En 2018 consiguió la plata en los Juegos Olímpicos junior, y volvió a subir al podio como segundo en el campeonato europeo sub-22 celebrado en 2021
Maksym Galinichev, durante un combate, en una imagen compartida por Vladyslav Heraskevych en Twitter.@heraskevych
El boxeador ucraniano Maksym Galinichev, que obtuvo la medalla de oro en el Campeonato Europeo Junior de 2017 y renunció a participar en el europeo del año pasado para seguir defendiendo a su país, murió el pasado 10 de marzo en combate en la región oriental de Lugansk, según se informó este lunes.
Según informan medios ucranianos, el deportista de 22 años se había alistado al ejército como voluntario y había regresado al frente pese a haber resultado herido en la guerra en dos ocasiones.
Galinichev era uno de los jóvenes deportistas ucranianos más prometedores. En 2018 consiguió la plata en los Juegos Olímpicos junior, y volvió a subir al podio como segundo en el campeonato europeo sub-22 celebrado en 2021.
El joven boxeador caído en combate formaba parte de la brigada de tropas de asalto aerotransportadas Sicheslav número 25.
Tanto el Gobierno como las federaciones deportivas ucranianas y el Comité Olímpico Nacional del país exigen la exclusión de todos los atletas rusos y bielorrusos de todas las competiciones deportivas, incluidos los Juegos Olímpicos, como castigo por la invasión rusa a gran escala de Ucrania, que cuenta con el apoyo de Bielorrusia.
Uno de los que han compartido la noticia ha sido el deportista ucraniano Vladyslav Heraskevych, en su cuenta de Twitter.
Según las autoridades ucranianas, más de 230 atletas y deportistas ucranianos de distintos niveles han muerto como consecuencia de la agresión militar rusa, que también ha destruido numerosas instalaciones deportivas.
Vivimos el mejor momento de los deportes de contacto en España desde hace décadas, no tengo dudas. El boxeo está en pleno auge y nuestros primos de las artes marciales mixtas, también. Parece que haya ocurrido de manera espontánea, un fenómeno aparec
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Ayoub Ghadfa (Marbella, 1998) desafía al porvenir y se vislumbra de oro en agosto, en la Suzanne Lenglen de París. Pero el púgil también otea el pasado y se proyecta en Uzkudun, en Urtain, en Evangelista y sueña con seguir esa estela rota de los grandes pesos pesados de la historia de España, ídolos de un país en blanco y negro, gigantes que conmueven como nadie sobre un cuadrilátero. Ayoub es ahora imponente, como lo fueron ellos, 195 centímetros, 105 kilos, bíceps como cañones para el asalto olímpico, un billete en juego el próximo mes de mayo en el último Preolímpico de Bangkok. Pero Ayoub no fue siempre así. Y esa infancia de bullying en Marbella la lleva tatuada en el alma con que afronta cada combate.
«Mi padre estaba harto. '¿Quieres aprender a defenderte?'», recuerda ahora esas palabras que le pusieron contra las cuerdas, no tan lejanas de su infancia. «Me hacían bullying en el colegio. Mi padre me apuntó a kickboxing. Yo estaba gordito, era muy grande. Si jugábamos al fútbol, me ponían de portero. Me excluían, se metían con mis orejas, con mi físico y llegaba llorando a casa», relata esa génesis de lo que ahora es su vida. Pues con el kickboxing como base y una fortaleza física y mental fraguadas en esos abusos, en esos insultos constantes -«me decían moro de mierda, gordo, orejón... de todo»- y en el racismo que le llevaba a preguntar a sus padres, de origen marroquí, que por qué él no era blanco como ellos, devino a su llegada a Madrid -fue descubierto por José Valenciano en su gimnasio del barrio de Argüelles- para estudiar la carrera de INEF en un boxeador de categoría, que no tardó en ser reclutado por el equipo nacional.
«Lo pasé mal, fue una época dura. Siempre eran los mismos. Hace años no estábamos tan mentalizados, se lo decías a los profesores y pasaban. Mis padres me iban a cambiar de colegio. Una vez me amenazaron con un cúter, el chaval decía que me quería matar. Luego le expulsaron. Ahora, con todos ellos me llevo bien. Cuando eres un niño haces cosas que te arrepientes», sigue Ghadfa, que hace unas semanas perdió contra el italiano Lenzi en el preolímpico de Busto Arsizio, una decisión controvertida de los jueces. «El segundo asalto lo gané claro, pero un juez no me lo dio. Era un rival factible e hice una buena pelea, lo suficiente para ganar. Pero no somos perfectos y hay cosas que mejorar. Vamos a trabajar y aprender la lección», reflexiona.
Ayoub Ghadfa.Angel NavarreteMUNDO
Ayoub forma una hermandad asentada en el noble arte y en la religión musulmana con Enmanuel Reyes Pla y Gazi Khalidov, otros dos púgiles españoles con anhelos olímpicos. Admira la personalidad de Mohamed Ali y la pegada de Mike Tyson. Está enganchado a la lectura, a la trilogía La novia gitana de Carmen Mola. Y cuando sube al ring, no tiene miedo. «Ahí arriba es una mezcla de sensaciones. La tensión, la responsabilidad de no cagarla, de no llevarte un mal golpe. Cuando suena la campana, se dispara la adrenalina. A veces ni te acuerdas de lo que pasa», describe quien fuera plata en el Europeo de 2022 y bronce en el último Mundial, donde se comprobó capaz de estar entre los mejores con su juego de pies y su dominio de la distancia larga.
Ghadfa, licenciado en INEF, se confiesa «obsesionado» con los Juegos. «Te cambian la vida para siempre. Lo quieres, lo quieres y lo quieres. Pero como me dice mi psicólogo, hay muchos factores y no hay que perder la cabeza ni estar ansioso». De momento, ya hay tres españoles con billete a París (José Quiles, Laura Fuertes y Reyes Pla). Ayoub quiere ser el cuarto.