Djokovic impone su prodigiosa longevidad ante Sinner y será el rival de Alcaraz en la final

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Sobre la pista donde ya levantó 10 títulos, Novak Djokovic se santiguaba de rodillas y agradecía a Dios lo que acababa de ocurrir. A sus 38 años, con sus 24 Grand Slam, el domingo volverá a una final «grande» después de derrotar a JannikSinner en otra asombrosa semifinal por 3-6, 6-3, 4-6, 6-4 y 6-4, en más de cuatro horas de juego.

Eran ya las dos de la madrugada en Melbourne cuando el serbio hacía lo que se creía imposible. En los cinco enfrentamientos previos entre ambos, Sinner le había derrotado una y otra vez para negarle la gloria; este viernes, en cambio, acabó atrapado en su tela de araña. Cualquier análisis técnico o táctico desaparece ante el desenlace. Sinner sacó mejor, desplegó sus golpes letales —hasta 72 «winners»— e incluso varió su juego, pero Djokovic resistió. La ausencia de desgaste en los partidos previos, gracias a las retiradas de Jakub Mensik y Lorenzo Musetti, le permitió volver a flotar sobre la pista y, entre otras muchas cosas, salvar hasta 16 bolas de «break» en contra. Una estadística sí permite entender y entregarse al asombro: pese a su edad, Djokovic ganó más intercambios largos que Sinner, que tomó peores decisiones.

«Ahora mismo me faltan las palabras», aseguraba el serbio al terminar el partido, mientras todos los miembros de su equipo rompían en lágrimas, especialmente el español Carlos Gómez Herrera. «Me parece surrealista haber jugado más de cuatro horas. Me recuerda a la final de 2012 contra Rafa [Nadal]. La intensidad, la calidad del tenis... todo ha sido extremadamente alto. Sinner me había ganado demasiadas veces», proclamaba quien, en la red, durante el saludo habitual entre jugadores, agradeció a su rival que le dejara jugar una final más.

Alcaraz como rival

Su triunfo fue la enésima demostración de que es el mejor jugador de la historia y ahora tendrá delante a quien más amenaza su trono, Carlos Alcaraz. Después de la semifinal del español ante Alexander Zverev, Djokovic se acercó a felicitarle y bromeó con él: «Mi partido va a empezar tarde y las personas mayores tenemos que irnos pronto a la cama». Unas horas después, serán rivales por un Grand Slam.

Será un partido con una elevada carga psicológica, como lo fueron los anteriores. El pasado verano, Alcaraz superó sin remedio a Djokovic en las semifinales del US Open, pero este le había derrotado meses antes precisamente en los cuartos de final del Open de Australia y, sobre todo, en la final de los Juegos Olímpicos de París. Aquel partido sigue en la memoria del español como una de sus grandes derrotas, porque no tendrá oportunidad de colgarse un oro hasta 2028 y porque no solo se representaba a sí mismo.

La relación entre ambos fuera de la pista es magnífica —de ahí las bromas sobre que Alcaraz había copiado el saque de Djokovic—, pero el domingo ambos buscarán escribir la historia por su cuenta. «Yo siento que ya he ganado. El domingo tengo que volver y pelear contra el número uno. Solo espero tener suficiente gasolina para poder hacerlo codo con codo», finalizó el vencedor de 24 Grand Slam, que busca el número 25.

La colecta del ex tenista David Català para luchar contra su leucemia aguda: "Lo importante es que no vaya al cerebro"

La colecta del ex tenista David Català para luchar contra su leucemia aguda: “Lo importante es que no vaya al cerebro”

«Fue un sábado, lo recuerdo. El domingo anterior había ganado un torneo ITF de veteranos aquí en Hong Kong, pero durante la semana sintó mucho dolor en la espalda y al final fue al hospital. Empezaron las pruebas. Y en el análisis de sangre vieron que tenía los leucocitos muy altos. Podía ser una infección o algo más serio así que le hicieron una biopsia. Solamente 48 horas después, el lunes, ya le habían diagnosticado una leucemia linfoblástica aguda y empezaba con la quimioterapia».

Habla Ayelen Alcover al salir del hospital Queen Mary de Hong Kong, donde su marido, David Català, entrenador y ex tenista, lleva un mes ingresado luchando contra una leucemia. A sus 36 años los médicos son optimistas con su recuperación, «tienen mucha esperanza», aunque necesita algo primordial en su caso: dinero. El tratamiento en Hong Kong -donde reside- es caro, especialmente un medicamento oncológico específico llamado Ponatinib y por eso Alcover ha iniciado un crowdfunding en la web GoFundMe. Català necesita unos 30.000 euros y ya lleva más de 23.000. «Estamos extremadamente agradecidos por la cantidad de apoyo que hemos recibido. Nos han ayudado amigos, conocidos, conocidos de conocidos, incluso desconocidos, es muy bonito», admite Alcover.

