El rival del Real Madrid en los cuartos de la Champions cae en Stamford Bridge frente al Brighton y suma tres derrotas consecutivas desde el regreso de Lampard
Frank Lampard se lamenta de una acción del partido ante el Brighton.Kirsty WigglesworthAP
El Chelsea no tiene remedio. Tercer partido de Frank Lampard en el banquillo y tercera derrota consecutiva. El Brighton no sólo logró su primera victoria en Stamford Bridge sino que ejecutó a la perfección lo que dijo sobre ellos Pep Guardiola en la previa: “No hay otro equipo que haga mejor el proceso de llevar la pelota hasta el último cuarto de campo, no hay un equipo mejor en el fútbol moderno ahora mismo”.
Lampard, a pesar de haber perdido en su regreso contra el Wolverhampton (1-0) y el Real Madrid (2-0), y sin marcar ni un solo gol, fue recibido con un Welcome home super Frank por la grada de Stamford Brigde.
Dejó a Kanté y Havertz fuera de la convocatoria, e hizo seis cambios respecto al once del Bernabéu, aún no se sabe si por reservar jugadores para tratar de lograr la remontada, o si por intentar otra cosa. Y no le salió mal, porque a los 13 minutos ya ganaba 1-0 con gol de Gallager. El Chelsea hasta ese momento sumaba 390 minutos sin marcar un gol. Más de un mes. Lampard hasta se giró hacia su grada y levantó los puños.
Los jugadores del Brighton celebran el segundo gol de Julio Enciso.ANDY RAINEFE
Sin embargo, no era la consecuencia de lo que se estaba viendo en el terreno de juego, porque el Brighton atacaba más y tenía casi el 70% de posesión. De ahí que antes del descanso Wellbeck pusiera las tablas de cabeza.
Nada más arrancar la segunda parte Lampard cambió por completo sus propios planes. Quitó a Fernández, Sterling, Pulisic y Fofana, y metió en su lugar a Ziyech, Kovacic, James y Joan Félix, a los que pensaba dar la tarde libre pensando en el Madrid. Diez minutos después el paraguayo de 19 años Julio Enciso hacía el segundo con un tiro desde 30 metros, tras una pérdida en la salida de balón de Joao Félix, que además no era la primera que esta temporada que le costaba un gol a su equipo.
No mejoraron los blues en lo que quedaba de partido, y viendo las estadísticas pueden darse por satisfechos, ya que el Brighton sumó 26 tiros a puerta frente a tan sólo ocho de los de Lampard.
Con esta derrota los blues siguen en mitad de la tabla pero a 17 puntos de la Champions. El público despidió a los suyos entre abucheos. Y será el mismo que el martes regresará a Stamford Bridge para tratar de espolear a los suyos y remontar el 2-0 del Bernabéu.
El Bernabéu ha conocido a pocos enemigos como Guardiola, que en otro tiempo era Atila sobre su hierba arrasada. Ahora es un general herido, descompuesto, que habla consigo mismo en la zona técnica del campo como lo hace un preso en su celda. Esa imagen no es ya la del Atila implacable, más cercana a la de Napoleón en Santa Elena, lejos de la gloria, lejos de un imperio perdido. En esa situación también sabe Guardiola que no hay peor enemigo que el Madrid, un equipo impío. Mbappé es su nueva arma, un futbolista de mirada y disparo en el mismo movimiento. Tres veces lo hizo, tres goles que resumen el catálogo de un prodigio.A la primera, el francés ejecutó al anticristo del Bernabéu, por el que el madridismo siente una extraña mezcla de odio y admiración. Guardiola cayó al alba para observar en su agonía la eternidad blanca personificada en un futbolista hecho a la medida de su historia. [3-1: Narración y estadísticas]
El gol de desventaja con el que llegaba el City después de la ida era una ventaja con trampa para el Madrid cuando lo que se juega es un partido de la aristocracia, aunque sea en estos extraños playoffs de una extraña Champions. Ancelotti no se fiaba. Nadie. El fútbol de Guardiola es envolvente, por lo que el peligro crece con el pasar de los minutos que es el pasar de la pelota. Para eso hizo un equipo, con Nico titular, pero acompañado por Bernardo Silva y Gündogan, dos vacas sagradas en el ocaso. Pedirles presión es pedir lo imposible. Por ahí empieza la descomposición que esta temporada es como un desplome. Ningún gran imperio cae poco a poco. Se derrumban en proporción a lo que han sido.
El gran pase de Asencio
El Madrid lo sabía, sentía el rastro de la sangre con la que llegaba al Bernabéu, porque la había olido en Manchester, donde sólo el destino le privó de una goleada de escándalo. Partió, pues, a cumplirla ante su gente. A la primera, lo consiguió. Asencio lanzó un pase vertical que recordó el que le dio a Bellingham en su debut. El receptor fue Mbappé, que ganó la posición entre Ruben Días y Stones, y lanzó una vaselina sobre Ederson. La conexión del gol tiene una interesante lectura, pues enlaza al último de la cantera con el gran fichaje del año. Los Zidanes y Pavones son, hoy, Asencio y Mbappé.
