Athenea del Castillo, jugadora del Real Madrid y de la selección española de fútbol, tiene en juego este miércoles el título de la Liga de Nacionales Femenina en la final que España disputa en La Cartuja contra Francia. Pero la cántabra ha estado en boca de muchos el último año por una fotografía en la que aparece su pareja en el Valle de los Caídos.
“En todo. Estoy en todo. En lo bueno o en lo malo. Athenea esto o Athenea lo otro. Pero, ¿por qué? Si yo soy normal. Me refiero… si no hago nada”, se ha defendido Athenea en ‘Relevo’. .
“El de la política. Ese es el que más. O sea, por unas fotos. ¡Unas fotos! Dios mío de mi alma y de mi corazón. Pobrecito mi chico y pobrecita yo. Los dos. Es que la gente que me conoce flipa. Y la gente que le conoce a él, flipa más. Si lo conocieseis de verdad… Es lo que más, porque digo ‘pero por favor, ¿por una foto ya eres capaz de opinar algo?'”, ha añadido.
La Imagen por la que ha recibido tantas críticas esta realizada en un puente del rebautizado Valle de Cuelgamuros, y justo detrás de ellos se observa con claridad un grafiti en el que pone “viva Vox”. La jugadora de la selección ha recibido miles de comentarios negativos por esa fotografía en las redes sociales.
Para saber más
“Me quedo muerta. He aprendido a reírme. Llega el momento que me hace gracia. Digo ‘pero por favor, ¿no tenéis otra cosa en la que divertiros?’ Que ver en que Athenea haya subido una foto, o que el novio de Athenea, o que el amigo del amigo de Athenea. Por favor, que soy una persona normal. Cualquiera que me conozca y que hable conmigo sabe cómo van las cosas. Ahora me río, pero si había algo que al principio me molestaba”, ha zanjado
Brais Méndez (Mos, Pontevedra, 1997) es un experto en salud mental. No por estudios, sino por golpes. Canterano del Celta, al éxito en el primer equipo gallego, con una convocatoria de la selección incluida, le siguieron los abucheos de la grada cuando su nivel no fue de sobresaliente. Ahí empezó a ir al psicólogo. De forma natural, sin grandes esfuerzos. Ahora, cinco años después, ha sido el máximo goleador de la Real Sociedad en Champions League con tres tantos y hoy recibe al Real Madrid en el Reale Arena.
Han pasado cinco años desde que hablara de salud mental por primera vez, cuando fue pitado en Balaídos. ¿Cómo lo ve ahora?
Tengo mucho más conocimiento, en ese momento no tenía ni idea. Y ahora lo veo en perspectiva, por haberlo pasado y haberlo superado. Saber lo que has pasado y lo que no quieres volver a pasar.
¿Qué superó exactamente?
No creo que haya sido una depresión, pero sí un muy mal momento. Lo que peor llevaba era el no disfrutar del fútbol. El no querer jugar el fin de semana... Pasé de amar una cosa a no querer tenerla delante. Fueron un cúmulo de cosas. Era un momento delicado en el Celta, hubo una etapa en la que faltó Iago Aspas, que era nuestro referente, y yo quise colgarme esa mochila de responsabilidad. Pero las cosas no salían, las críticas cayeron en mí, se juntó con silbidos en el estadio, que mi familia lo pasó mal por eso... Fueron un cúmulo de cosas que hicieron que mi cabeza hiciera 'clic' y que no fuera capaz de superar esa situación. La bola se hizo más grande e incontrolable.
¿Y qué hizo en ese momento?
Al principio no quería verlo, decía que ya vendrían tiempos mejores. Pero cuando el momento se hace largo, que durante la semana te encuentras bien pero llega el fin de semana y ves que no, que estás bloqueado y que no eres capaz de hacer nada. Cuando son meses así dices algo pasa, algo hay que hacer.
¿Recuerda la primera charla con el psicólogo?
Iba recomendado por alguien que pasó algo parecido y fue sencillo explicarle lo que yo estaba viviendo. Que no disfrutaba el fútbol. Que no quería nada más que salir y disfrutar como lo había soñado de pequeño. Desde el principio entendí lo que quería que hiciera e hicimos un buen tándem.
