Roglic firma el póker en La Vuelta ante un valiente O'Connor

Roglic firma el póker en La Vuelta ante un valiente O’Connor

Aunque dio igual, Primoz Roglic no pudo redondear de modo inmejorable la conquista de su cuarta Vuelta. Se inclinó por 31 segundos ante el suizo Stefan Küng en la contrarreloj final de Madrid, rompeolas de todas las España, también la ciclista. Puso todo el interés, pero Küng, un consumado especialista, se impuso de principio a fin y, curiosamente, a pesar de sus capacidades, tantas veces demostradas, obtuvo su primer triunfo contra el crono en una gran ronda.

Por si no le nimbaba una aureola de leyenda en la reina de nuestras carreras, que realmente hace tiempo que sólo ante el Tour baja la cabeza, pero no dobla la rodilla, Roglic (Bora-Red Bull) la aumentó. Aquí ha ganado 15 etapas, tres de ellas en esta edición. Con sus cuatro triunfos totales iguala a Roberto Heras, aunque sin la carga de polémica del salmantino. Suma también de ese modo su victoria número 88 muchas de ellas de máximo rango.

A los 34 años (cumplirá 35 el 29 de octubre), ha ganado sin los alardes juveniles de Tadej Pogacar, su compatriota, pero con una solvencia absoluta. Desde la toma del poder por parte de Ben O'Connor en la sexta etapa, arrebatándoselo precisamente a él, Roglic emprendió una constante, sistemática tarea de demolición que desembocó en la victoria, como, por otra parte, era lógico.

O'Connor, gloria también a él, que el próximo año correrá en el Jayco Alula con galones reforzados, aguantó más de previsto y, finalmente, en la pugna por el podio, mantuvo el segundo lugar, aumentando la ventaja que poseía sobre Enric Mas, que, por su lado, no sufrió ante Richard Carapaz, cuarto. Bailaron poco las plazas del Top-10. Pero Skjelmose, aparte de consolidar ante Lipowitz el jersey blanco de Mejor Joven, le arrebató el quinto lugar a Gaudu.

Mas ha fracasado en su intento de apuntarse la carrera. Él mismo, y eso le honra, ha hablado en esos desalentados términos. Muchos periodistas repudian la palabra fracaso y se apresuran a negarla cuando el deportista, como es obligado, pone todos los medios para que no le alcance. Pero esa palabra no hiere ni disminuye a nadie, simplemente constata la ausencia de éxito en la persecución de un objetivo. El diccionario, en su primera acepción, define fracaso como: "Malogro, resultado adverso de una empresa o negocio". Y eso es exactamente lo que ha ocurrido con el mallorquín.

Enric no es un ciclista del montón. Es de primera fila, pero a cuatro meses de cumplir los 30 años, no ha dado el auténtico paso cualitativo. Le cuesta demasiado ganar. Ésta ha sido su séptima Vuelta y no ha abandonado nunca. Ha sido tres veces segundo y una tercero, amén de lograr un quinto y un sexto puestos, que tampoco son desdeñables. Ha disputado 147 etapas y sólo ha ganado una.

Sus puestos de privilegio los ha obtenido llegando cerca de los vencedores, pero no siéndolo él. Movistar lleva demasiado tiempo necesitando una estrella, a ser posible nacional. Tiene mala suerte o lleva una mala política. Incluso ahora mismo las jóvenes promesas españolas están en los equipos de desarrollo extranjeros. ¿Es una cuestión de dinero?

La etapa discurría entre la nueva y la vieja sede de Telefónica. El triunfo de Mas habría tenido una repercusión cargada de simbolismo no sólo para la empresa, sino para el ciclismo español, que sólo tiene al Movistar en la primera división mundial. El equipo ni siquiera ha ganado una etapa. Como otros 11. La victoria de Küng evitó que el Groupama fuera uno más en esa relación.

En cuanto a Landa (Soudal-T-Rex), octavo, segundo español, 35 años en diciembre, y tampoco precisamente un ciclista menor, ha corrido su octava Vuelta, con un mejor balance de un quinto puesto en 2023 y una etapa en 2015. El 'landismo', por ese y otros motivos, siempre ha sido más el ruido que las nueces. Es un sentimiento simpático en su mezcla de teología y fiesta. Un acto de fe casi religioso y una expresión de guasa casi gaditana. Beneficiosos de algún modo para el ciclismo, al que no le vienen mal personajes con carisma y gancho, pero desesperantes en su tozuda permanencia.

Los nombres españoles, en el fondo, han sido los de Pablo Castrillo y Marc Soler. El primero, aunque ha acabado a tres horas de Roglic, ganó dos etapas de fuste. El segundo, a más de dos horas del esloveno, se apuntó una y peleó por unas cuantas más y por el reinado de la Montaña. Nadie ha sumado más kilómetros escapado, ni ha estado más minutos en pantalla, ni ha derrochado y desperdiciado más esfuerzos. Su rendimiento publicitario ha sido mayor que el deportivo. Eso también cuenta en el deporte profesional.

