Tadej Pogacar alarga su leyenda y vence en la Milán-San Remo, la clásica que le obsesionaba

Tadej Pogacar alarga su leyenda y vence en la Milán-San Remo, la clásica que le obsesionaba

Sólo los genios transforman lo cotidiano en extraordinario. Sólo los prodigios rompen la barrera de lo imposible. Tadej Pogacar es una bendición para los sentidos, un héroe de lo ilógico. El esloveno derrotó este sábado a sus fantasmas y se impuso en la Milán-San Remo, el primer Monumento de la temporada, la clásica que siempre le frustó. La carrera que preparó como nunca, la que le obsesiona. ''Prefiero ganar una Milán-San Remo a seis Tour de Francia'', había declarado en la víspera.

Una victoria memorable cimentada en un una extraordinaria labor de desgaste de sus enemigos y también con pincelada épica. A 32 kilómetros de la meta sufrió una caída, lastimándose el costado izquierdo. Una contrariedad que no impdió que ejecutara uno de esas acometidas antológicas que todos los rivales temen y encandilan al público. Atacó el fenómeno en la subida de la Cipressa y sólo le aguantaron Tom Pidcock y Mathieu van der Poel, a los que luego castigó en un final frenético.

La Classicissima, como no podía ser de otra forma, arrancó a toda velocidad, con una escapada suicida generada a 288 kilómetros, en la que se metieron David Lozano (Novo Nordisk), Martin Marcellusi, Manuele Tarozzi (Bardiani CSF 7 Saber), Lorenzo Milesi, Manlio Moro (Movistar), Andrea Peron,Alexy Faure Prost (Picnic PostNL), Dario Igor Belletta y Mirco Maestri (Polti VisitMalta). Nueve aventureros que tuvieron una máxima renta de siete minutos. En ese comienzo vertiginoso, Pogacar perdió a uno de sus escuderos más cualificados, Jan Christen, por una caída.

Caídas y damnificados

Fuegos de artificio hasta que, a falta de 40 kilómetros, el pelotón, comandado por el UAE y el Alpecin, incrementó el ritmo con una intensidad asfixiante. Un nervisionismo que provocó una nueva caída, con Kwiatkowski y Pidcock entre los damnificados, y otra que atrapó a Pogacar a 32 kilómetros de la meta.

Entonces saltaron todas las alarmas, pero Pogacar se recompuso y ordenó a su equipo acelerar para así eliminar a rodadores y velocistas en el tramo final. Ahí apareció la figura de Isaac del Toro abriendo huecos en cabeza y lanzando a Pogi en el ascenso a la Cipressa (5,6 kilómetros al 4,1% de desnivel). Allí el esloveno apretó como lo ha había hecho en los entrenamientos en solitario y tras moto con tres ataques demoledores. Sólo le siguieron Pidcock y Van der Poel. En su ímpetu, Pogacar batió el récord de la subida a la Cipressa, con 8.47 minutos.

En el descenso mantuvo la intensidad, en el llano, camino del Poggio (tres kilómetros al 3,7% de desnivel), dejó descolgado a Van der Poel (último ganador). En la bajada hacia la Via Roma de San Remo no pudo desprenderse de Pidcock. Pero en un sprint de coraje y poderío superó al británico y saldó una deuda con la historia y consigo mismo.

Pogacar rompe esquemas. Ésta era la clásica más complicada para él, porque su perfil no era lo suficientemente duro como para provocar la eliminación de los rivales más veloces.

Involvidable momento

"No es la victoria más bonita de mi carrera porque tengo que curarme las heridas...Estoy muy feliz de estar aquí, de haber ganado. Tengo muchas emociones ahora mismo", declaró Pogacar tras imponerse en la llegada de Via Roma.

"Nunca sabes qué puede pasar después de una larga carrera. Parecía que Pidcock estaba en gran forma todo el recorrido. No tengo muchas experiencias en esprint y menos contra él, sabía que iba a ser difícil... quiero felicitarle a él y a su equipo... Necesito un momento para darme cuenta de esto", dijo emocionado.

Una victoria que lleva aparejada una gran carga emotiva e histórica. El triunfo se produce 50 años después de la última exhibición de Eddy Merckx en la clásica italiana, el preludio de la despedida del belga. También se cumplen 80 años del primer éxito de Fausto Coppi en la Classicissima, en 1946, la primera edición tras el paréntesis provocada por la Segunda Guerra Mundial.

Pogacar venció con el maillot arcoiris del campeón del mundo, algo que antes sólo lo habían conseguido Alfredo Binda (1931), Eddy Merckx (1972 y 1975), Felice Gimondi (1974) y Guiseppe Saronni (1983) .

Ya suma 11 Monumentos, es el segundo del ránking histórico, empatado con Roger de Vlaeminck. El líder es Merckx, con 19.

