Este fin de semana el Gran Premio de Fórmula 1 se disputa en Barcelona, y se ha notado, porque Fernando Alonso ha sido el mayor reclamo de los aficionados que acudieron al festival celebrado en la Ciudad Condal, previo a la celebración del circuito.
La ‘Alonsomania’, como la han denominado algunos, ha comenzado. Como un verdadero héroe. Así ha sido recibido el piloto español a su llegada al Port Vell. La espectacular acogida ha sorprendido hasta a Aston Martin.
El piloto se ha mostrado muy cercano con sus seguidores, se ha parado a firmar fotos y pósters, ha repartido obsequios a los allí presentes y se ha prestado a realizar todas las instantáneas que le pedían.
Tras conseguir el segundo puesto en Mónaco, son muchos los que sueñan con que este domingo llegue la ansiada ’33’. El escenario no puede ser más idóneo. En Barcelona obtuvo su trigésimo segundo y hasta ahora último triunfo en la categoría reina, hace ya más de diez años, y coincide con que es la trigésima tercera vez que la prueba se disputa en el Circuit de Catalunya. Quizá todo ello, no ha hecho más que aumentar la ilusión de los aficionados.
Cuando jugaba en la Universidad de Kansas, un año después de llegar a Estados Unidos y dos después de empezar a jugar al baloncesto en su natal Yaoundé (Camerún), Joel Embiid hacía creer a sus compañeros que con seis años tuvo que «entrar en la jungla, matar un león y cargarlo en la espalda hasta mi aldea para demostrar que era un hombre». Eso fue poco antes de comenzar lo que él mismo bautizó como El Proceso. Desde que fue elegido en el número tres del draft del 2014 hasta su debut en la NBA tuvieron que pasar 853 días (más de dos años), dos operaciones de tobillo mediante.
Eso, las lesiones, han sido la pesadilla del gigante africano, que se ha perdido más de 400 partidos en la liga hasta que esta semana los Sixers anunciaron lo que todo el mundo temía: no iba a jugar más en el resto de la temporada por sus problemas, ahora, en la rodilla izquierda, la misma que también se operó en febrero de 2024 (y mucho antes, en 2017, lo que le impidió ser nombrado rookie del año). Fue después de que el alero de los Warriors Jonathan Kuminga le cayera encima. Quizá en el momento de más dominio de toda su carrera, pues hasta ese día , Embiid había anotado más puntos que minutos jugados, algo que ningún jugador había logrado desde Wilt Chamberlain hace más de 60 años.
Desde entonces, parones, cirugías, descansos, inyecciones y un estado físico bastante precario que, evidentemente, repercutió en su rendimiento. Hasta la alarmante preocupación de ahora. Se diría que todo el futuro de Embiid está en el aire. «Estamos trabajando con expertos médicos para determinar el plan de tratamiento exacto», informó la franquicia de Pensilvania. Pronto se deslizó que incluso valora seriamente intentar el «retiro médico», una decisión que debe tomar un médico seleccionado por la propia NBA y la Asociación de Jugadores, y un mecanismo que le permitiría ahorrarse parte de la boyante extensión de contrato que le firmó hace sólo unos meses: tres años más por 193 millones de dólares (para un total de 301 en cinco). Embiid, que cumplirá 31 años en unos días, asoma como un negocio ruinoso: le deben 248,1 millones durante las próximas cuatro temporadas.
Embiid, en el banquillo de los Sixers.Matt SlocumAP
Los Sixers lo hicieron pensando en los cielos alcanzados por el chico que creció formándose para ser profesional del voleibol, pateando un balón de fútbol y soñando con jugar en el Real Madrid (del que es un fanático, hasta viajar a alguna de sus recientes finales de Champions League y celebrar cada triunfo blanco con euforia en las redes sociales), siete veces All-Star y MVP de la NBA en la temporada 2022-2023 -para destronar a Nikola Jokic promedió 33,1 puntos, 10,2 rebotes y 4,3 asistencias, aunque en sólo 66 partidos-, un año después de ser el primer pívot desde Shaquille O'Neal en dominar la liga en anotación. Desde aquel cénit todo ha sido una travesía en el desierto y no sin polémicas, desde su atribulada elección para jugar con el USA Team los pasados Juegos Olímpicos (se había comprometido con Francia) a su sanción de tres partidos este comienzo de curso por empujar a un periodista. Al parecer, el columnista de The Philadelphia Inquirer hacía mención a Arthur, el hermano de Joel fallecido a los 13 años en Camerún en un trágico accidente de tráfico.
