Ronald Araújo, uno de los pilares defensivos del Barcelona, sufre una lesión muscular que podría incluso apartarle del Mundial de Qatar. Según el primer informe médico del club azulgrana, el central padece una “avulsión del tendón del aductor largo del muslo derecho”, una dolencia que en ocasiones requiere de intervención quirúrgica y puede acarrear un periodo de baja de hasta los dos meses.
Las pruebas radiológicas realizadas en la Ciudad Condal confirmaron este preocupante diagnóstico, aunque los servicios médicos no quisieron detallar un tiempo exacto para la recuperación. “Su evolución marcará su disponibilidad”, se limitó a informar el club azulgrana.
Araújo cayó lesionado a los 20 segundos de juego durante el partido amistoso que Uruguay disputó en Viena ante Irán. Diego Alonso, seleccionador charrúa, debió sustituirle en el minuto 5 por Agustín Rogel, que tampoco pudo evitar la sorprendente derrota de la Celeste (0-1).
Parcial o total
La avulsión es un desprendimiento del aductor en el lugar donde se inserta sobre el hueso. Una lesión cuya gravedad depende del grado. En caso de ser parcial, el tiempo de baja estimado ronda los 30 días, pero si es total requiere cirugía, por lo que los plazos se doblan.
En cualquier caso, Araújo parece descartado para los importantes compromisos del Barcelona en Champions ante el Inter de Milán y en LaLiga ante el Real Madrid. El gran objetivo para el defensa pasa por una total recuperación de cara al Mundial, donde Uruguay se medirá a Corea del Sur, Portugal y Ghana en el exigente Grupo H.
Carlo Ancelotti dio el pistoletazo de salida a las cuatro ruedas de prensa que se vivirán en la previa de la final de la Supercopa de España, que este domingo disputan el Real Madrid y el Barcelona (20:00 horas). Después del italiano llegarán Hansi Flick, Fede Valverde y Pedri. "Si perdemos, la temporada sigue. El equipo ha mejorado, nadie lo puede dudar, y no retrocederá si hay una derrota", analizó el técnico transalpino.
El recuerdo del 0-4 liguero del Camp Nou estuvo sobre el ambiente de la sala de prensa del King Abdullah de Yeda, donde Ancelotti aseguró que "hemos hecho una evaluación bastante clara de lo que hicimos en el último clásico". "Tenemos que intentar repetir lo bueno y no repetir lo malo. Es una final y hay más presión", insistió.
Los últimos clásicos han tenido muchos goles, algo que para Ancelotti lo provoca la calidad de los futbolistas. "Prevalece la calidad individual más que el equilibrio y el juego del equipo. Creo que si defiendes bien, tienes más probabilidades de ganar", dijo.
El italiano volvió a defender los vídeos de Real Madrid Televisión, de la que reconoció que "tiene el mismo derecho que vosotros a dar su opinión", y se refirió a la presencia de Dani Olmo en el encuentro del domingo. "Si marca, pasaría que no hemos sido capaces de frenar a un jugador que es muy bueno. Si juega, pensaremos cómo defenderle".
Preguntado sobre los días en Yeda, compartiendo hotel durante cinco noches con sus futbolistas, algo inusual en la temporada, Ancelotti reconoció que "prefiero darles libertad". "No les empujo mucho con los vídeos, que es lo que más hacemos ahora y no duran mucho más que 15 minutos. Se lo pasan bien juntos, hay un buen ambiente... No sé qué hacen en la habitación, ni lo quiero saber", bromeó.
Flick: "Tenemos mucho ruido alrededor"
Hansi Flick, entrendor del Barcelona, admitió que tienen "mucho ruido alrededor" del equipo, en un momento en el que el Caso Olmo protagoniza la mayoría de las portadas. "Aún así el equipo ha estado unido, ha sido fuerte... Contra el Athletic hicimos un gran partido, jugamos por Dani y por Pau. Los jugadores están muy unidos", explicó.
El técnico alemán también se refirió a la polémica alrededor de Iñaki Peña, suplente en la semifinal contra el Athletic por haber llegado tarde a la sesión previa. "Aquí en España tenéis una mentalidad diferente, pero para mí es básico. Es la tercera vez que alguien llega tarde", explicó, en referencia a las dos veces que Koundé también llegó más tarde.
Con respecto al partido, Flick admitió que "como jugamos en el Bernabéu es como queremos jugar", y que ganar la final sería "conseguir motivación" para el resto de la temporada.
«¡Buen rollo, siempre!», grita Tadej Pogacar en una de las primeras secuencias de la tercera edición del documental 'En el corazón del pelotón', de Netflix, mientras hace un caballito sobre su Colnago. Y ahí podría estar el secreto de todo, de por qué nos conquista un esloveno que arrasa, el tipo que no deja ni las migajas.
