Tres títulos y 18 victorias consecutivas: ¿Alguien puede detener a Carlos Alcaraz?

Tres títulos y 18 victorias consecutivas: ¿Alguien puede detener a Carlos Alcaraz?

Si los números son arrolladores, la impresión que transmite en pista, es, si cabe, aún más intimidatoria. Da la impresión de que Carlos Alcaraz en ocasiones gana incluso sin proponérselo. «No venía aquí con demasiadas expectativas», dijo a pie de pista, en el Andy Murray Arena, tras imponerse al checo Jiri Lehecka por 7-5, 6-7 (5) y 6-2, para vencer nuevamente en Queen's, como ya hizo en 2023, y hacerse con su tercer título consecutivo, quinto del año, vigésimoprimero en su carrera.

Lejos de quedarse en una plataforma de lanzamiento de cara a Wimbledon, donde a partir del 30 de junio buscará su tercera corona consecutiva, el coqueto ATP 500 de la capital británica sirvió para constatar la suficiencia con la que el número dos del mundo (las jerarquías, de momento, mienten, o al menos engañan) se maneja sea cual sea el escenario y el oponente.

Desde que perdiera ante Holger Rune el 20 de abril en la final del Conde de Godó, limitado por los problemas físicos sufridos en el último set, por los que decidió después no jugar el Masters de Madrid, Alcaraz ha encadenado 18 victorias consecutivas. Fue campeón en Roma y en Roland Garros, en ambos casos con Jannik Sinner como víctima, y ha vuelto a demostrar en Queen's una asombrosa naturalidad en la adaptación al cambio de superficie. No se trata sólo de la destreza con la que se mueve y de la eficacia con uno de los golpes con los que presenta mayor margen de mejora, como es el servicio, sino también de una mentalidad prestamente ajustada a las nuevas demandas.

Sin lagunas mentales

Si en París, antes de hacer cumbre en una final que agotó los mejores calificativos, pasó por algún trance incómodo por no refrendar las roturas de servicio, como le sucedió ante Lorenzo Musetti en semifinales y frente al propio Sinner, en Londres ha sido muy consciente a la hora de poner en valor el peso de hurtar el saque a sus adversarios y la delgada línea en la que pueden decidirse los partidos en un terreno tan resbaladizo.

Si algo se le puede aún discutir a este tenista de 22 años que ya cuenta con cinco títulos del Grand Slam es, ocasionalmente, la falta de constancia en su juego, ocasionada en gran medida por un legítimo sentimiento de superioridad sobre sus adversarios. Aunque pudiera sorprender, todavía se encuentra en un proceso de aprendizaje, y la hierba le ayuda a ser mejor tenista, a limar esas pequeñas lagunas mentales.

Alcaraz festeja su título en Queen's con los recogepelotas del torneo.

Alcaraz festeja su título en Queen's con los recogepelotas del torneo.AFP

Ante Lehecka, en una final que tal vez hubiera resuelto en dos sets de no mediar la doble falta que acabó por costarle el desempate del segundo, exhibió más aces que nunca en su carrera, 18, y ganó 21 de los 29 puntos jugados con su segundo saque, el 72%. Nunca perdió el hilo de un partido en el que eligió con mimo y acierto entre su inmenso repertorio, sacrificando la brillantez mostrada en semifinales ante Roberto Bautista.

Frente a la relativa insignificancia de los triunfos de Taylor Fritz en Stuttgart, Gabriel Diallo en Hertogenbosch y Alexander Bublik en Halle, y a la espera de lo que suceda esta semana en Mallorca y Eastbourne, la autoridad mostrada por Alcaraz en Queen's le pone algunos cuerpos por encima del resto para Wimbledon. Doble cuartofinalista, Fritz es entre los citados quien más lejos llegó con anterioridad en el All England Club. A la espera de un improbable renacer de Djokovic, que descansa desde las semifinales de París, y con Sinner, superado por Bublik en octavos de Halle y aún convaleciente de los tres match points que se le escaparon en la final de Roland Garros, resulta difícil vislumbrar quién pueda detenerle.