El próximo objetivo es la conquista de la París-Roubaix (12 de abril), el último Monumento que falta en su insigne colección. En el Tour de Flandes ha vencido en dos ocasiones; en la Lieja-Bastoña-Lieja, en tres; y en el Giro de Lombardía, en cinco. Los únicos que se han impuesto en las cinco grandes clásicas han sido Merckx, De Vlaeminck y Rick Van Looy. El mágico trío belga, al que ahora se quiere unir el prodigioso esloveno.

Milán-San Remo: la obsesión de Pogacar que 'resucitó' a Merckx hace 50 años y encumbró a Coppi con una epopeya irrepetible

Milán-San Remo: la obsesión de Pogacar que ‘resucitó’ a Merckx hace 50 años y encumbró a Coppi con una epopeya irrepetible

La gran obsesión del nuevo prodigio del ciclismo es la Milán-San Remo. La Classicissima frustra a Tadej Pogacar. Dos veces ha sido tercero y este sábado persigue terminar con la maldición, para ello se ha preparado como nunca con entrenamientos grupales, tras moto e individuales en las cotas de Poggio y Cipressa. Unas subidas en las que imprimirá un ritmo diabólico para desprenderse, tras completar un recorrido de 298 kilómetros, de los velocistas y presentarse en solitario en la meta de Via Roma.

Esa estrategia de eliminación la ha desarrollado en las dos últimas ediciones, pero fracasó ante la resistencia de Mathieu van der Poel -el fenómeno neerlandés persigue su tercera victoria-, Filippo Ganna, Jasper Philipsen y Michael Mattheus.

Pogacar se ha obcecado con el primer Monumento de la temporada, destinado al lucimiento de sprinters y rodadores. Un escalador de tronío quiere demostrar que es capaz de imponerse en terreno hostil y para ello ha trabajado tozudamente. Tiene memorizado cada curva, bordillo, bache y pendiente del Poggio y Cipressa, a 22 kilómetos de la llegada. Algunos de sus rivales creen que podría ataca en Capo Berta, un ascensión a falta de 40 kilómetros. Una temeridad. .

Milán-San Remo y París-Roubaix (más adecuada a sus características) son los únicos Monumentos que faltan en su espléndido palmarés. El esloveno suma dos Tour de Flandes, tres Lieja-Bastoña-Lieja y cinco Giros de Lombardía.

La cita que obsesiona a Pogacar marcó el destino de Eddy Merckx (espejo en el que se mira) y de Fausto Coppi.

Eddy Merckx, ganador de la Milán-San Remo de 1976.

Eddy Merckx, ganador de la Milán-San Remo de 1976.EM

El belga (el sprinter que mejor ascendía y el escalador más veloz) se anotó la Milán-San Remo en siete de las 10 ocasiones en las que participó. Récord absoluto de triunfos. Ganó en las ediciones de 1966, 1967, 1969, 1971, 1972, 1975 y 1976. La última, hace justo 50 años, fue inolvidable para El Caníbal. Se presentó a la salida con la intención de ratificar que su ciclo no estaba finiquitado. En el Tour de 1975 había fracasado en su objetivo de sumar la sexta victoria. Claudicó ante el francés Bernard Thévenet en una ronda en la que se cayó y sufrió la agresión de un espectador.

Esta semana, en la Gazzeta dello Sport, recordaba su postrero éxito en San Remo. «Entonces quise demostrar que no estaba acabado. Desde luego, mucha gente no esperaba mi triunfo. Lamenté que muchos periódicos escribieran: 'Merckx está acabado. Merckx ya no existe'. Demostré que aún no estaba muerto, a pesar de los problemas físicos que sufrí tras el accidente y las fracturas del Tour de 1975». Aquel 19 de marzo fue la última vez que ganó una clásica. Se retiró en 1978.

La Milán-San Remo nació el 14 de abril de 1907, con 290 kilómetros de recorrido. Sólo terminaron 14 de los 62 inscritos. Venció el francés Lucien Petit-Breton en una jornada infernal de frío y lluvia. La edición más cruel fue la 1910: sólo llegaron a la meta siete corredores, adheridros por el frío y la nieve, luego tres de ellos fueron descalificados por hacer trampas. Ganó el francés Eugène Christophe.

Coppi, vencedor de la Milán-San Remo de 1949.

Coppi, vencedor de la Milán-San Remo de 1949.GETTY

La gran gesta la firmó Fausto Coppi en 1946, la primera carrera tras el paréntesis provocado por la Segunda Guerra Mundial. En una Italia deprimida por la contienda bélica, el ciclismo suponía un nexo de unión y rearme moral. Coppi, junto a otros cuatro corredores, atacó a 200 kilómetros de meta. A Falta de 147 km se quedó sin compañía. Durante cuatro horas pedaleó en solitario y se presentó en la meta con 14 minutos de ventaja sobre el segundo. Aquella heroicidad de Il Campionissimo impulsó la reconstrucción anímica del país.