¿Se plantearon la vuelta a España, donde el medicamento es gratuito?
Hubiera sido arriesgado y muy difícil de gestionar. Según nos dijeron, David necesitaba empezar la quimioterapia de inmediato y en pleno tratamiento no puede coger un avión. Además llevamos 15 años en Hong Kong, tenemos tres hijos escolarizados aquí, yo tengo mi trabajo... Fue todo tan rápido que ni nos lo planteamos.
¿Cómo acabaron mudándose a Hong Kong hace 15 años?
Vivíamos y trabajabamos en Tarragona, pero la Federación de Tenis del Hong Kong ofreció un contrato de entrenador a David y pensamos que por qué no probarlo. Éramos jóvenes. Nos lo planteamos como aventura de dos años como máximo. Pero nos encantó el lugar, nos enamoramos y ya nos quedamos.

"Lo han pillado pronto"

Nacido en Tarragona y formado en el Club de Tenis Tarragona, David Català fue uno de esos muchos currantes del tenis que rozan con los dedos el circuito ATP, pero que nunca llegan a disfrutarlo. En su juventud jugó varios torneos Futures y Challenger y se enfrentó a rivales como Albert Ramos y Joao Sousa, que llegarían a estar entre los 30 mejores del mundo, hasta que dijo basta. Llegó un momento en el que el dinero ya no alcanzaba. Como tantos en su posición, se puso a entrenar a jóvenes, pero un día apareció Hong Kong. A través de dos amigos que ya se buscaban la vida por el mundo, Jaume Monfort y Pepe Caballero, Català supo de una oferta en la región autónoma de China y se lanzó a la aventura junto a su pareja. Desde el inicio, le fue muy bien.

Tan bien le fue que al poco tiempo le hicieron seleccionador y hasta le nacionalizaron. En 2014 se convirtió en el primer tenista español en jugar la Copa Davis con un país extranjero y, aunque no consiguió salvar a su equipo del descenso al Grupo III, el más bajo de la competición, se hizo referente.

En los últimos años le habían contratado como manager en un club mientras preparaba un Ironman y seguía jugando torneos ITF para mayores de 35 años.

«Lo han pillado pronto, lo están atendiendo muy bien y tiene a su favor que es joven y deportista», comenta su mujer, Alcover, que expone que estos días Català será sometido a una punción lumbar para saber el efecto de la primera fase del tratamiento antes de comenzar la segunda. «Según me explicaron los médicos lo importante es que el cáncer no vaya al cerebro», cuenta Alcover, siempre en positivo.

En plena lucha cuenta que, más allá del dinero, ha encontrado en su petición de GoFundMe una manera de relatar lo ocurrido y concienciar a los jóvenes para que no duden en hacerse revisiones médicas. «Vamos día a día. Con una enfermedad así no hay que plantearse plazos. El único plan es luchar para que David se recupere y que pueda ver cómo crecen sus hijos», finaliza Alcover desde Hong Kong.

Un abrazo y una bandera, la celebración de un Alcaraz exhausto: “Tenía que poner el corazón en el partido”

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Carlos Alcaraz no sabía qué hacer. Al acabar su partido de semifinales del Open de Australia ante Alexander Zverev se tiró al suelo, como acostumbran los campeones, se fue a abrazar con su equipo y, a partir de ahí, qué. Ahora qué. El hermano de su médico, Juanjo López, le lanzó desde las gradas una bandera de Murcia y la ondeó un poco, pero no sabía qué más hacer para celebrarlo. Es muy difícil encontrar un festejo a la altura de un triunfo tan épico. A toda prisa le abordó Jim Courier, el entrevistador habitual de los vencedores en Melbourne, y Alcaraz tuvo que entregarse a la conversación.

"¿Cómo has podido conseguir una victoria así?—, le preguntó el ex número uno, y Alcaraz respondió: "Creyendo".

"Siempre he dicho que tienes que creer sin importar cuánto estés sufriendo. Tienes que seguir creyendo en ti. A mediados del tercer set he empezado a sufrir; físicamente ha sido uno de los partidos más exigentes de mi carrera, pero ya he vivido partidos así y sé lo que tengo que hacer. Tengo que poner el corazón en el partido. Sabía que, si aguantaba, tendría opciones. Estoy muy orgulloso de mí mismo", confesaba el ya finalista del Open de Australia, que espera rival entre Jannik Sinner y Novak Djokovic.

Dita AlangakraAP

En plena entrevista ya se le notaba exhausto, vacío, pero fue después cuando le llegó el bajón definitivo. Su hermano Álvaro tuvo que entrar en la pista para ayudarle a recoger sus raquetas y sus toallas, y Alcaraz le pidió unos segundos. Sin camiseta, a medio cambiar, se sentó en el banquillo, se llevó las manos a la cara y amagó con ponerse a llorar. Ni para eso tenía fuerzas. Al final, sin lágrimas, todavía cojeando, se marchó al vestuario para continuar con su recuperación.

"Si ganas el domingo serás el jugador más joven en vencer en los cuatro Grand Slam", le lanzaba de nuevo Courier, y el español tiraba de humor: "Gracias por la presión. Estoy de broma, estoy de broma. Estoy muy contento de jugar mi primera final aquí. Es algo que llevo persiguiendo mucho tiempo No estaría aquí sin este público. Ha sido un placer. Me han apoyado en cada bola. Estoy muy agradecido".

