El oído de Iris Tió, la líder de la nueva sincronizada española: "Mi abuela hace música electrónica"

El oído de Iris Tió, la líder de la nueva sincronizada española: “Mi abuela hace música electrónica”

Su padre Enric es clarinetista, su madre Laia es violinista y ambos se conocieron en la Guildhall School of Music and Drama, un conservatorio en Londres. De ahí saca Iris Tió su sensibilidad musical, la capacidad para nadar sobre las notas, su oído. Su abuelo era pintor y su abuela todavía es compositora de música electrónica, experta en sintetizadores. De ahí saca Iris Tió su... Espera, ¿Cómo? «Sí, mi abuela está todo el día con los sintetizadores. Era pianista, pero ya está jubilada y ahora sólo compone lo que le apetece, como sonidos que luego se utilizan en música electrónica», explica Tió y así se entiende todo. De ahí saca su flow en el agua, su ritmo inatrapable, su pum, pum, pum, pam.

Iris Tió, la actual líder de la natación sincronizada española, lleva la música en la sangre, pero sobre todo lleva el meneo. De pequeña le apuntaron a clarinete, a violín y a piano y no funcionó; ella quería danzar. «Mis padres me ponían música clásica en casa, discos de Mozart, y yo me ponía a bailar. En las clases del conservatorio me aburría porque tenía que estar quieta», reconoce Tió.

David Ramirez / Araba PressAraba

Dos semanas atrás tanto el dúo que forma con Alisa Ozhogina como el equipo que comanda se clasificaron para los Juegos de París con una actuación brillante en el Mundial. Tan brillante que el resultado se quedó corto: en ambas categorías fueron cuartas. Querían más, pero los jueces no. Ya llegará la cita olímpica. «Nos queda media temporada y estamos haciendo cambios en las coreografías. Ahora sabemos que estamos cerca y que subir al podio en París es una posibilidad», explica la nadadora de 21 años en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat donde a su alrededor se ha reconstruido la sincro española.

La nueva sincronizada

Después de la exitosa y polémica etapa dirigida por Anna Tarrés, llegó la nada y ahora, un proyecto joven de la mano de la actual seleccionadora, Mayuko Fujiki. «En la sincronizada no es fácil llegar a las medallas. Debes trabajar año a año e ir subiendo poco a poco. Ahora hemos conseguido tener un dúo y un equipo consolidado. Mayu nos ha ayudado mucho», comenta la nadadora.

Hay cosas que han cambiado en la sincronizada. Por ejemplo, ahora Fujiki insiste en que descansen, en que no todo es entrenar.
Yo no estaba en épocas anteriores, pero ahora se intenta respetar el descanso, hacer entrenamientos fuera del agua para no saturar, controlar que todas estemos bien. Pero, bueno, entrenamos mucho, eh, echamos muchas horas.
También ahora se ven otro tipo de cuerpos, más musculados.
Sí, sí. Con el nuevo reglamento se da valor a las acrobacias y los equipos hacemos más trabajo de gimnasio. Incluso se premia la definición muscular. A los jueces les gusta más ver piernas musculadas.

Tió recuerda el momento en el que se enamoró de la sincronizada. Tenía seis años y, en la televisión, una española trenzaba movimientos con el agua. Era Gemma Mengual en el Mundial de Roma 2009 y aquello se le quedó grabado. Pronto ambas compartirían piscina en el Club Natació Kallipolis, epicentro del deporte en España.

David RamirezAraba

«Ya hacía música como extraescolar, pero insistí con la sincronizada y me apuntaron», recuerda Tió que en 2013, con sólo 10 años, se estrenó en un Mundial. En la inauguración del evento en el Palau Sant Jordi se representó el Mediterráneo y ella hizo de plancton. Ahora su papel es otro, pero sigue bailando en el agua.

Rafa Nadal renuncia al torneo de Indian Wells: "No me siento preparado para jugar al máximo nivel"

Rafa Nadal renuncia al torneo de Indian Wells: “No me siento preparado para jugar al máximo nivel”

En la retransmisión del Netflix Slam, David Ferrer lanzó un primer aviso: Rafa Nadal llevaba unos días con una contractura en la espalda que no le permitía entrenar su servicio. En las redes sociales los aficionados de Indian Wells mostraron un segundo aviso: en sus primeras sesiones en California, el español apenas podía sacar, lo hacía muy levemente. Y al final llegó la mala noticia: en la madrugada de este jueves, sólo 24 horas antes de su debut, Nadal se retiró del Masters 1000 de Indian Wells.