La Milán-San Remo, una clásica de epopeyas que obsesiona a Pogacar, coleccionista inagotable de hazañas.

''¿A qué no tienes cojones?'', la provocación que despertó a Isaac del Toro antes de vencer en la Tirreno-Adriático y superar en precocidad a Pogacar

”¿A qué no tienes cojones?”, la provocación que despertó a Isaac del Toro antes de vencer en la Tirreno-Adriático y superar en precocidad a Pogacar

«¿A qué no tienes cojones de salir y ganar la etapa?». Un preparador del UAE desafiaba a Isaac del Toro en la salida de la segunda etapa del Tour Down Under de 2024. Cuatro horas después, el chaval (entonces 20 años y debutante en una prueba UCI World Tour) se imponía a Corbin Strong y Biniam Girmay en la meta de Lobethal. «A un mexicano nunca le digas que no tiene cojones», exclamó el fino corredor al técnico que le había provocado con la intención descubrir si atesoraba coraje y gen ganador. «En ese momento comprendí que Del Toro estaba hecho de una pasta especial», recuerda el auxiliar, que ahora se congratula con la progresión y el fenomenal inicio de temporada del escudero de Tadej Pogacar.

Isaac del Toro se anotó este domingo la general de la Tirreno-Adriático, ronda en la que también conquistó la etapa reina. Un triunfo que se une al conseguido en el Tour de UAE (general y dos jornadas). Nadie supera al mexicano en este curso. Con 22 años y cuatro meses ya acumula 26 victorias, un registro sólo al alcance de los privilegiados. A su edad, Pogi tenía 21.

«Ha aprendido rápido en el espejo de Pogacar», dicen los preparadores de UAE. El mexicano, que perdió el último Giro de Italia por un error de juventud, crece como nadie. Escala con soltura y es veloz en finales en rampa, fue tercero en la última Strade Bianche. Se parece al genial esloveno, a quien auxiliará el próximo sábado en las ascensiones a la Cipressa y al Poggio de la obsesiva Milán-San Remo. En La Classicissima volverá a vigilará a Van der Poel, ganador de dos etapas en Tirreno-Adriático y que este domingo agitó al pelotón un ataque a falta del 90 kilómetros para la meta. El neerlandés, que el pasado mes se anotó la Omloop Niewsblad, es el gran adversario de Pogacar en esta primavera de esprines, rampas y adoquines.

Del Toro cautiva por su descaro y polivalencia. En la ronda de los dos mares supo controlar los contragolpes de Matteo Jorgenson (segundo) Giulio Pellizzari, (tercero) y Primoz Roglic. Marca tendencia y desconoce sus límites. Quizás debería seguir adornando su palmarés lejos de la sombra de Pogacar, que se anotó su primera Trirreno-Adriático en 2021, con 22 años y seis meses (60 días más que el mexicano).

En la clausura de este domingo nunca perdió la compostura a pesar de las acometidas de una rivales que intentaron buscar la debilidad del líder del UAE en los últimos kilómetros de la meta de San Benedetto del Tronto, donde el italiano Jonathan Milan impuso su punta de velocidad. Del Toro quedó cortado en el último tramo por una caída de varios corredores, pero no le contaron tiempo perdido debido a que el incidente se produjo en la zona de seguridad de los últimos tres kilómetros.

Van der Poel, las dudas del "mejor de todos los tiempos" tras su octavo Mundial: "Cuando el resto está entrenando con el sol de Benidorm, sin estrés, él está aquí pegándose palos, pasando frío y caídas"

Van der Poel, las dudas del “mejor de todos los tiempos” tras su octavo Mundial: “Cuando el resto está entrenando con el sol de Benidorm, sin estrés, él está aquí pegándose palos, pasando frío y caídas”

En el barro holandés de Hulst, a apenas 40 kilómetros de Amberes y el Kapellen natal de Mathieu van der Poel -neerlandés él nacido en Bélgica, residente gran parte del año en el pueblo alicantino de Moraira y de ilustre abuelo francés, Raymond Poulidor- no hubo resquicio a la duda. El ciclocross presenció la constatación de quien lo dominó como nadie. Fue otra victoria sin emoción, la 51 consecutiva (gana todo lo que corre desde enero de 2024), la 12ª de esta temporada, la que le coronaba como campeón del mundo por octava vez. La que le hacía superar al único que le discutía la honorífica corona de mejor de todos los tiempos.

