Venció por 7-5 y 6-3 para ganar el cuarto título de la temporada, su primer gran torneo desde agosto de 2021
Medvedev, con el trofeo de campeón.Wilfredo LeeAP
Una vez constatado su formidable crecimiento tras vencer a Carlos Alcaraz en las semifinales, en un partido que tiene todas las trazas de convertirse en el clásico de los nuevos tiempos, a Jannik Sinner le quedaba refrendar su actuación en su segunda final de un Masters 1000, dos años después de perder ante Hubert Hurkacz en este mismo torneo de Miami.
Si contra el español necesitó sacar lo mejor de sí para imponerse después de tres horas, en esta ocasión la tarea tampoco iba a resultar sencilla. Enfrente tenía a Daniil Medvedev, un jugador de máxima fiabilidad en pista dura, que había ganado 23 de los últimos 24 partidos, con los títulos de Rotterdam, Doha y Dubai y la final en Indian Wells, donde sufrió, ante Alcaraz, su única derrota.
El ruso puso cloroformo frente al debilitado impulso de Sinner y le derrotó por 7-5 y 6-3, en una hora y 34 minutos, para conseguir el cuarto título de la temporada y quinto Masters 1000 de su carrera. Es Medvedev un jugador singular, que, desde la heterodoxia, ha logrado ganar un título del Grand Slam y pasar por el número 1 del mundo. Sabe ensuciar los partidos, hacer jugar mal a sus oponentes creándoles incomodidad. Así volvió a demostrarlo ante un Sinner debilitado, que precisó atención médica tras el séptimo juego.
Desvirtuado Sinner
Bien fuera por esos problemas o por las características de su adversario, que contaba con un 5-0 en el balance previo de sus enfrentamientos, lo cierto es que el italiano poco tuvo que ver con el hombre que frenó a Alcaraz. Se sostuvo en el primer set, pero en ningún momento tuvo el gobierno de un partido. Ni jugó ni restó como lo hizo ante Alcaraz, acumulando una ristra de errores no forzados. A los 21 años, y de nuevo en el top 10, tiene un porvenir excelente, pero aún espera por certificar un título de alto rango.
“Fue probablemente el día más caluroso y húmedo. Llevaba sin ganar un gran título en casi año y medio. Aquí he jugado muy buenos partidos y estoy muy feliz”, comentó Medvedev a pie de pista tras su victoria. “Ha sido un largo viaje“, añadió tras hacerse con su primer Masters 1000 desde Canadá, en agosto de 2021.
Grupo Rojo
JAVIER MARTÍNEZ
@JavierMartnez5
Actualizado Lunes,
13
noviembre
2023
-
17:43Ver 12 comentariosEl bicampeón del torneo, autor de 16 'aces', hace prevalecer...
«Salías en el último telediario del año. Es una carrera de gran prestigio. Me gustaba ganar». Isaac Viciosa, vencedor en 1996, 2000, 2001 y 2002.
«La Castellana era tuya. Eras el dueño de la arteria principal del país». José Luis González, ganador en 1983 y en 1987.
«Tenía tantísimo nivel que congregaba a atletas desde el 800 hasta el maratón». Martín Fiz, primero en 1994.
La San Silvestre vallecana cumple este martes 60 años, distinguida desde siempre por una identidad propia, que conjuga su generoso cartel con un aura obrero, festivo y romántico. Inspirado en la prueba que ya se disputaba en Sao Paulo, Antonio Sabugueiro, de quien hablan con sumo cariño nuestros interlocutores, la puso en marcha en 1964. Entonces corrieron 57 atletas. Ganó Jesús Hurtado, que repitió en la siguiente edición.
«Mi mánager, Miguel Ángel Mostaza, ya me dijo que se iba a comer a la brasileña. Y así ha sido», comenta Fiz (Vitoria, 1963), que el año de su triunfo había sido campeón de Europa de maratón en Helsinki. La ilustre nómina de vencedores así lo certifica. Además de quienes han atendido a este periódico, ahí quedan los nombres de Carlos Lopes, que ganó en 1979 y 1980, Arturo Barrios, en 1989, o Eliud Kipchoge, en 2005 y 2006. Paula Radcliffe, Tirunesh Dibaba y Grete Waitz lucieron, entre otras, en la carrera femenina.
