Jonas Vingegaard cruza la primera etapa del Giro en el puesto 76, unos metros por detrás llega el neerlandés Bart Lemmen (100), su compañero de equipo, el ciclista tardío que abandonó las armas por la bici. El rodador del Visma es el guardaespaldas preferido por todos. El campeón danés se siente seguro junto a su gregario.
Lemmen (Utrecht, octubre de 1995) es militar, comandante de las fuerzas aéreas de Países Bajos. Un oficial que hace tres temporadas cambió la disciplina del cuartel por el estrés del pelotón. Un corredor atípico por origen y formación. Desde pequeño apuntó maneras y se dedicó a competir a nivel amateur, pero hasta los 28 años no saltó al profesionalismo, para eso tuvo que prescindir de su actividad en una unidad especializada en protección de aeródromos.
Lemmen estuvo destinado en la base aérea de Volkel. Practicaba el ciclismo en su tiempo libre y destacaba como contrarrelojista. En 2021, un ojeador del equipo Volker Wessels le convenció para que se uniera a su grupo de aficionados. Fue cuarto en el Campeonato de ruta de Países Bajos en ruta y séptimo en el Tour de Eslovaquia. Unos resultados que llamaron la atención de los técnicos del Human Powered Health, que en 2023 le presentaron un contrato profesional. Doce meses después fichó por el Visma de Vingegaard.
Lemmen no fue un prodigio juvenil, ni acudió a una academia de ciclismo. Llegó a la élite con 28 años, 10 años después de lo que ahora es habitual. Con la potente escuadra neerlandesa ha competido en pruebas UCI World Tour. Esta primavera estuvo en la Volta a Catalunya, ganada por Jonas Vingegaard.
La disciplina
«Nunca pensé que podría dedicarme al ciclismo profesional. Para mí, la bici siempre fue un hobby, pero cuando me ficharon tuve que cambiar hábitos y nutrición y aprender rápido estrategias de carrera. La disciplina del ejército me ha servido muchísimo en mi actividad de ciclista, un deporte en el que es muy importante el trabajo en equipo y la resistencia mental», advirtió en el portal De Rode Lantaarn.
Desde el inicio, Lemmen se integró perfectamente en el Visma y sus buenos resultados llegaron de inmediato. Se estrenó en 2024 con una quinta plaza en el Tour Down Under, finalizó segundo en el Tour de Noruega y 30º en Critérium Dauphiné. En junio de ese año fue seleccionado para participar en el Tour de Francia, se unió a la expedición del Visma sólo cuatro días antes del inicio de la carrera para ocupar la baja de Sepp Kuss. Terminó en el puesto 70 y ayudó a Vingegaard en su pelea con Tadej Pogacar.
El neerlandés se ha convertido en un uno de los escuderos predilectos de Vingegaard, por eso ha sido elegido para este Giro. En la pasada edición de la Corsa Rosa, Bart Lemmen terminó en el puesto 42.
«Estoy acostumbrado a entrenamientos exigentes, a estructuras estrictas y trabajo en equipo. En carreras duras, esa mentalidad me permite resistir esfuerzos largos y situaciones límite», apunta. Unas características muy valoradas por sus directores y compañeros. Los técnicos creen que a sus 30 años todavía atesora margen de mejora porque empezó tarde en el ciclismo.
El revulsivo de Diego Simeone es el látigo que castiga al Barcelona. Alexander Sorloth (Trondheim, 1995) es el gigante que rescata al Atlético de Madrid en el borde del abismo. Nadie como el noruego asusta tanto a los escuderos azulgranas. El fornido delantero centro ha marcado al equipo culé cinco goles en los últimos cinco partidos disputados y, casi siempre, lo ha hecho saliendo desde el banquillo o en el tiempo añadido.
Lo ocurrido en la locura del pasado martes en el estadio olímpico de Montjuic es una historia repetida. Sorloth, tras relevar a Griezmann en el minuto 67, salió para igualar la eliminatoria de ida de semifinales de la Copa. En el 93 anotó el tanto del empate (4-4) y puso al Atlético en la rampa de lanzamiento para la vuelta en el Metropolitano.
El Barça, una vez más, fue azotado por el delantero nórdico, como ya ocurrió en el partido de Liga de esta temporada, también disputado en la montaña olímpica. En diciembre marcó el 1-2 del triunfo del Atlético, en el minuto 96. En el curso 2023-24 firmó el definitivo 3-5 de la victoria del Villarreal, en el minuto 99. En esa misma temporada también anotó en el derrota del Villarreal en La Cerámica por 2-4. En su última campaña con la Real Sociedad (2022-23), también logró la victoria en el Camp Nou por 1-2, marcando en el minuto 72.