¿Qué le recomendaba?
Cosas básicas, centrar la mente en el juego, en mi mismo, en lo que podía controlar. En muchos momentos mi cabeza pensaba 'si fallo este control me van a pitar', y eso no te permite disfrutar ni jugar. Eran ejercicios como estar concentrado en el trayecto de casa al entrenamiento, que te conoces perfectamente, pues estar concentrado en eso al 100%. Y luego aplicarlo al campo. Me fue de maravilla.
¿Se notaba con peor actitud con su familia?
Estaba más cabizbajo, triste... Pero era sobre todo el fin de semana. Yo entrenando disfrutaba y me lo pasaba bien, era luego al verme en el foco con 20.000 personas viéndome y juzgándome. Eso era lo que me hacía pasarlo mal.
¿Cómo es esa relación con el psicólogo? ¿Va de forma constante o sólo cuando cree que tiene problemas?
Yo charlo con él cada dos semanas, más o menos. Él ve los entrenamientos, ve actitudes o cosas que me comenta y yo le comento mis sensaciones, o cosas que quiero mejorar mentalmente, porque la concentración te puede fallar en algunos momentos.
¿Y si le pitaran ahora?
Sería totalmente distinto. Obviamente no me gustaría porque soy de los que piensa que durante los 90 minutos del partido hay que animar y luego ya mostrarás el enfado. También en aquel momento tenía 21 años, era muy joven, acababa de llegar al fútbol profesional y no sabía cómo funcionaba. Ahora las cosas son distintas.
Hablemos de fútbol. Vaya temporada.
Para mí es una temporada histórica. Tengo la espina clavada de fallar el penalti de la semifinal de Copa contra el Mallorca porque había mucha ilusión en el vestuario y la grada. Es duro y lo pasé mal, pero es fútbol, y eso también se trabaja mentalmente. Pero haciendo un balance general, muy feliz. Perdimos en Champions con el PSG y seguimos peleando por estar en Europa un año más.
El calendario no para. ¿Exprimen demasiado a los futbolistas?
Creo que es una maldita locura. Jugar cada tres días durante tres o cuatro meses seguidos es una barbaridad y admiro a los que lo han hecho durante diez o quince años. Me parece que es una locura, creo que cada vez meten más partidos, la gente viaja más lejos, volver de madrugada, entrenar... Es una barbaridad. Nos estamos cargando a los jugadores, es normal que haya lesiones y que la gente no aguante el ritmo. Irá a más.
Los críticos dirán eso de "cobran mucho, lo llevan en el sueldo".
Estoy acostumbrado a escuchar eso. Me parece el comentario más básico que puede existir. Lo que cobres no tiene nada que ver con que estés bien o no mentalmente o que el cuerpo no aguante jugar cada tres días partidos que cada vez son más exigentes. Son comentarios que se escuchan siempre pero que creo que pueden ir yendo a menos porque la gente está más concienciada con la salud mental.
¿Los comentarios por la Fantasy qué tal los lleva?
Eso es más por la calle (risas). Te encuentras a algún chaval que te dice que te tiene en el Fantasy, que te tiene de capitán y que le has dado pocos puntos. "Te toca venderme", les digo de coña. Siempre que sea de buen rollo, guay. Me hacen gracia.
¿Los comentarios en las redes son peor que los pitos? Usted se borró Twitter.
Twitter es la mejor red social que existe pero la gente lo utiliza para otra cosa, es muy fácil esconderse detrás de un apodo, no hace falta DNI y se ponen auténticas barbaridades. Me encantaría tener Twitter para seguir la NBA y la NFL, pero no quiero.
Lucas Sáez-BravoEnviado especial MálagaEnviado especial MálagaActualizado Domingo,
18
febrero
2024
-
00:59Esta tarde (18.30 h., Movistar Plus+) en el Martín...