Pese a ser pista dura, por las características del lugar y por el cemento, era el torneo ideal -allí ganó tres veces- para regresar antes de la gira de tierra batida, pero no pudo ser.

"Es con mucha tristeza que tengo que retirarme de este fantástico torneo. Todos saben cuánto me gusta este sitio y cuánto me gusta competir aquí en Indian Wells", informó Nadal en una nota publicada por el torneo. "He estado trabajando duro y entrenando y todos sabéis que he hecho una prueba este fin de semana, pero no me encuentro listo para jugar al máximo nivel en un evento tan importante", agregó.

Nadal había aterrizado en Estados Unidos con toda su familia casi dos semanas antes de su estreno en Indian Wells y sólo había dejado de entrenar para trasladarse a Las Vegas y disputar el Netflix Slam contra Carlos Alcaraz. Allí no mencionó ningún problema físico y, de hecho, gracias a la escasa intensidad del duelo, éste no quedó en evidencia, aunque ya le dolía. Este miércoles, antes del anuncio, sólo permitió un indicio por su parte: no se presentó a la rueda de prensa previa pese a estar confirmado.

En primera ronda del Masters 1000 yankee le esperaba Milos Raonic, otro veterano castigado por su propio cuerpo, un rival propicio, aunque en segunda ronda aguardaba un duro adversario, Holger Rune, compañero generacional de Sinner y Alcaraz, número siete del mundo.

"No es una decisión fácil, es dura, pero no puedo mentirme a mí mismo ni mentir a los miles de aficionados", escribió Nadal. "Todo el mundo sabe cuánto me gusta este lugar y cuánto me gusta jugar aquí. Esa es también una de las razones por las que vine muy temprano al desierto para entrenar e intentar prepararme".

Con su baja de Indian Wells, Nadal, que ya no estaba inscrito en el Masters 1000 de Miami, deja un calendario entre interrogantes. Ya había confirmado su presencia en el Masters 1000 de Montecarlo y en el Trofeo Conde de Godó de Barcelona -donde también estarán Alcaraz, Zverev y Tsitsipas- y quedaba por ver si se inscribiría al Mutua Madrid Open y al Masters 1000 de Roma. Si lo hiciera, disputaría cuatro torneos en menos de un mes, una exigencia física exagerada hoy por hoy. Irá semana a semana. El objetivo sigue siendo llegar a Roland Garros en el mejor estado posible.

El fantasma que amenaza el regreso de Nadal: "Una cosa es mi tenis y otra..."

El fantasma que amenaza el regreso de Nadal: “Una cosa es mi tenis y otra…”

En el casino Mandalay Bay de Las Vegas era el actor de un espectáculo, representaba un papel, un intérprete más de Netflix, pero el fuego le quemaba por dentro: en el primer set del partido de exhibición entre ambos, Carlos Alcaraz conectó una derecha y él, Rafa Nadal, no pudo más que correr a por ella, devolverla como tantísimas otras veces y completar un passing digno de otro escenario, la Philippe Chatrier, de la final de Roland Garros. «Una cosa es mi nivel de tenis y otra, el fantasma de las lesiones. Estoy con altos y bajos», aceptó Nadal durante el mismo Netflix Slam y antes del reto que afronta ahora: ¿Cómo ser Nadal con cuidado?

La intensidad del tenista más intenso de la historia no encaja con la precaución que necesita en el Masters 1000 de Indian Wells que empieza este jueves, pero no le queda otra. «Lo prioritario es intentar salir ileso. Lo que me tenga que dejar, me lo dejaré en la tierra batida», comentaba Nadal, y sobre ese equilibrio deberá mantenerse. Por un lado, ser Nadal, por el otro, vigilar no hacerse daño.

Deberá adaptar su juego y, lo que es más difícil, su mentalidad. Sobre su tenis, tal y como analiza su equipo, lo primordial es acortar los intercambios, ser más agresivo que nunca. En el ATP 250 de Brisbane de enero, el único torneo que ha jugado en los últimos 12 meses, cumplió con el plan ante Dominic Thiem y Jason Kubler, pero regresaron los dolores en cuanto un rival, Jordan Thompson, alargó los peloteos. La estrategia se ha complicado en los últimos días porque no ha podido entrenar su servicio por culpa de una contractura, pero tenis le sobra. Lo más complicado seguirá siendo conformarse.

