Tres heridos leves y un detenido en los enfrentamientos entre la Policía y aficionados del Atlético de Madrid en el recibimiento al equipo en el Metropolitano
Centenares de aficionados del Atlético de Madrid se han enfrentado a la policía en los alrededores del Metropolitano poco después de la llegada del autobús del equipo al estadio rojiblanco. Varios encapuchados han lanzado hielos, botellas y piedras a los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) tan pronto ha pasado el vehículo que transportaba al equipo. El resultado ha sido tres heridos leves y un detenido por desórdenes públicos tras las cargas policiales.
Los enfrentamientos han continuado luego por el parque que rodea al estadio obligando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a lanzar botes de gas lacrimógeno para dispersar a los violentos. La unidad de caballería también se ha visto obligada a intervenir para controlar a la masa que se acumulaba cerca del estadio desde antes de las 19.00 horas.
Como cada partido grande del Atlético de Madrid, y la ida de semifinales ante el Arsenal era uno de ellos, miles de aficionados rojiblancos se habían agrupado en torno a la avenida de Arcentales para recibir al autobús del equipo antes del duelo de Champions. Los cánticos de los aficionados han dado paso a las bengalas tan pronto como el autobús del equipo ha asomado por la plaza de Grecia.
Pero ese momento de celebración ha dado paso a los enfrentamientos que han terminado en torno a las ocho de la tarde, con la policía ya habiendo controlado todos los focos que se habían reproducido en torno a varios puntos del parque del Metropolitano.
No es la primera vez que se producen este tipo de enfrentamientos. En el duelo de ida de Copa del Rey ante el Barcelona también hubo un conato de violencia contra los agentes que se saldaron con varios heridos y un detenido.
Es raro cuando suena la campana en un combate de boxeo de pesos pesados que los púgiles se tiren a dar puñetazos al otro. El respeto impera siempre en los primeros compases. O tal vez el miedo. Dos de los cuatro pesos pesados europeos quisieron ganar sin abrir la guardia en el Metropolitano. Guantes arriba y golpes rápidos en forma de penaltis. Gyokeres y Julián metieron los goles. Se mantuvieron ambos contendientes de pie. Sin noquear al rival. Habrá que esperar a Londres. [Narración y estadísticas, 1-1]
Y eso que el Atlético salió a morder. Como esos perros a los que asoma la baba cuando enseñan los dientes, los jugadores rojiblancos fueron a complicar la salida del Arsenal hasta provocarle dos pérdidas en los primeros cinco minutos. Los laterales, Llorente y Ruggeri, doblando de manera contínua a sus extremos y Koke emulando a Benjamin Button en cada partido de esta temporada, 90 minutos más joven cada vez.
Y lo mejor del todo era ver a un Julián plenamente enchufado. Era un espectáculo el argentino repartiendo juego desde tres cuartos y llegando luego a finalizar, los primeros cinco disparos del Atlético fueron suyos así como una ocasión a los cuarenta segundos. En un eslalon en el borde del área 10 minutos después, obligó a Raya a poner a prueba los principios de De la Fuente con una mano monumental.
El Arsenal no se sentía incómodo. Quizás Odegaard era el más impaciente por llevar el cuero arriba. Tardaron los británicos 10 minutos en tener una posesión larga y 15 en gozar de su primera gran ocasión. Una cabalgada de Gyokeres, que pudo hasta con Llorente, terminó con un centro que cayó en las botas del noruego al borde del área pequeña. Su disparo lo taponó Cardoso in extremis.
El duelo era de control, todo lo contrario que el espectáculo de la otra semifinal. Con dos equipos más concentrados en no cometer errores que en hacer daño al rival. El primer córner del encuentro para los británicos llegó en el minuto 20 y un pequeño escalofrío recorrió a una grada que conocía que el Arsenal había batido el récord de tantos en la Premier con 17. No ocurrió nada y respiró tranquilo tanto el Rey Felipe VI, que había acudido en visita no oficial, como José Luis Martínez Almeida, ya más templado tras su coro del himno rojiblanco durante la salida del equipo rojiblanco.
Gyokeres celebra su tanto de penalti en el Metropolitano.EFE
Pero las cosas y los nervios iban a jugar una mala pasada al futbolista que menos minutos había disputado en el último mes. David Hancko, tras una pérdida absurda en el centro del campo y con el equipo abierto, atropelló a Gyokeres en el área. Makkelie señaló la pena máxima y el sueco la transformó a la derecha de Oblak, al que le pasó el balón entre los antebrazos. Lo peor era que ese error llegaba en el minuto 44, al borde del descanso, donde las puñaladas provocan más sangre.