Carlos Alcaraz, un fórmula 1 que supo reconducir la carrera frente a Musetti

Carlos Alcaraz, un fórmula 1 que supo reconducir la carrera frente a Musetti

Actualizado Viernes, 6 junio 2025 - 22:28

Ahora mismo, si Carlos Alcaraz adquiere dinámica, intensidad y ritmo de partido, resulta un jugador prácticamente invencible, más aún sobre una pista de tierra batida. Su mayor problema, si lo hubiere, reside en él mismo. Es un fórmula 1 que bien conducido se dispara hasta el infinito. Su mayor preocupación ha de ser no salirse de pista como consecuencia de toda la potencia y recursos que atesora. En las semifinales de este Roland Garros, Lorenzo Musetti sacó provecho durante un buen tramo de partido de su condición de outsider. Toda la responsabilidad estaba en el lado del defensor del título, así que el italiano se soltó y pudo mostrar gran parte de su enorme talento.

Alcaraz salió guiado por la inercia de su arrolladora victoria en cuartos de final ante Tommy Paul, un buen tenista que aún siendo de la escuela estadounidense es capaz de competir con actitud sobre arcilla. El español arrancó como más le gusta, con un juego directo y tratando de reducir la frecuencia de los intercambios. El exceso de velocidad le generó desorden. Y sucedió frente a un jugador en progresión constante, como es Musetti, con los mejores argumentos en arcilla.

Al límite

Alcaraz pagó el peaje por sus errores, sobre todo en la finalización de las jugadas, y dio alas a su rival, que se llevó el primer set y le llevó al límite en el segundo. Replicó sendos breaks del murciano y le llevó al desempate. Entre los muchos méritos del campeón en Montecarlo y Roma está haber sabido dar un paso atrás después de las serias dudas que atravesó. Recondujo el partido, puso más peso de bola sobre el revés a una mano del transalpino y le erosionó hasta doblegarlo. Su lesión y consiguiente retirada vino por la elevada exigencia a que se vio sometido a lo largo del encuentro.

Estamos ante la final que casi todo el mundo esperaba. Jannik Sinner, que se rindió en la final de Roma, sin suficiente engrase en su juego después de tres meses ausente, a buen seguro que ofrecerá más resistencia este domingo. Estamos ante los dos jóvenes llamados a disputarse el presente y el porvenir. El sentimiento que le produce Alcaraz es más inquietante sobre la superficie que nos ocupa. Si Carlos no quiere ir más rápido de lo que toca, diría que tiene un 55% de su parte. Promete ser una cita para no perdérselas, como señala la ya generosa lista de sus enfrentamientos.

Alcaraz-Sinner, el Clásico de la próxima década

Actualizado Domingo, 18 mayo 2025 - 21:08

Alcaraz contra Sinner, o Sinner contra Alcaraz. Tanto da. Es el partido que más apetece ver, el que despierta mayor ilusión entre los aficionados al tenis y diría, incluso, que entre quienes no siguen regularmente este deporte. Es el Clásico, así, con mayúsculas, de la próxima década. Dos jóvenes ganadores, pujantes, apenas separados por un año, dispuestos a pelear por todo. No olvidemos que el año pasado se repartieron los cuatro títulos del Grand Slam. Y el desenlace podría ser similar en este curso. Dos estilos distintos, un contraste que agrega atractivos a la rivalidad. Alcaraz, más imaginativo pero también más inconstante, como si a veces se aburriese, sabedor de su extraordinario talento. Sinner, más estable. Más monocorde también.

Ganó Alcaraz, que cuenta con mejores argumentos sobre arcilla y vio cómo su oponente se disolvía tras dejar pasar dos pelotas de set antes del desempate. Dio la impresión de que Sinner se preguntaba: «Si con todo lo que he hecho en el primer parcial no he podido ganarlo, ¿qué habré de hacer ahora?».

Porque el número 1 del mundo jugó mucho y bien, siempre a una marcha muy alta, restando tiempo a cualquiera de las acciones del español. Pero Alcaraz sabe ralentizar más los partidos, cambiar ritmos y alturas y sigue contando con un arma tan exquisita como es su dejada.

Para él, al fin y al cabo, se trataba de una final más en un Masters 1000. Sinner tenía presión añadida: jugaba en casa y estaba a una victoria de completar un regreso colosal a las pistas. Físicamente también pudo pesarle el desgaste de las dos semanas. Si hubiera ganado el primer set, tal vez el partido habría sido otro.

Campeón en Montecarlo y en Roma, Alcaraz se presentará en Roland Garros en una situación idílica. Ha gestionado bien los torneos disputados y en todos ha competido cuando estaba en plenitud física. Se le escapó el Conde de Godó, condicionado por los problemas físicos en la final ante un gran Holger Rune. Dado el grado de exigencia del circuito y con Madrid y Roma jugándose a dos semanas, lo importante es llegar en las mejores condiciones al verdadero objetivo de la gira sobre tierra batida.