"Se lo intentamos meter en la cabeza"

«Espero tener la capacidad de no exigirme lo que me he exigido durante toda mi carrera», escribía en su Instagram semanas atrás y su entrenador, Carlos Moyà, subrayaba el desafío. «Por mucho que se lo intentamos meter en la cabeza, él cuando entra a pista es un animal competitivo. Gran parte de mi trabajo y del equipo es pararle», confesaba el técnico con una cifra en mente: 10 partidos. Antes de ganar e incluso disfrutar, 10 partidos. Después de sus lesiones anteriores Nadal siempre triunfó de inmediato, pero esta vez require rodaje, ritmo, preliminares.

De hecho, el objetivo ahora no es ganar Indian Wells ni mucho menos. Sólo es jugar los máximos partidos posibles. Su rival en primera ronda la madrugada del jueves al viernes (3.00 horas, Eurosport), el canadiense Milos Raonic, otro tenista veterano lastrado por su cuerpo, se espera propicio y después habrá que ver. Si vence Nadal se encontrará en segunda ronda a Holger Rune, compañero de generación de Alcaraz y Jannik Sinner a sus 20 años, actual siete del mundo.

Imaginarle después ante Daniil Medvedev en cuartos de final, Novak Djokovic en semifinales o Alcaraz o Sinner en la final es demasiado. El único objetivo es seguir probándose y mantenerse de una pieza para afrontar la gira de arcilla. Todavía quedan dos meses y medio para el inicio de Roland Garros -el 20 de mayo-, pero otro parón ahora sería desastroso.

La gira de tierra batida

Después de Indian Wells, Nadal no estará en el Masters 1000 de Miami, pero su calendario será apretado. Ya ha confirmado su presencia en el Masters 1000 de Montecarlo y en el Trofeo Conde de Godó de Barcelona -donde también estarán Alcaraz, Zverev y Tsitsipas- y queda por ver si se inscribirá al Mutua Madrid Open y al Masters 1000 de Roma. Si lo hace, disputaría cuatro torneos en menos de un mes y muy posiblemente alcanzaría esos 10 partidos previos necesarios antes de empezar Roland Garros. Allí sí, en París será el momento de darlo todo.

«Está claro que Roland Garros siempre ha sido su torneo fetiche, un torneo que le hace muchísima ilusión», afirmaba su entrenador, Moyà, sobre el objetivo clave. A los 37 años, un decimoquinto título en París le podría llevar a apuntarse a los Juegos Olímpicos -que se disputarán en las mismas pistas- y a replantearse la retirada. Pero para llegar a ello antes tiene que afrontar el reto: ¿Cómo ser Nadal con cuidado?

La intrahistoria del bronce de Ana Peleteiro: "No soy la misma, soy otra persona"

La intrahistoria del bronce de Ana Peleteiro: “No soy la misma, soy otra persona”

"No soy la misma, soy otra persona", proclamaba Ana Peleteiro con otra medalla al cuello, un bronce en el Mundial indoor de Glasgow; en sus 28 años ya hay toda una vida. Una madurez que corrió peligro dos veces, aunque ella nunca lo consideró así. La primera, hace mucho, cuando fue adolescente prodigio y pudo perderse en la fiesta de Madrid. La segunda, hace nada, cuando ya era medallista olímpica y se quedó embarazada. Hace un año y tres meses nació su hija, Lúa, y muchos, incluso sus propias adversarias, consideraron que ya no volvería entre las mejores.

En otras disciplinas del atletismo -por no hablar de otros deportes- hubo madres campeonas, pero su especialidad, el triple salto, exige tanta elasticidad, tanta levedad, tanto rebote que el desafío era complicado. Peleteiro lo sabía. Y, como en la adolescencia cuando supo alejarse de las distracciones, volvió a salir victoriosa.