Había trabajo que hacer en la caseta y riesgos que tomar en el campo. El control estaba bien, pero este duelo necesitaba caos. El Arsenal se desempeña bien en el aburrimiento. Simeone tenía que recordar a los suyos que este equipo estaba hecho un flan en la Premier, que aún se la estaba jugando, y había que trasladarlo a una competición en la que este curso aún no había perdido un duelo. Este tenía que ser el primero porque en el Emirates las cosas iban a ser diferentes. Las eliminatorias son 180 minutos, pero uno no puede cambiar de asalto sin lanzar un golpe al mentón.
Riesgo controlado
Julián Álvarez, tras empatar el duelo.Manu FernandezAP
El primer movimiento fue retirar a un Giuliano tocado en el costado por Le Normand y poner al multiusos Llorente de interior. Pero lo que se vio también fue un cambio de actitud que se refrendó con tres acciones casi consecutivas: una falta directa de Julián, una contra que pudo suponer el empate si Griezmann acierta una doble ocasión y un penalti por mano de White con el que Julián, ya sí, volvió a poner las cosas en su sitio. El gol trajo colmillo al Atlético que ya se echó a campo rival y Griezmann mandó una contra al palo y el rechace terminó en córner. Se olía la sangre en el Metropolitano.
Estaba el partido esperando un chispazo o un error. Pudo llegar en una carrera de Llorente que Lookman no pudo convertir. Una jugada en la que Julián terminó en el suelo con una torsión de rodilla y el Metropolitano contuvo el aliento. Simeone respondió pronto sacando al argentino por Baena. Había una vuelta a la que llegar. Pero el error llegó del lado rojiblanco. Repitió Hancko, que pisó a Eze porque se le adelantó en el área. Makkelie pitó penalti, pero el VAR le desdijo. Eso en España...
El susto encerró al Atlético y el Arsenal se echó encima. Los rojiblancos pasaron de la ofensiva a la ressistencia. Lo dicho, 180 minutos. Por qué no hacer la machada a domicilio. La Liga está perdida y el sueño está en Europa. Aún no hay que levantarse.
Hay que jugarla, supongo. Te clasificas, da mucho dinero, te permite atraer estrellas y mantiene a la afición ilusionada hasta primavera. Hay que jugarla, supongo, pero si me dieran a elegir... ojalá el Atleti renunciara a la Champions cada año. El odio es mutuo. Yo ahora podría estar en el cine. O bebiendo. Eso aún no lo descarto. Y estoy aquí escribiendo con cara de (aún más) idiota.
Una vez más, el sueño se rompió en un accidente en el peor momento, dos rechaces en el área, un despiste defensivo, gol de Saka en el 44. Ni un guiño del destino. Hasta ahí, más allá de creerse su leyenda y celebrar cada córner como un penalti, el extremadamente mezquino Arsenal no había tirado a puerta y el Atleti estaba cómodo y con la sensación de que, antes o después, iba a cazar una, pero los rebotes que le castigaron en su área nunca le sonrieron en la inglesa.
La segunda parte fue un orgulloso quiero y no puedo de un equipo que se estaba moviendo a alturas que por talento y dinero no le correspondían. Y se notó. Giuliano tuvo la más clara y, a puerta vacía, le faltaron vuelo y recursos. No es culpa suya, es la diferencia de nivel individual. Y un penalti clamoroso a Griezmann se perdió en el limbo por una inexistente falta previa de Pubill. En la larga colección de delirios arbitrales que ha sufrido el Atleti en este torneo odioso, este se coloca muy arriba. La Champions odia al Atleti, ya saben. Nosotros a ella, más.
Tiempo habrá, y es indispensable hacerlo, para sacar conclusiones sobre esta extraña temporada. Mediocre en su trabajo diario de la Liga, brillante en las bodas y bautizos de las eliminatorias y fallido en el desenlace. Es difícil juzgar un curso así, de cinco aunque a dos detalles de ser de 10, pero hay que aclarar si el proyecto crece o se marchita. Ese análisis requiere enfriar las emociones y no es el día.
Hoy corresponde elogiar el carácter de Pubill, el despliegue de Llorente y el liderazgo de Koke; lamentar que Julián Álvarez, medio cojo, no pudiera ser la estrella que es y, sobre todo, dar las gracias a Griezmann tras su último gran partido en el Atleti, uno donde estaba evitando goles del Arsenal en un instante, organizando el juego al siguiente y siendo el más peligroso para Raya mientras le duró la gasolina. No es el final que merecía el mejor jugador de la historia del club, pero sí el tipo de actuación que ratifica esa afirmación.
La Champions odia al Atleti, pero la ganará. Cuando menos se lo espere, logrará esa maldita copa y la tirará al río. Ese día podremos descansar. Mientras, sólo queda seguir persiguiendo ese imposible hasta que se rinda.