«No voy a dimitir». Hasta cinco veces pronunció esa frase Luis Rubiales ante el auditorio de la Asamblea General del fútbol español. El presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF) cogió por sorpresa no sólo a toda la sociedad española, sino
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El himno sonó atronador, pero la escena fue un guirigay al que el Rey asistió impasible, como siempre, desde el palco. Recién llegado del funeral de Papa Francisco en Roma, estuvo acompañado por la vicepresidenta María Jesús Montero, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno y la ministra de Deporte, Pilar Alegría. Junto a ellos, en la primera línea, el presidente de la Federación, Rafael Louzán, en su primer gran acto institucional.
La megafonía no pudo evitar que la final arrancase con una sonora pitada desde la mitad del estadio poblada por los seguidores azulgrana. Además, en el minuto 17 y 14 segundos, desde el fondo sur de La Cartuja llegó el grito "In, Inde, Independencia". Otro episodio que alteraba la normalidad en el palco, con Felipe VI y Louzán como protagonistas.
Desde la elección de Louzán, el pasado diciembre, la Copa ha deparado cambios. El principal es que ambos clubes sabían que el campeón se llevaría el trofeo a casa para siempre, no sólo por una temporada. Hasta ahora había que ganar tres ediciones para poder lucir la Copa original en las vitrinas. «Es lo lógico que el ganador se la lleve. En el fútbol la evolución es necesaria», reconocía Louzán en los minutos previos al inicio de una final que puede que sea la última en La Cartuja.
Han sido seis ediciones consecutivas con Sevilla como sede, pero ahora la RFEF va a abrir la subasta para que otras ciudades puedan pujar por ser sede. «Vamos a dar la oportunidad a todos los que tengan interés y se presenten, pero tanto la Junta como el Ayuntamiento de Sevilla y la Diputación, que forman el patronato de La Cartuja, ya me han manifestado su interés en que la Copa continúe aquí», reconoció el presidente de la RFEF. Durante seis años han abonado un canon de 1,2 millones de euros y ahora han eliminado la pista de atletismo y ampliado la capacidad hasta los 70.000 espectadores para ser el tercer estadio de España en aforo.
La competencia del Metropolitano
Como contrincante tendrá a Madrid, que quiere que al menos la próxima edición de la final de esta competición se celebre en el estadio Metropolitano. La capital no es sede de una final desde 2018, si bien la había acogido durante tres temporadas consecutivas.
Todos quieren ser sede de la fiesta del fútbol español porque supone llenar de color los estadios y la ciudad durante todo un fin de semana. Y es que, en esta edición, antes de retarse en la acicalada Cartuja, más futbolera que nunca y presidida por dos grandes pancartas que rezaban «¡Hala Madrid!... y nada más» y «125 anys d'història», las dos aficiones lo hicieron en las calles de Sevilla, con terrazas llenas animadas por la temperatura veraniega, pero también algún incidente.
Los 2.000 efectivos policiales que velaron por la seguridad en la capital hispalense tuvieron que hacerse muy presentes durante la mañana en el centro de Sevilla. Intervinieron para dispersar a un grupo de radicales del Barça con material pirotécnico y bengalas y en varias peleas en otros puntos de la zona monumental que se saldaron con cinco detenidos, tres de ellos identificados como seguidores culés y uno madridista. Otro aficionado blanco acabó herido con la nariz rota.
La Copa del Rey llega, de manos de un SkySurfer en La Cartuja.AFP
La fiesta blanca, además de en la fan zone junto al estadio, estuvo en la Alameda de Hércules, punto de concentración del madridismo que fue llegando a la ciudad a cuentagotas para teñir de blanco el fondo norte de La Cartuja rivalizando con el azulgrana que pobló la grada sur. Sonaron los himnos de los dos equipos, coreados por unos y silbados por los rivales.
Pero el momento estelar fue cuando el estadio se apagó para recibir el trofeo, que llegó al centro del campo desde el aire en una tabla voladora antes de que, un joven aficionado del Athletic, el último campeón, la depositó en el centro del campo. Un láser dibujó las alineaciones sobre el césped y, de nuevo, el joven athletizale escoltado por un chaval del Barça y una joven del Real Madrid, la condujo hasta la bocana del túnel del vestuarios para que presidera la salida de los dos equipos. Se desplegaron entonces las pancartas en los fondos. El Madrid con su lema «Hasta el final, vamos Real» y el Barça recordando que, con 31 títulos, es «el Rey de Copas».
"Deporte sí, genocidio, no" rezaba una de las pancartas. Pero, no, el baloncesto no salió indemne en el Roig Arena. El partido entre el Valencia Basket y el Hapoel Tel Aviv se jugó en un recinto casi fantasmal, blindado por un dispositivo de seguridad de 500 agentes que protegieron al equipo israelí hasta detrás del banquillo. 11.000 abonados del conjunto taronja se quedaron sin poder alentar a su equipo, aunque alguno lo dio por bien empleado y acudió a las concentraciones con la camiseta y la bufanda entrelazada con la bandera palestina.