Para saber más

Erick De Vlaeminck, fallecido hace 11 años, era el rey, el pionero. «Todos somos sus hijos», pronunció quien le sucedió después. El mismo Sven Nys que ahora se rinde a la evidencia, al rival de su propio hijo, tercero Thibau el domingo: «Habría que amputarle una pierna a Van der Poel para que perdiera este Mundial». «Sólo nos queda disfrutarlo. La gente nos dice: 'Sales a no ganar'. Pero es que es el mejor corredor de la historia. Yo podré decir: competí contra el mejor de todos los tiempos», reconoce a EL MUNDO Felipe Orts, heroico y meritorio séptimo puesto el suyo después de sufrir días antes de la prueba un virus estomacal y de tener que remontar varias posiciones tras una complicada salida.

«Es que es el mejor en todo», insiste el de Villajoyosa. «Es el más fuerte, es el más técnico, es el más rápido... No se le puede meter mano por ningún sitio. Incluso con averías nos ha ganado... No tiene un punto más, tiene dos o tres. Está completamente a otro nivel. Se acaban los calificativos», sigue, recordando lo que sucedió hace unos días en la carrera de Maasmechelen. Van der Poel pinchó hasta dos veces. Pero también ganó.

Desafíos más extremos

Es cierto que todavía hay un reto que Mathieu no ha superado en esa especialidad en la que se forjó desde niño. Su compatriota Marianne Vos también presume de ocho coronas mundiales. Aunque la cuestión ahora, deslizada por él mismo -«quizás no sea mala idea saltarme un invierno porque estar aquí siempre supone el primer pico de mi temporada, no sólo a nivel físico sino también mental»-, es si su hambre se mantendrá o si aparcará, por un año o para siempre y por primera vez, sus pujas en el ciclocross. Porque los desafíos llegan más allá del barro y cada vez son más extremos.

Casi sin tiempo de transición, acuden las clásicas, el territorio donde también presume de ser único pero en el que le ha surgido el peor rival posible. A Tadej Pogacar le apetece más, por ejemplo, estrenarse en Roubaix que ganar su quinto Tour. «Si tuviera que elegir...». Y «cuando el resto de los ciclistas están tranquilamente entrenando con el sol de Benidorm, sin estrés, él está aquí pegándose palos, pasando frío y caídas», pone de manifiesto Orts, que le desliza un consejo: «Lo que yo haría en su caso, para que no se le alargara la temporada, sería rebajarlo. Intentaría correr las últimas carreras y asaltar el Mundial cada año».

Del Grosso, Van der Poel y Nys, en el podio del Mundial.

Del Grosso, Van der Poel y Nys, en el podio del Mundial.AFP

Van der Poel necesita un triunfo más en Roubaix para alcanzar a Tom Boonen y Roger De Vlaeminck (hermano de Erick) en el palmarés. Pero, después de tres victorias consecutivas, siente como la amenaza de Pogacar en los adoquines es cada vez más intensa y mayor su preparación. ¿Le hubiera derrotado hace un año de no ser por esa caída del esloveno? En el Viejo Quaremont, en Flandes, Poggi le aplicó una cura de humildad al neerlandés (igualado con tres coronas con seis ciclistas más: Cancellara, Boonen, Museeuw, Leman, Magni y Buysse). Y en la Milán-San Remo, quizá la más difícil de todas para él, tampoco el del UAE estuvo lejos.

«Siempre pienso en dos cosas: intentar llegar en la mejor forma posible a estos Campeonatos del Mundo y, además, que la temporada de ruta ya está cerca. Me estoy acercando más al final que al principio de mi carrera. En el fondo, pienso en Flandes y Roubaix. Esas son las carreras en las que también podría escribir historia. Todavía me quedan un par de años, así que haré todo lo posible para que funcione», declaró Mathieu antes de Hulst.

Entre un invierno al sol en el Mediterráneo o con frío y barro en centro Europa. Entre celebrar en los carteles de los pueblos españoles durante los entrenamientos con el «Siuu de Ronaldo» o hacerlo haciendo (más) historia en el ciclocross. Al tirano Van der Poel le empiezan a surgir dudas cumplidos los 31.

La tiranía de Van der Poel: conquista su octavo mundial de ciclocross

La tiranía de Van der Poel: conquista su octavo mundial de ciclocross

Por si no estaba suficientemente claro durante todos estos años, Mathieu van der Poel justificó con su octavo entorchado mundial, cuarto consecutivo, su título oficioso de mejor corredor de ciclocross de la historia. Superaba así a otra leyenda de la especialidad, Erik de Vlaeminck, que se enfundó siete veces el arcoíris. Tibor del Grosso, su compatriota neerlandés, y el belga Thibau Nys completaron el podio.

El circuito de 3,3 kms., en Hulst (Países Bajos), se las traía con un inusual desnivel acumulado de 40 metros, numerosas zonas de pateo, pontones, puentes, tablones y un tramo de escaleras con 22 peldaños. Dos ascensiones empinadas complicaban los descensos y, sobre todo, los ascensos, que obligaban a veces a poner pie a tierra. El terreno estaba algo pesado, aunque en absoluto pegajoso. La lluvia empezó a caer cuando la carrera concluía y manchó a los corredores con esas máculas de barro que gusta ver en las rudas pruebas de ciclocross.

