villar o José María Odriozola. La victoria, por un estrecho margen (101-84 votos), dolió. Lo que vino después, más.
Nada más llegar al puesto, Blanco decidió invitar al COE a David Meca, que unas semanas antes de su elección había logrado el récord en atravesar a nado el Canal de la Mancha. El dirigente recibió una misteriosa llamada desde el Consejo Superior de Deportes (CSD): «Su trabajo es reunir al equipo que va a los Juegos cada cuatro años, no recibir a deportistas». Hizo caso omiso. «Esta es la casa de los deportistas», respondió y responde, hoy, a quien le pregunta. Rafa Nadal fue el último que la pisó para tener una despedida, sólo entre deportistas, como no la pudo tener en Málaga, apenas unos suspiros de madrugada tras su partido final. Estar siempre del lado de deportistas significa riesgos, como cuando defendió a Alberto Contador, positivo por dopaje, o ha tenido que sacar, discretamente, de algún lío a algún campeón al que la noche se le hizo demasiado larga.
Nadal y Blanco, en el COE.EFE
La hiperactividad de Blanco ha generado más que suspicacias con los secretarios de Estado para el Deporte, desde Jaime Lissavetzky o Miguel Cardenal a José Manuel Rodríguez Uribes, ahora limadas, y es que en el desfiladero de la política del deporte, aparte de las discrepancias, es fácil pisar competencias ajenas. Tampoco ha gustado nunca en el CSD el pensamiento de Blanco, convencido de que el verdadero liderazgo del deporte español debería recaer en el COE, a semblanza del CONI italiano. Una transformación compleja, dado que el modelo español mantiene el brazo del Estado dentro del deporte, a través de las funciones públicas delegadas, el sistema de subvenciones o el control de los procesos electorales, una herencia del Franquismo, de los tiempos de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes, que la democracia no cambió lo suficiente.
La tóxica Federación de fútbol
Las 'guerras púnicas' con el CSD hay que enmarcarlas también en la gran guerra del fútbol. Blanco sabe que es el candidato de las federaciones y eso le ha llevado, puertas afuera, a defender siempre a los presidentes, a la siciliana, incluidos Villar, al que le une la amistad, o Luis Rubiales, al que llamaba «hermano», pero con el que no ha vuelto a hablar desde que, el día antes de la grotesca Asamblea, le dijo por teléfono que debía dimitir. Blanco sabía que, por primera vez, no debía acudir a la Asamblea de los aplausos. Rubiales le borró de su agenda. En numerosas ocasiones, había sido advertido de que debía apartarse de una Federación tóxica. En este último mandato, está en su voluntad mayor equidistancia con la era de Rafael Louzán.
Si el primero lo ganó por un margen estrecho, en los siguientes no hubo rivales, con apoyos del 94% (2017), 93% (2013) y 97% (2017 y 2021). Eso trajo muy pronto las paces, incluso la complicidad, con la Casa Real, una vez repudiado Urdangarín, que llegó a tener 'periodistas-espías' en los medios para calibrar sus opciones de liderar el olimpismo. El dirigente que quiso poner letra al himno español, tuvo buenas relaciones incluso con líderes el 'procés', como Carles Puigdemont, porque España no se entiende deportivamente sin Cataluña.
Nadal, el sucesor perfecto
Blanco coge aviones como otros el metro, duerme cuatro horas, no se pierde una gala de las federaciones y mantiene apartados de su mundo a su mujer, médico, y a sus hijos, altos funcionarios de la Administración. A sus 74 años, sabe que es su último 'round', con la pena del sueño no cumplido de Madrid, porque cree que ha tenido los mejores proyectos para los Juegos. Llegó al cargo tras el intento por 2012, se implicó en el de 2016 y lideró el de 2020. El viejo modelo de votaciones, el del 'lobbysmo', los favores y la corrupción, fue inabordable en un olimpismo donde la influencia de España se acabó con Samaranch padre. El ciclo de Tokio debía marcar su final, pero reconsideró su decisión por la candidatura de Barcelona-Pirineos. De nuevo, una colisión con la política, personificada en Javier Lambán. Madrid deberá esperar a otro tiempo, piensa, pero en el que le queda hay mucho trabajo: presionar por el modelo deportivo nacional que tiene en la cabeza, poner en marcha la Universidad del deporte y pensar en su sucesor. Nadal sonríe.
