El piloto inglés Lando Norris (McLaren) dio ayer en el circuito de Interlagos un golpe en la mesa del Mundial de Fórmula 1. En el circuito de Interlagos, se llevó primero el sprint del Gran Premio de Sao Paulo y después fue de nuevo el más rápido en la clasificación, por lo que saldrá en la pole este domingo. La cara negativa la mostraron Fernando Alonso y Carlos Sáinz, además del neerlandés Max Verstappen, que se dejó en la pista brasileña buena parte de sus opciones de pelear el campeonato del Mundo.
El asturiano fue sexto y el madrileño decimoséptimo en la carrera corta y quedaron eliminados en la segunda ronda de la calificación. El piloto de Red Bull salvó el sprint con un cuarto puesto, lejos de la cabeza, pero los cambios que hicieron en el coche le hicieron no pasar de la primera ronda de la calificación. Un desastre que le condena a salir en la decimosexta posición.
Norris se afianza en el liderato al sumar los ocho puntos, ampliar a nueve la diferencia con su compañero Oscar Piastri en la clasificación del Mundial —que tuvo que retirarse por un accidente en la sexta vuelta— y casi deja eliminado Verstappen. El ritmo del inglés solo lo pudieron seguir Andrea Kimi Antonelli, debutante en Mercedes, y su compañero de equipo George Russell.
Verstappen, tras ser eliminado en la primera ronda de la calificaciónEttore ChiereguiniAP
El piloto inglés marcó el mejor tiempo de la ronda, al cubrir, con el neumático blando, los 4.309 metros de la pista paulista en un minuto, nueve segundos y 616 milésimas y sus buenas sensaciones se volvieron a repetir en la lucha por la pole.
Saldrá al frente de la parrilla por sexta vez esta temporada después de dominar la calificación e imponerse en la tercera ronda, con el neumático de compuesto blando, en un minuto, nueve segundos y 511 milésimas, 174 menos que el debutante italiano Andrea Kimi Antonelli (Mercedes) y con 294 sobre Charles Leclerc (Ferrari).
Piastri, segundo en el Mundial, se quedó a 375 milésimas del inglés y saldrá cuarto. Verstappen, ya ve el liderazgo del Mundial a 39 puntos. Algo mejor, aunque no demasiado, les fue a Alonso y a Sáinz. El piloto de Aston Martin acabó undécimo y el madrileño saldrá desde la decimoquinta plaza en una tarde no demasiado positiva. «La carrera fue difícil, pero la usamos para buscar informaciones», se consoló.
Nada de lo que ocurrió en las entrañas del Arena AufSchalke desde que Georgia puso un pie en los octavos de la Eurocopa es casual. Todo tiene, buscado o no, un simbolismo que va más allá del balón. Estos futbolistas son un emblema para las nuevas generaciones de un país orgulloso que quiere, como en el campo, conquistar a Europa. El aldabonazo en Alemania, venciendo a Portugal y enfrentándose a España, es una metáfora de que quieren colocarse en todos los mapas.
Cuando Saba Lobjanidze enfiló, altavoz en mano, el largo pasillo de la zona mixta, lo seguían Mekvabishvili, Kvekveskiri y se fueron sumando jugadores al grito 'Sakartvelo'. No era un cántico de jugadores eufóricos que, hasta hace apenas un año, casi eran desconocidos si los encontraban por las calles de Tiflis. Era un grito patriota. Para los georgianos no existe Georgia sino Sakartvelo, «la tierra de los kartvelianos», los habitantes del Reino de Kartli que ocupó parte del actual territorio hasta el siglo XV. Allí hunden sus raíces estos jugadores que ni siquiera superan la treintena y que, por eso, han establecido un vínculo directo con la juventud del país.
Comparten inquietudes, sueño europeísta y orgullo nacional, porque como quienes salen a las calles a manifestarse, ellos tampoco se esconden. «El camino de Georgia pertenece a Europa. ¡El camino europeo nos une! ¡Hacia Europa!», afirmaba Kvaratskhelia en febrero cuando la UE abrió las puertas a la adhesión de Georgia. «¡El camino y el futuro de Georgia pasan únicamente por Europa!» decía Giorgi Mamardashvili, el nuevo ídolo, que ya es imagen de marcas como Emporio Armani o Pepsi.