La carrera, como se preveía, fue un concierto para una sola nota con un único instrumentista. En el comienzo de la segunda vuelta, Van der Poel soltó a Del Grosso y Nys. El trío se había despegado casi en el acto del resto de los participantes, entre ellos Felipe Orts, que, conscientes de quienes mandaban, los tres máximos favoritos, ya sólo pensaban en hacer un top-10.

...Y no hay mucho más que decir... Van der Poel hacía su victoriosa vida por delante de los de los demás. Ausente Van Aert, cuando él corre se sobreentiende que sólo un accidente en forma de caída o avería mecánica, puede privarle del éxito. No se produjo y -un canto a la genética- el ilustre nieto de Raymond Poulidor e hijo de Adrie van der Poel abrochó el triunfo, el decimotercero en 13 carreras de una temporada en la que se ha mostrado imbatible.

Por detrás de él, Nys y Del Grosso alteraban las posiciones en función de un titubeo aquí, una pequeña debilidad allá, una curva mal trazada o un resbalón. Nys casi se va al suelo en plena pugna con su compañero de fatigas, y el Del Grosso aprovechó para alejarse y atrapar el segundo puesto a 35 segundos de un Van der Poel que había bajado el pistón para no exponerse a un percance de última hora. Nys fue tercero a 46. Felipe Orts, que se había retrasado en la salida, terminó en séptima posición, a 1:04 de Van der Poel. Es más o menos el puesto que le corresponde en la corte del rey Mathieu.

Un Van der Poel inabordable: récord de 51 victorias en la Copa del Mundo de ciclocross

Un Van der Poel inabordable: récord de 51 victorias en la Copa del Mundo de ciclocross

Mathieu van der Poel tenía un interés especial en ganar en Hoogerheide, en la Copa del Mundo de ciclocross. La carrera llevaba el nombre de su padre, Adrie. Pensado y hecho. Mathieu dominó con su suficiencia crónica la prueba. Esperó, tranquilo, a la tercera de las nueve vueltas para pegar el hachazo de rigor y abandonar el grupo que, enfilado, serpenteaba por el circuito.

Como siempre, hubo dos carreras. La primera, con un solo hombre. La segunda, con todos los demás y con los nombres habituales peleando por el podio en, esta vez, una infrecuente aglomeración. Una curiosa estampa en el ciclocross, que se caracteriza por la diseminación de los corredores.

En homenaje a su padre, Mathieu se esforzó especialmente. Lo habitual es que, conseguida una sustancial ventaja, se relaje un poco al final. En esta ocasión, mantuvo un ritmo altísimo y terminó con 1:20 de ventaja sobre Tibor del Grosso, Niels Vandeputte y Thibau Nys. Felipe Orts pasó por meta en la sexta posición.

Van der Poel, inabordable durante toda la temporada, obtuvo su duodécimo triunfo de la campaña y, de paso, un récord de 51 victorias en la Copa del Mundo. Se apresta, además, a apropiarse de otro récord. El próximo domingo perseguirá su octavo título mundial. Su condición de favorito es absoluta.

Van der Poel derrota a Van Aert en su primer duelo en la Copa del Mundo de ciclocross

Actualizado

Llegó el día esperado con impaciencia por el aficionado: el primer duelo entre Mathieu van der Poel y Wout van Aert en la temporada 2025-2026 de ciclocross. Ha sido en Amberes (Antwerpen), en la quinta escala de la Copa del Mundo. Era un enfrentamiento, no obstante, desigual. Van der Poel venía de ganar, en su estreno en la Copa, hace una semana, en Namur, y Van Aert no se había subido en competición a la bicicleta desde finales de septiembre.

Así los precedentes, en un circuito sin barro, pero sí con pantanos secos de arena, VDP tomó la iniciativa desde la primera de las ocho vueltas programadas. Formó un trío con sus compatriotas Tibor del Grosso y Joris Nieuwenhuis. Poco a poco, a su ritmo, los fue dejando atrás, mientras la prueba, lejos de él, allá en el remoto horizonte de las curvas y las cuestas, experimentaba sus propios y continuos cambios. Pasaron algunas cosas relevantes. Entre ellas que Van Aert pinchó la rueda delantera cuando iba tercero y retrocedió hasta el noveno lugar.

También que Thibau Nys, el líder de la Copa del Mundo, sufrió muy pronto un enganchón que, en medio de la barahúnda general del comienzo de este tipo de carreras, lo descabaló. Acabó mandándolo, pese a sus esfuerzos, al puesto 23, a 3:23 de un Van der Poel que, fuerte y técnico, aunque pinchó en la rueda de atrás, alzó los brazos en la meta tras cambiar de máquina.