Déjenme rendir honores a Jasmine Paolini, que se hizo grande en su propia casa superando a Coco Gauff en la final y llevándose, además, el título de dobles. Enorme mérito el de la jugadora italiana al conquistar su segundo WTA 1000 frente a una rival tan dura como Gauff, reciente finalista en Madrid, quien, no obstante, acusó la fatiga acumulada.

Alcaraz es de mármol: derrota otra vez a Sinner, levanta el título en Roma y marca el camino para Roland Garros

Alcaraz es de mármol: derrota otra vez a Sinner, levanta el título en Roma y marca el camino para Roland Garros

Ya declinaba la final del Masters 1000 de Roma cuando Jannik Sinner, hombre impasible, se permitió algunos gestos de desesperación: un suspiro, una mirada al cielo. No había nada que hacer. En rondas tempranas de torneos lejanos, Carlos Alcaraz a veces se ensimisma, pero con un título en juego y en coliseos como el Campo Centrale, se torna invencible. Su talento se agiganta, sus piernas se precipitan y, sobre todo, su cabeza se endurece. Cuando eso ocurre, no hay jugador en el circuito que pueda responderle, quizá no lo haya en la historia.

Este domingo ante Sinner, dominador del ranking mundial, campeón de los dos últimos Grand Slam, rival para la próxima década, volvió a demostrar que manda si quiere hacerlo. Al final, 7-6(5) y 6-1 en una hora y 43 minutos de juego. Sobre cemento, entre cañonazos, aún puede sufrir, pero en tierra batida, donde siempre gana el mejor, no quedan dudas. En esta gira ha ganado en Montecarlo y Roma y ha llegado en la final en Barcelona y en la edición de Roland Garros que empieza el próximo domingo si no es campeón sería una sorpresa.

El momento decisivo

La final ante Sinner se decidió en apenas cuatro o cinco puntos, todos en el desenlace del primer set, fueron sólo unos minutos. Hasta entonces, ambos jugadores marcaron sus fortalezas, el español con la derecha y el italiano con el revés. No se hicieron daño. El esquema de juego de Alcaraz pasaba por alargar los intercambios para molestar con bolas altas y la táctica de Sinner, mejor con su servicio, buscaba todo lo contrario. Hasta el 6-5, cada uno hizo lo suyo, a veces genial ambos, a veces erráticos. Pero entonces, Sinner ameritó dos bolas de set con n 15-40 y decantó la balanza.

Andrew MedichiniAP

El peligro era mortal. En un encuentro a cinco sets, ceder el primero no es un drama; en un partido a tres sets, hacerlo es sentencia. Alcaraz tenía que hacer lo que hizo. Al contrario que en otras ocasiones, se abrazó a la serenidad, jugó y forzó a Sinner para que repitiera ciertos errores. Entonces sólo quedaba el tie-break, donde clavó dos saques directo a la línea y cerró el periodo con una volea magistral. En ese mismo instante, convirtió el segundo set un disfrute ante rival ya rendido. El título ya era suyo.

"No he tenido altibajos"

"Estoy muy orgulloso de cómo he enfocado el partido mentalmente. Tácticamente todo ha ido bien, pero sobre todo no he tenido altibajos, me he mantenido en mi mejor nivel durante todo el partido", admitió el español al acabar el encuentro, antes de felicitar a Sinner por haber llegado a la final después de su sanción y de aceptarse como favorito para la próxima cita en París: "Ganar aquí en Roma superando a Jannik es un éxito que me da mucha confianza para Roland Garros, aunque ahora lo único que quiero es celebrar con mis amigos, mi familia y con los amigos que han venido desde España. Después descansaré y ya me podré centrar en el Grand Slam".

Con su triunfo, Alcaraz sumó su séptimo Masters 1000, el primero en Roma, pero sobre todo agigantó una estadística de aquellas que asustan a sus adversarios. A sus 22 años, ha jugado 12 finales entre 'grandes' y Masters 1000 y sólo ha perdido una. En los días decisivos, bajo los focos, se vuelve de mármol, como ocurrió este domingo.

