Cuatro personas fallecieron y al menos siete resultaron heridas después de que uno de los coches que participaban este domingo en un rally en Hungría se saliese de la carretera y se estrellase contra los espectadores de la prueba, informaron las autoridades del país.
Según un comunicado de la policía, el coche que participaba en el Esztergom Nyerges Rally, en el norte del país, se salió de la carretera y acabó estrellándose contra los espectadores, sin que por el momento se conozcan las causas.
Numerosas ambulancias y varios helicópteros de emergencias se desplazaron hasta el lugar de los hechos.
Entre los heridos dos de ellos están graves, uno de ellos un niño, que fue evacuado hacia el hospital con un pronóstico vital comprometido, según el personal médico citado por la agencia de prensa húngara MTI.
Inmediatamente después del accidente, que ocurrió entre las ciudades de Labatlan y Bajot, se detuvo la carrera.
La Federación Húngara del Deporte Automóvil envió sus condolencias a las familias de las víctimas e indicó que cooperaría con las autoridades judiciales para esclarecer lo sucedido. La policía investiga las circunstancias del accidente.
Kevin De Bruyne se marcha del Manchester City al final de la temporada, según anunció este viernes. Serán así estos sus "últimos meses" con el equipo de la Premier League.
El mediocampista belga de 33 años, cuyo contrato finaliza este verano, comunicó la noticia en una emotiva publicación en sus redes sociales.
"Nada de esto es fácil de escribir, pero como futbolistas, todos sabemos que este día eventualmente llega. Ese día ha llegado", escribió.
De Bruyne llegó al City procedente del Wolfsburgo por alrededor de 71 millones de dólares en 2015 y ha ganado todos los laureles de prestigio con el club, incluidos seis títulos de la Premier y la Liga de Campeones. En total, ha ayudado al City a conquistar 16 títulos , incluido el Mundial de Clubes, y se ha consolidado como uno de los grandes de todos los tiempos de la Premier. Hasta el momento lleva 106 goles marcados.
"Esta ciudad. Este club. Esta gente... me dieron TODO. No tuve más remedio que devolver TODO. ¿Y adivinen qué? ¡Ganamos TODO!", escribió. "Nos guste o no, es hora de decir adiós".
Tras el anuncio, el entrenador del City, Pep Guardiola, lo describió como un "día triste". "En la Premier es uno de los mejores mediocampistas que jamás haya jugado en este país y creo que en este club no hay duda", expresó Guardiola.
De Bruyne no mencionó si participaría en el Mundial de Clubes, que se llevará a cabo en junio y julio en Estados Unidos. Tampoco hubo mención en la publicación sobre dónde quería jugar a continuación.
Con 118 asistencias en la Premier, De Bruyne se ubica segundo detrás de Ryan Giggs del Manchester United, quien proporcionó 162, en la lista histórica. Alcanzó ese total en 280 apariciones, en comparación con las 632 de Giggs.
Aunque De Bruyne será recordado como uno de los mejores jugadores que ha jugado para el City, podría haber pasado la mayor parte de su carrera en Chelsea después de unirse al club de Londres procedente del Genk belga en 2012, pero se frustró después de hacer solo dos titularidades en la liga y finalmente se fue a la liga alemana con Wolfsburgo en 2014. Allí revitalizó su carrera y convenció al City de convertirlo en el fichaje récord del club.
Ha jugado 413 partidos para el City en todas las competiciones y fue nombrado dos veces 'Jugador del Año' de la PFA en Inglaterra.
El ajedrez es un deporte mágico y complejo, también brutal, que se puede decidir en el último segundo, más aún cuando los nervios son el factor esencial. El drama vivido este jueves en Singapur, con los dos grandes maestros llorando por motivos muy diferentes, es el más grande que se recuerda en un Campeonato del Mundo. Como si necesitara aditivos. Gukesh Dommaraju, de 18 años, se ha coronado con una precocidad nunca vista en el tablero, con cuatro años menos que un mito como Garry Kasparov. Para ello tuvieron que ocurrir muchas cosas, que se resumen en una: Ding Liren, el vigente campeón, tiró la corona, la estampó contra el suelo en un único movimiento, cuando menos cabía esperar un desastre así.
Fue un error de principiante, en posición muerta, cuando todos los cronistas y aficionados se relamían ante la emocionante jornada del viernes, que ya nunca veremos, en la que se debían jugar las partidas rápidas de desempate. Nadie pensaba ya en otra posibilidad. La partida 14 transcurría plácida por los caminos esperados: ligera presión de las blancas, conducidas por Ding, quien por supuesto no quiso arriesgar. El gran maestro chino podía verse por primera vez ligeramente favorito en un ritmo de juego que le favorece más que el clásico, donde quizá hay demasiado tiempo para pensar.