José Luis González, en el centro, tras ganar en 1987.
«Cuando entrabas en Ciudad de Barcelona aquello era una caldera por la simbiosis con la gente. Esta carrera pertenece a Vallecas. Había una cuesta tremenda al final, hasta el estadio, con un desnivel de uno 10 o un 15%. Entrabas en el estadio y descubrías la luz», relata con pasión González (Villaluenga de la Sagra, Toledo, 1957), que cuando logró su segunda victoria venía de ser subcampeón del mundo de 1.500 metros en Roma. Siempre mantuvo su lealtad a la cita, donde también logró un segundo y un tercer puesto. Tampoco quería perdérsela Viciosa (Cervatos de la Cueza, Palencia, 1969), oro en 5.000 metros en los Europeos de Budapest de 1998, que la corrió en 14 ocasiones y, además de sus cuatro triunfos, subió siete veces al podio. «Sufrí. Siempre. La mayoría de los atletas sabían que no podían llegar al tramo final conmigo y me atacaban desde muy lejos. Recuerdo también manos a manos con Fabián Roncero, con Fermín Cacho... Hubo una época en la que se apostó mucho por españoles que combinábamos distancias. Nos conocíamos desde chavales y nos llevábamos bien».
El ugandés Jacob Kiplimo, que en 2018 logró el mejor registro de la prueba, con 26:41, y el etíope Berihu Aregawi, plata en 10.000 en los Juegos Olímpicos de París, están llamados a pelear por el triunfo en la noche de hoy (19.55 h.), sin obviar a Adel Mechaal, que el pasado 24 de noviembre se convirtió en el español más rápido de la historia en 10 kilómetros en ruta al acreditar 26:46 en la Speed Run de Madrid. La prueba femenina contará con la keniana Ruth Chepngetich, plusmarquista mundial de maratón, además de una nutrida participación nacional.
Martín Fiz, en el centro, en 1994, año de su victoria.
La fecha y el escenario dotan a esta carrera de un notable componente sentimental. «Se mezcla el confeti con el olor a crema antiinflamatoria», recuerda Fiz. «El ganador siempre tenía que pasar el control antidopaje y con la tensión te costaba orinar. Bebí agua y cervezas sin alcohol hasta que lo conseguí, pero luego el viaje de vuelta se hacía eterno. Eso sí, poco después de las doce estaba de vuelta en Vitoria. La gente se sorprendía, pues sólo unas horas antes me había visto corriendo por la televisión».
González lamenta que con la entrada de Nike y el furor por la carrera popular se haya perdido parte del encanto de la prueba. «Ahora las carreras de montaña están acabando con el cross federado. Ahora salen 35.000, y eso le gusta más al periodista, al organizador y al político. Nike ponía la levadura, el taller, la tienda y el producto. Y lo comercializaba», apunta el atleta toledano, quien evoca su amistad con Saboeiro y sus encuentros en el restaurante El Segoviano. «Pillaba a trasmano, pero siempre hice por tomar parte en ella. Nadie ha puesto tanto interés como yo por correrla».
La San Silvestre tiene su cuota de sacrificios, que también asumía Viciosa, que, además, cumple años el 26 de diciembre. «En esas fechas siempre te apetece más estar en casa. Pero merecía la pena respetar la dieta y mantener la concentración. Tomé las uvas en el coche varios años. En una ocasión, cuando regresaba a casa en el coche con mi mujer, cerraron el túnel de Navacerrada por una nevada. Llamé a Mostaza y despedimos el año en su casa, donde también acudió Martín Fiz. Siempre mereció la pena. Entrabas en Vallecas adelantando coches y motos. Era como en el Tourmalet».