El viento, el poco viento, es el mismo para todos en el campo de regatas de Marsella, hecho que penaliza a los buenos navegantes, como Jordi Xammar y Nora Brugman, los mejores del año en 470, pero fuera del podio, cuartos, cuando partían en busca del oro. La estrategia más ambiciosa, al salir a plantear casi un 'match race' frente a la embarcación austriaca, que salía primera, les acabó por costar la medalla, de cualquier metal. Acabaron la Medal novenos, penúltimos. La vela, que aportó el primer oro a la delegación olímpica española, no puede sumar otra más en una clase histórica, con campeones olímpicos como los de Theresa Zabell o Jordi Calafat. La Medal Race de las ilusiones fue, finalmente, la de la frustración.
A Xammar le comparan algunos en la vela con Marc Márquez por su ambición y su carácter, extrovertido. Había sido bronce en Tokio, pero esta vez quería más. Como patrón, toma las decisiones principales, y la decisión era el oro, para lo que partieron pendientes del barco austriaco, al que había que desbancar de la primera posición en la Medal Race. Japón, que había salido tercero, se benefició y tomó la delantera en el primer tramo, en ceñida, para llegar primero a la boya de barlovento, de la que España salió octava. Las cuentas del oro no salían. Las del podio todavía no peligraban.
Había que remontar con viento a favor, de empopada, pero lo cierto es que Xammar y Brugman tampoco lo consiguieron y empeoraron el puesto en la boya de sotavento, perjudicados, además, por el gran tráfico en el giro. Lo mejor es llegar limpio, que es lo que hicieron los japoneses, adelantados en la Medal por Francia. Para los locales es siempre una ventaja el conocimiento del campo de regatas, como le pasó a los españoles en los Juegos de Barcelona'92. El podio podía todavía salvarse, pero la pareja sueca, que había partido cuarta, mejoró para acabar cuartos la Medal (47 puntos), con dos puntos menos de penalización que los españoles (49), y hacerse con el bronce, tras Austria (38) y Japón (41).
Segundos antes de la Medal
La pareja española había llegado en segunda posición a la Medal Race, después de que la última jornada de regatas, el martes, hubiera de suspenderse una de las tres previstas, una vez más, por la falta de viento. Lo mismo sucedió el miércoles, en la primera tentativa de la Medal Un suplicio. Antes de los Juegos, buena parte de los regatistas temían a la potencia del Mistral. Una vez en la cita, deseaban que apareciera debido a las incesantes interrupciones. De las 10 previstas, en 470 únicamente realizaron ocho antes de la regata por las medallas. Lo mismo ha ocurrido en todas las clases.
Esa jornada estaba marcada con una cruz por Xammar y Brugman. Querían la remontada. Fueron terceros en la primera regata, en una gran actuación, mejor que la de sus rivales por el podio, Austria, Japón y Suecia. En la segunda, en cambio, concluyeron sextos, con un barco austriaco que dominaba y se despegaba en la general. El oro, pues, dependía de que España sacara cuatro barcos a la pareja centroeuropea, formada por Lara Vadlau y Lukas Maehr. Complicado. Intentarlo les dejó, posiblemente, fuera del podio.
El barco de la paridad
Después de su bronce en Tokio junto a Nico Rodríguez, el cambio en el 470 tras buscar la Federación Internacional embarcaciones en las que pudiera darse la paridad sin que las mujeres se vean perjudicadas, Xammar decidió llamar a Nora. La razón es que, al tratarse de una clase donde prima la técnica y la estrategia, una mujer puede realizar las labores de tripulante, en este caso Nora, sin verse en desventaja frente a un hombre. En el 49er, muy físico, no sería posible. La elección entre patrón y tripulante depende de cada equipo. Si en el 470 español es Jordi, en el austriaco y vencedor la patrona es Lara.
Nora era una amiga de la infancia con la que Xammar ya había regateado cuando eran niños. Hija de padre norteamericano y madre española, había regateado en la élite integrada en el equipo de Estados Unidos. Ahora tenía la oportunidad de competir por España, algo permitido por la Federación Internacional de Vela y, consecuentemente, por el Comité Olímpico Internacional. La potestad normativa, del mismo modo que los jueces, dependen en los Juegos de las federaciones internacionales.
La compenetración fue prácticamente inmediata. Carismático y extrovertido Jordi, especialmente cuando sale del barco, a Nora no se le escapa detalle alguno de la organización o la logística. Los resultados no se hicieron esperar. En 2022, un año después de Tokio, fueron subcampeones del mundo y de Europa, y en 2023 repitieron la plata mundial. En el año olímpico llegó el salto definitivo, al dominar tanto el Europeo como el Mundial. Los Juegos eran su siguiente objetivo, pero ni el viento ni la estrategia adecuada les permitieron replicarlo bajo los aros, ni siquiera subir al podio.