El triatleta de 49 años que permanecía ingresado en el hospital Arquitecto Marcide de Ferrol (A Coruña), tras desvanecerse durante su participación en el Northwest Triman de As Pontes el pasado 25 de junio, ha muerto en las últimas horas.
Fuentes consultadas por Europa Press han confirmado este jueves la muerte que avanzó en la tarde del miércoles el portal Triatlon Channel.
Inmediatamente después fue trasladado al hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, en cuya Unidad de Cuidados Intensivos permanecía ingresado desde entonces.
Según señalan desde la organización, el problema de salud se produjo cuando encaraba la segunda mitad de la prueba de natación, la primera de las tres partes de un triatlón.
Un miembro de la organización fue quien tras recibir el aviso de otro participante y darse cuenta de que el hombre flotaba inconsciente, se lanzó al agua para actuar con la mayor rapidez posible y proceder a su reanimación.
Después de que personal médico de la organización le practicase el masaje cardíaco durante más de 20 minutos, fue trasladado al hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, en cuya Unidad de Cuidados Intensivos permanecía ingresado desde entonces.
El triatleta madrileño L. A.V.G. sufrió un desvanecimiento súbito y se descarta como causa el sobreesfuerzo ya que era aún el inicio de la prueba. No ha trascendido si el triatleta tenía algún tipo de patología previa que pudiese desencadenar la pérdida del conocimiento.
En Los Soprano, la mítica serie sobre la mafia con la que HBO reventó todas las audiencias, su protagonista, Tony Soprano, recuerda sus orígenes en varios episodios. Y esos orígenes, los de su familia, están en Avellino, una pequeña localidad (52.000 habitantes) a 50 km escasos de Nápoles. La fama, pues, de este pueblo grande se puede situar en las andanzas de la familia de Tony, pero estos días, además, cabe atribuirse también a la muerte del Papa. ¿Por qué? Sencillo.
El Avellino, mejor escrito, su club de fútbol, se ha hecho famoso estos días porque cada vez que muere un Papa, asciende de categoría. Sin ir más lejos, el pasado sábado el equipo lograba ascender a la Serie B (segunda división italiana) al imponerse al Sorrento (1-2) y asegurar matemáticamente el liderato de su grupo en la Serie C, con 72 puntos. Era la sexta ocasión consecutiva en la que este modesto club italiano lograba subir un escalón el mismo año que fallece el Pontífice. De hecho, la historia desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy enseña otros cinco ejemplos.
El primero, el de 1958. En ese año falleció Pío XII debido a un infarto y el modesto club de la Campania ascendió a la Serie C, el equivalente de la tercera categoría. Fue una de las primeras grandes alegrías de la afición. Unos tifosi que conoce bien Raúl Asencio, delantero español que militó en el Avellino en la temporada 2017/18 y que está al tanto, de la reciente fama adquirida por su ex equipo. Raúl (que no tiene nada que ver con el central del Real Madrid), habla de esa afición como una hinchada "intensa, muy caliente". "El fútbol allí es diferente al de España, es como una cultura, la gente es muy cercana. Por ejemplo, una aficionada me traía el desayuno cada mañana, o te invitaban a su casa a comer", dice en conversación con EL MUNDO.
"problemas de gestión"
La siguiente casualidad se produjo en 1963, cuando volvieron a la Serie C el mismo año en el que falleció el Papa Juan XXIII debido a un paro cardiaco. No hablamos, claro, de un equipo de la élite del fútbol italiano. Hablamos más bien de uno de esos modestos que pelean en las categorías a medio camino entre lo amateur y lo profesional. Es lo que mucha gente llama un equipo ascensor. "Ha pasado de subir a la Serie B, después, casi también, a la Serie A, pero luego también ha bajado a la C, ha llegado a desaparecer...", dice Asencio.
