Vinicius y Mbappé, historia de una ‘guerra fría’: “Tiene mal arreglo”

Vinicius y Mbappé, historia de una 'guerra fría': "Tiene mal arreglo"

El pasado 15 de abril, en Múnich, horas antes del partido de vuelta de cuartos de final de Champions entre el Bayern y el Madrid, un miembro del vestuario del equipo blanco recibe ánimos de un conocido. Había que remontar el 1-2 del Bernabéu, y ese conocido alude a la presencia del Mbappé y Vinicius sobre el campo. Su interlocutor, que convive con ellos, niega con la cabeza. Ese día, el tercer gol del Madrid fue un pase del brasileño al francés. No sirvió para nada, quizá porque esa conexión fue anecdótica.

La relación entre ambas estrellas se puede analizar desde lo tangible y desde lo intangible. ¿Qué dicen los números? Que Vinicius le ha dado 12 asistencias de gol a Mbappé y, al revés, cuatro. En dos años, muy poco. Pero, sobre todo, ¿qué no dicen los números? Pues que la relación entre ambos desde el verano de 2024 es, en el mejor de los casos, fría. ¿Se odian? No ¿Se defienden si la situación (los insultos de Prestianni) lo requiere? Por supuesto ¿Se hablan con normalidad? Sí. Pero, ¿hay tensión entre ambos? Mucha.

Según varias fuentes, más allá de las declaraciones y los gestos públicos, hay una lucha soterrada por ser la máxima estrella del Real Madrid, y eso explica situaciones como la mala educación del brasileño en el famoso cambio del Clásico y, también, las declaraciones, con muy mala baba, de Mbappé el jueves por la noche. Por partes.

En ese verano del 24, Mbappé aterriza en un Madrid campeón de Europa con Vinicius como estrella indiscutible. El francés acepta su rol de recién llegado y asume que no podrá jugar en su posición porque ahí está el 7. Paralelamente, de ese vestuario desaparecen Kroos y Nacho (se van) y pierden peso Carvajal (lesionado de gravedad) e incluso Modric (menos participación). En la caseta, Mbappé se muestra respetuoso, pero de Valdebebas comienza a salir una frase que hoy se ha hecho evidente. «Va a su bola». Marca 44 goles, pero su inhibición defensiva provoca que Vinicius también dimita de esas funciones. El equipo empieza a chirriar, pero el año, gracias a Ancelotti, termina en calma. Durante ese curso, por cierto, se estanca la renovación de Vinicius, que, filtran desde dentro del club, quiere ganar lo mismo que Kylian. Y, vuelven a filtrar, no se lo van a pagar.

PUNTO DE INFLEXIÓN

Llegamos al verano del 25. Aparece Xabi Alonso y, casi desde el primer entrenamiento, Vinicius percibe que el niño bonito del nuevo entrenador es Mbappé. A favor y en contra del técnico vasco se van formando los grupos dentro del vestuario que han acabado como han acabado: Vinicius lidera la facción más ruidosa, donde están Valverde y Bellingham. Mbappé lidera otra facción, más discreta, donde están Tchouamèni y Rüdiger. Una prueba de esa discrección de este segundo grupo es cuando, poco después del cambio de entrenador, el 9 de febrero de este año, le preguntan a Tchouamèni por si Pintus ha cambiado, para bien, la preparación física: «Tengo mi propia idea, pero no puedo decir nada».

Con esas camarillas bien definidas y cada vez más distantes, llega Arbeloa. Y en una de sus primeras ruedas de prensa dice: «Voy a exigir a mis jugadores que busquen a Vinicius y le den el mayor número de balones posible», influenciado, seguro, por el consejo que recibió de una de las personas a las que llamó para pedir consejo en su aterrizaje: “Pégate a Vinicius”, le dijo alguien que había estado antes que él en ese vestuario. Mbappé, mientras tanto, empieza a sentir que los problemas en su rodilla son serios y, harto de lo servicios médicos del Madrid, se marcha a Francia.

Los protagonistas, en un partido del Real Madrid.AFP

Vinicius crece y Mbappé mengua en el equilibrio de poder del vestuario. El primero sabe que el segundo está pasando un mal momento e intenta recuperar el foco perdido sabiendo que en el horizonte sigue su renovación. Cuando el fútbol le niega al Madrid los títulos, Arbeloa sube otro escalón y, sabiéndose ya fuera, lanza varias frases que duelen a Mbappé. Así que el jueves, tras el partido contra el Oviedo, el francés le dice a uno de los responsables de comunicación que va a salir a hablar. Intentan evitarlo pidiéndole que se calme y que habrá tiempo para explicarse. No hay manera. Aparece por la zona mixta, 15 minutos después de terminar el partido (la ducha más rápida de un futbolista en la última década) y dice todo lo que dice. Fue otro acto de esta guerra fría donde los puñetazos se los llevan terceras personas. Del mismo modo en que Xabi Alonso pagó los nervios de Vinicius, que sabía que perdía foco con Mbappé, Arbeloa pagó esos mismos nervios, pero en la dirección contraria.

¿Qué va a pasar ahora? No hay muchas pistas, más allá de un vistazo a la entrevista de Florentino en La Sexta. Dos frases. Una, sobre la renovación de Vinicius (le queda un año y el 1 de enero puede negociar con quien quiera): «No hay prisa». Y dos, preguntado por Mbappé: «Es el mejor jugador que tiene en estos momentos el Real Madrid».

¡Ah! Y una tercera frase, que ayer por la mañana salía de los alrededores del vestuario del Madrid: «Esto tiene mal arreglo».

kpd