«Como tres Champions»
«No he conocido un jugador con más sentimiento patriótico que él, lo lleva muy dentro», cuenta José Manuel Ochotorena, entrenador de porteros del Valencia y formador del mejor guardameta del torneo. «Cada cosa buena que hace piensa en lo importante que es para su país. Con la clasificación era el hombre más feliz del mundo. Como si hubiera ganado tres Champions. Cuando volvió a Valencia me contó que la noche del partido ante Grecia que les llevó a la Eurocopa casi no puede entrar en su casa de la gente que le esperaba», relata a EL MUNDO.
Y es que este grupo que dirige Willy Sagnol es mucho más que una suma de deportistas. Son ídolos por lo que hacen en el campo, donde sólo el luchador Ilia Topuria en el ring les gana en popularidad, y fuera. Pocos tienen un recuerdo de la invasión rusa que les arrebató dos provincias, Abjasia y Osetia, pero todos saben que no quieren vivir bajo la suela de esa bota de la que se libraron tras la caída de la URSS. «Cuando yo llegué en 2011 había aún ambiente de guerra y estos chicos conocen las dificultades que ha vivido su gente, la pobreza y las condiciones de vida que aún están muy por debajo de las de Europa occidental. Para todo el mundo era impensable que consiguieran esto», cuenta Carles Coto, que fue jugador del Dinamo de Tiflis durante tres temporadas. Fue junto a Xisco Muñoz, Alex García o Andrés Carrasco uno de los pioneros en «españolizar» el fútbol en Georgia. Ellos pusieron una semilla que luego germinó. «Jugadores como Kvaratskhelia, Mamardashvili o Mikautadze son un ejemplo de que tener lazos con Europa hace crecer», apunta el ex futbolista.
Eso es precisamente lo que piensa buena parte de la población y de los jugadores, a los que les gusta mostrarlo. En el vestuario entonaron 'Samshoblo' (Patria), una canción folk publicada después de la guerra con Rusia y hoy himno proeuropeo.
«dejadnos mostrar nuestra fuerza»
Después, en esa especie de conga por los pasillos del estadio de Gelsenkirchen a la que se unió Mikautadze -pero no el tímido Kvaratskhelia ni Mamardashvili, en el control antidopaje-, siguieron lanzando mensajes en el mismo sentido: «Estamos aquí, dejadnos mostrar nuestra fuerza, estamos juntos».
Los futbolistas georgianos festejan su pase a octavos.AFP
Mientras, las banderas de Georgia seguían ondeando en manos de los aficionados que, desde las escaleras de acceso a la grada, esperaban a ver salir a su héroes. Ellos les responden. Algunos se posicionaron contra la Ley de Transparencia sobre la Influencia Extranjera, la llamada 'Ley rusa' que pretende controlar la actividad de «agentes extranjeros» en el país, lo que supone de hecho una restricción de libertades, entre ellas las de expresión y todas las que posee en colectivo LGTBI.
Esa propuesta viene avalada por el partido Sueño Georgiano, liderado por el oligarca Bidzina Ivanichvili, considerado el dirigente en la sombra del país, que ayer anunció que donará más de 10 millones de dólares al equipo nacional de fútbol por la proeza de la clasificación para octavos. Se trata de una prima mayor que la que recibiría España si termina campeona. Falta saber si estos jugadores la aceptan o queda en los fondos de la Federación, menos beligerante.
Ahora espera España, pero ellos disfrutan y hasta unen a su fiesta en su base de Velbert, cerca de Dortmund, a otro conocido luchador, Merab Dvalishvili. Eso sí, con el corazón a 4.000 kilómetros. «Me han enviado vídeos de cómo está celebrando la gente y es increíble», contaba Giorgi Kochorasvili tras el partido. Antes de la Eurocopa, el anhelo del jugador del Levante era darle una alegría su pueblo, «que lo está pasando mal». Ya lo han conseguido.