A esta nueva selección le ha acompañado hasta Alemania una máxima: la muerte del ‘tiqui-taca’. Se ha dicho con algo de hastío, incluso desprecio. Lo primero que hay que decir es que el tiqui-taca dio mucho a España, el mejor periodo de su historia, una trilogía única: Euro-Mundial-Euro. Respeto, pues. Esta selección está a otra cosa, porque cambian los futbolistas y cambian las tendencias, ya que el fútbol no es ajeno a la ‘Ley del péndulo’, pero
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Otro sexto puesto para Hugo González, otra frustración para alguien que no ha encontrado en París al mejor nadador que lleva dentro, y que deja alguna incógnita acerca de su futuro. En la final de 200 espalda invirtió su habitual estrategia en la prueba, con una buena salida y progresión que le llevó a llegar tercero al primer 50 y segundo al 100, pero sin capacidad para sostenerla en adelante. El tiempo fue mejor de los que había hecho en series y semifinales (1.55.97), aunque insuficiente para el podio. Ni siquiera el crono que hizo en Doha, el Mundial en el que logró el oro (1.55.30) le habría llevado al podio. Habría necesitado su récord de España (1.54.51), logrado este año. El lugar para conseguirlo era otro.
"Hice una buena salida y carrera, en general, pero no logramos el tiempo que queríamos hacer. No estoy satisfecho", admitió Hugo. "No he terminado de encontrar mi ritmo, mi estilo. No es lo que llevamos haciendo todo el año. Estoy decepcionado por la marca, no es lo que tenemos", insistió el nadador, que confirmó su participación en el relevo de 4x100 estilos.
Hubert Kos, de Hungría, se hizo con el oro por debajo del récord de Hugo (1.54.26). Hablamos, pues, de una prueba rápida, pese a no estar Ryan Murphy, uno de los compañeros de entrenamiento del español en California. Roman Mityukov, el hombre al que superó en Doha en el último 50 para ser campeón mundial de la prueba, fue segundo (1.54.85). Una secuencia que confirma sus palabras.
Incómodo en la Villa
A la espera del relevo, donde ya no opta al podio, el mallorquín no se ha sentido cómodo. Ni por la piscina ni por la Villa Olímpica ni por el horario. Habló de la poca profundidad del vaso de La Défense, en comparación con otras piscinas donde habitualmente se disputan grandes competiciones. Se mudó a un hotel porque los traslados a la Villa y las esperas después de competir eran excesivos. Dijo que algunas pruebas, especialmente finales, se disputaban demasiado tarde.
Aunque en algunas le asistiera la razón, la incomodidad y la negatividad suelen ir en paralelo a las malas sensaciones. Las suyas en la piscina no han sido nunca las mejores, pese a estar en dos finales, 100 y 200 espalda, resueltas con el mismo puesto. Sabía que, una vez en los Juegos, hay que estar en las mejores marcas personales, incluso mejorarlas, algo que no ha conseguido. Fue sexto en 100 espalda, como en Tokio, apenas cinco centésimas más rápido (52.73 por 52.78). Mejoró al entrar en la final de 200, algo que no consiguió en la capital nipona, pero fue insuficiente, pese a nadar más rápido que en semifinales. La final pedía acercarse, al menos, a su récord de España.
El futuro y la motivación
Con 25 años, la edad óptima para un nadador, Hugo tiene recorrido por delante, pero esta decepción deja incógnitas. Se trata de un deporte que adquiere gran visibilidad cuando llegan los Juegos. Los Mundiales, en los que ya ha subido al podio, incluso al primer peldaño, no poseen la misma repercusión: se nada todo el año para nadar en los Juegos. En Los Ángeles 2028 tendrá 29 años, en un entorno competitivo de una precocidad feroz. Léon Marchand, el héroe de estos Juegos, tiene 22. El nuevo ciclo exige, pues, reflexiones, que el mallorquín deberá realizar junto a sus técnicos, Dave Durden en California y José Ignacio González, 'Taja', en el Canoe de Madrid, su club. La motivación será determinante.