"Me retiraron hace 14 meses, pero la Peleteiro está de vuelta. Nada se regala en la vida y este es el resultado de mucho esfuerzo. Hay atletas madres que han sido ejemplos para mí porque recién parida, con la cesárea, yo también lo veía negro. Cogí fuerzas y me dije que yo también podía hacerlo", comentaba la española que vivió su éxito a flor de piel con Lúa y su marido, el también saltador Benjamin Campaoré, animándola desde las gradas del Emirates Arena.

De hecho por él Peleteiro apareció en la pista escocesa con un dorsal distinto al habitual, su apellido ya no estaba sólo: esta vez se podía leer Peleteiro-Campaoré. "Somos una familia. Mi madre está desbancada, pero esto es un gesto de amor a mi familia política porque mis suegros son un pilar fundamental en mi vida, ellos nos ayudan a conciliar", explicaba Peleteiro.


Mucho nivel

Con el bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 como metal más brillante, este domingo la española consiguió su sexta medalla internacional -ya fue bronce en el Mundial indoor de 2018, por ejemplo- y para ello necesitó la segunda mejor actuación de su vida. En Glasgow, de entrada brincó hasta los 14,67 metros y luego incluso se fue más allá, los 14,75 metros, pero el oro y la plata estuvieron lejos. Pese a la ausencia de su amiga, la venezolana Yulimar Rojas, dominadora de la disciplina en la última década, la dominiquesa Thea Lafond superó los 15 metros -15,01 metros- y la cubana Leyanis Pérez Hernández se quedó cerca (14,90).

Por esa competencia para mantenerse en el podio en los Juegos Olímpicos de París de este verano, Peleteiro necesitará un poco más, estirar de sus propios récords, pero ha demostrado que ya está preparada. "Hay que hacer un pasito más, no estoy aún ahí. Iván [Pedroso, su entrenador] me dice que sí pero me falta un poco de trabajo", confesaba la saltadora elevada a líder absoluta del atletismo español.

El bronce de Diame

Su éxito fue un resorte para una selección en depresión después de lo vivido en el Mundial e incluso en los días previos. En diferentes grados y formas, la sanción a Mo Katir, la lesión de María Vicente y la descalificación de Asier Martínez hundieron los ánimos y desde Peleteiro todo fue distinto. Horas después de su logro, su compañera de entrenamientos, Fátima Diame se colgó otro bronce, éste en la final de longitud. Íntima amiga suya, tanto que comparten habitación en los campeonatos, la progresión de Diamé era hasta ahora muy distinta a la de Peleteiro. De 27 años, la saltadora se había mantenido en una segunda línea internacional hasta que la temporada pasada decidió ponerse a las órdenes de Iván Pedroso. Ahí cambió su trayectoria.

De quedarse siempre en las rondas previas a ser finalista -sexta- en el último Mundial de Budapest y de ahí al podio este domingo en el Mundial indoor. Talentosa siempre, le faltaba confianza y control y ya los tiene. Fallaron luego Mariano García en los 800 metros y Mario García Romo y Adel Mechaal en los 1.500 metros, pero Peleteiro ya había asegurado una celebración.

Ana Peleteiro celebra su regreso con un bronce en el Mundial indoor

Ana Peleteiro celebra su regreso con un bronce en el Mundial indoor

La primera medalla para Lúa, la primera de muchas. Un año después de ser madre, Ana Peleteiro certificó su regreso a la élite con un bronce en el triple salto del Mundial indoor de Glasgow. Fue como siempre, todo carácter, aunque esta vez de otra manera. La emoción le nacía de las entrañas, le enfriaba los nervios y al mismo tiempo le inflamaba las piernas. Desde los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 no saltaba tanto.

En su segundo intento, brincó hasta los 14,67 metros y ya no hubo manera de bajarla del podio. Su reacción fue resumen: en lugar de entusiasmarse, se quedó más seria que nunca mirando a su entrenador, Iván Pedroso. Era una reafirmación de ella misma: si alguien dudó de su vuelta, estaba errado. Era una reivindicación del muchísimo trabajo realizado para volver a estar ahí. En los próximos Juegos Olímpicos de París 2024 volverá a aspirar a todo.

La cita era una oportunidad para Peleteiro y ella lo sabía. Por primera vez en la última década, su amiga Yulimar Rojas, dominadora absoluta de la especialidad, no estaba presente y para más inri la cubana Liadagmis Povea se retiró antes de empezar. El oro no estaba sentenciado, todo era posible, había tres medallas al alcance. Para su desgracia duraron poco.

