Los clubes miembros de la Euroliga han acordado fijar la reanudación de los partidos en Israel, a partir del próximo 1 de diciembre, tras reunirse este martes y analizar la situación actual en Gaza después del reciente anuncio de las iniciativas de alto el fuego y paz.
Los equipos israelíes de la Euroliga y la Eurocopa, que estaban disputando sus partidos como locales en sedes neutrales desde octubre de 2023, podrán volver a jugar ambas competiciones en sus pabellones dos años después.
Hasta ese 1 de diciembre, la Euroliga “seguirá de cerca la evolución de los acontecimientos”, manteniéndose “en estrecho contacto con las autoridades locales y extranjeras, los equipos visitantes y todas las organizaciones pertinentes”, según ha explicado en un comunicado.
Los clubes propietarios de la competición, que “garantizará que la seguridad y el bienestar de todos los involucrados sigan siendo la máxima prioridad”, han dicho acoger “con optimismo y esperanza” el reciente plan de paz para Gaza.
Un epílogo redondo, un último baile con la Penya, donde todo empezó. Y, sin embargo, las nubes negras de la salud mental habían alejado tanto a Ricky Rubio de su deseo que casi lo dio por zanjado. El invierno, después de un intento de retorno al baloncesto profesional con el Barça con más sombras que sonrisas en el final de la temporada 2023/2024, fue largo y oscuro. Pero la luz terminó por abrirse paso. De visita en visita al Olimpic de Badalona, de whatsapp en whatsapp con los que nunca se olvidaron de él. De comida en comida, hasta que en la última, a mediados del pasado mes de junio, el base se levantó de la mesa y, ante los presentes -entre ellos Jordi Martí, el director deportivo del Joventut que narra la escena, y Dani Miret, quien iba a ser su entrenador-, pronunció: "Vamos para adelante. Te doy el sí delante de todos. Apúntame al carro".
Ayer, guiño del destino, en el Palacio de los Deportes de Granada -20 años después y en idéntico lugar del debut de aquel niño de 14- se consumó la noticia más luminosa con conoció en mucho tiempo el baloncesto español. Porque el retorno de Ricky (que brilló con 18 puntos y 30 de valoración en apenas 19 minutos para la victoria) es también un triunfo de la vida. De la felicidad de quien la perdió por completo. De quien vio todo tan oscuro que un 30 de julio, concentrado en el Meliá Castilla con la selección que siempre fue el patio de su recreo, en víspera de otro Mundial (en el anterior, el de 2019 fue oro y MVP, la cima de su carrera), pensó: "Yo no quiero seguir con la vida".
"Aquel niño nos pintó la cara", rememora hoy para EL MUNDO Nacho Ordín, el base rival ese domingo de 2005, cuando Aíto hizo debutar a Ricky en Granada para batir un récord de precocidad en España. Ese mismo verano, con la selección sub 16, había protagonizado una asombrosa actuación que hinchó todavía más su burbuja: en la final del Europeo, en Linares, firmó 51 puntos, 24 rebotes, 12 asistencias y siete robos para el oro que España consiguió después de que Rubio forzara la prórroga con un triple desde el medio del campo. "Yo no sabía quién era. Ese vídeo famoso lo vi después. Antes del partido, hablando con Gianella (el otro base del Granada ese día), comentamos que podría jugar y que, como no tenía experiencia, deberíamos aprovecharnos de ello. Pero fue todo lo contrario, nos robó varios balones, nos volvió locos", rememora Ordín, que nunca olvidará la "seguridad en sí mismo" de aquel niño: "No se amedrentó".
Ricky, con sus compañeros, en el partido contra el Granada.Álex Cámara / ArabapressAraba
Jordi Martí, como siempre en la trayectoria de Ricky, no andaba lejos ese día de hace dos décadas: por entonces era ya el director de la cantera de la Penya. Cuando acabó el curso 23/24 con el Barça se produjo el primer contacto. "Él valoró la posibilidad, pero entonces no estaba en su mejor momento, no le terminaba de encajar. Necesitaba tiempo", reconoce. Poco después el base renunció a disputar con España los Juegos de París. Y el director deportivo empezó a vislumbrar que quizá la oportunidad de volverle a ver de verdinegro nunca se daría.
En mayo, Ricky no quiso perderse la despedida profesional de su gran amigo Pau Ribas. "Antes del verano ya le vi con otras sensaciones. Más positivas, con ilusión. Se le había encendido una chispa", desvela Martí. El propio Ricky, el día de su presentación, desgranó los hechos que le hicieron cambiar: "Yo ya tenía claro que hasta aquí había llegado, pero a finales de abril me pasaron cuatro cosas que me hicieron tomarme la vida de otra forma. Todo empezó con una conversación con una persona que no conocía y eso dio como resultado tres o cuatro acciones en tres días seguidos que me hicieron replantear la situación".
En junio, sin embargo, Rubio lanzó una serie de mensajes que muchos tradujeron como un avance de su retirada: "Después de un año reflexionando sobre mi carrera y mi vida, me he dado cuenta de que si he llegado donde he llegado no es gracias a las asistencias que he dado, sino a las que he recibido. Esto no es una despedida, es un gracias a todas las personas que me han ayudado".