El público australiano enloqueció con sus palabras. En los dos primeros sets se había mostrado neutral y, si alguien decantaba la balanza, era un grupo de seis jóvenes españoles llegados desde Sídney que hacía mucho ruido. Pero en cuanto empezaron los problemas físicos de Alcaraz, todos los aficionados presentes en la pista Rod Laver se volcaron en apoyarle. Cada vez que salvaba una situación comprometida, las gradas temblaban como si fueran a venirse abajo.

Alcaraz consigue una de las victorias más épicas de su vida al superar a Zverev y a los calambres para clasficarse para la final de Australia

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Otra victoria para la leyenda, la segunda de su carrera. Cuando todavía retumban los ecos de su remontada en la final de Roland Garros del año pasado, esta vez Carlos Alcaraz hizo el más difícil todavía. En las semifinales del Open de Australia, ante Alexander Zverev, ganó dolorido, acalambrado, cojo por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5 en una gesta de cinco horas y 25 minutos que se recordará por los siglos. No habrá mayor prueba de su grandeza. No habrá mayor prueba de su dominio. Cómo negarle la invencibilidad si aún así, lastrado por su propio cuerpo, pudo clasificarse para una nueva final de Grand Slam.

"Tenemos calambres hasta en el dedo meñique, hasta en el último pelo de la cabeza", confesaba Alcaraz a su entrenador, Samu López, a principios del cuarto set y entonces era imposible imaginarle dos horas después celebrando ante una pista Rod Laver entregada a él. A sus 22 años, su talento y su mentalidad han llegado a tal nivel que no requieren de su físico. Del abismo de la derrota retrocedió con el alma y el domingo (09.30 horas) buscará el título en el único Grand Slam que le falta ante Jannik Sinner o Novak Djokovic.

El drama se desató a mediados del tercer set. Con dos sets en su marcador, Alcaraz se acercaba a una victoria fugaz, pero su cuerpo empezó a quejarse. El día era caluroso en Melbourne, alrededor de unos 30 grados de temperatura, el sol cubría toda la pista Rod Laver y el esfuerzo le sobrevino. En un descanso, el número uno hizo algo raro con una toalla. "¿Qué le pasa?", se preguntaban los miembros de su equipo y Alcaraz se lo explicó: "He vomitado, no sé si tengo que tomarme algo". A partir de entonces el partido se convirtió en un ejercicio de supervivencia.

Las quejas de Zverev

Con cierta polémica. El reglamento de la Federación Internacional de Tenis (ITF) impide que un jugador sea tratado por un fisioterapeuta si sufre calambras, pero Alcaraz alegó un tirón muscular en el muslo derecho y recibió el consecuente masaje. Su rival, Zverev, enloqueció: "Es una absoluta verguenza. Le están tratando de calambres. Siempre protegéis a estos dos [en referencia a Alcaraz y Sinner]. Es increible, no me lo creo". Para presionar a la juez de silla, la serbia Marijana Veljovic, el alemán se fue a la pista esperando que se reanudara el juego, pero no surgió efecto. Alcaraz igualmente recibió la ayuda del masajista y ambos encararon un encuentro distinto.

MARTIN KEEPAFP

¿Cómo podía aguantar el español? Con medicación -se tomó una pastilla-, con vinagre de manzana y con paciencia. "Poco a poco. Respira bien. Te encontrarás mejor. Ya tenemos dos sets nosotros", le aseguraba López y Alcaraz le hacía caso. Dejó de correr, incluso dejó de saltar en el saque, pero se mantuvo en el encuentro. Con su paleta de golpes aguantó, aguantó y aguantó. Hasta el quinto set no le concedió ni un 'break' a su adversario y sólo se doblegó en los tie-breaks del tercer y el cuarto set.

El momento decisivo

Entonces llegó la resurrección. "Voy mejor", admitía Alcaraz en conversación con su banquillo, pero justo en el momento en el que empezaba a correr, a moverse con más soltura, a sentirse rehecho, Zverev le rompió el servicio. En el segundo set, una eternidad antes, ya le había remontado un 'break' en contra, pero esta vez, ya en el quinto set, tenía que hacerlo con el cuerpo todavía mermado. Daba igual. En cada juego al servicio del alemán, buscó su oportunidad, la buscó y la buscó hasta que la encontró.

Sus argumentos eran la magia y la fe; ya no le quedaba más. Había puntos en el cansancio le frenaba, pero en los momentos decisivos Alcaraz era Alcaraz. Su paleta de golpes y una confianza única en sí mismo. Con 5-4 y saque para que Zverev cerrara la victoria, el español recuperó la igualdad y el triunfo ya era suyo. Su rival, un tenista siempre inseguro, entendió que la gloria se le había escapado y se rindió. Alcaraz celebra una nueva gesta. Otra victoria para la leyenda, la segunda de su carrera.