Alcaraz y Sinner en la final de Roma y una rivalidad más fría que nunca por el mensaje que no llegó: "Cada uno mira por lo suyo, no somos cercanos"

Alcaraz y Sinner en la final de Roma y una rivalidad más fría que nunca por el mensaje que no llegó: “Cada uno mira por lo suyo, no somos cercanos”

En un Informe Plus, Gianni Bugno admitía que cuando en 1991 no saltó a un ataque de Miguel Indurain en el descenso del Tourmalet no sólo perdió aquel Tour de Francia, el primero del español, también perdió los posteriores. A partir de entonces se sentía inferior, más lento, peor; se creía incapaz. La historia del deporte está llena de momentos así y quizá en un tiempo la final de este domingo del Masters 1000 de Roma entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner (17.00 horas, Movistar) sea uno de ellos.

El Big Three acostumbró al tenis a una alternancia perfecta entre campeones, ahora ganaba Federer, ahora Nadal y ahora Djokovic, hubo éxitos de unos y otros, pero las rivalidades no siempre se construyen así. De hecho, raramente lo hacen. La balanza tiende a decantarse. Por eso esta gira de tierra batida parece decisiva.

Sinner, más fuerte que antes

Aunque no lo parezca, Alcaraz está en peligro. Pese a su racha sobre arcilla en el último año natural, 26 victorias y sólo dos derrotas -las finales de los Juegos de París y del último Godó-, Sinner se presenta un paso por delante en cuanto ranking, tenis e incluso moral. Liberado del peso de su positivo por dopaje del año pasado, más sonriente que nunca estos días en el Foro Itálico, vive un periodo dulce tras encadenar US Open y Open de Australia y asegurarse el número uno hasta quién sabe cuándo. Domina el circuito y sólo hay un detalle que se le escapa: Alcaraz.

FABIO FRUSTACIEFE

El año pasado el español le derrotó en sus tres enfrentamientos, las semifinales de Indian Wells, las semifinales de Roland Garros y la final del Masters 1000 de Pekín, y este curso se ha armado para cambiar eso. Como se ha visto esta semana, el italiano ha trabajado la variabilidad de sus golpes, especialmente las alturas, y se le ve más musculado. Sigue siendo delgado, pero se nota el trabajo de fuerza que su preparador actual, Marco Panichi, le preparó para aprovechar su parón. «Llegué aquí con muchas dudas sobre lo que podría hacer porque en los entrenamientos tenía muchos altibajos y por eso es tan importante haber llegado a la final», reconoció ayer.

El mensaje que nunca llegó

El próximo Roland Garros se supone su momento y el duelo en Roma marcará el paso. Si Sinner gana, llegará a París con la confianza desbordada y la venganza entre los dedos. Porque al fin y al cabo, aún se siente maltratado por muchos en el tenis o, como mínimo, abandonado. «Recibí mensajes de jugadores que no esperaba y no recibí nada de otros de los que sí podía esperar algo», comentó antes de debutar en el Masters 1000 y rápidamente las miradas se dirigieron a Alcaraz.

Los actuales uno y dos del ranking ATP nunca fueron íntimos, pero desde aquel encuentro en el challenger de Alicante de 2019 se les consideraba amigos, tanto como para compartir entrenamientos en las Navidades de 2023. Mientras el italiano estuvo vetado, el español no le escribió y eso les ha distanciado. «Cada uno mira por lo suyo. Habrá gente que le escriba o que quiera que estén detrás de él. Yo no hablé con Sinner, porque al final somos rivales, es un circuito. Tenemos una gran relación fuera de pista, pero no somos cercanos», reconoció el español, ahora a la defensiva.

El golpe del español

Como campeón de la arcilla, pone su trono en juego desde ya, en esta final pre-Grand Slam. Una derrota acrecentaría las dudas sobre él que no responden a los resultados, si no a las malas sensaciones de ciertos partidos en Montecarlo o en Roma esta misma semana. Es injusto, pero su tenis de genialidades y emociones siempre estará en entredicho frente al estilo robótico de Sinner. Para Alcaraz, esta final es una amenaza, sí, pero al mismo tiempo también una oportunidad.

Andrew MedichiniAP

Si reina en el Campo Centrale ante más de 10.000 italianos en el regreso de Sinner, dará la vuelta a las inercias que empujan a ambos y llegará a París con medio título en el bolsillo, más teniendo en cuenta que nadie les discute, ni Alexander Zverev, ni un desaparecido Novak Djokovic ni por el grupo formado por Taylor Fritz, Jack Draper, Casper Ruud y compañía. En esta final del Masters 1000 de Roma están ellos dos solos bajando el Tourmalet y si uno no salta al ataque del otro, quizá en un tiempo dirán que fue aquí se decidió la historia.

