Venció por 7-6 (2) y 7-6 (6) para dar el primer punto a los balcánicos.
Kecmanovic celebra su triunfo ante Draper.JORGE GUERREROAFP
Viktor Troicki tomó una arriesgada decisión. Con Laslo Djere, 33º, y Dusan Lajovic, 46º, más cualificados en el ránking, optó por Miomir Kecmanovic, 55º, para abrir la eliminatoria ante Gran Bretaña. Más fácil lo tenía Leon Smith, el capitán británico, quien, ante la ausencia de Daniel Evans, lesionado, tomó la única elección posible, que no era otra que la de Jack Draper. Si todos los puntos poseen una enorme importancia con el nuevo formato de la Copa Davis, éste se revelaba crucial, dada la presencia de Novak Djokovic ante Cameron Norrie en el segundo cruce.
Kecmanovic respondió a la confianza de su capitán e hizo valer su mayor estabilidad para vencer por 7-6 (2) y 7-6 (6). El número dos de Serbia rentabilizó su segunda pelota de partido ante un rival valiente y talentoso, pero vulnerable en las distancias cortas, allí donde le condujo la buena distribución de pelota de su oponente. Kecmanovic tiene entre su bagaje haber llevado a Carlos Alcaraz al límite en los cuartos de final de Miami en 2022. No fue poca cosa en plena explosión del español, que acabó ganando allí su primer Masters 1000. Alcaraz reconoció que su adversario había merecido el triunfo en un durísimo encuentro resuelto en el desempate del tercer parcial. El serbio de 24 años, apuntaba entonces, pero aún no ha logrado traducir sus cualidades en buenos resultados.
Draper cuenta con un arma capital en este tipo de superficies. Consumado sacador, tiró de ella para salir de un peligroso contratiempo. Estaba 4-3 y 15-40 abajo en el primer parcial cuando dejó un envenenado segundo servicio a la T y un ace para mantener el equilibrio. No se quedan ahi los recursos del zurdo británico, que dos juegos después salvó su primera bola de set con una dejada de revés. Paradójicamente, dos dobles faltas le penalizarían para perder el primero de sus desempates.
Resistió después, pero sin amenazar una sola vez en todo el partido el saque de su oponente. Llevado al mismo destino, pecó de nuevo de impericia. La mano templada de Kecmanovic puso a Serbia rumbo a la semifinal ante la Italia de Jannik Sinner.
Si algo estaba poco menos que escrito era lo que iba a suceder tras la última pelota de la inesperada final femenina del Masters 1000 de Madrid. Sólo faltaba poder detallar la escenografía. La ucraniana Marta Kostyuk no estrecha la mano a las tenistas rusas que no hayan condenado públicamente la invasión de su país dirigida por Vladimir Putin, algo que solo ha hecho Daria Kasatkina.
Ni siquiera Anastasia Potapova, su víctima en semifinales, que renunció a la nacionalidad rusa para adoptar la austriaca el pasado diciembre, mereció su saludo. Tampoco iba a dispensárselo a Mirra Andreeva, su última opositora en el viaje hacia el título.
Kostyuk, 23 años, vigesimosexta cabeza de serie, se impuso por 6-4 y 7-5 para lograr en Madrid el tercer título de su carrera, segundo esta temporada, que se agrega al logrado en Austin en 2023. Este lunes será decimoquinta del mundo, su mejor ránking hasta la fecha. La flamante campeona se lanzó sobre la arena envuelta en llanto, saludó al juez de silla, pasó de largo ante su oponente, y realizó una pirueta con un salto de espaldas.
Final inesperada
Despedidas prematuramente las principales favoritas, la copa se la disputaban dos buenas competidoras, con amplio bagaje en arcilla esta temporada. Reciente campeona en Rouen, Kosytuk había encadenado 11 victorias consecutivas. Andreeva ganó en Linz e hizo semifinales en Stuttgart.