El primer eslogan de Florentino Pérez parece superado, pero el anclaje del central canario es un mensaje al club y a Ancelotti. Con Rüdiger de vuelta, el italiano no lo sentó y pasó a Tchouaméni al centro del campo para dar su sitio al canterano. Asenció respondió en modo Sergio Ramos, inyectado, rápido en los cortes y preciso no sólo en el pase del primero gol, sino en los pases verticales para romper líneas.
Mbappé, ante Ederson.OSCAR DEL POZOAFP
Fred Astaire y John Wayne a la vez
La maniobra sentó, asimismo, mejor a Tchouaméni, junto a Ceballos, hiperactivo, y Bellingham en el centro del campo, a los que se unía Valverde desde el lateral. El uruguayo tiene físico para estar en todas partes. Rodrygo y Vinicius acompañaron a Mbappé, siempre en movimiento, en vertical o en horizontal. El francés es capaz de correr sin mirar el balón pero con el conocimiento de donde llegará, como si llevara un GPS. Lo hizo en el primer tanto al espacio abierto. Del mismo modo, puede dar pasos de claqué en espacios cortos sin pisar a nadie, sólo el balón, y encontrar la salida. Sucedió en el segundo de sus tantos, después de un recorrido coral que conectó a todos sus atacantes, como una ola de lado a lado del estadio hasta llegar a la orilla. Era la red de Ederson. Mbappé fue Fred Astaire y John Wayne en la misma acción: claqué y disparo. En el tercero, ya en el segundo tiempo, colocó el balón en la esquina de Ederson tras una bicicleta y cambio de ritmo sobre su defensor. Ooh la, la!!!
El partido de Mbappé es el partido que se espera de quien ha llegado al Bernabéu para ser el nuevo icono del fútbol, con permiso de Vinicius. Lejos queda aquel penalti errado, el colapso de Anfiled. El partido de Mbappé, con su hat-trick, fue, no obstante, el partido más redondo esta temporada del Madrid, el gran Madrid de la Champions, que ahora deberá verse en octavos ante el Atlético o el Bayer Leverkusen de Xabi Alonso. El viernes lo sabremos. Después de este acto, el Madrid cambia su paso tras una primera fase deficiente. Ningún equipo es capaz de pasar de cero a 100 como los blancos, reyes de la Champions y reyes de las emociones. Es el que da miedo al resto.
A 100 por hora siguió en un partido que el Bernabéu no quería que se acabara, como esas series que se siguen hasta la madrugada, aunque con Mbappé ya aplaudido y sustituido. Haaland, lesionado, lo observó todo desde el banquillo. Sólo el agonizante Guardiola quería darle al off, porque ni el gol de Nico evitaba lo que había empezado con el primer disparo al alba.
La temporada del Manchester City no le permite prescindir de jugadores que son la clave de bóveda del equipo de Pep Guardiola. Ya está siendo duro sobrevivir a la ausencia de Rodri como para tener que hacerlo también a la de Haaland... en el Santiago Bernabéu. Les tocó hacerlo, esforzarse en evitar ser sepultado por el maremoto desatado por el Real Madrid que quería enterrar una era y evidenciar que, ni con dinero, encuentra el City la medicina que le cure su envejecimiento.
Ni Guardiola lo oculta. "Hemos sido un equipo cojonudo, pero este año, por muchísimas razones, hemos perdido esa contundencia. Las cosas no son eternas", dijo el técnico antes de recordar los méritos de su equipo en los últimos años y de dejar claro que puede ser el fin de un ciclo, pero no del suyo en el banquillo. "Sí tengo fuerza para quedarme, sí tengo ganas de seguir, sí", confesó en declaraciones a Movistar.
La tarea titánica de la remontada "ante el mejor Real Madrid que me he encontrado en años", dijo el entrenador catalán, se le complicó al City desde antes de saltar al campo cuando se comprobó que el noruego no estaría en el once.
La estadística, en este caso, estaba reñida con el estado de ánimo. Marcaba que el City solo había perdido tres partidos cuando el gigantón no era titular y ninguno en la Champions. Pero era otro City, aquel poderoso que no tenía la mandíbula de cristal. El actual, donde a veces, solo a veces, brillan el noruego, Gvardiol y empieza a dar fogonazos Omar Marmoush, no puede permitirse el lujo de no amenazar con su mejor delantero.
Justificó Guardiola la suplencia de Haaland en que «se sentía mal», sin más detalles, pero es que ni siquiera tocó pelota en el rondo de suplentes del calentamiento. No pareció más que un susto el problema en la rodilla que sufrió en los minutos finales del duelo ante el Newcastle, pero puede andar entre algodones porque si la empresa en el Bernabéu era temible, el domingo en la Premier espera el Liverpool.