La Vuelta 2024 ha muerto. La de 2025 ya está empezando a nacer.

Dunbar gana y Roglic certifica el ‘maillot’ rojo

Actualizado Sábado, 7 septiembre 2024 - 18:50

Escribíamos ayer... que solamente un trompazo, la caída de un rayo o el ataque de un oso podría impedir la victoria de Roglic. No pensamos en una contaminación alimentaria. Pero, aunque medio equipo fue, se dice, víctima de una salmonelosis -unos abandonaron y otros se retrasaron- el esloveno, por suerte para él, resultó en apariencia indemne. Aún le quedaron Adrià y Lipowitz para echarle una mano. No los necesitó. Pero la etapa no la ganó él, sino el irlandés Eddie Dunbar, ya vencedor en Padrón. Su triunfo significó también el segundo del Jayco Alula. Y siguen sin ganar 13 equipos.

Etapa de distancia media y alta montaña. En 172 kms., la mayor concentración de puertos de la Vuelta. Dos de tercera, dos de segunda, dos de primera y uno de primerísima, el Picón Blanco, 7,9 kms. con una pendiente media del 9,1% y una máxima del 18%.

Todo cuanto ocurrió hasta llegar a su pie fue una serie de luchas secundarias, aquí y allá, a partir de una escapada de 10 hombres. Marc Soler peleaba con su compañero de equipo Jay Vine por el jersey de lunares de la montaña. Se lo llevó Vine. A su vez, el Ineos trataba de conducir a Carlos Rodríguez a la obtención del maillot blanco de Mejor Joven contra Skjelmose. Se lo llevó Skjelmose.

El envite final, en el Picón Blanco, contempló, primero, la fuga de Pavel Sivakov. Lo atrapó Dunbar y luego el reducido grupo de ilustres, que no pudo hacer lo mismo con el irlandés, 27 años y celebrando la cuarta victoria de su vida. La gavilla de nobles subió con sus más y sus menos. Ora tiraba Roglic, ora Gaudu, ora Mas (que rascó cuatro segundos en el puerto bonificado de Los Tornos). Pero nada trascendente sucedía. Había demasiado cansancio en todos como para romper la baraja.

El último empellón, ya muy cerca de la meta, lo protagonizó Mikel Landa, que había vencido allí en 2017, en la Vuelta a Burgos, hace mucho tiempo. Parecía un ataque menos fofo que de costumbre. ¿Reverdecería desde sus cenizas el marchito landismo? Nada de eso. Visto y no visto, Mikel pasó del primero del grupo al octavo de la etapa, perdiendo segundos con todos sus compañeros. Enric Mas, que sigue sin ganar, y ya no lo va a hacer en esta Vuelta, segundo a siete segundos de Dunbar, alcanzó a superar en tres a un Roglic fatigado, pero también, a estas alturas, indiferente. Y en cinco a Carapaz. O'Connor aguantó y mantiene la segunda plaza.

Descontado el primer puesto de Roglic, los demás lugares del podio se van a dirimir en el fin de fiesta de Madrid con una contrarreloj de 24,6 kms. Así, a bote pronto, Mas parece el menos dotado para la modalidad. Pero las cronos finales son casi más una cuestión de fuerza que de especialización, y él parece llegar con bastante energía.

Roglic aparece a lo grande y da un zarpazo a la Vuelta

Actualizado Viernes, 6 septiembre 2024 - 19:16

"La commedia è finita". Primoz Roglic ganó la etapa riojana, se vistió de precioso rojo rubí; y, a menos que sea víctima de un cataclismo personal en forma de trompazo, otro de índole meteorológica como consecuencia de la caída de un rayo o un tercero de naturaleza animal a causa del ataque de un oso en la etapa del sábado, sentenció la Vuelta. El ciclismo no goza de la exactitud ni la certeza de la ciencia, ni padece la incertidumbre especulativa de la filosofía. Pero no deja de basarse en hipótesis lo suficientemente sólidas como para no verse sometido, al menos completamente, al puro azar.

Y esa hipótesis no del todo empírica, pero tampoco nada volátil, nos asegura más que nos sugiere que Roglic va a ganar esta Vuelta. Lo que queda de ella será con toda probabilidad una exhibición final que ratificará su superioridad física, su dominio táctico y, en resumen, su predominio "with the little help from their friends" (con la pequeña ayuda de sus amigos). El equipo, digno de su líder, se ha comportado magníficamente.

Esta vez la etapa y la general se disputaron simultáneamente. Dio gusto que lo parcial y lo total se unieran para proporcionar un espectáculo conjunto y exento de otra descripción y otro juicio que no fueran los que, de modo simbiótico, inspiraran ambas circunstancias. La larga (130 kms.) y poco prometedora escapada del día entre horizontes agraciados de una tierra fértil, cinco hombres que se quedaron en cuatro (Del Toro, Planckaert, Miholjevic y Petilli), fue neutralizada al pie del Alto de Moncalvillo, 8,6 kms. con una pendiente media del 8,9% y una máxima del 16%. Sol, temperatura agradable y un festival de buen ciclismo.