En el primer salto la dominiquesa Thea Lafond superó los 15 metros (15,01 metros) y en el cuarto intento la también cubana Leyanis PérezHernández se quedó cerca (14,90). Si quería superar el tercer puesto, Peleteiro tenía que completar la actuación de su vida, batir su propio récord de España y, aunque lo intentó -en su quinto salto llegó hasta los 14,75 metros-, su metal era el bronce.

Moha Mottaghinia y la 'nacionalización express' que tardó seis años: "No podía salir de España"

Moha Mottaghinia y la ‘nacionalización express’ que tardó seis años: “No podía salir de España”

Moha Mottaghinia no encaja en el estereotipo del nacionalizado. De Mashhad, una ciudad al noreste de Irán, tenía una «buena calidad de vida», hijo de un banquero, y acumulaba fama en el deporte más importante del país, la lucha. A los 19 años, en 2017 fue campeón de Asia y tercero del mundo junior y su camino estaba claro: en los Juegos de Tokio 2020 subiría al podio. Pero discutió con su Federación, varios países le ofrecieron pasaporte, empleo y sueldo y escogió España. Fue entonces, a principios de 2018, al llegar a Torredelcampo, cerca de Jaén, cuando la vida se le complicó. Y no se solucionó hasta el pasado miércoles, cuando recibió la nacionalización del Consejo de Ministros. Entre medias, seis años en el limbo sin poder salir de España y sin competir. En el CAR de Madrid, donde se prepara para los Juegos de París 2024 relata lo vivido a EL MUNDO.

¿Habías visitado España antes de la oferta de nacionalización?
No, cuando llegué no sabía casi nada del país. Fui directo a Jaén porque allí tenía trabajo. Me costó porque me hablaban un español muy cerrado, pero me adapté. Fue bien que no hubiera ni un iraní, hice muchos amigos. Ahora tengo mucho cariño a Jaén, me siento andaluz.
Fue tan buena su adaptación que el Ayuntamiento de Torredelcampo le pidió ayuda y, ahí, el problema.
Yo estaba tranquilo trabajando en el club y esperando la nacionalización, que tenía que tardar unos meses. Vinieron del Ayuntamiento para pedirme que les ayudara con unas clases para jóvenes y acepté encantado. Pero entre el Ayuntamiento y el club modificaron mi contrato y por culpa de ese cambio me multaron y me quitaron el permiso de residencia. No fue mi culpa, pero a partir de entonces no pude salir del país.
Y así hasta el año pasado, cuando recuperó el permiso de residencia.
Pude volver a Irán y ver a mi familia casi cinco años después, pero no aún podía competir. Y para mí es casi más importante. En Irán yo vivía bien, no tenía problemas económicos, y vine a España para crecer como luchador. Fue duro no ver a mi familia, pero más no poder luchar.

Hasta hace 10 días. En el pasado Europeo, Mottaghinia volvió a la competición tras seis años de parón, ya como español, y fue el mejor de la selección. En categoría de más de 74 kilos alcanzó los cuartos de final y rozó el bronce ante el azerí Turan Bayramov, nacido a escasos kilómetros de la frontera con Irán. En los próximos días Mottaghinia acudirá a la jura de bandera y en abril y mayo tendrá dos Preolímpicos para conseguir su billete a París. Si lo logra será la opción más clara de medalla de España en la lucha.

Mottaghinia, en el último Europeo

Mottaghinia, en el último EuropeoRobert GhementEFE

¿Cómo se mantuvo en forma tantos años sin competir?
La lucha es un deporte en el que si paras una semana lo notas muchísimo. Sabía que si me hundía y dejaba de entrenar dos meses quizá no podría volver a competir con los mejores, tendría que volver a mi país y todo el viaje no hubiera servido para nada. Por eso nunca dejé de entrenar, ni un solo día. En el Europeo noté que me faltaba ritmo de competición, sobre todo rapidez para cambiar la táctica, pero que puedo estar en los Juegos de París.
¿Durante este tiempo qué le decía su familia desde Irán?
Mis padres no querían que me marchara a otro país, pero es mi vida y yo puedo elegir lo mejor para mí. Al final lo aceptaron y me apoyaron en este tiempo. Mi padre, que fue luchador aficionado, lo entendía más. Yo hice gimnasia desde los cuatro años y él fue quien me animó a pasarme a la lucha cuando tenía 12.
Ahora, ya instalado en Madrid, habrá conocido a más compatriotas iraníes.
Sí, pero tengo tantos amigos españoles que ya no me hace falta. Sé que en Madrid hay algún restaurante iraní, pero no he ido. Estoy muy contento en el CAR, trabajo muy bien con el equipo nacional y tanto el presidente como el seleccionador siempre me han ayudado mucho.
Dramática lesión de María Vicente en el Mundial indoor de atletismo: "¡Por favor, no; por favor, no...!"

