La separación de Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero fue un shock para todos. Normalmente, en el tenis, los cambios llegan cuando hay una mala racha y Carlos venía del mejor año de su carrera. No me lo esperaba, como nadie se lo esperaba. Pero hay que dar tiempo para saber cómo influirá en su carrera.
De momento, lo veo feliz, lo veo animado, incluso lo veo aliviado. Empieza un Open de Australia con mucha presión, por el cambio de técnico y porque es el único Grand Slam que no ha ganado, pero se le nota relajado. Por primera vez en su carrera ha pasado por el despido de un miembro de su equipo, nada menos que el entrenador principal, y eso nunca es fácil. Pero tarde o temprano tenía que pasar.
Los jugadores que siempre han tenido el mismo entrenador son casos muy contados. Lo normal en los circuitos ATP y WTA es abrir y cerrar etapas. Es bastante habitual que el técnico que te ha dirigido de junior no siga contigo cuando estás luchando por ganar torneos grandes porque las necesidades son distintas. De joven te ayuda alguien que te organice también fuera de la pista, que te haga de padre y de psicológico, que te incluye disciplina y te enseñe hábitos. Después ya no hace falta esa figura o no debería. De ahí que haya tanto cambios de entrenador.
Y también es que estas relaciones nunca son faciles. Pagas alguien para que te diga lo que debes hacer. Es una situación extraña. En el tenis lo vives desde niño, te acostumbras desde las clases particulares que contratan tus padres, pero igualmente es raro. Genera rifirrafes y el equilibrio es muy delicado. Si pensamos en los grandes de la historia, incluso las relaciones de Rafa Nadal con su tío Toni o de Novak Djokovic con Marian Vadja tuvieron un final.
En mi opinión, Carlos acabará contratando un segundo entrenador. Lo necesita porque juega muchos torneos, viaja mucho, y sobre todo para tener un contrapunto. En un banquillo debe haber un técnico serio y un técnico relajado, al igual que debe haber uno técnico y otro experimentado. Sentir la ayuda de alguien que haya jugado finales de Grand Slam es muy importante y, aunque todo le vaya muy bien, en algún momento puede echarlo de menos.