La natación española confiaba en Hugo para volver a tener presencia en el podio y de ese modo llenar el vacío dejado por Mireia Belmonte, con cuatro medallas olímpicas (dos platas en Londres 2012 y un oro y un bronce en Rio 2016). El mallorquín siempre ha dicho que no sentía una responsabilidad especial por ello, pero el peso de una figura como Mireia es inmenso. Su cosecha es la mitad de toda la natación española en su historia. Los otros cuatro metales fueron los bronces de Sergi López (Seúl'88), David López-Zubero (Moscú'80) y Nina Zhivanevskaya (Barcelona'92), más el oro de Martín López-Zubero en la misma final que nadó Hugo, también en 1992.
Podemos hablar, pues, de Mireia como del personaje más importante de la historia de la natación española en términos absolutos, y con una vinculación total con nuestro país, ya se entrenaba en España. Detrás de ella aparecía Hugo; detrás de Hugo, el panorama es desolador, sin ningún otro nadador clasificado para finales en París.
Ellos y ellas invierten los papeles. Los jugadores del perfil bajo, liderados por Fermín López, estarán en la gran final del Parque de los Príncipes, nada menos que ante Francia, hecho que va a crear una atmósfera de finalísima. Sólo falta en el reparto Kylian Mbappé, que suelta las piernas en Valdebebas. Las jugadoras que llevan un año bajo los focos por lo bueno y por lo malo, y que acaparan títulos, Balones de Oro y pasarelas, saltaran al terreno de juego para jugar por el bronce lejos de París, en Lyón, frente a Alemania. Ellos lo hacen en calma, la misma que traslada Santi Denia. Ellas, en mitad de las críticas, externas e internas, tras la decisión de Montsé Tomé de no contar con Alexia Putellas como titular el día del desplome ante Brasil.
El fútbol masculino español llega a la cuarta final olímpica, de las que ha perdido tres, de una forma muy diferente a otras ocasiones. Después de lo ocurrido en Tokio, donde Pedri reventó por haberlo jugado todo, Eurocopa y Juegos, junto a otros cinco futbolistas, la Federación, en una situación de más debilidad, fue condescendiente con las lógicas peticiones de los clubes. Los Juegos no eran esta vez la gran prioridad, por lo que se dio continuidad al grupo de los sub'21 de Santi Denia, con dos futbolistas, Fermín y Álex Baena, seleccionados para ambos torneos, aunque con un papel mínimo en la Euro. Fermín jugó 29 minutos. Ambos tienen ahora la oportunidad de cerrar un año redondo como internacionales.
Todo lo contrario sucede con la selección femenina, convertida en una prioridad de la Federación y el Gobierno en todos los órdenes después de la crisis del beso. Lo que pidan. Montse Tomé fue, de hecho, un nombramiento pactado entre todos mientras se sellaba la paz junto al anterior secretario de Estado, Víctor Francos. Después de ganar el Mundial y la Liga de Naciones, el oro parecía señalado por el destino. La realidad empezó a mostrar su dificultad con un torneo en el que España no ha desplegado buen juego. Al contrario.
MONTSE TOMÉ, EN EL FOCO
La derrota ante Brasil, inapelable, dejó ver carencias defensivas y falta de recursos por parte del banquillo, donde se quedó Alexia Putellas. Lo mismo le había pasado a Jenni Hermoso ante Colombia. "No lo entiendo", dijo la madrileña. Apareció en el once en semifinales. La inesperada caída, puesto que habían derrotado a las brasileñas en la primera fase, es especialmente frustrante en un equipo que no se planteaba otro objetivo, con clanes internos en torno a sus grandes jugadores, Jenni, Alexia y Aitana Bonmatí.
Jennifer Hermoso durante la semifinal entre Brasil y EspañaKiko HuescaEFE
"Otros días les ha tocado a otras jugadoras entrar desde el banquillo. Lo he dicho muchas veces, la gran suerte que tenemos de tener tanta competitividad en el equipo. Ellas se muestran competitivas siendo titulares o entrando desde el banquillo", dijo Montsé Tomé en Marsella. Alexia se siente titular siempre. Incluso con lesiones recientes, ha entrado en convocatorias, como la de la pasada Liga de Naciones, algo que no entendieron en el Barcelona. Una vez en Lyón, Montse Tomé se focalizó en el partido, lo mismo que Jenni: "Somos unas privilegiadas y vamos a intentar ganar un bronce para cerrar un año redondo".