El ex futbolista del Avellino vivió uno de esos momentos de decepción, cuando militaban en segunda y camino al descenso. Y esta situación se produjo por un simple hecho: "problemas de gestión y del presidente", lo que provocó que el club acabase "más que descendiendo, desapareciendo", llegando incluso a tener que cambiar el nombre del club. En momentos así, el jugador criado en el Burriana recuerda que la afición "empieza a ser un poco más intensa, viviendo cosas que yo, con 19 años, no había vivido nunca. Gente que venía a los entrenamientos, que llegaba a entrar al vestuario, se encaraba con el capitán y teníamos que estar callados".
Muestra de la pasión con la que se vive cada partido es que el estadio Partenio-Adriano Lombardi tiene una capacidad para 26.308 espectadores, casi la mitad de la población de la ciudad. El símbolo de su escudo es un lobo, que Asencio llegó a tatuarse una vez finalizado su año allí. Si el español tuviese que definir al Avellino con una palabra sería "familiar". "Aún hoy, siete años después, hay gente que me escribe. Incluso trabajadores de allí me ven y me abrazan. Es un ambiente al que le acabas -y en el que te acaban- cogiendo mucho cariño", concluye el jugador español.
El fichaje de Ramón Díaz
El momento más especial para la gente de Avellino se remonta a 1978, cuando certificaron su único ascenso a la Serie A. Aquel hito coincidió con un doble fallecimiento entre los sucesores de San Pedro: Pablo VI y Juan Pablo I. Cinco años después, la directiva cerró la incorporación del argentino Ramón Díaz, el fichaje más rutilante de su historia. En 1988, tras 10 temporadas en la elite, el Avellino regresó a la Serie B. Ya en este siglo se cerraron los dos últimos casos de su curiosa sincronía con El Vaticano. En 2005, su promoción desde la Serie C llegó días después de la muerte de Juan Pablo II y en 2013 también cerraron otro éxito cuando Benedicto XVI renunció a su cargo. El último episodio se produjo el pasado sábado, con el retorno a la Serie B.
Sin embargo, como se explicaba, el equipo ha bailado mucho entre el éxito y la ruina, y no solo ha ascendido el año en que falleciese o renunciase un Papa. El club del sur de Italia también ha vivido otros éxitos en 1949, 1973, 1995, 2003, 2007, 2010, 2011 y 2019.
Nadie parece tenerle demasiado en cuenta, porque es un piloto poco acostumbrado a los excesos. Un chico de rostro pétreo, con aires de viejo prematuro. Sin embargo, Oscar Piastri bien podría este año subvertir las jerarquías en McLaren, porque es tan rápido como su compañero y parece mejor preparado para lidiar con la presión. En Bahrein, el australiano festejó su 50ª carrera en la F1 con una cómoda victoria, la segunda del año, por delante de George Russell y Lando Norris, que volvió a fallar cuando menos convenía.
En una carrera marcada por las precauciones y las dos paradas en boxes, Piastri se impuso con indiscutible autoridad, confirmando lo apuntado durante todo el fin de semana. Ni un solo titubeo desde la pole. Ni una opción para Russell, vulnerable en el tramo final por sus neumáticos blandos y por un error electrónico en cadena. "Cuando pulsé el botón de la radio saltó el DRS", denunció el líder de Mercedes, pero ni por esas supo aprovechar su oportunidad Norris. Había partido sexto y pareció conforme con la tercera plaza del podio.
Esos 15 puntos mantienen en el liderato del Mundial a Lando, que perdió la ocasión de aumentar su ventaja ante Max Verstappen. No había prestaciones en el Red Bull y el holandés tuvo que conformarse con la sexta plaza, tras rebasar en la última vuelta a Pierre Gasly. Tampoco hubo brotes verdes en el Ferrari de Charles Leclerc y Lewis Hamilton, cuarto y quinto con sus actualizaciones aerodinámicas. McLaren es un cohete y el resto han de conformarse con las sobras.
Clamoroso error en la salida
Quede constancia del abandono de Carlos Sainz a falta de 12 vueltas para la meta y del decimosexto puesto de Fernando Alonso, que ni siquiera pudo beneficiarse de los cinco segundos de sanción para Jack Doohan. Corren tiempos duros para los españoles, cada uno en su maraña de problemas. Mientras Alpine y Haas dan pasos adelante, Williams y Aston Martin retroceden.