Y allí, en las iniciales faldas del coloso, empezó y acabó todo. A las primeras de cambio, el Bora Red Bull, atacó a saco. Vlasov y Daniel Felipe Martínez tiraron de su jefe, el auténtico Toro Rojo de la carrera. Tras los esfuerzos efímeros pero brutales de los compañeros, el esloveno se vio solo. El pelotón ya se había quedado en los huesos. Pero tenía aún carne y sustancia en los primeros-segundos espadas. Sin embargo, sorprendidos, aturdidos por lo precoz del ataque, no reaccionaron. Mientras pensaban qué hacer, cómo, cuándo y quiénes, Roglic ya volaba cuesta arriba. Aparte del más listo, también era el más fuerte. Una combinación imbatible. Recordaba al Roglic que, en 2020, en esas mismas rampas ya con los colores otoñales de octubre, se enfrascó en un duelo victorioso con Carapaz. Estaba en terreno conocido y amigo.

Enric Mas fue el primero en reaccionar. Salió en persecución, es un decir, de Roglic. En el acelerón le recortó unos segundos a Primoz, que ya iba con la velocidad de crucero. Luego, agotado el impulso, perdió esos segundos y algunos más. Tantos, que flaqueó en los últimos envites y fue superado por cuatro segundos en la llegada por Gaudu y Skjelmose, segundo y tercero a 46 de Roglic. Es posible que esté en la mejor forma de su vida. Pero no le da para lanzar ataques cortos y devastadores o emprender largos y sostenidos que le proporcionen victorias y nos hagan pensar en él como en un ganador. Los podios secundarios, valorables en su justa y alta consideración, pero insuficientes para hacer de él un campeón, son la medida de sus capacidades.

Se ha acercado a O'Connor, que, un día más, peleó hasta la extenuación para mantener el rojo. Pero igual que él amenaza al australiano, Carapaz le amenaza a él. Sábado imponente con una de las etapas capitales de la Vuelta. Tres puertos de tercera, dos de segunda y dos de primera, con la llegada en alto al Picón Blanco. No le faltará interés y algún tipo de trascendencia antes de la contrarreloj de Madrid, atractivo epílogo de una obra que parece resuelta, escrita en esloveno con tinta roja.

Debacle del ‘Landismo’ mientras Urko Berrade pone el cuarto triunfo español en La Vuelta

Actualizado Jueves, 5 septiembre 2024 - 18:34

Los restos de una fuga de 46 hombres formada en el kilómetro 50 condujo a su primera victoria profesional, y a la tercera del equipo Kern Pharma en esta Vuelta, a Urko Berrade, navarro de 26 años. Que el Kern Pharma, un equipo de categoría continental, invitado a la Vuelta, haya alcanzado semejante éxito remite a lo grandioso y lo inolvidable. Tal vez a lo irrepetible.

Una etapa llamada a la intrascendencia en la zona alta estuvo a punto de provocar un terremoto cuando, en la Herrera, un puerto de 1ª, a 46 kms. de la meta, atacó Richard Carapaz. Aguantaron los mejores menos O'Connor y Landa. El líder enlazó en el descenso. Landa, precisamente en su tierra alavesa, se vino abajo.

En el camino del Calvario hasta la llegada, en un grupo de gente resignada, siguió perdiendo tiempo. No le ayudaron algunas decisiones técnicas del equipo. En especial cuando, en una determinación absurda e inútil por tardía, se mandó parar a un perplejo y maldiciente Cattaneo, que viajaba en la fuga ocho minutos por delante. El Soudal perdía así la posibilidad de ganar y no podía contribuir en nada a remediar el desastre de Mikel, que llegó a 3:20 del grupo de O'Connor, Roglic, Mas, Carapaz y compañía. Perdió el quinto puesto y se despeñó al décimo. Su lucha ahora no es por el podio, sino por mantenerse en el Top-10. El landismo se desinfló. Quizás de una vez por todas y para siempre.

O'Connor inspira una simpatía irresistible. Acepta con resignación la inevitable pérdida del rojo, sin negarse por ello a defenderlo hasta la última gota de sudor. Pero intuimos que, en el fondo de su indómito corazón, late una llamita de esperanza.

Viernes riojano, de Logroño al Alto de Moncalvillo, de 1ª categoría. Pasarán cosas.

O’Connor respira en Santander un día más antes de las últimas hostilidades

Actualizado Miércoles, 4 septiembre 2024 - 18:38

Aguantar o no aguantar, esa era la cuestión. No aguantaron. Los cuatro frustrados hamletianos no habían conocido nunca una victoria profesional. Tampoco sus equipos en esta Vuelta. Una doble virginidad que no perdieron. Eran, por orden alfabético, Thomas Champion (francés, 24 años, Cofidis), Jonas Gregaard (danés, 28, Lotto), Thibaut Guernalec (francés, 27, Arkea) y Xabier Isasa (español, 22, Euskaltel).