“¿Somos tenistas o somos animales del zoo?”: Gauff, Swiatek y la cruzada contra la emisión de imágenes de los vestuarios

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Coco Gauff aguanta. Acaba de perder en cuartos de final del Open de Australia contra Elina Svitolina por un 6-2 y 6-1 de los que duelen, de los que se recuerdan, de los que marcan, pero aguanta. Sale de la pista, recorre un largo pasillo, cruza la zona de calentamiento para jugadores, se acerca al vestuario y todavía aguanta. Pero llega el momento en el que cree que ya está a solas. Detrás de un muro nadie puede verla y allí Gauff revienta su raqueta. Una vez, otra vez, otra vez, y así hasta siete golpes contra el suelo que destrozan el artilugio y permiten que la estadounidense exorcice todos sus males o, como mínimo, se desahogue un poco. Luego se va a la ducha. Y cuando sale se entera de que justo detrás había una cámara y de que su desesperación ya ha sido emitida por ESPN o Eurosport y se está volviendo viral en internet. ¿Mala suerte? No. "Falta de intimidad".

Después de lo ocurrido, numerosos jugadores y jugadoras levantaron la voz contra la retransmisión en directo de todos sus pasos en los Grand Slam y abrieron un debate: hasta qué punto los deportistas deben participar del reality organizado a su alrededor.

"No me gusta que la gente me vea así y busqué un lugar en el que creía que no había cámaras. Por desgracia no era así. Me conozco a mí misma y no quiero pagarlo con mi equipo cuando estoy enfadada, porque no se lo merecen. Intento no destrozar raquetas en público para no dar un mal ejemplo a los jóvenes, pero necesitaba desahogarme para no pagar mi irritación con los demás", confesaba Gauff, que ella misma recordaba los precedentes.

La defensa de Swiatek

Hace más de dos años, en el US Open de 2023, la retransmisión internacional mostró cómo Aryna Sabalenka destrozaba su raqueta en el interior de los vestuarios después de la final y se generó la misma polémica. Entonces hubo tenistas que excusaron la emisión de su reacción y Sabalenka recibió una multa de 20.000 dólares del circuito WTA por dar mala imagen. Esta vez, en cambio, quizá por la reiteración o quizá por el carácter de Gauff, todo el gremio salió a defender la privacidad de la estadounidense.

"¿Somos tenistas o somos animales de zoológico a los que se observa incluso cuando cagan? Se supone que la gente nos tiene que mirar en la pista y en la sala de prensa. Ese es nuestro trabajo. Ya está. Nuestro trabajo no es dar entretenimiento todo el día ni convertirnos en un meme cuando se nos olvida la acreditación", comentaba Iga Swiatek, empática con Gauff porque un despiste suyo también se estaba viralizando.

IZHAR KHANAFP

Unos días atrás se olvidó su acreditación antes de entrar a la Rod Laver Arena para jugar un partido y el guardia de la entrada no le dejó pasar: hasta que no apareció su entrenador, estuvo allí esperando, inmóvil, en la puerta del estadio. "Uy, sí, fue muy gracioso", aseguró con ironía. "Con estas cosas la gente tiene de qué hablar, pero para nosotros no es agradable. No creo que sea necesario".

Como ella, otras jugadoras también se pronunciaron en contra de la emisión de imágenes de los vestuarios, así como Jannik Sinner o Novak Djokovic. "Empatizo con Coco. Es triste que no haya ni un solo lugar donde puedas apartarte y estar a solas con tu alegría, tu frustración o tu rabia. Por desgracia vivimos en una sociedad obsesionada con el contenido", pronunciaba el serbio.

La organización se defiende

Según explicaba una fuente del Open de Australia a EL MUNDO, el torneo tiene distribuidas 45 cámaras para transmitir lo que ocurre fuera de la pista, pero hay ciertas situaciones que se consideran "fuera de los límites", como mostrar a los tenistas con sus familiares —especialmente si hay menores—, llorando después de una derrota o recibiendo un mensaje.

"Cada año ofrecemos más espacios privados para que los jugadores puedan relajarse, concentrarse en su preparación y trabajar con sus equipos en privado. Esto incluye una sala de descanso para jugadores, salas de estrategia, una sala para dormir, vestuarios privados, salas médicas, de salud, bienestar y de belleza", se defendía Tennis Australia, que aseguraba que están en contacto con los jugadores y que su trabajo "se basa en crear una conexión más profunda entre los tenistas y los seguidores".

Samu López, nuevo entrenador de Carlos Alcaraz: “Se puede llegar con trabajo, sin haber sido un ‘megacrack’ como jugador”

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Samu López, el nuevo entrenador de Carlos Alcaraz, reúne a los seis medios españoles desplazados a Melbourne, entre ellos EL MUNDO, en una salita de entrevistas del Open de Australia. Acostumbrado a un trato relajado con la prensa desde que dirigía a Nicolás Almagro o Pablo Carreño, se ofrece a hablar de todo, aunque pide que no haya confrontación. Ferrero fue su compañero en la academia Equelite de Villena, su pupilo y su amigo, y un enfrentamiento sería desagradable.