Nunca en la historia del Tour una rivalidad se consolidó de tal forma, jamás los dos mismos ciclistas se repartieron los primeros puestos del cajón cuatro años consecutivos. El quinto episodio del Pogacar-Vingegaard, con sus filias y fobias, arranca este sábado en Lille como un torrente de promesas, con las batallas pasadas, derrotas y victorias incrustadas ya para siempre en el ideario colectivo del ciclismo de época, marcadas a fuego para ambos y sin apenas elementos externos (Evenepoel, Roglic...) que amenacen su binomio. Es el danés ahora el aspirante, el que busca el resquicio por el que hacer dudar a un Pogacar tiránico. Ellos son la reencarnación de Coppi y Bartali, de Anquetil y Poulidor, de Merckx y Ocaña, de Hinault y Lemond. De Bird y Magic, de Nadal y Federer, de Ali y Frazier. Se necesitan. Se engrandecen. «Prefiero esta rivalidad a haber ganado cuatro Tours por 10 minutos», se sinceraba el líder del Visma, quien, a diferencia del 2024 con la terrible caída de la Itzulia, ha podido tener una preparación óptima.
Pogacar acude pletórico tras un comienzo de año en el que lo ganó todo menos París-Roubaix, San Remo y la Amstel. En las antípodas del carisma, tan distintos en su forma de ser y de correr, en sus orígenes y en sus ambiciones, con el único elemento en común de perseguir la misma gloria. ¿Por qué Pogacar cae mejor y acapara las preferencias del aficionado? «Por su forma de ser. Comunica más, es más abierto. Vingegaard es más tímido, no conecta con el gran público», explica Eduardo Chozas, quien, sin embargo, no se postula. «Están ambos tocados por una varita y son nobles. A mí me parecen dos grandes deportistas, no tengo preferencia clara. Vingegaard tiene buenos detalles. Recuerdo cómo esperó a Tadej hace dos años cuando se cayó», elogia el ex ciclista y ahora comentarista de Eurosport.
Para ese evidente favoritismo del siempre apasionado aficionado ciclista hay que buscar explicación en la psicología, recurrir incluso «al mito grabado en el inconsciente colectivo de los seres humanos, el del héroe y el villano», como expone Rubén Moreno, psicólogo deportivo y profesor de la Universidad Europea. «Pogacar irrumpe de una manera muy particular, destronando a Roglic, al todopoderoso Jumbo Visma, en aquella cronoescalada [La Plagne]. Quedó en la retina una imagen icónica. Era un chico jovial, alegre, feliz que casi sin darse cuenta había ganado el Tour», rememora los orígenes del fenómeno, razonando por qué el fan español en particular se decanta por el esloveno. «Ahora no tenemos con quien identificarnos. Podemos ser más landistas, alguno tiene fe todavía en Enric Mas... Luego vienen Romeo, Ayuso... Y aquí entra el contexto sociocultural. Para un español, ver a un tío sonriente, alegre, feliz, dicharachero... nos es más fácil identificarnos que con el introvertido que cuando llega a meta sólo quiere besar a su mujer e hija y casi no concede entrevistas. Ser introvertido en España no se premia. Siempre hay alguien que dirá: '¿A este qué le pasa?' 'Es un raro...'. Por eso la identificación es mayor con Pogacar".
Al carisma de uno y otro se aferra también Pascual Momparler, ex seleccionador español. "Lo que sucede con Pogacar es que gana y arrasa. Todo lo hace a lo grande. E influye que tiene muy buena relación con la prensa. Siempre ofrece muy buenas respuestas. Recuerdo este año, cuando ganó en Flandes, le dijeron que hacía mucho que nadie ganaba esa clásica con el maillot arco iris y el respondió que no, que eso pasó en la edición anterior en la categoría femenina. Gusta a la gente porque es muy natural, fresco. Se nota que no prepara las respuestas con su jefe de prensa. En cambio, Vingegaard es como nuestro Carlos Rodríguez, buena persona, más callado, menos dicharachero, cala menos entre el público", argumenta.
Vingegaard, en Lille, en los días previos al comienzo del Tour.Thibault CamusAP
Eso, la relación con los medios, que el danés ha ido tratando de mejorar en los últimos tiempos, también tiene mucho que ver en la percepción de ambos. "Pogacar tiene cara de niño, es simpático, corre de una manera alegre, incluso revolucionaria. Hace lo que quiere, entre comillas. Y se expresa bastante mejor que Vingegaard, al que no tacharía de antipático, pero es más frío, calculador, metódico, cuidadoso con sus declaraciones. Se moja entre poco y nada a la hora de regalarnos algún titular", cuenta Carlos de Torres, el periodista español más veterano en el Tour: lleva 27 ediciones cubriéndolo para la agencia EFE.
Esa imagen gélida Vingegaard la ha ido intentando transformar en los últimos tiempos. Especialmente empático se le comprobó en el último Tour, en la derrota. Fueron varias las ocasiones en las que la emoción le conquistó. "Es muy anticuado pensar que un hombre no tiene derecho a llorar. Mostrar tus emociones me parece incluso más fuerte que intentar ocultarlas", admitía en una entrevista reciente a L'Equipe desde Sierra Nevada, donde ha preparado el Tour.
Pero, cómo combatir con la sonrisa de Tadej, con sus bromas en redes sociales, con sus guiños sobre la bici incluso en agonía. "El carisma no tiene que ver con el sufrimiento. Es una cualidad que tiene una persona que hace que la gente se sienta atraída por él o por ella. Pogacar lo tiene. Sonriente, dicharachero, hace gestos continuamente, como en la pasada Dauphiné, cuando bajó a por un bidón para su compañero Sivakov", concluye Moreno.