Hicieron toda la etapa juntos, aunque Champion se rindió a 10 kms. de la llegada. Los otros tres fueron atrapados, bajo la lluvia que emborronaba sus figuras en la pantalla, en el centro urbano de Santander, a 2 kms. de la llegada, cuando la carrera arribó al mar. O sea, murieron en la orilla. En el sprint del gran grupo se impuso Kaden Groves (Alpecin). ¿Quién si no? Era su tercer triunfo y la consolidación del jersey verde que distingue al líder por puntos. Se lo dejó Wout van Aert, a quien la carrera añoró con un recuerdo silencioso.

Como era más que previsible, nada ha cambiado en la clasificación general. Los favoritos velaron sus armas por el procedimiento de continuar afilándolas. O'Connor respira un día más mientras teme que le quede un día menos para mantener el rojo. Tras la tempestad de Covadonga llegó, pues, la calma. La calma... que precede a la tempestad. Un proceso circular.

El jueves nos depara una etapa de media montaña por tierras alavesas con cierta gracia: 180 kms., con un puerto de 2ª y otro de 1ª, el de Herrera, situado a 45 kms. de la meta. Más que para la esquelética nómina de sprinters, parece propicia para el más rápido o el menos fatigado de una escapada. El viernes, el sábado y el domingo, el tríptico final.

Soler triunfa en Covadonga y O'Connor salva el liderato por segundos

Soler triunfa en Covadonga y O’Connor salva el liderato por segundos

Covadonga. Mitificación histórica, religiosa y ciclista. Y en los Lagos, para la mitificación histórica y la divinización religiosa de los gigantes sobre dos ruedas sin motor, inscribió su nombre Marc Soler (UAE), rematando la numerosa escapada del día, la estampida de rigor, esta vez de 17 hombres. Soler, el más combativo de esta Vuelta, también uno de los menos estrategas, de los que más fuerzas tiran por el sumidero, obtuvo una recompensa merecida y, ateniéndonos a sus gracias, corta. Incluso así, soberbia, envuelto Marc en un paisaje fantasmal. Dominó a sus últimos compañeros de fatiga, Filippo Zana (Jayco) y Max Poole (DSM).

Detrás, la mezcla de heroísmo absoluto, de sacrificio inmenso y de fe intacta permitió a Ben O'Connor mantener el rojo por sólo cinco segundos. Para desgracia propia y de la carrera, Wout van Aert se cayó, junto a Engelhard y Del Toro en la húmeda y peligrosa bajada de la Collada Llomena y tuvo que abandonar. Se hizo bastante daño en la rodilla y el brazo derechos. Las exploraciones dirán el alcance de unas lesiones que podrían comprometer el resto de la temporada. Lleva un año maldito.

Los Lagos no son un puerto terrorífico. Los hay mucho más altos, mucho más largos, mucho más duros. Pero, atendiendo a su entorno físico, geológico, de una hermosura sobrecogedora de riscos primigenios y bosques misteriosos, no queda más remedio que otorgarle la máxima categoría. Probablemente, la de "especial" es exagerada. Pero nadie la va a discutir ni permitiría que se la rebajase. La Vuelta se la reconoce como una forma de homenaje a lo que representa: un símbolo heráldico admitido por el hombre tanto como una montaña colocada ahí por la Naturaleza.

Marc Soler, Primoz Roglic y Ben O'Connor fueron los hombres del día. El primero por su victoria parcial, temporal, pero ya eterna. El segundo, por su acercamiento al liderato. El tercero, por mantenerlo con una dignidad admirable y, conjunta, una energía física y psicológica ante la que nos inclinamos con admiración y respeto. Soler ya ha cumplido de sobra, aunque no es descartable que lo siga intentando. Roglic parece el más fuerte de la carrera, pero no el Roglic más fuerte que conocemos. Después de todo, tiene ya 34 años. O'Connor va perdiendo gota a gota de sudor, de perfume y de veneno su ventaja. Pero quizás, como en Don Juan Tenorio, aún quede un grano de arena en el reloj de su vida.

La diferencia entre un Roglic fuerte, pero no tanto y un O'Connor débil, pero hasta cierto punto, va a designar en principio al vencedor y al vencido, que ahora bailan en cinco segundos como un gemido de placer, como un estertor de agonía. La Vuelta ha hablado en Covadonga bastante claro. Mas, Carapaz y Landa, secundarios, que no segundones, no parecen en condiciones de aspirar a otra cosa que no sea un lugar en el podio. El tercer escalón. Pero si la Vuelta ha hablado con claridad, no ha dicho ni mucho menos la última palabra. Vienen ahora dos etapas de transición y (relativo) descanso. Pero el viernes en Moncalvillo, el sábado en Picón Blanco y el domingo, en la contrarreloj de Madrid, la carrera dictará una sentencia ante la que ya no cabrá interponer recurso alguno.