"Esto es un juego, no nos va la vida en ello", afirma, y subraya así su manera de ver las cosas. Si Alcaraz, ya en semifinales del Grand Slam, ha encontrado en él al aliado perfecto es por su conocimiento del tenis, pero también por su carácter. Hombre afable y tranquilo, amante del running y de la pintura, apenas se altera ante la presión de dirigir al número uno del mundo.

Alcaraz, el otro día, reivindicó su trabajo. ¿Cree que no se valora al entrenador?
Es normal. Pasa en todos los deportes. No es lo mismo que Zidane entrene al Real Madrid a que lo haga un entrenador de la base. Se valora más a un gran exjugador que a un técnico sin nombre. A mi modo de ver, eso tiene ventajas e inconvenientes. No he vivido lo que es jugar la final de un Grand Slam, pero llevo muchos años trabajando en el circuito, aprendiendo de todo el mundo y esforzándome para ser uno de los mejores.
Su actual posición es una victoria para los currantes.
Esa es una de las mayores satisfacciones que tengo. El otro día me lo decía un amigo. Pongo en valor que se puede llegar con trabajo, sin haber sido antes un megacrack como jugador. He currado en todos los peldaños del tenis, del minitenis a los aficionados, y ahora estoy aquí arriba. Siempre he tenido mucha pasión, he buscado mi camino y me ha sonreído la suerte. Hay entrenadores que saben muchísimo, pero nunca tienen una oportunidad como esta.
¿Dudó cuando le ofrecieron ser entrenador principal?
Tuve que reflexionar, está claro. Tengo una mujer y dos hijos y, antes de nada, hablé con ellos para valorar si valía la pena. Ahora tengo que viajar muchas más semanas; ese es el cambio principal. Pero es muy complicado que aparezca una oportunidad así para un entrenador sin renombre. Viajar con Carlos, con lo que es Carlos, con lo que mueve Carlos, es algo que quizá nunca más se me iba a plantear.

James D. MorganMUNDO

¿Cuánto ha cambiado su rol?
No ha cambiado nada. Ya lo teníamos todo planificado, lo habíamos hecho en conjunto, y he ido siguiendo el plan, añadiendo algunas cosas. Para mí no ha cambiado nada. Quizá tengo más responsabilidad, pero todo lo demás, prácticamente nada. Para Carlos, el cambio es que intento que sea más partícipe.
¿Cómo?
Carlos está madurando. Al tenista, desde pequeño, le crían en la disciplina: le dicen lo que debe hacer y él hace, sin preguntas. Pero llega un momento en el que quiere participar en el aprendizaje, incorporar sus reflexiones. Y Carlos está en esa fase. Ahora el mensaje es bidireccional: él da su opinión, lo hablamos y llegamos a un acuerdo.
Se nota la complicidad entre ambos. Incluso en los partidos le suelta alguna frase y él se ríe.
Siempre he sido así. Me gusta comunicarme con el jugador con palabras o frases que solo él entiende, porque han surgido de los entrenamientos o de la convivencia. Es mi forma de dar instrucciones, de una manera un poco alegre, quitándoles importancia. Al final, esto es un juego, no nos va la vida en ello. Todos queremos que Carlos gane y Carlos quiere ganar, pero si no lo hace no se va a acabar el mundo. Incluso con Nico [Almagro], que tenía mucho carácter, ya le mandaba mensajes así para destensar.

Hollie AdamsMUNDO

Es un juego, pero hay mucha gente pendiente. ¿Siente ahora una mayor presión como entrenador?
Yo busco hacer todo lo que pueda, dar mi 100% y llegar hasta donde llegue. En las primeras rondas de este Grand Slam quizá sí sentía algo, por la situación con la que veníamos. Pero día a día me he ido sintiendo más cómodo. Hay presión, sería estúpido decir que no la hay, pero me concentro en hacer todo lo que pueda y disfrutar del camino.
¿Cómo llega Alcaraz a la semifinal ante Zverev?
Está preparado, sobre todo mentalmente. Está listo para aceptar si las cosas van mal. Tiene que jugar como le gusta jugar. El otro día se puso la camiseta de la selección brasileña de fútbol y es un poco eso: jogo bonito, dar espectáculo. Así es él. Con su tenis, si tiene buena actitud, las cosas le van a salir.
Decía que el resto de uno y otro será la clave.
El que pega primero, pega dos veces. Carlos no es un jugador que dependa del saque, tiene muchas más armas, pero para Zverev va a ser importante. Dependerá de su porcentaje de primeros. Luego, el resto marcará quién domina.
Zverev, un rival para Alcaraz con la ayuda de Nadal: "Hablábamos hasta la medianoche, le estoy muy agradecido"

Zverev, un rival para Alcaraz con la ayuda de Nadal: “Hablábamos hasta la medianoche, le estoy muy agradecido”

Alexander Zverev se sienta en la silla de la sala de prensa del Open de Australia, se inclina hacia delante y se prepara para la batalla. El tenis le sonríe porque es el tercer mejor jugador del planeta, el único que el año pasado jugó una final de Grand Slam sin llamarse Carlos Alcaraz o Jannik Sinner, pero vive los torneos en tensión. En parte, por sus problemas extradeportivos, como las denuncias de dos exparejas por malos tratos. En parte, por ese malditismo de quien ha estado muy cerca de ganar su primer ‘grande’ —ha jugado tres finales— y a sus 28 años todavía no lo ha conseguido.