A la ucraniana le tembló el pulso y cometió doble falta en la primera pelota de set, pero certificó la conquista parcial a continuación e hizo bueno el break logrado en el sexto juego. Más directa en la toma de decisones, la tenista de Kiev no sólo tomó ventaja en el marcador, sino que inició el segundo con una nueva rotura. Andreeva lo rescataría de inmediato, pero el partido entró en un impredecible vaivén donde el servicio cotizaba a la baja. La rusa llegó a contar con dos bolas para igualar a un set, pero no pudo aprovecharlas: restó fuera un segundo saque y nada pudo hacer ante un ace.
A continuación perdió de nuevo su servicio y quedó expuesta a una sentencia que llegó al tercer match point. Con la valentía de la que hizo gala a lo largo de todo el encuentro, frente al juego más especulativo de su rival, Kostyuk remató una victoria cargada de significado para ella, que además de lograr el triunfo más importante de su carrera, exhibió el orgullo de su país. "¡Gloria a Ucrania!", proclamó en el cierre de su discurso tras recibir el trofeo.
Madrid ya no espera a Rafael Nadal. Quedaron las lágrimas en su palco, donde le acompañó, como es habitual toda su familia. Quedan las lágrimas de Diego Pablo Simeone, uno de los testigos privilegiados de su última gran noche, pues lo fue, poco importa que esta vez no lograse sumar una victoria más a las 58 obtenidas a lo largo de sus 20 participaciones en el torneo, ningún título más a los cinco que deja entre su legado. Más triunfos que nadie. Más títulos también.
Es el final de una larga historia, el momento en el que ninguno de los 12.5000 aficionados que llenaron la pista Manolo Santana hasta la madrugada del miércoles para acompañarle hasta que su silueta desapareció hacia los vestuarios quería siquiera imaginar.
El chico, aquel que empezaba a construir su carrera casi en los albores del torneo, ya había dado muestras de ser un aventajado, con su brillante contribución a la conquista de la segunda Copa Davis de España ante Estados Unidos, en la final de Sevilla, derrotando a Andy Roddick con tan sólo 18 años. La temporada siguiente ganó en Montecarlo, Barcelona, Roma y su primer Roland Garros.
Nadal había debutado en el Masters de Madrid en 2003, en la segunda edición del torneo. Perdió de entrada con Álex Corretja. En 2004, poco antes de su eclosión en la Copa Davis, ganó a Davide Sanguinetti y cayó frente a Vincen Spadea. Fue en 2005 cuando logró el primero de sus cinco títulos, cuando aún se jugaba en otoño, en pista rápida y bajo techo, en el Rockódromo de la Casa de Campo, antes del convulso cambio a la primavera y a la arcilla, que se produjo en 2009 y de entrada no contó con su respaldo.
Detalle para Rafa Nadal.THOMAS COEXAFP
Gloria y dolor
La final contra Ivan Ljubicic fue uno de los episodios en los que se empezó a forjar su leyenda de extrema combatividad. Irreductible, superó al croata, entonces número 12 del mundo y un especialista en la superficie, por 3-6, 2-6, 6-3, 6-4 y 7-6 (3), en tres horas y 53 minutos. No le bastó a Ljubicic con los dos sets de ventaja y los 32 saques directos, alguno de los cuales alcanzó los 239 kilómetros por hora. Espoleado por el público, en la atmósfera cuasifutbolística que ha caracterizado el Masters 1000 de Madrid desde su nacimiento, Nadal se sobrepuso a los problemas físicos y dio a la gente aquello que pedía: una victoria con sangre, sudor y lágrimas. Fue su último partido hasta el torneo de Rotterdam. Ahí se empezaron a manifestar los problemas crónicos en el escafoides tarsiano del pie izquierdo, el síndrome de Müller-Weiss que tanto daño le ha causado a lo largo de su trayectoria. Toni Nadal, entonces su entrenador, llegó a comentar entonces sus dudas respecto a que pudiera seguir compitiendo al más alto nivel. No volvió a jugar hasta febrero de 2006, en Marsella.
«La final de 2005 fue el principio de muchos de los males que he tenido en mi carrera deportiva, pero es uno de los recuerdos más bonitos. Me partí el escafoides por la mitad durante el partido y al día siguiente no podía andar», recordaba tras el partido frente a Jiri Lehecka.