Estamos descubriendo con interés y cierta esperanza a un Enric Mas ambicioso, valiente, decidido, apoyado por un Movistar incondicional. Pero no es capaz de romper aguas y moldes. Le falta ese punto de capacidades para lograrlo. No es un "killer". Es un diésel que a la hora de revolucionar el motor no encuentra la potencia suficiente para hacer diferencias. Se diría condenado a integrar en las grandes carreras los pequeños, selectos grupos de ilustres, pero sin la capacidad de responder a lo grande. Sin embargo, a los 29 años, en plena madurez y aún con un cierto margen de progreso, podríamos estar asistiendo a un tardío pero nuevo Enric Mas que se está ganando a pulso un voto de confianza.

'Landismo'

Respecto a Mikel Landa, cualquier movimiento por pequeño que sea revive ese landismo mortecino que se alimenta de ilusiones más que de hechos. Próximo a los 35 años, está protagonizando una Vuelta más que notable. No obstante, cada ataque suyo es de algodón. Incluso en su blandura, lo acaba pagando a la postre. Toda su gestualidad sobre la bicicleta, manos abajo del manillar, cuerpo bailando encima de los pedales remite a la potencia. Pero queda mejor en una fotografía que en una imagen animada. El ciclismo español, sin embargo, reconoce en Mikel a un personaje enormemente atractivo, especial para el aficionado. El carisma, como el gol, se tiene o no se tiene. El del alavés redunda en beneficio del propio ciclismo.

La etapa añadió a la belleza de la competición y el paisaje la fascinación de la niebla, que rezumaba agua. Los corredores, desdibujados, con sus contornos confundidos con la gris opacidad general, llegando en un goteo incesante, proclamaron una vez más el atractivo de un deporte único en el que la lírica y la épica son las dos caras de una misma poética epopeya.

Caritoux, Giovanneti... ¿O' Connor? Ciclistas corrientes llamados a lo excepcional

Caritoux, Giovanneti… ¿O’ Connor? Ciclistas corrientes llamados a lo excepcional

Hoy llega la Vuelta a los Lagos de Covadonga. La clasificación general la encabeza un sorprendente australiano, Ben O'Connor. Aunque cuarto en el Tour2021 y el Giro2024, al comienzo de la carrera nadie lo colocaba entre los favoritos. Una cabalgada en solitario en la quinta etapa en medio de la confianza o el despiste del grupo de ilustres lo situó en cabeza de la general con 4:51 de ventaja sobre el segundo, Primoz Roglic.

Las etapas posteriores contemplaron cómo Roglic le iba limando tiempo hasta, en vísperas de los Lagos, dejar la diferencia en 1:03. Otros aspirantes también se le habían acercado. Hoy O'Connor, heroico pero inestable, está condenado, se augura que perderá la carrera en la última semana de pasión.

Aunque tal vez no. La historia de la Vuelta registra casos de ciclistas más o menos corrientes que, enfrentados a situaciones excepcionales, se comportaron del mismo excepcional modo. La carrera recuerda al francés Éric Caritoux en 1984 y al italiano Marco Giovannetti en 1990.

Curiosamente, la etapa en la que se coronó O'Connor empezaba en Jerez de la Frontera, donde Caritoux, en aquel 1984, en la habitación del hotel, maldecía entre dientes al darse cuenta, al abrir la maleta, de que había olvidado las zapatillas. Las malditas prisas. El equipo Skil había recordado a última hora que estaba obligado por contrato a participar en la Vuelta, y, precipitadamente, reclutó como pudo a nueve hombres. No estaba entre ellos el líder del equipo, Sean Kelly, que se hallaba disputando las clásicas (y ganando algunas). Caritoux, su gregario de cámara, se encontró poco menos que al frente del grupo. Haría lo que pudiera.

O sea, nada. O casi. A los 23 años, sólo reunía cuatro victorias; la más importante de ellas, una etapa de la París-Niza. La Vuelta no era un bocado a su alcance. El equipo cubriría el expediente, y a otra cosa. Pero he aquí que, tras una semana de etapas llanas, en la que finalizaba en Rasos de Peguera, atacó Eduardo Chozas e hizo pedazos el pelotón. Lo atraparon Alberto Fernández y Caritoux, que se sintió muy bien y soltó al español, que fue sobrepasado por un trío en el que figuraba Pedro Delgado, que se vistió de líder con su primer jersey amarillo.

Lo perdió en, también curiosamente, Covadonga, donde ganó Reimund Dietzen, y pasaría a manos del inesperado Caritoux, que ya no lo soltó. Fernández ascendió al segundo puesto, a 32 segundos del francés. Ni en etapas posteriores ni en la sierra de Madrid-Segovia pudieron Delgado y Fernández con él.

Alberto estaba entonces a 37 segundos. Era un buen contrarrelojista y en la penúltima etapa, la crono de Madrid, de 33 kms., depositó sus esperanzas. Le sacó 31 segundos al francés, que acabaría con seis de ventaja, todavía la menor diferencia registrada en la Vuelta entre el primero y el segundo. Fernández se mataría en diciembre, junto a su esposa, en un accidente de tráfico cuando regresaba desde Madrid, donde había recogido el trofeo al mejor ciclista español del año.

Giovanneti pedalea en una etapa de la Vuelta.