¿Puede quedarse un país sin selección nacional de fútbol por decisión de su gobierno? Antes de contestar, hay que tener en cuenta un dato: los 193 estados reconocidos por la ONU tienen equipo nacional de fútbol, posean o no arraigada tradición futbolera. El pasado mes de agosto se sumó Islas Marshall, una nación compuesta por cinco islas, 29 atolones y alrededor de 40.000 personas. Esa es la razón que ha convertido en insólita la decisión del Gobierno de Gabón de suspender a su selección tras el ridículo en la Copa África.
El Consejo de Ministros se reunió el 31 de diciembre, después de la última derrota ante Costa de Marfil (2-3) tras perder una ventaja de 2-0, y anunció la estrambótica resolución. «Teniendo en cuenta la deshonrosa actuación de Las Panteras en la Copa África, y considerando los efectos multiformes en las antípodas de los valores de ética y ejemplaridad de la V República, el Gobierno decide: la disolución del cuerpo técnico, la suspensión del equipo nacional hasta nueva orden y la exclusión de los jugadores Bruno Ecuele Manga y Pierre Emerick Aubameyang.
Además, el Gobierno solicita a la Federación Gabonesa de Fútbol que asuma toda su responsabilidad», recogía el comunicado en el que, de manera evidente, queda demostrado que el fútbol no hay olvido. Al varapalo ante Costa de Marfil se habían unido antes las derrotas ante Camerún (0-1) y Mozambique (2-3). «Es una parte de la identidad nacional lo que se ha roto», aseguró el presidente Brice Clotaire Oligui Nguema.
El precedente de Eritrea
Gabón, que volvía a la Copa África tras no clasificarse en 2023, se queda sin selección, hasta nueva orden y con sus dos estrellas señaladas. Para Aubameyang, que acudió al torneo con problemas físicos a sus 36 años y que ha jugado 86 partidos internacionales en los que ha marcado 40 goles, la razón del fracaso en Marruecos es más profunda. «Creo que los problemas del equipo son más profundos que la persona insignificante que yo soy», dijo en sus redes sociales.
La decisión del Gobierno de Gabón no tiene precedentes. Nunca la injerencia política había alcanzado a suspender la existencia de un equipo nacional hasta que la federación de fútbol se plegara a los cambios que, desde el gobierno, se estimaran oportunos. Hasta ahora, la única intervención gubernamental que había sacado a un equipo de las competiciones por voluntad propia la había protagonizado Eritrea, que retiró a su selección de las competiciones internacionales por miedo al riesgo de fuga, a que sus futbolistas, al viajar a países extranjeros, acabaran desertando y pidiendo asilo. Esa decisión, llevó a la FIFA a impedirle participar en la clasificación para el Mundial de Estados Unidos, Rusia y Canadá. En esa carrera sí estuvo Gabón, que no logró plaza.
Las Panteras se enfrentan ahora a sanciones que pueden marcar su futuro. De acuerdo con los Estatutos de la FIFA, las asociaciones miembro deben administrar sus asuntos de forma independiente y sin interferencias externas. El artículo 14 establece que la injerencia gubernamental puede derivar en sanciones, incluida la suspensión del país de todas las competiciones internacionales. Es decir, la FIFA tiene tolerancia cero ante cualquier decisión externa que afecte a la gobernanza deportiva.
Guelor Kanga marca ante Costa de Marfil, el 31 de diciembre en Marrakech.AFP
Son muchos los ejemplos en los que el máximo organismo internacional ha cerrado las puertas a selecciones por este motivo. Una de ellas, la República Democrática del Congo, que mañana jugará los octavos de final ante Argelia. En febrero de 2025 fue sancionada porque el Gobierno tomó el control de la sede de la Federación y todas sus instalaciones deportivas, además de intervenir sus cuentas. En mayo, una vez restituida la independencia federativa, la sanción le fue levantada.
Otro castigo aún pesa sobre Pakistán y El Salvador y Kenia han estado también en situación similar, que la FIFA levanta cuando certifica que la injerencia ha cesado. No es el caso de las sanciones que impone por razones 'políticas'. Alemania, Japón o Yugoslavia fueron apartadas de competiciones por su intervención en conflictos bélicos, y Sudáfrica por el apartheid. Actualmente, Rusia está excluida desde 2022.