Piñedo y el tramo final
Sorloth es el recuso de Simeone para los instantes desesperados. Siete de sus 13 goles los ha conseguido después del minuto 80. El golpe ganador en el último asalto es el arma del noruego y del propio equipo rojiblanco. En la Copa del Rey, el Atlético suma 19 goles, nueve de ellos en el último cuarto de hora. En Liga, 17 de 42 marcados llegaron a partir del minuto 75. En Champions, fueron cinco de 20. En total, 31 de los 81 anotados se consiguieron en el último tramo, algo que dice mucho de la preparación física del grupo, parcela que ahora está dirigida por Luis Piñedo, sustituto del Profe Ortega.
El Atlético es el equipo de las grandes ligas europeas con más goles, entre todas las competiciones, a partir del minuto 80, con un total de 28, de los que 16 fueron decisivos para lograr 11 victorias y tres empates.
Déficits de atención
En el intervalo postrero de los partidos, Simeone, con sus modificaciones tácticas y decisivos relevos desde el banquillo, obtiene altos réditos. Eso lo sabe muy bien el Barcelona que afrontará la vuelta de la semifinal copera tras desperdiciar una buena renta. El equipo de Hansi Flick brilla por su juego, pero en numerosas ocasiones muestra déficits de atención en los prólogos y epílogos de los duelos.
De los 45 goles encajados este temporada, 18 de ellos (el 40%) llegaron en los primeros 10 minutos o en los últimos 10, más el tiempo añadido. Esa tendencia a desconectarse al principio o al final se ha manifestado en 14 de los 45 encuentros, informa Efe.
Simeone se siente cómodo en los partidos largos y Flick sufre para cerrar los partidos. El yin y yang.
«¿Usted fuma? Es que me he quedado sin tabaco». El pionero, que se apoya en un andador para moverse por su casa en el casco antiguo de Orihuela, recibe al reportero rodeado de centenares de fotografías y de trofeos cosechados en su gloriosa trayectoria. «Ahí estoy con Fausto Coppi. Para mí, siempre fue el mejor». El próximo miércoles, Bernardo Ruiz cumplirá 100 años. Podría irse con sus hijos, pero prefiere vivir solo. Hasta hace cuatro años paseaba a su pequinés y acudía diariamente al casino de su pueblo para «echar la mañana», leer la prensa y tomar un café, pero tras someterse a una operación de vejiga, y permanecer 10 días en la cama de un hospital, apenas sale a la calle. En invierno se queda en casa, donde le cuidan dos chicas, una por la mañana y otra por la noche. No sale para evitar el frío, la gripe y el covid.
Bernardo Ruiz fue el primer ciclista español en ascender al podio del Tour de Francia, en 1952. Fue tercero tras Coppi y el belga Stan Ockers. También fue el precursor en las victorias de etapa en el Giro de Italia: en 1955 estrenó palmarés en una jornada con salida y llegada en Roma. Fue el primer español en conseguir dos triunfos en un mismo Tour (1951), en las metas de Brive y de Aix-les-Bains. En su curriculum figuran la Vuelta a España de 1948 y tres campeonatos nacionales de ruta (1946, 1948 y 1951). Está considerado el primer ciclista profesional de España.
El Pipa ha perdido la audición, pero conserva una fecunda memoria. Explica con detalle cada una de las imágenes que reposan en las mesitas o adornan las paredes de su casa. «Esta foto es de la Vuelta a España, aquella en la que gané 17.000 pesetas. La última etapa terminó en el recién estrenado estadio Santiago Bernabéu. Para mí, la Vuelta siempre ha sido más divertida que el Tour», sostiene mientras recalca que aún sigue las carreras por televisión. «No sólo ve las pruebas en directo, sino también los resúmenes y los reportajes que emiten después», añade su hijo Bernardo, un farmacéutico que lleva trabajando 44 años en Orihuela. Él es una ayuda fundamental para encauzar la conversación con el periodista, porque nadie conoce e interpreta al pionero mejor que él.
Ruiz, con una portada del Marca, en su casa de Orihuela.CARLOS GARCIA POZO
El próximo día 8, en la casa del centenario se reunirán sus cuatro nietos y dos bisnietos y el resto de la familia de su hijo y de su hija Margarita, abogada. No estará el tercer hijo, Miguel, un sacerdote que fue misionero durante 30 años en Perú y que ahora se encuentra en Guerrero (México), colaborando en la construcción de un hospital.