Giovanneti pedalea en una etapa de la Vuelta.MARCA

Giovannetti no tenía más pedigrí que Caritoux. Es cierto que entre 1986 y 1989, incluidos, había coleccionado dos sextos puestos y dos octavos en el Giro. El clásico corredor fiable, pero sin brillo. No era un ganador. Su historial de triunfos se reducía a una etapa de la Vuelta a Suiza. Los equipos españoles Banesto (Miguel Indurain, Pedro Delgado, Julián Gorospe) y ONCE (Pello Ruiz Cabestany, Anselmo Fuerte, Marino Lejarreta) estaban tan preocupados por vigilarse entre sí que no advirtieron que Giovannetti, tras la sexta etapa, era segundo, a 25 segundos de Gorospe.

En el undécimo asalto, el que concluía en la estación de esquí de San Isidro, en la frontera astur-leonesa, Gorospe flaqueó. Lejarreta, que había roto las hostilidades, se había caído a 60 kilómetros de meta. La etapa la ganó Carlos Hernández (Lotus-Festina). Pero Álvaro Pino (Seur) había llevado a su compañero Giovannetti hasta el liderato.

Y ya no lo abandonó. Ni en el Naranco. Ni en la cronoescalada de Valdezcaray. Ni en Cerler. Ni en la contrarreloj de Zaragoza. Ni en la sierra segoviana, pese a los esfuerzos frenéticos de Delgado. Al día siguiente, el italiano desfiló de amarillo por Madrid y coronó un podio con Delgado a 128" y Anselmo Fuerte a 148".

Sin más emociones

Giovannetti y Caritoux no lograron nada parecido en años posteriores. Ambos fueron campeones nacionales (el francés dos veces) y Giovannetti fue tercero en el Giro en ese mismo 1990.

Conseguiría también buenos puestos en la corsa rosa. Pero terminaría su vida profesional con cuatro victorias. Caritoux, con 13. La flamígera gloria, esa yegua hermosa y salvaje, había pasado una vez por su lado. Se subieron a ella en marcha, se aferraron a sus crines, la domaron y luego, exhaustos, derribados pero victoriosos, la vieron perderse galopando en dirección a otros.

Épica victoria de Pablo Castrillo, que se consagra como nuevo ídolo español, en las rampas infernales de Cuitu Negru

Épica victoria de Pablo Castrillo, que se consagra como nuevo ídolo español, en las rampas infernales de Cuitu Negru

Esos 3.000 metros añadidos al Puerto de Pajares son un retablo de sufrimiento. Un martirio para unos corredores que se retuercen en un escenario de dolor. El Cuitu Negru es un calvario donde Pablo Castrillo se consagró como el nuevo talento del ciclismo español. El oscense (23 años), en un memorable ejercicio agónico, se anotó la victoria en la etapa reina de una Vuelta en la que Ben O'Connor mantuvo el liderato con enorme sufrimiento.

Castrillo, el único español que había ganado una etapa (Manzaneda, con el emotivo tributo a Manolo Azcona), volvió a sorprender a todos con un admirable trabajo de coraje y tesón. El chaval del Kern Pharma se metió en la escapada buena del día, con más de 100 kilómetros por delante, y supo administrar sus energías para superar en las paredes infernales del Cuitu Negru al ruso Aleksandr Vlasov y al francés Pavel Sivakov, dos veteranos curtidos en mil batallas. Otro triunfo para el nuevo ídolo, al que le llueven ofertas, el Ineos británico podría ser su destino.

Jornada espléndida en el Cuitu Negru, un sendero de tierra que fue asfaltado en 2012 para martirizar a los ciclistas. Entonces venció Dario Cataldo, aquella fue la ascensión más dura de su vida. Subió a un ritmo de nueve kilómetros a la hora, como si fuera andando. Ahora los desarrollos son más altos, pero el sufrimiento sigue siendo insoportable. En las rampas del 24% de desnivel, avanzar y mantener el equilibrio requieren esfuerzos titánicos. Esa carretera con el kilómetro más lento de la Vuelta no va a ningún sitio. Un vía crucis en el que los corredores serpentean con la vista perdida. Un Gólgota donde algunos encuentran satisfacción, como este Pablo Castrillo que se crece en el dolor. También O'Connor, que supo mantener el maillot rojo ante el asombro de unos especialistas que aventuraban una clamorosa derrota.

El australiano ya estaba advertido de la dureza del Cuitu Negru. Antes de tomar la salida en Infiesto analizó las imágenes de la única ascensión realizada a este pico. Se motivó al comprobar que era una subida larga, diferente a las de Ancares y Granada. ''Será una jornada dura, un día para la épica", vaticinó.