La protesta tomó las calles aledañas para clamar por la libertad de Palestina y el apoyo al pueblo de Gaza, durante mucho tiempo de manera muy pacífica, pero sin poder evitar que las protestas más enérgicas de un pequeño grupo que invadieron la calzada con la intención de cortar el Bulevar Antonio Ferrandis acabaran provocando una carga policial, dejando cinco detenidos y una mujer herida trasladada en ambulancia. No fue una batalla campal, pero los ánimos por momentos estuvieron encendidos. Y es que la protesta contra "un partido que blanquea un genocidio" congregó a mucha más gente que la manifestación convocada en el centro de Valencia. Antes de que arrancara el partido a las 20.30, la Policía lanzó varias salvas al aire y la concentración se dispersó.
Los colectivos propalestinos habían pasado dos horas apostados en las cuatro esquinas de la nueva casa del Valencia Basket desde primera hora de la tarde con balones pintados de rojo simulando la sangre, con banderas palestinas al viento y de "Israel asesina, basket patrocina", que mutó después la coletilla final para convertirla en "Roig patrocina" o "Europa patrocina". Las consignas llamando a la resistencia al pueblo de Gaza y los ataques verbales a Netanyahu fueron una constante. Pero el Hapoel ni los vio ni los escuchó.
Pocos minutos antes de las seis de la tarde, el equipo accedió directamente en autobús a las entrañas del Roig Arena sin que casi nadie lo percibiera. Un acceso pensado para estrellas del rock acabó convirtiéndose en su refugio. Fue el mismo trayecto que hicieron a las 12 de la mañana para entrenar en una cancha que nunca han visitado porque está de estreno.
Arena desierto con barreras antiavalancha
Para entonces, el perímetro del arena estaba blindado. La tienda del equipo y los restaurantes de los anillos exteriores tuvieron que cerrar y hasta el entrenador del Valencia Basket Femenino, Rubén Burgos, tuvo que suspender la rueda de prensa previa a su partido de Euroliga de este jueves. Nadie podía entrar en el Roig Arena y hasta las alcantarillas fueron revisadas minuciosamente por los cuerpos y fuerzas de seguridad. Tampoco los gritos se filtraban porque si de algo presume la casa del Valencia Basket es de una insonorización casi absoluta.
Concentración propalestina junto al arena del Valencia Basket.A. ESCOBAREFE
Sin público -lo que provocó las protestas de las peñas-, el dispositivo se centraba en controlar que nadie pudiera irrumpir en el recinto, donde en cada puerta de acceso se colocaron barreras antiavalancha y la seguridad privada se reforzó. Una de las razones que llevó al club a cerrar las gradas fue la amenaza de sanciones de la Euroliga si el partido tenía que suspenderse en algún momento por razones de seguridad.
En la cancha, nada ocurrió más allá de los gritos de un speaker que nadie podía alentar. Hapoel, a diferencia de lo que ocurrió con Maccabi hace dos años, cuando lució camisetas pidiendo la liberación de los rehenes de Hamas, y una gran bandera de Israel en el banquillo. Eso no se repitió. Se vistió de normalidad un partido anormal.
Con 24 años, Cata Coll (Pòrtol, 2001) tiene el peso y la mentalidad de una veterana. Quizá porque llegó a la élite muy joven y a un equipo plagado de estrellas, donde tuvo baches; quizá porque su carácter es de líder, con un puntito canalla. Sobre sus guantes y su toque con los pies empezará a construirse la España de Sonia Bermúdez, con el reto de buscar la final de la NationsLeague ante Suecia con una convocatoria marcada por el regreso de Jenni Hermoso y Mapi León.
Pocos días con la nueva seleccionadora pero ¿qué percibís?
Tenemos muy buen feeling. Al final se nota que ha sido jugadora, que hace poco que se ha retirado y que nos entiende muy bien. Es una etapa nueva en la que empezamos de cero con un objetivo claro: ganar la Nations League. Creo que ella viene en un momento importante de esta selección y confiamos. Lo que nos transmite lo vemos bien y vamos adelante.
¿Qué cambio habéis notado más?
Que venga de ser una gran jugadora se nota. Nos deja libertad para que cada una se gestione como quiera su tiempo libre. Yo creo que también nos hace sentir más libres. Ésa puede ser la mayor diferencia, que nos comprende como jugadoras.
¿La recuerdas en el campo?
Sí, muy buena, muy técnica. Ha estado en clubes como el Barca, el Atlético, Levante, clubes top y hablan muy bien de ella. Si como jugadora era excelente, no dudo que como entrenadora también lo sea.
¿Le ha dicho ya que quiere tirar penaltis?
No, aún no, no hay esa confianza, pero la habrá, la habrá.
¿Qué supone para vosotras ver a Jenni de nuevo con España?