«Me gustaría tener que hablar menos con la prensa, viviría más relajado», suelta a los periodistas en Melbourne y se queda tan ancho. Otra vez ante los medios. Otra vez en semifinales de un Grand Slam, la decimoctava de su carrera. Otra vez frente a Alcaraz (este viernes, 04.30 horas, HBO Max y Eurosport). Otra vez ante todos sus demonios.

Porque Zverev tiene tenis y físico para ser el tercero en discordia, quien discuta la gloria al Big Two, pero siempre le falta algo, ese no sé qué para derrotarlos. En los últimos años ha probado diferentes estrategias, todas sin éxito. Ahora, para su duelo con Alcaraz, cuenta con una nueva ayuda con nombres y, sobre todo, con un apellido: Nadal.

10 días en Mallorca

«Después de lo que pasó en Wimbledon [cayó en primera ronda y se confesó deprimido], el tío Toni me llamó. Estoy muy agradecido por eso. Estuvimos hablando durante una hora y media y decidí ir a la academia de Rafa Nadal en Mallorca para verle. En julio pasé allí diez días y los dos, Toni y Rafa, dedicaron mucho tiempo a hablar conmigo. A veces, después de la cena, nos quedábamos hasta pasada la medianoche. Rafa me explicó muy claramente cómo es jugar contra mí y Toni me dio mucha confianza. Les estoy muy agradecido», contaba Zverev.

Posteriormente intentó que Toni Nadal le acompañara en el circuito, pero este declinó la propuesta. «Me lo preguntó, pero le dije que llevo muchos años sin ser entrenador y que ya tengo otro trabajo», explicó el español en la televisión RTL, aunque su ayuda fue igualmente muy valiosa para el alemán.

DAVID GRAYAFP

Desde su paso por Mallorca, el tercero del ranking ATP ha ido cambiando poco a poco su estilo de juego. En el pasado US Open no le sirvió de mucho —perdió en tercera ronda—, pero en este Open de Australia se le ve con capacidad para inquietar a Alcaraz y Sinner gracias a esa evolución. Siempre fue un jugador de saque potente y derecha contundente, pero solía conceder la iniciativa a sus rivales. Podía acabar los intercambios, pero no siempre se atrevía. «Es pasivo», analizaba Toni Nadal. Y eso es lo que está modificando.

Ahora Zverev arriesga más, especialmente al resto, y no le va mal. En cuatro de sus cinco partidos en este Open de Australia ha perdido un set, pero en ningún momento se ha visto al borde de la derrota. Además, está sano, algo poco habitual en los últimos tiempos. «Para mí, el mayor cambio este año es que no tengo lesiones. Es evidente que estoy trabajando en mi juego, que intento ser agresivo, pero lo que realmente me da confianza es que me encuentro bien», analizaba el lunes el alemán tras vencer a Learner Tien en cuartos de final.

La respuesta de Alcaraz

Para alcanzar su primera final en el Open de Australia, Alcaraz deberá afinar todos sus golpes y prepararse para lo desconocido. Hace justo un año, Zverev le eliminó en cuartos de final en la Rod Laver Arena, pero ahora ni uno ni otro son los mismos. Sirve de poco el historial previo, que recuerda que ambos se han impuesto en seis ocasiones.

«Sé en lo que está trabajando Sascha. Quiere salir de su zona de confort, ser más agresivo, no regalar bolas fáciles. He visto sus entrenamientos, he visto sus partidos. Tengo claro cómo enfocar el partido», advertía el número uno, confiado.

Este miércoles, en uno de sus dos días libres antes de las semifinales, Alcaraz aprovechó para descansar y para irse a «algún sitio tranquilo» de Melbourne a pasear con su equipo. Antes del Grand Slam, durante estas Navidades en Murcia, el tenista se había enganchado a la serie Stranger Things, pero ya en Australia dedica la mayor parte del tiempo a jugar a las cartas con sus ayudantes y, de vez en cuando, cuando el horario lo permite, a jugar online con sus amigos en Murcia. Toda relajación es poca ante el reto que tiene por delante. Enfrente, Zverev, con los consejos de Nadal y un nuevo tenis.

Una cruel lesión de Musetti lleva a semifinales a Djokovic cuando ya estaba eliminado: “Me iba a ir a casa esta noche”

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No se escuchaba a nadie hablar. Ni tan siquiera respirar. Nadie en la Rod Laver Arena se atrevía a emitir el más mínimo ruido mientras Lorenzo Musetti abandonaba la pista acompañado de su agente, Edoardo Artaldi. Cojeaba camino de los vestuarios y, a cada paso, al público que le observaba se le rompía un poco más el corazón.

