Hace diez años, en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, nadie se atrevía ni a pensarlo. «Cuando yo empecé, que una española ganara unos Juegos Olímpicos sonaba a chiste», recuerda Clara Azurmendi, que hoy es amiga de una campeona olímpica y aspira a igualarla. A sus 27 años es candidata a medalla en el Europeo de Huelva, que comenzó este lunes, después de quedarse en semifinales en la última edición. En solo una década, el bádminton español ha cambiado. Ha cambiado mucho. Y todo, o casi todo, gracias a Carolina Marín.
La campeona, que será homenajeada este martes en su Huelva natal tras anunciar su retirada, se marcha con un oro olímpico, tres Mundiales y siete Europeos, y deja atrás también un legado. Un rastro que brilla más, sí, pero que seguramente durará más.
Antes de Marín, España peleaba por clasificar a algún jugador —como el histórico Pablo Abián— o alguna jugadora para los campeonatos internacionales. Ahora el único objetivo son los títulos, no hay más. Desde la aparición de la onubense en 2014, antes de su oro en Río 2016, el bádminton español ha crecido desde la base hasta la élite. Si en 2013 el Consejo Superior de Deportes (CSD) registraba menos de 8.000 licencias, ahora ronda las 10.000, un crecimiento que aguantan pocas disciplinas en el país. El número de clubes seguía una tendencia parecida, pero la pandemia cerró una veintena y ahora se están recuperando.
Opciones de medalla
«Carolina ha sido la mejor jugadora de bádminton de la historia del mundo. Eso enorgullece a España; lo consiguió frente a potencias como las asiáticas», define Azurmendi, que durante muchos años fue compañera de entrenamientos de la campeona olímpica. De San Sebastián, a los 14 años se marchó a Madrid para compartir sesiones con Marín a las órdenes del entrenador de ambas, Fernando Rivas. «Antes todos los que jugábamos al bádminton lo hacíamos porque en nuestros colegios había tradición. Todos veníamos de las extraescolares. Ahora hay niños y niñas que se apuntaron porque vieron a Carolina en la tele y quisieron probarlo. Eso se notará en el futuro», predice la jugadora. Según su análisis, hay que esperar a la cantera, aunque ya se pueden observar resultados.
AFP
El efecto escaparate ya tiene su traducción en las pistas. España tuvo representación en todas las categorías del pasado Mundial y en el presente Europeo sostiene varias candidaturas al podio. Junto a Azurmendi en el cuadro femenino, estarán Pablo Abián y Álvaro Leal en el masculino; en dobles masculino, las parejas formadas por Rubén García y Carlos Piris y Jacobo Fernández y Alberto Perals buscarán avanzar rondas; en dobles femenino, competirán Paula López y Lucía Rodríguez junto a la dupla formada por Nikol Carulla y Carmen Jiménez; y en dobles mixto, estarán Rubén García y Lucía Rodríguez, además de Rodrigo Sanjurjo y Nikol Carulla.
De todos ellos, quizá la opción más firme es la pareja de dobles mixto formada por García y Rodríguez, que ya sabe lo que es vencer a parejas del top 10 mundial y alcanzar las semifinales en torneos BWF. «La Federación se ha reestructurado», explica Azurmendi. «Antes había una jugadora. Ahora la Federación se está centrando en crecer en todas las disciplinas, en los dobles. Está formando entrenadores, mejorando la situación en el CAR». La inversión institucional tiene detrás el impulso de los resultados, pero también la visibilidad que generó Marín. Las marcas, reconoce la jugadora, «se han interesado siempre más en Carolina, pero una cosa ha llevado a la otra. Aunque el 80% sea por ella, algo beneficioso nos llega».
El listón está muy alto
Existe, no obstante, una contraposición. «Ahora todo nos parece poco», reflexiona Azurmendi. «Es la otra cara de la moneda. Cuando se consigue algo, nunca es suficiente. Carolina ganó siete Europeos; aunque yo consiga un buen resultado, será más difícil que se reconozca. Es normal». El éxito de Carolina elevó el listón de una forma que puede resultar injusta para quienes vienen detrás.
«La gente tiene que entender que lo que hizo Carolina es de otro planeta. Va a ser muy difícil que en el mundo del bádminton vuelva a haber otra Carolina. Pero espero que en unos años pueda salir una campeona de aquí», concluye Azurmendi, que recuerda el dolor al ver la lesión de su amiga en los Juegos de París 2024 y desea que aquella desgracia no sea el último recuerdo. «No se merecía acabar así. Fue muy injusto», apunta, siendo ella misma parte del legado que deja Marín en España.