Los belgas Laurens Sweeck y Émiel Verstrynge habían ido ganando puestos como hormiguitas y terminaron, respectivamente, segundo y tercero. Sweeck pasa a liderar la Copa del Mundo. Van Aert, séptimo, por delante de Felipe Orts, duodécimo, ofreció buena imagen. Ha vuelto al combate y es de esperar que ofrezca resistencia a Van der Poel en las próximas carreras. Coincidirán en cuatro más: el día 22, en la categoría X20, en el Trofee Hofstade. También en X20, el 29, en el Trofee Loenhoot. El 2 de enero, en el Exact Cross Mol. Y, por último, de nuevo en la Copa del Mundo, el 4 en Zonhoven.

Aparte de esos encuentros, cada cual hará su propio calendario. Van der Poel todavía no ha decidido si acudirá a la cita de la Copa del Mundo con Benidorm, el 18 de enero. Van Aert, en principio, no lo hará. Van der Poel sí será de la partida en el Campeonato del Mundo, el 1 de febrero, en Hulst. Van Aert duda. Probablemente lo decidirá a tenor de cómo le vaya la temporada.

La Copa del Mundo reúne esta campaña 12 carreras. Comenzó en Tabor el 23 de noviembre y concluirá el 25 de enero en Hoogerheide.

Los secretos de Pogacar, el corredor sin límites: metabolismo prodigioso, exhibiciones sublimes y correr contra sí mismo y contra la historia

Los secretos de Pogacar, el corredor sin límites: metabolismo prodigioso, exhibiciones sublimes y correr contra sí mismo y contra la historia

«La superioridad de Pogacar radica en su prodigioso metabolismo. Cuando sus adversarios van a 8.000 revoluciones, él sigue a 3.000, por lo que le quedan más marchas que al resto. Su actividad mitocondrial, la que produce el lactato y da la energía al músculo, es extraordinaria. Yo no he visto a nadie con esos parámetros», el preparador y fisiólogo Iñigo San Millán apela a la ciencia para explicar el asombroso rendimiento de un ciclista de época. «Tadej es buenísimo, muy completo, pero lo más sobresaliente es su fortaleza mental. Siempre busca nuevos retos para motivarse», el técnico Joxean Fernández Matxin recurre a la psicología. «Cuando se retire, será recordado como el mejor de todos los tiempos», el ganador del Tour, Óscar Pereiro, señala la ambición. «Él está a otro nivel. No he visto a nadie igual», aporta el ciclista Pello Bilbao.

No existe un único secreto para entender la abrumadora supremacía del esloveno, que ya sólo corre para ser leyenda. Es el ciclista más soberbio del siglo XXI y lucha contra la referencia de Eddy Merckx. El Caníbal se antoja invencible en la acumulación numérica de trofeos: 279. Pogacar (27 años) suma 108. El belga cuenta con 11 triunfos en las tres grandes rondas (cinco Tours, cinco Giros y una Vuelta) y 64 etapas; el líder del UAE, cinco generales (cuatro Tours y un Giro) y 30 etapas.

Pero batir el récord de victorias no es el objetivo de Pogacar. Su misión es firmar las exhibiciones más sublimes. No se trata de ganar, sino de hacerlo de la forma más memorable, creando estilo y haciendo lo que nadie hizo: ganar un Mundial atacando a 100 kilómetros de la meta, sumar más triunfos consecutivos en el Giro de Lombardía (último Monumento del año), subir al podio en todas las cinco grandes clásicas en una temporada, brillar en adoquines y sterrato... En 2025 ha sellado su mejor curso, con 20 victorias, y ahora planifica nuevos desafíos para 2026.

«Todo el mundo se puede sentir único. Yo estoy muy satisfecho, porque he hecho mi mejor temporada, de largo. Para ello ha sido fundamental la ayuda de mi equipo», advierte Pogacar, un ciclista superlativo que, además, pertenece a un grupo arrasador. El UAE ha batido en esta campaña la plusmarca de victorias: se encuentra a sólo seis de las 100.

Repartir las migajas

Los rivales de Pogacar ya se han acostumbrado a compartir las migajas que él deja. Remco Evenepoel asume su condición de escolta en las pruebas de fondo. En este mes, el belga fue derrotado en las pruebas de ruta del Mundial y del Europeo y en la maravillosa última edición del Giro del Lombardía. El campeón del mundo de contrarreloj sabía cuándo y dónde iba a atacar Pogacar, pero fue incapaz de seguirle, como sucedió tantas veces. Para Remco, terminar segundo ya supone una victoria, así lo reflejó en la celebración del segundo puesto en la llegada a Bérgamo del pasado sábado.