Nunca pinchaba
El aniversario se completará con una exposición del artista Miguel Soro en la lonja de Orihuela, en la que se exhibirán retratos de un corredor que abrió sendero y rompió moldes. Ruiz no respondía a los cánones de los ciclistas españoles: pequeños y escaladores. Él era robusto, alto para la época (1,75 metros), fuerte y muy sólido en las subidas y en el llano. Decían que casi nunca pinchaba y que guardaba un secreto: inflar los tubulares nuevos, colgarlos como chorizos en su casa y dejarlos curtir durante dos años. Su primera bici profesional, una Alcyon, la compró en 1941 con las 500 pesetas (una fortuna) regaladas por su hermano Tomás, que combatió en Rusia con la División Azul.
Bernardo era un tipo duro hecho a sí mismo. A los nueve años faenaba en el campo y a los 11 le sorprendió la Guerra Civil. Cuando era un chaval fortaleció sus piernas y carácter dedicándose al estraperlo. Tiempos de hambruna. «En casa teníamos que trabajar para comer. Mi padre era campesino. Yo iba con mi bicicleta desde Orihuela a Cartagena cargado con aceite, cereales, tabaco, harina, pan... Llevaba 50 kilos por malos caminos, evitando a la Guardia Civil. Un día y medio para ir y volver». La vida dura de un niño que ha presenciado tres reinados (Alfonso XIII, Juan Carlos I y Felipe VI), una República, una Guerra Civil, una posguerra, una dictadura y una democracia. Decidió dedicarse al ciclismo cuando, siendo un chaval, ganó una carrera de aficionados y le premiaron con 25 pesetas, el triple de lo que ganaba su padre en un mes.
Bernardo Ruiz.CARLOS GARCIA POZO
«Nunca lo he tenido fácil, pero disfruté mucho con el ciclismo. Es un honor haber sido el primero», señala un corredor que fue rival de Federico Martín Bahamontes (el toledano también se dedicó al estraperlo), que debutó a nivel nacional en 1945 y se retiró en 1959 para dedicarse a la dirección de equipos. Dejó la bicicleta y empezó a fumar. «Sigue con sus cigarros, aunque se los controlamos un poco. Es que se pone a toser y no puede dormir», advierte su hijo.
Ruiz dirigió al equipo Faema de España (una prolongación de la escuadra belga liderada por Eddy Merckx). Fue el maestro de Angelino Soler, el vencedor más joven de la historia de la Vuelta a España (21 años, en la edición de 1961). «Me decían que estaba loco porque cuando casi nadie le conocía yo le hice un contrato de 100.000 pesetas. Cuando ganó la Vuelta, todos tuvieron que callarse. También di la primera oportunidad a Julio Jiménez... Creo que tuve buen ojo como director». Luis Puig le ofreció, sin éxito, ser seleccionador nacional. No aceptó porque las condiciones económicas le parecían insuficientes. Para el ex presidente de la Federación, sólo Miguel Poblet y Jesús Loroño estaban a la altura de los conocimientos de Bernardo Ruiz.
Vendedor de motos y bicicletas
El Pipa, tras dejar la dirección técnica de los equipos, regresó a Orihuela, donde regentó un establecimiento de venta de motos y bicicletas. Fue delegado de Moto Vespa en Alicante. Tras jubilarse, se dedicó a cuidar un pequeño huerto. Hace 10 años, la organización de la Vuelta le homenajeó por el 80º aniversario de la carrera. Entonces, el abuelo del ciclismo español comentaba a este periodista lo absurdo que resulta comparar el ciclismo de entonces con el de ahora: «Dicen que los ciclistas de antes no teníamos estilo, pero ¡cómo íbamos a tenerlo si las carreteras eran de tierra y estaban repletas de baches! Entonces no había equipos, participábamos en grupos de selecciones y peleábamos todos contra todos. Era un ciclismo individual, no había gregarios. Todos éramos rivales y atacábamos cuando nos parecía».
También confesaba que añoraba la diversión de antaño: «El ciclismo de mi tiempo era más entretenido, ahora en el Tour sólo hay tres etapas de montaña en los Alpes y otras tres en los Pirineos. El llano es monótono. Había más emoción». Este pionero vaticinaba que después de las retiradas de Alberto Contador, Alejandro Valverde y Purito Rodríguez se producirá un gran bajón en el ciclismo español. Un visionario sabio que cumple 100 años. La memoria de España.
La armonía duró 23 años en la casa de Óscar Freire. Un tiempo marcado por la distancia que separa las iglesias Virgen Grande (Torrelavega) y Puente San Miguel (Reocín). En el primer templo, el domingo 26 de octubre de 2003, Óscar y Laura salieron comiéndose a besos y cogidos del brazo tras una boda a la que asistieron amigos y compañeros del pelotón: Joseba Beloki, José Iván Gutiérrez, Francisco Mancebo, Daniele Nardelo y Manolo Beltrán. En el segundo santuario, el pasado domingo, ella se sintió intimidada, discutieron y él la sujetó «fuertemente» por un brazo. A la salida de la capilla, ella se dirigió al cuartel de la Guardia Civil y presentó una denuncia por agresiones, amenazas, vejaciones y acoso.