Alcaraz descifra un partido feo ante Musetti y ya espera a Sinner en la final de Roma: "No era día para jugar brillante"

Alcaraz descifra un partido feo ante Musetti y ya espera a Sinner en la final de Roma: “No era día para jugar brillante”

Hay días y días, eso está claro. Hay días dulces, muchos días dulces, que no sólo acaban en celebración, también en alegría. Hay días negros, derrota y para casa. Y hay días raros, como este viernes para Carlos Alcaraz. En 2040 o más allá, cuando se retire, su palmarés dirá que se clasificó para su primera final del Masters 1000 de Roma y que lo hizo con purpurina; derrotó por 6-3 y 7-6(4) al local Lorenzo Musetti. Pero quien viera el encuentro, fuera por televisión o en el mismo Campo Centrale del Foro Itálico, no lo recordará de esa manera.

Fue una victoria fea, de las más feas que se le recuerdan, más en tierra batida. Se puede culpar al viento, se puede culpar a la pista y sobre todo se puede culpar a su rival, aunque tampoco importa ya mucho. Este domingo Alcaraz optará a su primer título en el torneo italiano, su séptimo Masters 1000, y podría hacerlo ante su rival generacional, Jannik Sinner, que aún debe medirse en la otra semifinal a Tommy Paul.

El análisis de lo ocurrido le será útil, seguro que sí, aunque quizá lo mejor es quedarse con el triunfo y olvidar. Si se desea un resumen, sirve un dato: entre los dos protagonistas acumularon 86 errores no forzados y sólo crearon 28 golpes ganadores. Hubo poco tenis y muchos nervios y si Alcaraz venció fue porque se mantuvo sereno. Su mérito estuvo ahí. Mientras Musetti se daba bofetadas en la cara, rompía una raqueta contra el suelo y clamaba al cielo, Alcaraz seguía impertérrito, como si nada. Si en cuartos de final ante Jack Draper se contuvo en la celebración de puntos preciosos esta vez tampoco tenía que machacarse.

El contagio de Alcaraz

Hizo lo que tenía que hacer y ya está. Ante él, Musetti se presentaba amenaza con el recuerdo de la final del Masters 1000 de Montecarlo, pero desde el primer punto todo se torció. Atenazado por el apoyo de su público, el italiano completó un primer set terrible, un error detrás de otro. Puede analizarse la altura de los golpes de Alcaraz o los problemas de Musetti con su revés a una mano, pero realmente su actuación nada tuvo que ver con el juego. Psicológicamente estaba perdido. Hasta que no se superó la primera hora de juego, Musetti falló casi todo y Alcaraz acabó contagiándose de ello.

Pese a la confusión de su adversario, en el primer set el español concedió un 'break' y en el segundo set empezó cediendo dos consecutivos. Fue aquello que le complicó el triunfo. Para alcanzar el tie-break definitivo, Alcaraz tuvo que batallar. La fórmula estaba clara: tranquilidad y orden en su juego. «¡Maneja el momento!», le reclamaba su entrenador, Juan Carlos Ferrero. Pero no siempre salía. Al final, pese a la mejora de Musetti, el español descifró lo que ocurrió sobre la pista y alcanzó la final en Roma.

"Ha sido un día difícil. Las condiciones, el viento... algo complicado. No era hoy día para jugar tenis brillante, sino para jugar tenis inteligente, un tenis sólido. Ir a por el punto cuando se podía. Lo hice bien, creo. Estuve fuerte mentalmente cuando las cosas no fueron tan bien", reconoció el propio Alcaraz, que ya divisa otro duelo ante Sinner. El año pasado le venció en sus tres enfrenamientos pese a la innegable coronación del italiano como dominador del circuito; esta vez, si finalmente se vuelven a encontrar, discutirán de nuevo quién es mejor.

Alcaraz resiste contra el viento y ya está en semifinales del Masters 1000 de Roma

Alcaraz resiste contra el viento y ya está en semifinales del Masters 1000 de Roma

Quedan peligros, pero el Masters 1000 de Roma empieza a preparar una final entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner el próximo domingo, la primera entre ambos sobre tierra batida desde que eran unos críos. Si el italiano -que este jueves se enfrentará en cuartos de final a Casper Ruud- ha regresado de su sanción en excelente estado de forma, el español está también preparado. Este miércoles se aseguró su pase a semifinales al vencer a Jack Draper por 6-4 y 6-4 en una hora y 37 minutos en un encuentro incómodo por varios motivos.