Era el día del italiano. Su día, su gran día. Hasta unos minutos antes estaba jugando el mejor tenis de su vida, dominando a una leyenda como Novak Djokovic por 6-4 y 6-3, y encaminándose hacia sus primeras semifinales en el Open de Australia. A sus 23 años era, sin lugar a dudas, el candidato más firme a convertirse en el tercero en discordia tras Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Pero en algún momento, al inicio del tercer set, sintió un dolor en el muslo derecho y todo se oscureció.

El fisioterapeuta del torneo entró para intentar ayudarle, pero no sirvió de nada. "Es tu cuerpo, lo que tú consideres", le decía su entrenador, el español José Perlas. Al final, no le quedó más remedio que retirarse. El año pasado, en Roland Garros, ya le ocurrió algo parecido en los cuartos de final ante Alcaraz, pero esta vez fue todavía más doloroso.

WILLIAM WESTAFP

A unos metros de su banquillo, Djokovic no sabía ni qué hacer ni qué decir. Jugará en semifinales contra el vencedor del duelo entre Sinner y Ben Shelton, aunque durante un buen rato ni él mismo se lo creía. "No sé qué decir excepto que lo siento mucho por Lorenzo. Estaba jugando mucho mejor que yo, me iba a ir a casa esta noche. Lorenzo lo tenía todo bajo control, tendría que haber sido el ganador, ha tenido muy mala suerte", valoraba el serbio, que alcanza el penúltimo paso del torneo australiano por decimotercera vez en su carrera.

El dominio de Musetti puso en duda la prodigiosa longevidad de Djokovic. Después de no tener que disputar los octavos de final por la lesión de Jakub Mensik, el serbio apareció fresco en la pista central del Open de Australia, pero aun así se vio superado por un rival más rápido, más potente y más afinado. "He hecho cuatro winners y 40 errores. Es lo que Lorenzo te provoca: te obliga a jugar, a ganar muchas veces el mismo punto. No jugué octavos y he pasado de cuartos así, así que tengo que duplicar mis agradecimientos a Dios esta noche", confesaba el ganador de 24 títulos de Grand Slam.

Alcaraz evita reivindicarse tras el cambio de entrenador: “No me he quitado presión, no juego por el qué dirán”

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Antonio se marchó al hostal con la camiseta de Carlos Alcaraz y la sonrisa del hombre más feliz del mundo. Él y sus colegas llegaron a Melbourne hace dos días desde Sidney, donde se buscan la vida, y desde entonces no han parado de seguir al número uno con sus cánticos futboleros. Cuando llega a un entrenamiento, cuando se va, cuando va al comedor, en pleno partido... Tan entregados están que, después de su victoria en cuartos de final del Open de Australia ante Alex de Miñaur (7-5, 6-2 y 6-1), Alcaraz les regaló su camiseta, una toalla, una muñequera y una pelota.

«Son espectaculares. Me han hecho mucha gracia. Sus cánticos son adictivos y me ayuda tener esa vibra cerca. No sé si vendrán a otros partidos, pero estaría encantado», dijo Alcaraz, que por entonces no sabía que Antonio y sus colegas ya habían comprado entradas para la final. «Me he vuelto loco, pero no podía perdérmelo», afirmaba a EL MUNDO el fan, que se gastó más de 600 euros en una entrada. Recuperará el dinero cuando vuelva a Sidney, «de repartidor de Uber, de camarero o de lo que sea; aquí pagan bien». Y Alcaraz lo agradecerá. Nada le gusta más que pasarlo bien y que los demás también lo pasen bien.

Para saber más

Ante De Miñaur disfrutó, y eso que era un partido para sufrir. El australiano propone el mejor tenis defensivo del circuito: no es un pegador, no busca el golpe ganador, pero lo devuelve todo y lo hace a toda velocidad para complicarle la vida a quien tenga enfrente. Ante él, Alcaraz podría haberse frustrado. En el primer set, cada vez que De Miñaur llegaba a una bola que parecía perdida, Alcaraz se reía, juguetón, mirando a su equipo. Tuvo que ganar los puntos una vez y otra, y otra vez, y lo hizo sin rechistar, incluso pasando un buen rato. Luego, en el segundo y tercer set, todo fue ya más sencillo.

«He estado trabajando mucho la concentración para no tener altibajos. Quizá ha sido lo que más he trabajado en los últimos tiempos. He hecho entrenamientos de dos horas y media o tres horas jugando con la misma intensidad cada punto», desvelaba el español, que el viernes se medirá a Alexander Zverev en sus primeras semifinales del Open de Australia. En la semana previa al inicio del torneo, ambos disputaron un set de entrenamiento y venció el alemán por 7-6 en más de una hora y media de sesión. La lección está aprendida. «Sé en lo que está trabajando. Quiere salir de su zona de confort, ser más agresivo, no tirar bolas fáciles. He visto sus entrenamientos, he visto sus partidos. Tengo claro cómo enfocar el partido», comentaba Alcaraz, confiado.