Dramática lesión de María Vicente en el Mundial indoor de atletismo: “¡Por favor, no; por favor, no…!”

María Vicente es todo lo que el atletismo español siempre soñó. Un talento único entre 48 millones, una campeona olímpica en potencia. Cuando era adolescente fue campeona del mundo juvenil de heptatlón y batía uno, dos o tres récords de España cada mes, en categoría cadete, juvenil o promesa, en 60 metros vallas, salto de altura o salto de longitud. Ahora a sus 22 años llegaba lo mejor. En el Mundial indoor de Glasgow que empezó este viernes iba a ser campeona absoluta por primera vez: no había dudas.

Lo proclamaba el ranking, que la situaba como la mejor del planeta; lo confirmaba la lista de inscritas, con la ausencia de referentes como Nafissatou Thiam y Katarina Johnson Thompson; pero sobre todo lo anunciaba su mirada. Decidida, confiado, madura... hasta sus rivales le daban por favorita pese a su juventud. Pero el atletismo, el deporte en general, puede ser muy cruel.

Este viernes en la primera prueba de las cinco del pentatlón -vallas, altura, peso, longitud y 800 metros-, Vicente fue la más rápida y, es más, fue más rápida que su propia sombra. Un rayo en los 60 metros vallas con una marca (8.07 segundos) que nunca había alcanzado. Ya era la líder, quien quisiera el oro debería arrebatárselo. Pero justo después el 'crack'. En la siguiente prueba, el salto de altura, colocó el listón a 1,73 metros -un desafío sencillo para ella-, pisó raro en uno de los primeros apoyos, paró en seco y de inmediato se estiró en la colchoneta rota por el dolor.

"Por favor, no, por favor, no, otra vez no", repetía mientras la desgracia le contradecía. Las primeras exploraciones confirmaron que se había roto completamente el tendón de Aquiles de la pierna izquierda. Adiós al Mundial indoor de Glasgow y, mucho peor aún, adiós a toda la temporada, es decir, a los Juegos Olímpicos de París.

"Estoy temblando y en shock"

"No he tenido ningún aviso, he metido el apoyo y he escuchado un 'crack'. Estoy temblando y en shock. Sé que será más duro que la última vez y sólo puedo afrontarlo con energía", comentó Vicente, en la zona mixta del Emirates Arena de Glasgow, donde apareció pese a todo -una muestra de su educación- con la ayuda de una silla de ruedas. Según comentó, este mismo sábado volará a Barcelona y se operará en la clínica Tres Torres, un lugar que conoce.

Porque la desesperación de Vicente sobre la colchoneta venía del daño sufrido, sí, pero también del recuerdo. Desde su estreno entre adultos la española arrastra un calvario que oculta su habilidad. Hubo episodios que hoy son anécdotas, como los tres nulos en el salto de longitud del Europeo indoor de 2021, o la nefasta actuación en la jabalina que la descartó en los Juegos Olímpicos de Tokio. Pero ya hay verdaderas cicatrices. En 2022 Vicente se rompió el cuádriceps de la misma pierna izquierda y se perdió el Mundial de Eugene y el año pasado otra dolencia le obligó a renunciar a las combinadas y centrarse en sus mejores pruebas, los saltos. En el último Mundial de Budapest, de hecho, participó en longitud y triple y en ambas disciplinas se quedó a escasos centímetros de la final.