En primer lugar por el viento de tormenta que azotó el Campo Centrale del Foro Itálico desde el calentamiento. Y en segundo por la estrategia de su adversario, siempre molesta, monótona e incluso aburrida.

Pese a su juventud, Alcaraz conoce las amenazas que el circuito le guarda; adversarios que le pueden acabar de estropear un mal día. Todos tienen el mismo perfil y Jack Draper es paradigma. Un saque de los que conceden pocas oportunidades, golpes potentes desde el fondo de la pista y, en este caso un cambio de mano, pues es zurdo. En los enfrentamientos anteriores, como en las semifinales del último Masters 1000 de Indian Wells, el británico ya le había amargado obligándole a jugar siempre de revés, todo el rato de revés, y por eso Alcaraz salió a la pista con toda la seriedad del mundo.

FILIPPO MONTEFORTEAFP

"¡Va, anímate!", le pedía su entrenador, Juan Carlos Ferrero, en el primer set, pero en realidad no estaba apagado: estaba concentrado.

La pelea en el segundo set

Necesitaba estudiar las condiciones, el viento y la imposibilidad de dominar con su derecha. El margen era estrecho, dibujaba un plan. Con los primeros errores -incluida una doble falta- concedió un break y se descubrió por debajo en el marcador (2-4), pero a partir de ahí todo cambió. En cuanto Draper empezó a fallar sus primeros servicios, Alcaraz entró en la pista y la hizo suya. A base de piernas desmontó el tenis de su rival y luego pudo gustarse, bailando sobre el vendaval, aprovechando el aire para sus dejadas.

Con tres roturas consecutivas del servicio del británico, no sólo giró el primer set (6-4), también arrancó el segundo set con ventaja. Pero entonces le tocó tirar de oficio. El orgullo de Draper le devolvió el break y a partir de entonces padecía en cada servicio. Un dato: en ese periodo, el británico realizó 22 saques y el español, 51. Hubo que resistir, resistir y resistir -incluso salvar tres bolas de rotura- hasta que con 4-4 se abalanzó sobre Draper y se hizo con el triunfo.

Alcaraz cede un set en Roma ante Khachanov en su camino hasta cuartos

Alcaraz cede un set en Roma ante Khachanov en su camino hasta cuartos

Actualizado Martes, 13 mayo 2025 - 13:54

Carlos Alcaraz, número 3 del mundo, doblegó este martes la potencia del ruso Karen Khachanov, al que apartó en los octavos de final del Masters 1.000 de Roma en tres sets (6-3, 3-6 y 7-5) para citarse en los cuartos de final con el británico Jack Draper, reciente finalista en Madrid.

Fue la quinta vez que Alcaraz se cruzó con Khachanov en su carrera, la primera en tierra batida italiana. La única en la que encajó un set. Un pleno ante un jugador contra el que, pese a su potente derecha, le gusta jugar: "Será un partido complicado, pero me gusta jugar contra Khachanov porque es un jugador que te da mucho ritmo", dijo tras su victoria en la anterior ronda.

Fue un partido duro. Acabó algo mermado físicamente tras dos horas y media de duelo. Pero resistió en el momento clave y asestó el golpe decisivo justo a tiempo.

En los dieciseisavos, al murciano le costó coger ritmo, algo condicionado por la humedad de la noche romana, que impidió que la potencia de sus golpes tuvieran el efecto e impacto deseado en pista. Ante Khachanov, en estos octavos, saltó a pista en el primer turno, con sol y calor. Y, aunque tampoco fue un inicio fácil, estuvo ligeramente más cómodo.

Le costó, eso sí, volver a entrar en el partido. De hecho, cedió su saque en el primer juego. Y le tocó remar cuando el marcador se puso 1-3 en su contra. Fue ese su peor momento. Algunas dudas, algunas miradas al banquillo e incluso alguna curiosa de reojo al marcador digital de la pista central del Foro Itálico cuando Khachanov sacó a pasear su martillo.

Se quedó solo en eso, en unas dudas que disipó sin problema. Con tesón, con concentración, con buenos movimientos que confirman su mejoría física pese a que porte esa manga negra en su pierna derecha, que llevará todo el torneo, consiguió darle la vuelta por todo lo alto. Cinco juegos seguidos, dos 'breaks' y sentencia del primer envite en la primera oportunidad que tuvo, tras 40 minutos de choque.