Embiid, en acción contra los Raptors.Matt SlocumAP
Aquel lejano Proceso, que también incluía al equipo de Filadelfia -estuvo seis años sin pisar unos playoffs-, tampoco culminó en lo colectivo. Pese a las expectativas, no logró no acercarse a unas Finales (como en 2001 con Allen Iverson). Y lo que debería ser presente vuelven a ser cuentas de futuro. Con el curso arruinado (en verano se habían hecho con Paul George), los de Nick Nurse pierden y pierden y ya piensan en el siguiente draft, en la posibilidad de que ahí les caiga ese fenómeno que viene llamado Cooper Flagg. Para eso, la lotería del draft les tiene quedar una de las seis primeras elecciones; si acaban del siete en adelante, será para los Thunder en una acuerdo que se arrastra desde 2020, cuando Al Horford fue enviado a Oklahoma Danny Green.
El fuera de juego al límite que practica el Barça fue un arma de doble filo en el derbi. Los azulgrana acabaron por imponerse gracias, sobre todo, a un primer tiempo a la altura de lo esperable, pero se vieron dominados en el segundo por un equipo al que, además, le anularon un par de goles por acciones en las que el VAR tuvo un indudable protagonismo. [3-1: Narración y estadísticas]
Dani Olmo, con un doblete, abrió el marcador y lo dejó aparentemente visto para sentencia después de que Raphinha no faltara a su ahora habitual cita con el gol en los primeros 45 minutos. Y Puado, el capitán periquito, fue el encargado de materializar el único tanto para un equipo visitante que se marchó de Montjuïc con un regusto agridulce en el paladar.
Al Barça le bastó con poco más de media hora para prácticamente liquidar el derbi. Recurriendo de nuevo a las armas que más caracterizan al estilo de Hansi Flick, ejercer presión alta en ataque y jugar con fuego con el fuera de juego en defensa, los azulgrana desarmaron a la práctica a un Espanyol que solo pudo aguantar el 0-0 durante 12 minutos. Por mucho que Manolo González, muy consciente tanto de las armas del rival como de las carencias propias, apostara por reforzarse en tareas destructivas, el 1-0 no tardó demasiado en llegar. Olmo, tras recoger una de esas asistencias con el exterior de la bota que ya están empezando a ser marca de la casa de Lamine Yamal, se encargó de inaugurar el tanteo de la tarde.
Raphinha, en la acción del segundo gol del Barça.Joan MonfortAP
Once minutos después, llegaría el 2-0. En este caso, por medio de un Raphinha que sigue en un momento dulce de forma y tras asistencia de un Marc Casadó ahora mismo inamovible en el centro del campo azulgrana. De nada le sirvió al Espanyol que Puado, poco después, enviara el balón al fondo de la portería de Iñaki Peña y desatara todo un estallido de emociones para celebrar el tanto. La acción, a instancias del VAR, sería finalmente invalidada por fuera de juego. Un jarro de agua fría que se volvió aún más gélida cuando Dani Olmo, de nuevo, con un duro disparo desde la frontal del área que tocó levemente en Cabrera, se encargó de hacer que el 3-0 subiera al marcador. Y, como a perro flaco todo son pulgas, los blanquiazules abundarían en su desgracia perdiendo poco después por lesión a Kumbulla, un central imprescindible en sus esquemas. Después, además, de que Lewandowski rozara el cuarto de la tarde con un remate que acabó por encontrarse con una buena intervención, en dos tiempos, de Joan Garcia.
Tras el descanso, los visitantes, a pesar de todo, trataron de mantener la compostura. E, incluso, volvieron a marcar. La acción, con todo, sería de nuevo invalidada por fuera de juego a instancias del VAR. Casi, casi al límite. La llegada en uno contra uno prácticamente acto seguido de Puado, además, se encontraría con una muy buena intervención de un Iñaki Peña cada vez más afianzado en la portería barcelonista. Tanto fue el cántaro a la fuente que, al final, el Espanyol acabó por encontrar ese gol que tanto buscaba. El propio Puado, al culminar una muy buena salida a la contra de los suyos, se encargaría de hacer subir el 3-1 al marcador de Montjuïc con poco menos de media hora de tiempo reglamentario aún por delante para, tal vez, meterle de nuevo el miedo en el cuerpo a un rival que se había relajado demasiado en tareas defensivas.
Envalentonado por el gol, el Espanyol trató de apretar arriba, en busca de un 3-2 que lo metiera de lleno en el partido. Para arroparse un poco más en la zaga, Flick acabaría por sacar del banquillo a un Koundé que, en principio, parecía destinado a tomarse un descanso frente a los blanquiazules. Con el francés, el Barça mejoró en defensa, pero mantuvo su aparente desconexión en vanguardia. Casi, como si los torbellinos vividos frente al Bayern y el Real Madrid se cobraran por fin una más que esperable factura. Algo que, sin mucho éxito, trató de cambiar Flick también en ese sentido con las entradas al terreno de juego de Fermín y Ansu Fati.