En Cuna de Campeones de Valencia se han formado más de 70 pilotos de élite, entre ellos, Pedro Acosta, Jaume Masiá y Jorge Martín, que podría cerrar un triplete histórico.
Jorge Martín, en el circuito Ricardo Tormo.Javier SorianoAFP
El circuito Ricardo Tormo acogerá una gran una fiesta este fin de semana, en la clausura del Mundial. Pedro Acosta y Jaume Masià llegan como campeones de Moto2 y Moto3 y Jorge Martín apurará al máximo para lograr una triple corona inaudita. Los tres
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El Arsenal no sólo cerró de forma concluyente su pase a las semifinales, sino que prolongó su formidable racha ante el Real Madrid, ante quien aún no ha perdido en la Champions. Tres victorias y un empate. El pequeño homenaje de Mikel Arteta a Arsene Wenger, que dio el primer paso con un 0-1 en febrero de 2006. La leyenda gunner cuenta ahora con un digno sucesor en Declan Rice, autor de un colosal partido. El mediocentro fue el símbolo de la fortaleza y el carácter de un equipo que iguala su mejor racha a domicilio en la Champions. La última vez que el Arsenal enlazó cuatro victorias europeas lejos de Londres fue precisamente con aquel golazo de Thierry Henry en el Bernabéu.
El último bofetón de Gabriel Martinelli al contragolpe definió la sexta derrota del Madrid en la Champions, el récord absoluto para los blancos, que hasta ayer contaban con las cinco de la campaña 2000-01. En cualquier caso, ni siquiera acierto postrero del brasileño pudo eclipsar el brillo de Rice. Infatigable en las ayudas a sus centrales, sólo falló uno de sus 27 pases (96%), participando en las mejores transiciones, ligeramente volcado en el perfil izquierdo. Su aplomo, en la acción del presunto penalti sobre Kylian Mbappé, terminó por convencer al VAR. Hubo doble recompensa para él, dado que el François Letexier le retiró la tarjeta amarilla y llegará limpio a las semifinales. "Soy un tipo honesto. A Mbappé y Lucas Vázquez les dije que no era penalti y que si admitiría le hubiese derribado, lo diría. Se tiró al suelo y estaba plenamente convencido de que lo anularía", ratificó el 41 en los micrófonos de TNT Sports.
La confianza de Rice guio a un Arsenal sin titubeos en Chamartín. Curiosamente, el único momento de zozobra llegó en el momento más propicio, con un penalti a favor donde las dudas de Martin Odegaard terminaron por afectar a Bukayo Saka. Después de nueve penaltis consecutivos convertidos, el internacional inglés erró ante Thibaut Courtois. Curiosamente se cumplían dos años exactos de su último fallo, ante Lukas Fabianski, durante el 2-2 en la visita al West Ham. Un revés para la estrella gunner, que luego pudo resarcirse con un clínica definición para el 0-1. En las últimas semanas, Saka en pleno proceso de renovación para ampliar un contrato que expira en 2027. Según recientes filtraciones, la última oferta asciende a 300.000 libras semanales, lo que le convertiría en el mejor pagado de la plantilla.
Aquel 0-0 ante Guardiola
De momento, ese privilegio corresponde a Kai Havertz y Gabriel Jesus, otros dos delanteros de un equipo que basa su fortaleza en la seguridad en torno a su área. Esta temporada, David Raya ha mantenido 18 veces el cero en su portería. Seis de ellas de Champions, donde sólo ha encajado siete goles en 12 partidos (0,58 de promedio). El pasado curso, Arteta causó notable asombro en la Premier tras un 0-0 frente al Manchester City. Escocido por sus resultados recientes en el Etihad, el Arsenal no tuvo el menor empacho aquel domingo en replegarse en torno a su guardameta. El espectáculo resultó soporífero, pero el técnico donostiarra no podía permitirse una novena derrota consecutiva en el feudo de su gran rival por el título.
Entonces, Pep Guardiola debió hacer frente a numerosas críticas por protegerse con tanto toque horizontal y por conformarse con un punto en mitad de la batalla con el Liverpool. En realidad, sus principios debían situarse en el lado contrario del espectro futbolístico. Arteta tomó buena nota de ellos a lo largo de las tres temporadas en las que ejerció como su primer ayudante (2016-2019). Hasta que tres días antes de la Navidad quiso aceptar una oferta del Arsenal.
Aquella propuesta podía interpretarse como un regalo envenenado. No sólo había que recuperar el pulso de un club en vía muerta tras el reciente fiasco de Unai Emery, sino de retomar la senda de Arsene Wenger. Cuando iba a cumplirse su primer año en el Emirates, apenas siete meses después de tocar la gloria con la FA Cup, el donostiarra vivió un momento crítico, con el equipo a cinco puntos del descenso tras sendas derrotas ante Everton y Burnley. A partir de entonces recondujo el rumbo para cerrar el curso con el título de la Copa de la Liga.