Estamos felices. La vemos contenta de estar aquí, con un poco de jet lag y cansada, pero ha llegado muy bien. Sabemos lo que nos puede aportar, la jugadora que es y estoy contentísima de que esté aquí.
¿Y Mapi, a quien tienes más cerca en el Barça?
Justo antes de la convocatoria le pregunté si iba a venir, y me dijo que estaba disponible, pero que no sabía. Eso ya me puso muy contenta. Como dices, la tengo cerca y la conozco muy bien. Sabemos todo el potencial que tienen Mapi y Jenni y lo vamos a aprovechar.
¿Era el momento del cambio de seleccionadora, del regreso de estas jugadoras?
Puede ser. Creo que hicimos buena Eurocopa, obviamente, pero es verdad que a lo mejor era una manera de cerrar el círculo. A veces hay que cerrar etapas también cuando salen bien. Y no pasa nada, no es nada malo. Es una nueva, con una entrenadora increíble y un staff en el que confiamos mucho. Esperemos que salga bien.
Más de una compañera ha dicho que tú matarías por ellas. ¿En algún momento de estos dos años has pensado: 'ojalá hubiera estallado'?
Bueno, puede ser, pero porque soy de mucho carácter, pero a veces también tienes que guardar un poco las formas. Pero sí, por las mías mato, siempre lo digo, y en el campo más.
Llevas un tatuaje que dice, en catalán, 'Feliz cerca del peligro', ¿por eso pasaste de ser central a portera?
Realmente no sé por qué cambié. Me gustaba mucho esta posición, el sentir esa presión extrema que tiene siempre el portero, ser diferente.
También juegan más...
Bueno, o menos (se ríe). El ser diferente es lo que me gustaba, la presión de ser portera. Al final, en el Barca no me llegan mucho y, cuando lo hacen, hay que intentar pararla. Y jugar bien con los pies, que creo que es lo que mejor domino. Por todo eso creo que dejé de ser central.
¿Te imaginas que un día te pasara como a Molina, que acabó jugando de centrocampista con Clemente?
Ojalá. Hace poco pasó en el Barça B que tenía muchas jugadoras lesionadas y le hicieron una camiseta de jugadora a una portera por si acaso. Y dije, qué envidia, ojalá me pasara. Mi sueño es subir a rematar un córner y meter gol.
Has ejercido de entrenadora en su campus, ¿tienes ese gusanillo?
Sí, me gusta mucho. No sé si sabría mucho de fútbol o no, pero sí que es verdad que me gusta mucho hacer el equipo, liderar. Me gusta estar presente, me gusta comprometerme con lo que hago. Fui al campus y me lo pasé en grande.
Lleva otro tatuaje que dice, también en catalán 'Me das pereza'. ¿Qué o quién le da pereza?
Me lo hice con uno de mis mejores amigos. Somos muy así, de 'quita, que me das pereza'. Es mi personalidad y nos tatuamos, sin más.
¿La lesión de cruzado también tiene un tatuaje?
Llevo 2023 tatuado del revés, de abajo a arriba, porque fue un año que empecé muy mal tras la lesión y acabamos ganando el Mundial. Es una enseñanza de que, por abajo que estés, luego puedes acabar muy arriba.
Supongo que de lo positivo también hay marcas en tu piel.
Sí, tengo la primera Champions, que creo que fue muy importante. También tengo un tatuaje del Mundial.
Ahora no hay nadie sin tatuaje...
El primero fue a los 16 años, con el permiso de mi madre, obviamente. Y ya cuando tenía 18, empecé. Me gusta cómo quedan tanto visualmente, porque estilizan, y también, sobre todo, me marco recuerdos. No me arrepiento de ninguno.
Ese carácter enérgico, ¿es una coraza?
Obviamente. Me considero una tía de carácter, pero intento no enseñar nunca lo que siento de verdad. Si estoy nerviosa, no me lo vas a notar. . Triste, tampoco. Intento siempre ser plana. Eso sí, haciendo bromas. Al final, si no tienes un buen día y te exiges sonreír, ya no es tan malo.
¿Y el puntito canalla, también es para protegerse? (Se ríe)
No, eso viene de serie.
¿Qué te enseñó salir de casa con 17 años?
Que mi madre no estaba, que no había nadie que resolviera los problemas. Me ayudó a ser como soy. Intenté madurar muy rápido. Mallorca es una isla pequeña, donde casi todo el mundo se conoce, y yo firmé por el Barça y me fui cedida a Sevilla, una ciudad grande y totalmente diferente. Eso también me hizo crecer como persona y como jugadora.
Hay debutantes en esta convocatoria, no sé si se hacen novatadas...
Sí, a Clara Serrajordi. Aún no se la hemos hecho, pero ya le he dicho que será peor que la del Barça.
¿Se puede contar?
Claro. Tenían que hacer juegos graciosos y cosas así. Pero ya le he dicho que aquí lo pasará peor.
¿Y a Jenni y Mapi?
Ya veremos, igual tienen que hacer algo. Estaría bien.