Madrid, que se había quedado sin final en su primera edición, en 2002, por la baja de Jiri Novak, lesionado, contra Andre Agassi, necesitaba consolidarse de la mano de una gran figura nacional, después del triunfo de Juan Carlos Ferrero en 2003. Venían los mejores, pero hacía falta un valor seguro que desatase el sentimiento de identidad. Ion Tiriac, propietario del torneo antes de su venta hace dos años a la multinacional IMG, mantenía en vilo a los aficionados con sus exigencias al ayuntamiento y las amenazas de llevárselo a otro lugar del mundo donde el negocio le fuera más rentable.
Nadal se despide del público de Madrid.Manu FernandezAP
Además de su malestar por el cambio de fechas y por tener que jugar en altura a pocas semanas de Roland Garros, también lideró las protestas contra el fugaz experimento de la tierra azul, en 2012.
Pero más allá de puntuales controversias, Nadal será recordado como la mejor bandera de esta competición, testigo que ahora toma Carlos Alcaraz. En su hoja de servicios, queda también la semifinal frente a Novak Djokovic, en el estreno en el escenario que ahora acoge el torneo. Nadal se impuso por 3-6, 7-6 (5) y 7-6 (9), en cuatro horas y tres minutos, tras salvar tres match points. Sigue siendo el más largo de en todos los Masters 1000. Aquel duelo fue elegido en 2022, en la conmemoración del vigésimo aniversario, tras la votación de más de 90.000 aficionados a través de las redes sociales, como el mejor de la historia del torneo.
Son ya 11 las victorias consecutivas de Alcaraz ante jugadores españoles. El número dos del mundo no pierde contra ninguno de sus compatriotas desde las semifinales de Indian Wells de 2022, cuando Rafael Nadal hubo de comprometer su físico para desembarazarse de él en un durísimo partido a tres sets. Han transcurrido tan sólo dos años, un tiempo que el murciano ha rentabilizado hasta convertirse en el jugador que hoy es, un doble campeón del Grand Slam que busca en Miami su sexto Masters 1000 y, de paso, ingresar como el primer tenista español capaz de redondear en una misma temporada victorias en Indian Wells y en el torneo que ahora nos ocupa.
En el día de su trigésimoprimer cumpleaños, Roberto Carballés no pudo detener esa secuencia triunfal. Fue en Miami, poco después de aquella derrota ante Nadal, donde Alcaraz consiguió su primer gran título, el despegue de una carrera que vuelve a repuntar tras algunos meses menos brillantes, condicionados por los problemas físicos y por la evolución lógica de un tenista de 20 años. Alcaraz venció por 6-2 y 6-1, en una hora y 25 minutos, clasificándose para la tercera ronda.
Ritmo insoportable
Desde las tres bolas de que dispuso para igualar a uno tras perder su saque en el juego de inicio, Carballés no volvió a contar con opciones de equilibrar un partido dominado con autoridad por su rival, que impuso un ritmo insoportable para el canario, 64º del mundo. Alcaraz desplegó todos sus recursos y, a partir de la holgura con la que dominó, experimentó con distintas variantes de su juego, siempre con acierto y alegría a la hora de aproximarse a la red.
Ausente Novak Djokovic, el jugador de El Palmar es el principal favorito para un triunfo que tratarán de discutirle Jannik Sinner, a quien venció en semifinales de Indian Wells, y Daniil Medvedev, defensor del título, al que superó en la final. Carballés trató de ir con todo a medida que avanzaba el duelo, sin escatimar riesgos, pero volvió a ceder su saque de entrada en el segundo parcial, deslizándose ya de manera irremediable por la pendiente, aunque sin bajar nunca los brazos. Se dio el gusto, al menos, de llevarse un punto con dejada, contradejada y réplica, en el juego que vino a continuación. Leve paréntesis en el festival de su adversario, que reanudó su afinada tarea y espera rival del partido entre Gael Monfils y Jordan Thompson.