La igualdad reinó también en la segunda manga. Khachanov sobrepasó los 200 kilómetros por hora en sus saques, pero Alcaraz restó con solidez, con inteligencia, moviendo el máximo posible a un jugador tan alto como el ruso, de casi 2 metros. Intentó que las respuestas no le llegaran a la altura de la cintura, donde más peligroso era su víctima.

Hasta que, tras cuatro juegos, el murciano encontró el 'break' en un juego en el que llegó a ir 40-15 abajo. Hizo cuatro puntos seguidos, a cada cual mejor, celebró con el puño la rotura hacia su banquillo y oteó los cuartos de final. Se sintió liberado. Se lució con una de sus habituales dejadas. La dejó muerta, imposible para Khachanov. Y con un revés paralelo levantó a la grada.

Desconexión

Pareció que lo tenía en su mano. Pero, de repente, se desconectó. Perdió el control del partido de un momento a otro. Khachanov hizo 4 juegos seguidos. Renació el ruso, ganador de su primer set contra Alcaraz, obligado entonces a la reacción tras encajar su primera manga en todo el torneo.

Ganó su primer saque, rozó el 'break' en el de Khachanov y sobrevivió en el suyo con dos bolas salvadas. Con 2-1 a su favor, se generó 3 bolas para romper, pero Khchanov no se amedrentó y consiguió empatar a 40. Ahí, Carlos, en lugar de echarse atrás, fue donde demostró personalidad. Aguantó el chaparrón, gestionó bien sus derechas y acabó ganando el juego para el 3-1, 'break' que confirmó poco después con su servicio.

Tres juegos de ventaja que no le sirvieron para estar tranquilo. Porque Khachanov no se rindió. Volvió a la carga e igualó de nuevo el caótico partido, tenso hasta el final. A Alcaraz le fallaron un poco las fuerzas en los últimos juegos. Pero se las apañó para romper en el momento decisivo. Un buen mate. Una derecha cruzada al ángulo. Una dejada y un globo en el mismo punto. Y el intercambio final que acabó con el revés de Khachanov en la red.

Lo celebró liberado Alcaraz, que en los cuartos de final se enfrentará al británico Jack Draper, número 5 y reciente finalista en Madrid que ganó en su duelo al francés Cornetin Moutet, número 83 del mundo.

Munar se reencuentra en Roma e iguala su mejor resultado en un Masters 1000: "Venía con muy bajas expectativas"

Munar se reencuentra en Roma e iguala su mejor resultado en un Masters 1000: “Venía con muy bajas expectativas”

Un regreso a la cancha del Grand Stand Arena, segunda en jerarquía del Foro Itálico, para concederse el lícito salto de entusiasmo al lado de la red frente a la grada tras su victoria. Jugador sobrio en fondo y forma, Jaume Munar ya ha dejado atrás a dos cabezas de serie en el Masters 1000 de Roma, en ambos casos de manera concluyente. Después de pasarlo mal ante el chileno Tomás Barrios Vera, procedente de la fase previa, liquidó a Ben Shelton, duodécimo cabeza de serie y reciente finalista en Munich. Este lunes terminó con otro estadounidense, Sebastian Korda, vigésimosegundo, por 6-4 y 6-2.

El mallorquín, de 28 años, venía de disputar un challenger en Aix en Provence con el fin de mejorar su ránking, ahora 66º, y afinarse tras los malos resultados de esta temporada en arcilla. «Venía con expectativas muy bajas a Roma y eso creo que es uno de los motivos por los que he empezado a jugar bien. [...]. No me he encontrado bien en tierra y me estaba costando mucho. Después de Madrid me fui a casa dos días, recapacité un poco, refresqué la mente y volví a empezar de cero», comentó en la conferencia de prensa posterior al partido ante Korda.

Pese a tratarse de su superficie natural, con la final de Marbella, en 2021, como el mejor resultado de su carrera, no daba con la tecla este curso sobre sobre arcilla. Cayó de entrada ante Roberto Bautista en la Caja Mágica, tras ceder contra Karen Khachanov en octavos del Conde de Godó, irse de primeras frente a Altmaier en Montecarlo, donde sí precisó pasar por la previa, y ante Majchrzak en Marrakech.

Nunca se había plantado en octavos de Roma, registro con el que iguala su techo en un torneo de este rango, alcanzado en Madrid en 2023. Semifinalista esta temporada en Hong Kong y Dallas y capaz de sorprender a Daniil Medvedev en Miami, ha regresado ocho años después de su debut al equipo español de Copa Davis, donde saldó con éxito ante la pareja suiza su asociación en dobles junto a Pedro Martínez.