Arteta, satisfecho con sus futbolistas, en la zona técnica del Bernabéu.AFP
Pese a los habituales comentarios en la prensa local, el vínculo entre Guardiola y Arteta se ha mantenido en algo más que la cordialidad. "Hablamos hace unos días y quería pedirle un consejo. Es importante aprender del mejor", reconoció horas antes del 3-0, su mejor momento en el Emirates. Incluso más especial que el 5-1 del pasado 2 de febrero ante el City, con una exhibición de juego ofensivo, certificado con goles de Myles Lewis-Skelly y Ethan Nwaneri, dos de sus talentos adolescentes. Por el momento, el balance sigue favorable para Guardiola, con ocho victorias en los 14 precedentes. Sin embargo, esta temporada Arteta también rubricó un 2-0 de prestigio ante el PSG de Luis Enrique. Precisamente su próximo adversario por el título.
Porque la última semifinal de Champions databa de 2009, cuando los gunners cayeron ante el Manchester United de Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney por un global de 4-1. Ahora todo se presenta más equilibrado, vista la fortaleza del Arsenal, que sólo ha perdido uno de sus últimos 16 partidos a domicilio en todas las competiciones, con ocho victorias y siete empates. "Es una de las mejores noches de mi carrera, sin duda. Fue muy especial, ante un equipo que ha sido una inspiración para muchos de nosotros. Podemos estar muy orgullosos de pasar del modo en que lo hicimos", finalizó Arteta.
A veces el destino, que es como llamamos poéticamente al caos, da la impresión de no obrar de modo caprichoso. Sus actuaciones parecen desmentir el azar y adoptan un comportamiento nada neutral en un sentido u otro. A Mikaela Shiffrin parece haberle cogido ojeriza. El 30 de noviembre, el día en el que la mejor esquiadora de la historia se disponía, en el eslalon gigante de Killington, a conseguir su victoria número 100 en la Copa del Mundo, le sonrió antes de darle una bofetada.
La llevó a ganar la primera manga y le dio la espalda en la segunda. Mikaela se cayó. Bien, eso no es raro. Y podía haberse quedado ahí. Pero lo que parecía una caída de tantas, sin mayores consecuencias, se convirtió en una lesión leve. De leve, pasó a fastidiosa. De fastidiosa, a seria. Y de seria, a necesariamente operable. Mikaela pasó por el quirófano recientemente para someterse a, según sus palabras, una "operación inesperada". La herida punzante en el vientre se complicó. "La recuperación no ha ido como se esperaba", ha explicado la esquiadora. "Hubo que extraer líquido y tratar un desgarro muscular junto a la pelvis".
Inesperada la operación. Inesperada la muerte de su padre en febrero de 2020. Ella estaba en Italia cuando su hermano Taylor la llamó para darle la mala noticia. Llegó pocas horas antes del fallecimiento. Pensó seriamente en dejar el esquí: "Me encontraba abatida, sin autoestima y con un sentimiento constante de desesperanza". Inesperada la pandemia, que canceló muchas pruebas de la Copa del Mundo, que ella, por otra parte, no estaba en condiciones de disputar.
Después de una recuperación
En ese estado de (des)ánimo, y con su racha de victorias afectada después de la reanudación de las competiciones, afrontó los Juegos de Pekín2022. El resultado sólo podía ser catastrófico. No acabó el eslalon, el gigante y la combinada, sus mejores pruebas, y acabó novena en el supergigante y decimotercera en el descenso. Tocó fondo. Y se dio cuenta de que, según sus palabras, "tenía que dejar de huir y esconder lo que sentía. Debía elegir entre la vergüenza de contarlo o desnudar mi alma y ser capaz de seguir adelante".
Lo consiguió con la ayuda de especialistas y de amigos en el mundo del deporte, que entendían mejor que nadie lo que le ocurría. Especialmente su pareja, el noruego Aleksander Aamodt Kilde, otra estrella del esquí mundial. En enero de este año, Mikaela sufrió una lesión de rodilla en el descenso de Cortina dAmpezzo. Regresó a tiempo, en marzo, en los estertores de la temporada, para imponerse en los eslalons de Are y Saalbach. Las crisis personales habían quedado atrás. Por delante aguardaba, con los brazos abiertos, una temporada 2024-25 llena de promesas con el número 100 (y sucesivos) pintado en el horizonte.
Pero la mujer propone y ese destino, que unas veces echa una mano y otras la zancadilla, dispone. Mikaela ganó el eslalon de Levi (victoria 98). Y el de Gurgl (victoria 99). Killington, entonces, le volvió la espalda y le cerró violentamente la puerta en las narices al número 100. La prevista, anunciada apoteosis se trasmutó en insospechado duelo. Por súbito. Por excesivo. Por especialmente inoportuno. Por cruelmente irónico. Por "inesperado". A Mikaela le aguarda una recuperación incierta en el tiempo (¿cuándo?) y el espacio (¿dónde?).
Según Dylan, la respuesta estaría en el viento. Según el destino, en la nieve.