Cualquiera que haya jugado al ajedrez sabe lo devastador que es perder una partida por un error tonto. Hacerlo en la partida decisiva de un Campeonato del Mundo supone un dolor inimaginable, sobre el que es preferible no hacer comparaciones porque mucha gente no lo comprendería. Ding Liren reconoció que tardó unos instantes en darse cuenta de su pifia monumental. Todos pudieron entonces ver a un hombre destruido. La partida siguió unos segundos, pero ya no había la menor esperanza para él. «No me arrepiento de nada. Di lo mejor de mí», acertó a decir en la rueda de prensa, de la que salió entre aplausos de admiración y compasión, porque todos intuyen el infierno por el que ha pasado el campeón en los últimos dos años, acosado por problemas de salud mental.
Gukesh: «Ding es un verdadero campeón»
Al otro lado del tablero, el aspirante tardó un poco más en derrumbarse, él de forma incontenible, pero feliz. «Es el mejor momento de mi vida», «el final de un viaje de diez años». Gukesh confesaba que había cumplido su sueño mucho antes de lo que cabía esperar. Hace nada veía estas competiciones desde fuera y, sentirse dentro por primera vez, en la primera partida, ya fue algo muy especial.
Las primeras palabras del indio fueron para reconocer la calidad de su rival, sin embargo: «Todos sabemos que Ding es uno de los mejores jugadores de la historia. Aquí he podido ver cómo soportaba la presión y era capaz de luchar a un altísimo nivel. Es un verdadero campeón. En los últimos meses no estaba en su mejor forma, pero ha venido aquí y ha luchado como un auténtico campeón. Lo siento mucho por él». Un día más, campeón y aspirante, ahora reconvertido también en campeón, han dado una lección de deportividad y de espíritu de lucha, dejando en evidencia a sus detractores.
Fue precisamente esa lucha constante la que le dio el premio inesperado a Gukesh. Él fue quien tuvo más problemas en la partida número 14, como suele ocurrir con las piezas negras. Logró resolverlos y, en lugar de buscar rápidamente las tablas, siguió presionando y haciendo las jugadas que podían prolongar un poco más la batalla, como ha hecho un día tras otro, con una tenacidad y una valentía que a la postre le han dado el título.
A su favor jugó que Ding se mostró demasiado ansioso por llegar al empate, hasta el punto de consentir entrar en un final con peón de menos, sabedor de que las tablas eran cuestión de técnica. Y técnica no le faltó, pero su cabeza, todavía lejos de su mejor estado, lo traicionó cuando parecía imposible que ocurriera. El menos confiado de los ajedrecistas, que siempre se apuraba de tiempo por su empeño en repasar todas las posibilidades, cometió un descuido imperdonable que entra en los libros de historia por la vía directa, sin trámites ni discusiones.
La caída de Ding
Este final del campeonato será aún más recordado que su mayor momento de gloria, aquel final contra el ruso Nepomniachtchi, en abril del año pasado. No han pasado ni dos años, pero en la vida de Ding ha supuesto un viaje mucho más largo que el de Gukesh, del cielo al infierno. Ojalá se recupere y siga jugando, como prometió.
FIDE
Sobre el tablero, si acaso importa un análisis final, Gukesh D fue capaz de hacer las mejores jugadas, pero Ding entendió mejor que el ajedrez es un juego de planes y estrategia. Se vio sorprendido una y otra vez por la preparación de su rival y, sin embargo, fue capaz de desactivarla luego sobre la marcha. No le sirvió de nada, porque en toda competición el mayor nivel intervienen otros factores, pero demostró que, incluso herido, puede competir al mayor nivel.
De Gukesh se esperan ahora grandes cosas e incluso la consecuencia indirecta de poder ver un duelo contra Magnus Carlsen, si el número uno considera que el reto está a la altura. El indio solo tiene 18 años y está aún lejos de su mejor nivel, por lo que quien quiera derrocarlo haría bien en darse prisa. Dentro de dos años sabremos quién es el próximo aspirante para un título que vuelve a la cuna del ajedrez, al lugar donde Vishy Anand, primer campeón indio, creó una tradición que tiene visos de seguir viva durante mucho tiempo.
«Estaba muy cansado, muy cansado. Nos organizaron una celebración con las familias e intenté aguantar, pero me retiré pronto. A la una de la madrugada ya estaba en la cama; caí redondo. Ya lo celebraré de verdad cuando vuelva a casa», cuenta Oriol Cardona a EL MUNDO en la furgoneta que le lleva a la ceremonia de clausura que ayer cerró los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina.
En solo 48 horas, el esquiador de montaña se colgó un oro en el sprint y un bronce en el relevo mixto para convertirse en el deportista español más laureado en invierno, y ayer seguía en una nube. «Después de la final del relevo estuve toda la tarde de un lado para otro y casi no pude ni hablar con mis padres. Esto de los Juegos Olímpicos es una locura; se nota que hay mucha más gente pendiente», aseguraba, con una nueva vida por delante a sus 31 años.
¿Qué momento de estos Juegos recordará toda la vida?