Hubo mucho trajín en la salida por culpa de Norris. Su error al colocar el coche, casi medio metro adelantado en los tacos, fue castigado con cinco segundos por los comisarios. Al traste se iban así sus tres posiciones recuperadas, desde la sexta a la tercera. Mientras Piastri se lanzaba a fuego por delante, Russell superaba a Leclerc, que no podía poner en calor sus neumáticos.
Ferrari había apostado a contracorriente con las gomas medias, por lo que tras el primer pit-stop de sus rivales, sus dos coches tomaron la cabeza. La estrategia para el monegasco, bautizada como Plan Bravo, era tan cuestionable como la celeridad de los mecánicos de Red Bull, que fallaron con el semáforo para liberar a Verstappen. Con el compuesto duro, Mad Max tampoco encontraba agarre en las curvas. Fuera de ritmo competitivo, sin opciones de detener a Lewis Hamilton en la curva 11, su único objetivo era minimizar los daños.
La lucha entre Sainz y Antonelli, el domingo en Sakhir.AFP
Superado el ecuador de carrera, Red Bull paró por segunda vez a su campeón y erró de nuevo, calamitosamente, al cambiar la rueda delantera derecha. Verstappen se reincorporaba último, dejando vía libre a McLaren, Mercedes y Ferrari. Por entonces, Leclerc había superado a Norris por el exterior de la curva 4 y Hamilton recuperaba el brío, dejando atrás a Jack Doohan, Andrea Kimi Antonelli y Esteban Ocon. Buena nota debía tomar Williams, porque Alpine y Haas le habían ganado el pulso en el muro.
Fuera de los puntos, Sainz apretaba el paso por detrás de Tsunoda. Debía asumir riesgos, así que no lo dudó al final de la recta de meta, con un bonito adelantamiento donde no pudo evitar el contacto con el Red Bull. Con restos de fibra de carbono, el director de carrera ordenó la salida del safety car, provocando el consabido reagrupamiento.
McLaren disponía de un juego de medios para sus dos coches, pero Russell tuvo que montar los blandos para las 24 vueltas restantes, mientras Ferrari colocaba los duros. Cuando aceleró de nuevo, Piastri dejó muestras de su autoridad. Jugaba en otra liga el líder, mientras sus perseguidores se fajaban por detrás. Norris adelantó por fuera ante Hamilton en la curva 2 y le conminaron a devolver la posición. "Este neumático es un asco", lamentó el británico, cuyas opciones se fueron poco a poco desvaneciendo.
Embestida de Tsunoda
La tercera plaza del podio, en buena lid, debía corresponder a Norris, con mejores recursos que Leclerc. Sin embargo, el británico, negado toda la noche, se pasó de frenada en su primera tentativa a final de recta. El blando funcionaba a Russell para sujetarse en la segunda plaza, mientras Piastri volaba en pos de la victoria. La igualdad de fuerzas no presuponía precisamente un espectáculo para el espectador, aunque bien mereció la pena el esfuerzo de Gasly, cerrando cualquier rendija ante Verstappen hasta el último giro.
Sainz, envuelto en sus cavilaciones, penaba por rascar algo cuando sufrió una embestida de Tsunoda en la curva 1. Con daños en el pontón derecho, el madrileño forzó demasiado frente a Antonelli, llevando fuera al rookie en la curva 10. Hubo 10 segundos de penalización para Carlos y Williams optó por lo más prudente: retirar su coche.
Aún más tétrico fue el domingo en Aston Martin, que ya sólo lucha con Sauber por no ser el peor coche de la parrilla. Mientras Lance Stroll sólo pudo superar en la meta al rookie Gabriel Bortoleto, Alonso se hartó de escuchar por radio que la degradación era más elevada de lo esperado y que sus frenos iban ya al límite. Un horror en toda regla.