El mensaje a su hermano

Le preguntaron qué nota se daba en lo que va de torneo y respondió que «un 8,5»; una puntuación justa. Después de dos partidos con ciertos errores ante Adam Walton y Yannick Hanfmann, y del extraño duelo ante el artista Corentin Moutet, el número uno del mundo recuperó su versión más demoledora sobre superficie rápida frente a Tommy Paul y De Miñaur, y lo hizo a su manera. Al acabar el partido lanzó a su hermano Álvaro un mensaje a cámara que solo entenderán los muy tuiteros: «M.B.H.», «Método Blessed Hands», una broma recurrente de la cuenta @Alcatraz, y luego elogió a su familia.

Dita AlangkaraAP

«Es bueno tener a mi padre y a mi hermano conmigo. Mi equipo es la razón por la que juego bien. Era el sueño de mi padre cuando era jugador y lo vivimos juntos», dijo. Tan feliz estaba que no necesitó reivindicar nada. Su separación de su exentrenador Juan Carlos Ferrero sigue dando que hablar, más aún tras el anuncio del técnico de su paso al golf, y su clasificación para semifinales podría interpretarse como un alivio. Pero él no lo ve así. «He aprendido a no escuchar y a seguir el camino que creo correcto. Aunque hubiera perdido, tendría claro el camino a seguir. Estoy en semifinales y estoy contento por ello. Pero no es que me haya quitado presión de encima. Juego por mí, por mi equipo y por mi familia; no juego por el qué dirán».

Alcaraz se viste con su mejor traje para derrotar a De Miñaur y presentarse en sus primeras semifinales en Australia

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En cada Grand Slam hay un momento en el que Carlos Alcaraz se transforma. A partir de entonces sus golpes retumban, alcanza cualquier bola que le propongan y su magia se desborda; es su versión de leyenda. Puede ocurrir en cuartos de final o en semifinales, nunca antes. Antes simplemente se está preparando. Desde ese momento, sólo un rival, Jannik Sinner, es capaz de recordarle que la duda existe. Esa mutación llegó en este Open de Australia este martes, en cuartos de final, ante Alex de Miñaur, para la victoria del español por 7-5, 6-2 y 6-1 en dos horas y 15 minutos.

Pese a que su adversario estaba en el mejor estado de forma de su vida, con la confianza necesaria y todo el público de la pista Rod Laver a su favor, Alcaraz lo anuló y se clasificó para sus primeras semifinales en Melbourne, donde se medirá el viernes a Alexander Zverev. Será la reedición del duelo en el que cayó eliminado el año pasado, pero en esta ocasión está listo.

No había mejor rival que De Miñaur para ponerle a prueba ni hubo mejor rival que De Miñaur para demostrarlo. Nadie más incómodo, nadie más fatigoso. La estadística dirá que Alcaraz ganó en tres set con sólo un 57% de primeros servicios, cediendo dos ‘breaks’ y después de cometer 32 errores no forzados, pero cualquier conclusión basada en esos datos será errónea. No fue un mal partido del australiano, más bien todo lo contrario. Si el español tuvo algún problema durante el partido, especialmente con el saque y el revés, fue mérito suyo.

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De Miñaur propone el mejor tenis defensivo del circuito: no es un pegador, no busca el ‘winner’, pero lo devuelve todo y lo hace a toda velocidad para complicarle la vida a quien tenga enfrente. Pese a que el recuento de datos lo ignore, la mayoría de los fallos del número uno llegaron desde posiciones a las que le había llevado un excelente De Miñaur. Pero, aun así, no fue suficiente. Ni mucho menos. Con su derecha como argumento, Alcaraz derrumbó la resistencia del tenista local.

La actitud correcta

En ningún momento vaciló el número uno, y eso que podía haberlo hecho. En el primer set, cada vez que De Miñaur llegaba a una bola que ya estaba perdida, cada vez que respondía a un ‘winner’, Alcaraz se reía, juguetón, mirando a su equipo. En años anteriores, antes de alcanzar su madurez, quizá le hubiera frustrado que su buen hacer no tuviera recompensa. Pero ahora ya es un jugador hecho.

En el primer set tuvo que ganar los puntos una vez y otra, y otra vez, y lo hizo sin rechistar. Luego ya todo sería más fácil. Bajo el calor sofocante de Melbourne, con temperaturas de 45 grados durante el día, De Miñaur insistió en castigar el revés de Alcaraz y este peleó para salir de la trampa. En ocasiones probaba paralelos imposibles; en otras se invertía para golpear con su derecha. Esa estrategia permitió al australiano remontar dos ‘breaks’ en el primer set y presentar batalla, pero no le duró más de una hora. Cuando Alcaraz afinó ese instrumento, todo se acabó.

"Desde la primera ronda mi nivel ha creccido en cada partido. He hablado mucho con mi equipo de ser paciente. Yo lo quiero todo ya. Pero mi equipo ya me decía que mi nivel llegaría y en este partido siento que ha llegado", comentaba Alcaraz al acabar el partido en conversación con Jim Courier sobre la puesa. "De Miñaur es un rival muy difícil. Te hace sentir que siempre estás en problemas, tienes que estar concentrado en cada golpeo, tienes que ganar cada punto tres o cuatro veces", analizaba el número uno.