Cuando subí al podio al ganar el oro. Ahí me emocioné bastante. Tuve una mezcla de sentimientos que todavía no he podido valorar. Tardaré un tiempo en hacerlo. Mucha felicidad, mucho orgullo, mucho alivio... En el podio me sentí súper liberado. Antes de los Juegos había ganado el Mundial y la Copa del Mundo y sentía bastante presión mediática. Me quedé muy tranquilo: ya había hecho lo que tenía que hacer.
Y, en cambio, solo lloró después de conocer la sanción en el relevo y darse cuenta de que era bronce.
Sí, sí, fue raro, eh. Fue la primera vez en mi vida que lloraba después de una carrera. No me había pasado nunca. Es que fue un momento tenso, duro para todos. Vine a estos Juegos a por los dos oros y, al ver que estaba cerca de quedarme fuera del podio... ¡Uf! Hubo mucha carga emocional y me salió por los ojos.
¿Le queda la espina de no conseguir dos oros?
Me hubiese gustado luchar por el oro en el relevo. La gestión de la carrera no fue la mejor y con suerte quedamos en ese tercer puesto. Pero no me queda ninguna espina, qué va. Me pongo una valoración de 10 y a Ana [Alonso, su compañera], igual. Son dos medallas en unos Juegos y estoy muy contento. Venía con unas expectativas muy altas y creo que todos hemos hecho un muy buen trabajo.
Gabriele FacciottiAP
Decía Kilian Jornet, mito y uno de sus entrenadores, que cuando era joven le costaba creérselo. Que usted mismo se hacía de menos.
Quizá sí, no lo sé. Hace unos años, cuando di el paso y empecé a ganar carreras en la Copa del Mundo, posiblemente me faltaba creérmelo más. No estaba tan seguro de mí mismo. Pero en los últimos dos o tres años he sido consciente de mi potencial, de hasta dónde podía llegar. Ha sido una de las claves de todos estos éxitos.
¿Cuáles son el resto de claves? ¿Qué le diferencia de sus rivales?
No hay ningún secreto. Me encantaría decir que lo hay y que me lo guardo para mí, pero no es así. Son muchos años haciendo lo mismo: entrenar, entrenar y entrenar. Cuando el esquí de montaña entró en los Juegos Olímpicos aposté por ello y, al final, han llegado los resultados.
¿Cómo apostó por ello?
Fue un cambio radical en mi vida. Me fui a vivir a Font Romeu y lo paré todo: estudios, incluso el ocio. Con ese estilo de vida también te alejas de gente que aprecias; te quedas un poco solo. Pero había algo que realmente me importaba, algo que de verdad me interesaba, y lo aposté todo. El esquí de montaña en los Juegos Olímpicos era mi plan A y no tenía ningún plan B. Tenía que funcionar sí o sí.
Antes trabajó como ayudante de bombero forestal.
Un par de años, sí, cuando era más joven. Pero luego ya me dediqué al 100% a mi carrera deportiva.
Al ganar el oro en el sprint se acordó de su abuelo paterno. ¿Fue él quien le enseñó a esquiar?
No, no tenía nada que ver con eso. De hecho, no tenía ninguna relación con el deporte. Pero mi abuelo Pere era una bellísima persona, la persona más buena que he conocido nunca, y siempre he sentido mucha pena por perderlo tan pronto. Se lo dediqué a él porque es mi referente como persona.
DIMITAR DILKOFFAFP
¿Ahora su vida será distinta?
No lo sé. Tal como venga, lo aceptaré con los brazos abiertos e intentaré aprovechar el momento.
De repente, un esquiador de montaña en prime time en televisión.
Ojalá pase, la verdad. Tengo que aprender de esas cosas, quizá ser más expresivo, pero me siento preparado para lo que venga. Lo más difícil era ganar dos medallas como hemos hecho en estos Juegos; lo demás será bienvenido.
¿El esquí de montaña cambiará mucho de aquí a los Juegos Olímpicos de los Alpes 2030?
Habrá más competencia, eso seguro, aunque no sé de dónde vendrá. Quizá de Estados Unidos y Canadá, quizá de Noruega y Suecia, quizá de Asia... No lo sé. Pero estoy seguro de que llegará más gente, habrá más interés y más medios. Y a mí me parece genial, eh; quiero que mi deporte siga creciendo.
¿Qué capricho se dará por haber ganado las dos medallas?
No tengo muchas cosas pensadas. Comer bien, dormir bien y ya veremos. Pienso, por ejemplo, en comerme unos cruasanes de chocolate de Cal Flequer, que es una panadería de mi pueblo, Banyoles. Pero, por lo demás, solo estar con la familia y los amigos.
¿Tiene ganas de dejar los esquís en el armario una temporada?
No, no, qué va. De aquí a 15 días hay un Europeo en Azerbaiyán y no iré, pero antes de que acabe la temporada volveré a competir, seguro. Y en verano me gustaría correr alguna carrera corta de trail running. Llevo tres años sin correr para no hacerme daño y lo echo de menos.