Según explicaba a EL MUNDO su entrenador, Ramón Cid, por quien Vicente abandonó su Hospitalet natal y se instaló en San Sebastián, en los últimos meses se había profesionalizado de verdad. Prodigio generacional desde pequeña, en sus primeros años en categoría absoluta aún le faltaba cuadrar todos los entrenamientos, cumplir con las horas de sueño, aceptar la rigidez de la dieta, pero ya lo había hecho. Desde el pasado verano, Vicente estaba mentalizada para ser campeona en este Mundial indoor de Glasgow y brillar en los Juegos Olímpicos de París. Cumplía con todo: ni un solo rodaje quedaba por hacer, todos los días estaba pronto en la cama, no se permitía ni una chocolatina. Ahora a sus 22 años llegaba lo mejor. Pero el atletismo, el deporte en general, puede ser muy cruel.

El grave problema de las heces en el Everest: "Es un baño gigante"

El grave problema de las heces en el Everest: “Es un baño gigante”

El campo IV de la ascensión al Everest es un lugar único. El techo del mundo se eleva delante y alrededor emergen las montañas más imponentes del Himalaya, del cercano Lhotse al lejano Kanchenjunga. El horizonte es inmenso, incomparable, precioso a 8.000 metros de altitud. Antes de encarar la subida final, el montañista debería vivir allí una de las experiencias de su vida. Pero hay un problema: está lleno de mierda.

«Nuestra montaña está empezando a apestar», reconocía a la BBC Mingma Sherpa, el presidente del municipio de Khumbu Pasanglhamu, el responsable de parte de la gestión del Everest, y prometía una nueva regulación, pero aceptaba que la solución es complicada. «El campo IV del Everest es un baño gigante», afirmaba Chhring Sherpa, director ejecutivo de la ONG Sagarmatha Pollution Control Committee (SPCC) que desde el 1997 intenta limpiar la montaña más alta del mundo. ¿Cuál es el problema? Demasiado frío, demasiada gente y, sobre todo, demasiado egoísmo.

Al contrario de la creencia popular, los excrementos humanos son un problema en cualquier montaña: pueden contaminar ríos cercanos y son un foco de virus para las personas y los animales que andan por allí. El año pasado, de hecho, la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña (FEEC) hizo una campaña para evitar defecaciones en parques naturales y establecer un protocolo: en caso de necesidad imperante hay que cavar un agujero y no lanzar papel, mucho menos toallitas húmedas. El único consuelo es que en unos meses esas heces desaparecen y se acaba el riesgo de contagio. Pero eso no ocurre en el Everest.

Por las bajísimas temperaturas que hay en el campo IV -el promedio es de -36 grados-, los excrementos perduran décadas y se acumulan temporada tras temporada. Años atrás, cuando sólo unos pocos afortunados seguían los pasos de Edmund Hillary y Tenzing Norgay, la cuestión no era grave, pero ahora con más de 1.000 aventureros anuales allí arriba -unos 450 locales y unos 600 ayudantes- la preocupación va en aumento. Según SPCC, cada temporada se quedan en el campo IV del Everest unos 7.200 kilos de desechos humanos y ya se puede hablar de un entorno insalubre.

¿A quién multar?

Por eso las autoridades locales han lanzado una nueva norma. A partir de este año, cada escalador que salga del campo base se llevará con él dos bolsas de excremento fabricadas en Estados Unidos con productos químicos para solidificar los excrementos y poder acarrearlos hasta que acabe la expedición. Las bolsas aguantan aproximadamente un kilo y medio, un ser humano genera unos 250 gramos de heces al día y se tarda una media de dos semanas en subir y bajar el Everest así que deberán realizar entre seis y siete deposiciones en cada bolsa.

La propuesta ha gustado a organizaciones ecologistas y el ejército de Nepal ayudará con una misión para recoger excrementos a gran altura, pero el problema será que la nueva regla se cumpla. Desde hace años los escaladores deben bajar con los residuos que generan y pocos lo hacen.

Botellas de oxígeno vacías, bombonas de gas, envases de todo tipo, bolsas de plástico, mantas isotérmicas, piolets y kilómetros de cuerdas, tiendas de campaña abandonadas... en los diferentes campos de altura del Everest, la basura se acumula y se acumula. Las autoridades del Nepal recogen cada año 13 toneladas de residuos y, pese a ello, el techo del mundo sigue sucio. Una respuesta sería responsabilizar a las empresas que organizan las expediciones y no a los montañeros.

Con altas multas o incluso inhabilitaciones se podría empezar a atacar el asunto, pero de esas compañías viven buena parte de la región. Por eso la solución es muy difícil. De momento, este 2024, un año más, en el campo IV de la ascensión sur al Everest, un lugar único, se seguirán acumulando excrementos.