Pogacar acumula una extensa y versátil nómina de récords de precocidad, de ataque lejanos y de ascensiones imbatibles. El sábado, en la zona en la que desprendió de sus enemigos, a 36 kilómetros de la meta del Giro de Lombardía, se superó a sí mismo. En la subida al Passo di Ganda, aclamado por un público extasiado, invirtió 21 minutos y 20 segundos, a 26 km/h. Mejoró en casi dos minutos sus tiempos en las ediciones de 2021 y 2023. Los analistas dicen que fue su mejor escalada del año y que fueron los 20 minutos más impresionantes de siempre.

Pogacar arrasa inventando dinámicas y estrategias. Con su precocidad (ganó su primer Tour con 21 años) instó a directores y preparadores a apostar con decisión por los jóvenes. A su estela han salido Evenepoel, Juan Ayuso, Isaac del Toro, Paul Seixas...

También crea escuela. Pogacar no sólo prescinde de esa táctica de atacar a tres kilómetros de la meta, sino que rompe con la tradición de los escaladores bailarines, que suben poniéndose de pie sobre los pedales. El esloveno también ataca sentado, cuestión de aerodinámica y cadencia de pedaleo. La geometría como aliada de un corredor que controla milimétricamente su nutrición y que aprende a combatir consigo mismo. Mientras que Merckx, Bernard Hinault o Fausto Coppi contaban con unos competidores de rango superior, Pogacar apenas dispone de contrincantes de altura, por eso necesita reinventarse y marcarse nuevos retos, como conquistar los dos Monumentos que le faltan (París- Roubaix y Milán-San Remo) y batir a rivales fisiológicamente más dotados para esos objetivos. En semejante ámbito, hasta Van der Poel se rinde ante Pogi: «Es realmente impresionante, todo lo hace fácil. No es Merckx, es Pogacar».

Tadej, un extraterrestre que carece de límites y que a todos encandila.

Pocagar, el Tour de la madurez: invierno de gimnasio y clásicas, sentencia en los Pirineos y "cómo mantener el entusiasmo"

Pocagar, el Tour de la madurez: invierno de gimnasio y clásicas, sentencia en los Pirineos y “cómo mantener el entusiasmo”

El cuarto Tour no fue el más asombroso. Será recordado como el de la madurez, quizá como el Tour en el que Tadej Pogacar que tocó techo, en rendimiento pero también en ilusión. Nadie con 26 años había conquistado cuatro veces la Grande Boucle, a ninguno de los que alguna vez lo hicieron (Anquetil, Merckx, Hinault, Indurain y Froome) se le comprobó tampoco tan sorprendentemente hastiado. El nuevo Pogacar no ataca para ganar las tres últimas etapas seguidas, como en 2024. El nuevo Pogacar se conforma con vigilar de cerca a su inseparable Jonas Vingegaard. También con superar con una veteranía impropia las adversidades: ni le inmutó la pérdida temprana de su mejor gregario (Joao Almeida) ni los impactos de su propia caída en Toulouse.

El esloveno fraguó el éxito con el que iguala a Froome en algunos momentos tan estudiados como prematuros. La primera semana del Tour 2025 pareció hecha a su medida, una sucesión de esas clásicas que cada vez le motivan más. En el periplo por el Norte de Francia, Pogacar se dedicó a divertirse, a vencer (Rouen, Muro de Bretaña), a ponerse a prueba con el único ciclista que es superior a él en algo (Van der Poel) y en golpear mentalmente a Vingegaard: en los Pirineos se plantó con más de un minuto de ventaja, labrado fundamentalmente en la contrarreloj de Caen.

A continuación, el golpe maestro llegó en Hautacam. El único día malo del líder del Visma lo aprovechó Pogacar para lo que tan prematuramente era una sentencia del Tour, corroborada al día siguiente en la cronoescalada de Peyragudes. Sorprendentemente ahí, con cuatro victorias parciales y una superioridad demoledora, apareció el Pogacar nunca visto. El joven hambriento e indomable dejó paso al 'veterano' con calculadora. De ahí a París se dedicó a marcar a un Vingegaard al que ya sólo iba a rematar con sus acelerones sin piedad en los últimos metros. El Pogacar más inapetente dejó pasar tres lugares icónicos en los que levantar los brazos: Mont Ventoux, La Loze y La Plagne. Esa última jornada alpina, el pasado viernes, confesó que iba «contando los kilómetros» para acabar. Lo nunca visto.

«ha mantenido su nivel»

El invierno de Pogacar no fue esta vez de reinvención, como el anterior, en el que cada mañana se levantaba en la afrenta del Tour 2023, el segundo perdido consecutivamente ante Vingegaard. Entonces trabajó cada detalle de su posición aerodinámica (ya jamás volvió a perder con el danés una crono), su resistencia en las jornadas maratonianas de montaña... Entonces cambió de entrenador, de Íñigo San Millán (ahora en el Athletic) a Javier Sola. «Hicimos muchos cambios y la diferencia es evidente hoy. Tadej simplemente ha mantenido su nivel», admitía estos días en L'Équipe Jeroen Swart, el director de rendimiento del UAE desde 2019. «No ha habido ninguna novedad en concreto. Hemos insistido en la posición, en la aerodinámica, el skin suit (ropa de competición), el casco, la posición del cuello, la entrada y salida de curva... El convencimiento de que lo has hecho todo perfecto, para no tener remordimientos», desvela Joxean Fernández Matxin en EL MUNDO.