La Academia de Nadal

Nacido en Santanyí, al sureste de Mallorca, hace 28 años, creció en la Academia de Rafael Nadal, sin dejarse atropellar por las comparaciones. Fue finalista júnior en Roland Garros en 2014, pero, como ha ocurrido en innumerables casos, acomodarse en el circuito no le resultó sencillo.

Hijo de María Antonia, maestra de primaria, y Blai, trabajador por cuenta propia, Munar tiene plaza regularmente en los cuadros principales de los torneos y es un buen competidor. Suple con trabajados fundamentos técnicos la falta de un físico acorde con el de los tiempos que corren. Desde su 1,83, esgrime criterio y concede poco, como sucedió ante Korda: sólo nueve errores no forzados frente a los 35 de su oponente.

Decidido a incorporar un plus de agresividad a su tenis, busca estrenarse en el top 50, tras situarse 52º en mayo de 2019. Le espera este martes Casper Ruud, quien consiguió la pasada semana en Madrid el título más importante de su carrera. Tiene un 4-1 adverso con el noruego, a quien sólo consiguió derrotar en octavos de Tokio, tres cursos atrás, en pista dura.

Carlos Alcaraz buscará también este martes (11.00 h., Movistar) una plaza en cuartos, ante el Khachanov, a quien ha superado en sus cuatro cruces.

Si no se puede divertir, sólo le queda ganar: Alcaraz ya está en octavos del Masters 1000 de Roma

Si no se puede divertir, sólo le queda ganar: Alcaraz ya está en octavos del Masters 1000 de Roma

Era la pista, que estaba demasiado húmeda, maldita noche de primavera. Era la noche, como aquella canción, y la falta de costumbre de jugar a esas horas. Era la raqueta, o las cuerdas de la raqueta, ni su equipo adivinaba el problema. Era un poco todo y era un poco nada. Carlos Alcaraz sufrió este domingo uno de esos partidos raros en la tercera ronda del Masters 1000 de Roma y, pese a ello, venció por 7-6(2) y 6-2 a Laslo Djere y se clasificó para la ronda siguiente, donde se enfrentará a Karen Kachanov.

Es la condena de su talento. De vez en cuando, el español salta a una pista de tenis, se descubre incómodo y cae en una suerte de desesperanza difícil de entender. No es tanto que pierda, o que haya riesgo de derrota, es que no se divierte y si no se divierte nada tiene sentido. Desaparece esa alegría tan suya y se vuelve gruñón o distraído o todo junto. Pese a ello, lo habitual es que gane, como ocurrió este domingo.

FABIO FRUSTACIEFE

Ante Djere tenía todas las de ganar, de hecho, y sólo tuvo que cumplir. El serbio es el modelo de rival que más le gusta, un notable pegador desde el fondo de la pista; en otras circunstancias hubiera ofrecido espectáculo. Pero esta vez no era la suya y sólo le quedó el triunfo. Acostumbrado a jugar de mediodía, bajo el sol, le costó adaptarse al cambio y tuvo que ponerse a trabajar.

Muchos errores, mucho trabajo

Los cuatro golpes ganadores que acumuló en los primeros puntos fueron un espejismo. Hasta el tie-break del primer set, sumó errores de todos los colores, especialmente con la derecha, aunque también hubo problemas con el revés paralelo e incluso con las dejadas. En el primer set sumó 18 fallos por sólo nueve ‘winners’. Muchas prisas, mucha precipitación. Con 6-5 en el marcador y saque para Djere, si Alcaraz salió ileso fue porque supo serenarse, poner a pelear con largos intercambios y porque en la muerte súbita recuperó la magia, su magia. En los ‘highlights’ aparecerá un ‘passing shot’ suyo cuando ya estaba vencido y sólo podía defenderse. A Djere le temblaron las piernas y, de paso, su potente saque. Ahí se terminó el partido.

Con el serbio doliéndose de ciertas molestias en el brazo derecho, el segundo set fue completamente distinto. Alcaraz, con la comodidad de su ventaja, optó por minimizar el riesgos, y dejar que su adversario fuera quien tuviera que jugársela. Le funcionó. Sin nuevos sustos, cerró su victoria de la manera más rápida posible. Fue uno de esos partidos raros, no se divirtió, pero ya está en octavos del Masters 1000 de Roma.