España aterriza en el Mundial indoor en plena crisis antidopaje: "Sufrimos la sospecha"

España aterriza en el Mundial indoor en plena crisis antidopaje: “Sufrimos la sospecha”

Pongamos que Glasgow es una fiesta, que a España todo le sale bien. Este viernes (22.30 horas, Teledeporte), María Vicente celebra su primera medalla 'grande' en el pentatlón; el domingo por la mañana (11.15 horas), Ana Peleteiro es Ana Peleteiro de nuevo en el triple salto; y el domingo por la tarde, Mariano García en los 800 metros (22.10) y Mario García Romo en los 1.500 metros (22.30) desbordan las expectativas. Cuatro medallas: sería el mejor Mundial indoor de los últimos 20 años para la selección. La celebración traería esperanza antes de los Juegos Olímpicos de París 2024, pero igualmente sería imposible evitar las dudas. ¿Y si no es oro todo lo que brilla?, se preguntarán en otros países.

El sistema antidopaje español vive su peor momento desde la Operación Puerto y quienes más lo sufren son quienes visten la roja. Los actuales problemas de credibilidad de la Agencia Española Antidopaje (CELAD) manchan su reputación, plantean recelos sobre su limpieza a nivel internacional y ensucian el ambiente en el seno del equipo.

«Da muchísima rabia. Quien gane una medalla en Glasgow tendrá que soportar la sombra de sospecha por algo que le será completamente ajeno. Necesitamos que se solucione rápido», explica a EL MUNDO el marchador Álvaro Martín, vigente doble campeón del mundo, que no estará en Glasgow -no hay marcha indoor-, pero que desde la distancia sigue siendo el líder de la selección.

Los fallos de la Agencia

Hace dos semanas, un comunicado escrito por él en el que exigía «medidas necesarias y urgentes» fue firmado por otros 77 atletas y la semana pasada se reunió con José Manuel Rodríguez Uribes, presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), y Silvia Calzón, nueva directora del CELAD, para reclamarles «avances». La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) ya ha exigido a España que actúe y, de hecho, una delegación del organismo visitó Madrid esta semana para presionar. En juego, incluso, una sanción que deje al país fuera de competiciones como los mismísimos Juegos Olímpicos. Pero... ¿Cuál es el problema?

Son varios, pero se pueden resumir: en los últimos años la Agencia Antidopaje Española (CELAD) ha funcionado rematadamente mal. Según desveló Relevo, hubo controles antidopaje realizados fuera de normativa -y por lo tanto inválidos-, hubo pasaportes biológicos irregulares que nunca llegaron a ser sancionados y hubo autorizaciones de uso terapéutico entregadas a deportistas a posteriori para cubrir supuestos positivos. En una entrevista con Marca, el anterior presidente del CELAD, José Luis Terreros, destituido este enero, llegó a admitir que había «cinco o seis expedientes» guardados en un cajón y, de ahí, de todo, el descrédito fuera de las fronteras españolas.

¿Los Juegos en peligro?

«Hay que diluir esta nube de sospechas que tenemos encima y hay que hacerlo ya. Si hay casos archivados por el motivo que sea, la CELAD debe reabrirlos, sancionar y ya está. Sin excusas. Todos los deportistas españoles deberíamos estar encima de esta cuestión, no sólo los atletas. Imagínate que la AMA nos deja sin Juegos Olímpicos, ya me dirás si no es preocupante», analiza Martín que sabe de los precedentes. Su caso era más grave, pero Rusia ya tuvo que ver cómo sus deportistas competían en los Tokio 2020 como neutrales por los problemas de su antidopaje. «Con Rusia nos rasgamos las vestiduras y, ahora, que nos toca en casa, tenemos que ser igualmente implacables. Hay que actuar con firmeza contra las trampas», proclama el marchador.

Luego está el caso Katir. Su sanción por no estar localizable en tres ocasiones no tiene nada que ver con la crisis de la CELAD, pero la coincidencia de ambas noticias han hecho que medios de Gran Bretaña o Francia señalen a España. «No ayuda, está claro que su caso [de Katir] no ayuda», finaliza Martín antes de un Mundial indoor de Glasgow en el que España pueden brillar pese a tener que convivir con las sospechas.