El triple campeón del mundo en ruta, aquel que cautivó a todos por su osadía en los Mundiales de Verona (1999 y 2004) y Lisboa (2001), fue detenido poco después de la finalización de la París-Roubaix, esa carrera que tanto le apasiona, y pasó la noche en el calabozo de Torrelavega. El lunes por la mañana, el juez Guillermo Casal, titular del Número 5 de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Torrelavega, le condenó por un delito leve de injurias y le impuso una pena de nueve días de localización permanente en un domicilio diferente al de la víctima y una orden de alejamiento de su mujer durante seis meses.
Ese fue el sprint más triste del tres veces vencedor de la Milán-San Remo, el mejor clasicómano español. El peor momento de los 50 años del ex ciclista y de su pareja, que tienen tres hijos (el mayor, Marcos, es ciclista profesional y milita en el equipo de Tadej Pogacar). En las últimas semanas habían iniciado el proceso de divorcio. Ambos fueron «novios de toda la vida». Estaban unidos desde críos. Han vivido en Lugano, Coldrerio (Suiza) y Mijares, cerca de Torrelavega, donde tiene un enorme chalet. Desde 2023, la relación comenzó a deteriorarse y ahora ha tocado fondo. La sinuosa deriva de la vida de Óscar Freiere extraña, y mucho, a su entorno más cercano.
A Jose Antonio Mantilla, amigo del ex corredor y ex entrenador de su hijo Marcos, le cuesta asimilar lo sucedido: «No me lo puedo creer. Yo siempre les he visto bien, sin aparentes problemas. Se conocen desde niños, desde que tenían 15 años. Se hicieron novios y siempre han estado juntos. Me extraña mucho lo ocurrido este domingo. Hace unos días, Óscar paseaba con su hijo pequeño por Suances», dice.
Mantilla, técnico del equipo Bathco de Besaya, asegura que Óscar y Laura hacían un tándem perfecto: «Nadie duda de que Freire era muy buen corredor, con unas condiciones excepcionales con las que habría llegado a profesional por su propia valía, pero lo que tengo claro es que no habría sido el campeón que fue sin la ayuda de su mujer. Ella le ayudó siempre, le cuidó como nadie.Óscar lo sabe muy bien».
Su hijo Marcos, también ciclista
El deporte, como no podía ser de otra manera, siempre ha marcado la vida de Freire. Tras 14 temporada en el ciclismo se retiró en 2012 y en 2016 debutó como piloto de rallys. Fue entrenador de su propio hijo, Marcos. «Al principio, tanto mi mujer como yo no queríamos que Marcos se dedicara al ciclismo por los peligros y riesgos que acarrean las competiciones y los entrenamientos, pero al final hemos tenido que aceptarlo. Yo le acompaño a las carreras, pero su madre lo lleva fatal y no va a verle. Ya sufrió mucho conmigo y ahora le toca lo de Marcos... Sé lo difícil que es llegar a ser profesional», explicaba en un reportaje publicado en ELMUNDO en octubre de 2023, antes de que todo empezara a ir mal.
Freire, como aseguran sus vecinos de Torrelavega, siempre ha sido un «tío muy singular, algo despistado». En su etapa de ciclista se perdía en los días de entrenamiento, se le olvidaban las citas. El 5 de febrero del pasado año se ausentó un par de días de su domicilio y su esposa denunció el caso. A las pocas horas, el ex corredor apareció sano y salvo en su casa. Todos los medios se hicieron eco de la noticia. Él despachó el caso con un comunicado en el que aseguraba que su marcha se debió a un «asunto estrictamente personal». También exigió que se respetara su intimidad y cesaran los comentarios en las redes sociales. Esas ausencias no eran extrañas, pero nunca fueron tan prolongadas como entonces.
Este suceso se produjo poco después de que no fuera elegido como seleccionador nacional de ciclismo, un puesto que recayó en Alejandro Valverde. Freire aseguró que José Vicioso, presidente de la Federación Española, le traicionó. Declaró que no fue elegido porque él no sabe moverse en política.
En los últimos años ha colaborado en varias emisoras de radio. En la pasada Vuelta a España recibió numerosos ataques por criticar, con comentarios impropios, a los que querían boicotear la carrera. «Son perroflautas agresivos que siempre buscan pelea», exclamó un campeón que ha emprendido una extraña deriva.