Lo cierto es que sin Haaland en el campo, el City no tiró entre los tres palos de Courtois en toda la primera parte y vio cómo Mbappé le hacía jirones para convertirse en jugador que más goles le ha marcado igualando a Messi (7) y superando a Benzema (6). Nunca ha tenido el noruego una noche dorada ante el Real Madrid y le tocó asistir como espectador a la coronación del francés.
Le costó cuatro minutos desnudar a los centrales, y a Ederson, para empinar a proeza. Y, para colmo, al City le llegó otro golpe en forma de lesión de Stone. Dos mensajes de desaliento antes de que se cumplieran diez minutos de un partido que se convertía en imposible. Como toda la temporada, desgraciada, aciaga. Esquivó de milagro la deshonrosa eliminación sobre la bocina de fase de liguilla, pero el cruce contra el Real Madrid aventuraba lo peor.
Erling Haaland, en el banquillo.kiko huescaefe
Si tras el primer gol nada hacía pensar que Guardiola pudiera evitar salir del Bernabéu con su tercera derrota europea, el segundo antes del descanso lo confirmó. Al técnico le tocó hacer un ejercicio de resignación viendo cómo su equipo hasta caía en fuera de juego en jugadas a balón parado. Era un City desconocido al que dos de sus archienemigos europeos, PSG y Real Madrid, lo convirtieron en vulgar endosándole goleadas vergonzosas.
Fue un títere en manos de los blancos toda la eliminatoria, aunque por momentos se sostuvieran en el Etihad. Pero el Bernabéu son palabras mayores. No pudo arrebatarle el control del balón a los blancos y tampoco asfixió para recuperarlo como solía hacer. A eso se suma que cuando lo tuvo, lo manejó al trantrán, muy lejos de las zonas de peligro y sin conseguir que llegara a las botas de Savinho, Foden o Marmoush. Los tres fueron fantasmas hasta el añadido, cuando el egipcio estrelló una falta que escupió el poste pero rebañó Nico para marcar un gol estéril.
Imposible focalizar de dónde nacía la mediocridad de los mancunianos. Falló la defensa, Nico González y Gündogan fueron incapaces de incomodar a Tchouaméni y Ceballos, y el Madrid tocaba arrebato con suma comodidad para encerrar a rival deseando que el colegiado rumano Kovacs acabara con el sufrimiento.
El Atlético o de Madrid cayó con el orgullo de haber perdido una final de Champions. El Arsenal fue una perpleja caricatura de equipo. Además, le auguro quizá una perdida de la Premier, tal es su estado de decaimiento físico.
Lo deseo , porque si no hubiera sido por un tramposo y canallesco arbitraje de un alemán absolutamente parcial, a esta horas no creo que el Arsenal pudiera disfrutar del injusto resultado.
Pero para la UEFA la caída del equipo inglés hubiera sido caótica para todo el marketing absolutamente teledirigido desde Nyon. Un tal Slebert ha cumplido los intereses comerciales de Pepsi y compañía.
En ningún pasaje del partido el equipo londinense se impuso al Atletico. En el primer tiempo estuvo acongojado por la posibilidad de alguna filigrana de del mago Griezmann y un gran luchador como Julián Alvarez , que jugó infiltrado y luchó hasta el final, cuando la inyección no dio para más.
En la segunda parte, un Arsenal que le veo sin gasolina, fue arrasado por el Atlético, que pudo empatar con Sorloth en un par de ocasiones y ese penalti doble ignorado por el alemán del pito. La pena es que intentó lo imposible con casi los suplentes .
Hay que recordar que el único gol fue un final con suerte , tras un tiro de Trossard, que pellizcó en la pierna el pobre Guiliano y eso hizo más difícil la parada de Oblak. Saka sólo tuvo que fusilar. Muy mala suerte.
Ese gol cuando moría el primer tiempo fue suficiente para un Arsenal canino , que sólo vivía de la pesadez y esfuerzo de Gyökeres, que vivía como un poste peligroso: solo, muy solo en ataque del Arsenal. Le Normand casi no pudo y , luego, Pubill acotó al sueco, que incluso tuvo una gran ocasión, pero no es un ser supremo en técnica.
El Atlético luchó y luchó hasta el minuto setenta , cuando el Arsenal empezó a jugar como un tramposo, perdiendo tiempo constantemente, con toda clase de triquiñuelas. Una vergüenza para un equipo que jugaba en casa y aspira a la Premier y a la Champions.
Dee todas formas estará en la final, pero la perderá seguro . Arteta ha caído al abismo. Es u técnico sin recursos, que ha acabado casi la Premier sin un solo poder de de velocidad y potencia.
Se dice que es el final de una era en el Atlético. La caída del "cholismo" tras 15 años, que siempre luchó hasta decir basta. Pero el Atlético muere en la Champions con un árbitro falso y prevaricador . Una tragedia en Londres que no mereció el Atlético de Madrid.