La subida a Pajares se encuadra en los parámetros normales de los puertos de la Vuelta. Lo que le hace distinto es ese apéndice que sale de la estación de Brañilín, con los tres y últimos brutales kilómetros. Un suplicio al que llegó O'Connor tras un castigo recibido en una etapa que arrancó con ritmo frenético impuesto por el UAE. Marc Soler y Sivakov se fugaron y cortaron el grupo de los mejores en el ascenso a la Colladiella, justo cuando abandonó el asturiano Pelayo Sánchez. Más de 100 kilómetros por delante que se cubrieron con un cuarto de hora de adelanto y con una fuga con la que también se metieron gente de calidad, como Kruijswijk, Vine, Sivakov, Daniel Felipe Martínez, Vlasov, Lazkano, Meintjes, Izagirre y Castrillo. Dos minutos de ventaja en la segunda subida a la Colladiella. Tres antes del comienzo de Pajares, ya con Sivakov, Vlasov y Castrillo como únicos supervivientes de la escapada.

Por detrás, el T-Rex Quick Step de Mikel Landa (extraordinaria la labor de Cattaneo) apretó para descolgar a los gregarios de O'Connor. El Movistar de Enric Mas también colaboró en la labor de desgaste. Roglic cambió de bicicleta en el comienzo del puerto de Pajares y recurrió a un monoplato y un piñón de 44 dientes. Todas las cartas boca arriba en una ascensión interminable de 18,9 kilómetros.

Primero atacó Landa, luego Roglic, pero lo hicieron sin contundencia, con el líder a10 metros por detrás. Continuó el esloveno y tras él saltó Enric Mas. El balear firmó su mejor subida de los últimos años. En las rampas más tremendas de Cuitu Negru superó a Roglic y ratificó que es un serio aspirante al podio. Ambos aventajaron a O'Connor en 36 segundos, una renta insuficiente para conquistar el maillot rojo. Ahora, el australiano supera al esloveno en 43 segundos y al español en 2.23.

O'Connor va perdiendo progresivamente el botín de 4.51 minutos de ventaja conseguidos en la Yunquera, pero aún tiene margen para comandar una carrera repleta de emociones intensas.

Este lunes, segunda jornada de descanso, preludio de la emblemática etapa de Lagos de Covadonga. Una etapa que volverá a cribar la general en el inicio de la última semana de la Vuelta, que también tendrá como citas especiales, la del viernes, con final en el alto de Moncalvillo; la del sábado, con meta en la cima de Picón Blanco, y la del domingo con la crono de clausura en Madrid. Casi nada.

Groves arrebata la victoria a Van Aert y O'Connor resiste antes de la crucial etapa de Cuitu Negru

Groves arrebata la victoria a Van Aert y O’Connor resiste antes de la crucial etapa de Cuitu Negru

El líder herido detuvo la hemorragia antes del asalto crucial. En la meta de Villablino, Ben O'Connor recuperó el resuello tras soportar una interminable excursión de 200,5 kilómetros. El australiano, en la víspera del combate de Cuitu Negru, aguantó sin apuros la etapa maratón de la Vuelta, ganada por su compatriota Kaden Groves, un velocista que derrotó al sprint a Wout van Aert en una jornada de media montaña. Un desenlace imprevisto para esta ronda descontrolada. Una dolorosa derrota para el fenómeno belga.

''Lo bueno es que aún sigo primero'', señaló O'Connor, a quien se le va agotando el botín de cerca de cinco minutos encontrado en el alto de la Yunquera. Primoz Roglic provoca un desgaste tortuoso. Agobiante ejercicio de resistencia para el maillot rojo que este sábado consiguió mantener la distancia de 1.21 sobre el esloveno.

Una jornada sin sustos para un líder con muchos enemigos. Tras la salida en Villafranca del Bierzo, con la ausencia de Rubén Fernández (Codifis), otra escapada marcó el rumbo a seguir. Mar Soler (UAE) continuó con las maniobras aventureras de las últimas jornadas, pero sus intentos no fructificaron. Sí tuvo premio el trabajo de su compañero Isaac del Toro, que, a 150 kilómetros de la meta, se llevó consigo a Victor Campenaerts (Lotto), Harold Tejada (Astana), Jhonatan Narváez (Ineos), Xandro Meurisse (Alpecin) y Marco Frigo (Israel). Una fuga extraña, sin integrantes del Kern Pharma y Euskaltel. Nuevamente, la carrera fracturada por los intereses de dos bandos, por un lado los opositores a la clasificación general y por el otro franco, los aspirantes a laureles parciales. Las dos ligas de esta Vuelta dominada por la incertidumbre.

Los fugados avanzaron hacia el valle de Laciana con una ventaja que nunca superó los 2.30 minutos. Por detrás, el Visma de Van Aert controló con rienda corta. En el primer paso por Villablino la ventaja era de 1.58. O'Connor, Roglic, Mas, Carapaz y Landa viajaban tranquilos en el pelotón por su paso por las zonas mineras de Asturias y León en dirección al largo puerto de Leitariegos (22,8 kilómetros). Fila india en las cercanías de la montaña de primera categoría, con los amarillos del Visma en cabeza. Media hora de adelanto.

El pulso entre la escuadra de Van Aert y los huidos se mantuvo vivo durante toda la ascensión. En las primeras rampas cedieron Del Toro, Campenaerts y Meurisse. Luego se rindieron Tejada y Frigo. Narváez se quedó solo a falta de seis kilómetros para la cima, a 23 de la meta. Sólo 21 segundos de ventaja. Fin de la aventura a 3.000 metros de la pancarta del Premio de la Montaña. Todos juntos hasta arriba.