Problemas, en realidad, que recuerdan a los de la selección masculina en el pasado y que son un síntoma del lugar en el que se ha situado esta selección femenina de fútbol. Se sienten y son 'top'. Pese a estar en sus primeros Juegos, ahora el trabajo es encontrar la motivación para luchar por el bronce frente a una Alemania potente y con un gran recorrido olímpico, ya que fue campeona en Rio 2016 y plata en 2000, 2004 y 2008.
Para saber más
Ellos, en cambio, sienten un objetivo cumplido y ahora buscan un sueño. Les sucede lo mismo a los franceses y a su seleccionador, Thierry Henry, que ha trabajado con una presión enorme. "Yo tuve la suerte de ver el gol de Kiko. Al llevar tantos años sin un oro. Esto significa un reto más", dijo Santi Denia. España lo perdió en Sydney 2000 y Tokio, en 2021, además de la final perdida por la primera selección española, plata en Amberes'20. Entonces era la furia, ahora es el juego.
Atmósfera patriótica
Francia tiene que remontarse más, hasta Los Ángeles'84, para recordar un oro. Henry, sin embargo, ha preferido rememorar otra cita de ese mismo año: la Eurocopa en la que la Francia de Michel Platini derrotó a España en el Parque de los Príncipes, con un maldito gol de falta del centrocampista que entró bajo el cuerpo de Arconada. "Recuerdo ese ambiente, recuerdo ese partido", señaló el técnico, que entonces contaba seis años.
Henry también se refirió a la última Euro, en la que España venció en semifinales a 'Le Bleus', y pidió el apoyo de los franceses con un discurso patriótico: "Somos un gran país cuando vamos juntos". La escenografía en el Parque de los Príncipes será la de las grandes ocasiones, la escenografía que ellas esperaban.
El apoyo de Thomas Bach, presidente saliente, a Kirsty Coventry podría justificar su victoria, pero no esta victoria, tan abrumadora que no necesitó que se eliminaran, uno a uno, el resto de los seis candidatos. El olimpismo ha hecho mucho más que apostar por la primera mujer. Ha dado un triple mortal hacia el futuro, en una decisión no carente de riesgos, porque el deporte quiere cambios que no observaba posibles con Juan Antonio Samaranch Salisachs ni con Sebastian Coe. Los miembros del COI entienden que ambos representan el pasado frente a un porvenir que va a necesitar de decisiones audaces y que difícilmente toman quienes han formado parte del establishment durante tanto tiempo: Coe, como presidente de la World Athletics; Samaranch Salisachs, como vicepresidente del propio COI.
Un rasgo de ese tiempo ha sido el presidencialismo, incluso el de Bach, y del que Coventry se ha desmarcado desde el primer momento. La ex campeona olímpica de natación, de Zimbabue, ha explicado que rige su vida a través de la filosofía 'Ubuntu': «Soy porque somos». Originaria de las culturas zulú y xhosa, rechaza el individualismo y entiende que los seres humanos son capaces de conseguir objetivos porque están conectados. De esa forma, insiste, quiere dirigir el Movimiento Olímpico. Loable propósito en un deporte que apuesta cada vez más por ex deportistas en puestos de gobierno, al contrario del antiguo régimen. Coe lo era, pero su arrogancia lo aproximaba al dirigismo del pasado. Los ocho apoyos que obtuvo en la votación envían al británico a la viñeta del cómic olímpico. Ridículo. Samaranch Salisachs fue segundo con 28, a 21 votos de la ganadora, muy lejos del consenso que inspiró su padre y patriarca del olimpismo moderno.
El caudillaje es también un signo de los tiempos en un mundo en el que va a tener que interactuar la nueva presidenta, con Donald Trump como anfitrión de los siguientes Juegos, y Vladimir Putin deseoso de volver a la platea olímpica si hay paz en Ucrania.
Coventry era, además, la candidata más joven, con 41 años, frente a Samaranch Salisachs y Coe, por encima de los 60. Su condición de mujer impulsará la paridad donde no haya llegado, pero antes deberá afrontar la peliaguda cuestión de la transexualidad. Como africana, su continente empieza a soñar.