Campazzo tiene una cuenta pendiente con la Final Four. Ganó dos veces la Euroliga con el Real Madrid, pero en 2015 apenas contaba, recién llegado, y en 2018 una lesión le impidió ser protagonista en Belgrado. Para más inri, en 2023, la última del Madrid, todavía no había regresado de su aventura fallida en la NBA. Así que sabe el camino, tiene ganas y se siente líder. Llegada esta hora de la verdad, ahí su paso adelante. Sus últimos partidos en la competición son una gran prueba de ello. [101-82: Narracion y estadísticas]
Ante el Estrella Roja, paso previo a los cuartos de la verdad, había que cerrar el círculo. No fallar en un día no decisivo, pero sí importante. Y el argentino se echó el equipo a la espalda, otra vez. A un Madrid competitivo, contundente y, sobre todo, contagiado por su guía (16 puntos, ocho asistencias…). Un triunfo para asegurar el factor cancha en la eliminatoria, a la espera de saber rival este viernes.
Porque todo el enredo de la última jornada de esta agotadora Euroliga pasaba para el Madrid por seguir su demoledor ritmo en el Palacio, donde viene toda la temporada enjugando sus penas a domicilio. Más importante por ello asegurar la ventaja de cancha en cuartos, acabar segundo o tercero (a la espera del resultado del Valencia en Sarajevo ante el Dubai). Sin ser garantía de nada (hasta el Panathinaikos podría ser el cruce), la estadística asegura que en 81% de las ocasiones pasa a la Final Four quien lo consigue.
Djokovic y Doncic, en el Palacio, durante el Madrid – Estrella Roja.EFE
También se la jugaba el Estrella Roja, aunque su batalla era un escalón más abajo y con una victoria evitaba el play-in. Pero era día grande en el Palacio, partido con aroma a antesala de la hora de la verdad, con Doncic y Djokovic en primera fila, flipando con las mandarinas de Llull (la hubo, cómo no: para cerrar el tercer acto, a tabla, una más en esa cuenta inigualable). El Madrid se lo iba a llevar por pura ambición, en uno de sus ejercicios más serios del curso, a unir al protagonizado la semana pasada en Estambul ante el Fenerbahçe.
El tiroteo con el que se abrió el telón no era precisamente lo más indicado, pero no es sencillo contener el talento. Y Sasha Obradovic, al que Scariolo nunca había vencido en Euroliga, posee un buen puñado de jugadorazos, tantos con lustroso pasado NBA. Amaneció el Estrella Roja con seis triples, con Nwora imparable. Aunque el primer revés, la lesión de tobillo de Bolomboy (no volvió), iba a resultar un lastre.
El primer arreón local llegó con la entrada en pista de Maledon, tan gris últimamente. Sus penetraciones descolocaron a los de Belgrado, que encajaron un parcial de 13-1. Garuba era una fiera, enchufadísimo esta vez, robando, reboteando, taponando, acabando en la otra canasta: en esta versión, resulta decisivo. Y Campazzo bailaba ante el que un día fue su ex equipo para irse al descanso con la máxima (56-44).
A pesar de algún acercamiento de los serbios, el Madrid no estaba por la labor de complicarse. Y su ventaja creció y creció con un buen puñado de sus protagonistas (Feliz, Maledon, Garuba…) afilando el cuchillo. Bien los necesita Scariolo.