En el descenso hasta Villablino, Roglic pinchó pero no tuvo excesivos problemas para reincorporarse al grupo principal. Van Aert se quedó sin compañeros para preparar el sprint, al contrario que Groves. El Alpecin, siempre a la expectativa del Visma, apenas gasto efectivos durante la etapa, lo que permitió que el australiano contara con la colaboración de cuatro compañeros a falta de tres kilómetros. En el sprint lanzado, Van Aert y el australiano no tuvieron rivales. Venció Groves para desesperación del belga y de todo su equipo, que se quedó sin recompensa después de una jornada de gran desgaste. Ingrato ciclismo. Segundo triunfo para Groves, el anterior lo firmó en la primer etapa en línea en Portugal.

Este domingo, una cita que marcará el desarrollo de la última semana de la Vuelta, con un final tremendo en los muros de Cuitu Negru, un apéndice de tres kilómetros del Puerto de Pajares que incluye rampas del 24%, las paredes más empinadas de esta ronda descontrolada.

O'Connor, en las rampas de Ancares, sufre como nunca para mantener el liderato de la Vuelta

O’Connor, en las rampas de Ancares, sufre como nunca para mantener el liderato de la Vuelta

Cima de Ancares. León a un lado, Lugo al otro y, allá en el fondo, Madrid. Tan cerca. Tan lejos. Ben O'Coonor salvó el rojo. Ha transcurrido un día más. Madrid, en teoría, está más cerca. Ha transcurrido un día más, sí. Pero Madrid, en realidad, se aleja. O'Connor empezó la etapa con 3:16 de ventaja sobre Roglic. La concluyó con 1:21. Antes, culminando una escapada de 23 hombres que fue por el camino haciéndose jirones, Michael Woods, canadiense, veteranísimo (37 años), obtenía su tercer triunfo en la Vuelta a lo largo de sus distintas participaciones.

Había descolgado a Mauro Schmid y a un Marc Soler que gasta demasiadas energías en escaramuzas estériles. Es una fuerza de la naturaleza, pero nos asombra y duele tanto despilfarro en un deporte en el que dosificar los esfuerzos gana batallas y guerras. Él no los escatima. No es su táctica: es su naturaleza.

Woods, de paso, le proporcionaba al Israel su primer triunfo en la carrera. Su éxito era el zumo. La carne, la chicha, la sustancia estaba por detrás, en un pelotón que se quedó esquelético en la brutal subida de 7,5 kms., al 9,3% de media y unos cuantos picos del 15%, en la que sobrevivían en los puestos de cabeza, más o menos dispersos, los tenores de la prueba.

Y ninguno más afinado y con la voz más potente que Primoz Roglic. Un recital en tono y timbre. Le fue haciendo el coro Enric Mas hasta que enronqueció. Incluso lo superaron, sufriendo como perros, Landa y Carapaz. El mallorquín, en un terreno que le favorecía teóricamente, no dio la talla de ganador. Roglic le desnudó y los otros aspirantes al podio también le descubrieron sus limitaciones. Mas, al igual que Soler, es como es, es lo que es.

Queda mucha y muy importante Vuelta, y el ciclismo está lleno de lances inesperados, de giros copernicanos. Pero así, en principio, con todo lo que llevamos recorrido, él, Landa y Carlos Rodríguez, sexto ahora en la general, parecen destinados a luchar por los puestos secundarios del podio, con, incluso, dificultades para hacerse con una etapa. La pugna por el rojo es hoy por hoy un diálogo entre O'Connor y Roglic. El australiano va perdiendo la voz. El esloveno la va alzando, aproximándola al grito. No es descartable que OConnor, que anda en la pelea, pueda acabar sexto si sigue cediendo golpe a golpe, verso a verso

Roglic ha ido jornada a jornada comiéndole terreno y tiempo al australiano. Los periodistas hemos hablado y escrito de "mordiscos", "bocados", "dentelladas" y demás metáforas del reino animal muy del gusto del gremio y de los aficionados. Frecuentes recursos estilísticos perfectamente descriptivos, por otra parte. Pero Roglic no va pellizcando, ni mordiendo, ni tragando, ni devorando... Va royendo, como quien va desgastando un hueso hasta dejarlo en el tuétano. Roglic no es un carnívoro. Es un roedor. Eso sí, implacable. Se encamina, y mucho más con la contrarreloj final, hacia su cuarta Vuelta.

Este sábado tenemos una etapa larga, la más larga de la Vuelta (200 kms.), interesante, con un puerto de 3ª y otro de 1ª (Leitariegos), que acaba en Villablino. Pero destinada de hacer de puente entre la de Ancares y dos de las reinas de la carrera: la del Cuitu Negro el domingo y, tras el descanso del lunes, la de los Lagos de Covadonga. Nunca se sabe, la vida y el ciclismo te dan sorpresas. Pero, probablemente, quien salga de líder de Asturias llegará de líder a Madrid.