Pogacar, ganador en Hautacam.

Pogacar, ganador en Hautacam.ASO

La revolución fue el calendario. Y no es baladí. En vez del Giro, como en 2024, y desafiando toda lógica y consejo, Pogacar se aventuró en lo impensable, afrontar las clásicas europeas de primavera, terreno hostil. «Ahí no está en su habitad natural. Pero es una forma de motivación. Realmente es un campo que en el que un ganador de Tour nunca tuvo espacio. No veo a Vingegaard disputando una Roubaix. Le hizo cambiar el chip. Ya es un ganador de dos Flandes. Y la primera Roubaix queda segundo. Es el espíritu de no ser un prototipo de ciclista. Strade Bianche, San Remo... Eso a él le motiva», detalla Matxin.

Para esas clásicas de un día Pogacar varió su entrenamiento también. Trabajó más en el gimnasio, ganó masa muscular para adquirir mayor explosividad, aunque no perdió peso. De hecho, la versión 2025 del esloveno es la más estilizada que se recuerda, producto del «paso del tiempo». «Eso es un proceso natural. Cuando le conocí de amateur no me parecía ni ciclista. Ahora tiene músculo, definición... Hasta se le intuyen venas en sus piernas. Trabaja mucho con Víctor Moreno, especialista en rehabilitación», cuenta Matxin. «Comenzó sus sesiones de montaña más tarde en la temporada, lo cual siempre es un riesgo, ya que pasar del entrenamiento clásico al entrenamiento en altura requiere un período de asimilación. Esto podría haber tenido un efecto negativo en el Tour, pero nos alegra ver que no ha sido así», puntualizaba Swart.

Pero es como si toda esa ilusión de combatir con Van der Poel y los especialistas le hubiera abandonado donde se siente tan superior, el Tour. «A veces me pregunto qué hago aquí después de tres semanas. Luego, sientes cómo la gente te grita en la carretera y piensas que no se está tan mal», contaba él mismo estos días, mientras se situaba justo detrás de Froome en la lista de etapas vestido de amarillo (59).

Pogacar, con Vingegaard y Lipowitz, en el podio final.

Pogacar, con Vingegaard y Lipowitz, en el podio final.AFP

La incógnita que deja este Tour va también en cuanto a su rendimiento. El propio Swart deslizaba que quizá Tadej ha tocado techo. «Creo que está en su mejor momento. La pregunta ahora es cuánto tiempo podemos mantenerlo a este nivel, y ya no es cuestión de edad, sino principalmente de motivación. Con Tadej, lo más importante es mantener el entusiasmo. Le encantan las novedades, como intentar la París-Roubaix o intentar ganar la Milán-San Remo», deslizaba.

Van der Poel abandona el Tour por una neumonía

Van der Poel abandona el Tour por una neumonía

Actualizado Martes, 22 julio 2025 - 09:12

La victoria en el Tour de Francia de Tadej Pogacar parece cada vez más cerca. Tras la retirada el domingo de Remco Evenepoel, ahora es otro de los pesos pesados de las dos ruedas, el neerlandés Mathieu van der Poel, el que no tomará la salida de la etapa 16 en Montpellier a causa de una neumonía, indicó este martes su equipo, el Alpecin, según informa Efe..

Ganador de la segunda etapa y maillot amarillo cuatro jornadas, el nieto de Raymond Poulidor sufría síntomas en los últimos días y su estado se estaba deteriorando de manera significativa.

En la noche de este lunes, jornada de descanso en el Tour, tuvo fiebre, por lo que fue trasladado al centro hospitalario de Narbona, donde fue sometido a exámenes médicos que pusieron de manifiesto que tiene neumonía, lo que le mantendrá en reposo durante al menos una semana.

El ciclista, de 30 años, ganador este año de la París-Roubaix y de la Milán-San Remo, Van der Poel había sido uno de los ciclistas más activos de la primera semana, convertido en el más combativo de los primeros días.

Además, fue segundo en la cuarta etapa, ganada por el esloveno Tadej Pogacar, protagonizó una larga escapada en la novena junto a su compañero Jonas Rickaert, antes de ser atrapado a falta de apenas 700 metros para la meta y fue tercero en la undécima.

Actualmente era tercero de la clasificación de la regularidad y uno de los favoritos para ganar la última jornada, que en esta edición incluye el ascenso a Montmartre, lo que se adapta bien a sus características.