Pero los encuentros "con gente que ha ido poniendo piezas en su carrera", continuaron, siempre sin presión, y la semilla germinó. "Él ha marcado su vuelta", dice Martí, quien reconoce que también resultó decisiva una reunión con los propietarios, concretamente con Tomás Dagà, consejero de Grifols. Porque Ricky siempre sintió el club como algo suyo. "Nunca dejó de mandar guiños, ni cuando era un 'Beattle' en la NBA. Incluso en los momentos bajos, cuando tuvimos problemas económicos y casi descendemos, él aparecía en las ruedas de prensa en EEUU con la camiseta del Joventut", elogia Martí.
Evidentemente, lo económico fue lo último importante para Ricky, "unas letras al final del contrato". Le convenció su papel de "mentor", las propuestas de intereses sociales del club y que no habría ninguna exigencia deportiva en su caso: "Jugará para pasarlo bien. Para disfrutar y ayudar". "Ha vuelto a eso, tranquilo, en paz. A que el club crezca, completamente implicado", asegura el director deportivo. "En mi cabeza solo estaba la Penya. No había otra opción. Esto no va de conseguir títulos, va de sentimientos", proclamó el base.
Ricky dobla un balón, ante el Granada.Álex Cámara / ArabapressAraba
El impacto de su vuelta ha sido "un terremoto" en el Joventut. Cuentan desde el club el desborde en las peticiones de entrevista, el incremento del número de abonados y cómo se quedaron "justos" de camisetas al sacar el nuevo modelo con el nueve a la espalda. Hace unos días, en el partido de presentación contra el Benfica, las entradas casi se agotaron: "Venían a ver a Ricky".
Conviviendo con su estrella mediática, el día a día con Ricky, sin embargo, es de lo más normal. Se ha propuesto un reto con los jugadores de cantera, cada vez más efímeros por las tentaciones económicas de dar el salto a la NCAA. Los detalles lo marcan todo. Hace unos días, cuando Ruzic se incorporó tarde a la plantilla por sus partidos con la selección croata, Ricky lo primero que hizo fue irse a tomar un café con él. "En una sociedad que está perdiendo valores, esto es un cuento de respeto. De hacer que el club piense en positivo. Es bonito y difícil de encontrar", celebra Martí. Ahora más que nunca se hace latente el término japonés que Ricky utilizó tras sus problemas de salud mental el verano de 2023: Nankurunaisa ("Con el tiempo todo se arregla").
El pívot Bill Walton, ganador de dos anillos de la NBA y miembro del Salón de la Fama, falleció este lunes a los 71 años a causa de un cáncer, informó la NBA.
"Bill Walton era realmente único. Como miembro del Salón de la Fama, redefinió la posición de pívot", describió el comisionado de la NBA, Adam Silver, en un comunicado. "Como querido miembro de la familia de la NBA durante 50 años, Bill será profundamente extrañado por todos aquellos que llegaron a conocerle y a quererle".
Elegido en el primer puesto del draft de 1974, Walton conquistó un anillo de campeón con los Portland Trail Blazers (1977) en unas finales de las que fue nombrado MVP (Jugador Más Valioso).
El pívot, de 2,11m de altura, fue un año después elegido MVP de la temporada de la NBA y en 1986 alcanzó otro campeonato en un rol más secundario con los Boston Celtics.
Walton, que ingresó en el Salón de la Fama en 1993, era más grande que la vida, dentro y fuera de la cancha. Tras jugar 10 temporadas en la NBA (Portland Trail Blazers, San Diego Clippers, Los Angeles Clippers y Boston Celtics), Walton se retiró de las pistas con promedios de 13,3 puntos, 10,5 rebotes, 3,4 asistencias y 2,2 tapones. Sus cifras no batieron ningún récord pero su impacto en el juego fue muy importante.
Todo ello, tras una carrera universitaria en la que fue dos veces campeón en UCLA y tres veces jugador nacional del año. Su partido más famoso fue el del título de la NCAA de 1973, UCLA contra Memphis, en el que encestó un increíble 21 de 22 en tiros de campo y llevó a los Bruins a otro campeonato nacional.
"Uno de mis jugadores dijo: 'Vamos a intentar otra cosa' ", contó su entrenador de entonces, John Wooden, a The Associated Press en 2008 para una retrospectiva con motivo del 35º aniversario de aquel partido. La respuesta de Wooden durante ese tiempo muerto: "¿Por qué? Si no está roto, no lo arregles". Siguieron dándole el balón a Walton, y él siguió cumpliendo en una actuación para el recuerdo.
"Es muy difícil expresar con palabras lo que ha significado para el programa de UCLA, así como su tremendo impacto en el baloncesto universitario", ha dicho el entrenador de UCLA Mick Cronin este lunes. "Más allá de sus notables logros como jugador, es su energía implacable, su entusiasmo por el juego y su franqueza inquebrantable lo que ha sido el sello distintivo de su personalidad más grande que la vida".
"Como apasionado ex alumno de la UCLA y locutor, le encantaba estar cerca de nuestros jugadores, escuchar sus historias y compartir su sabiduría y consejos. Para mí, como entrenador, era honesto, amable y siempre tenía el corazón en su sitio. Le echaré mucho de menos. Es difícil imaginar una temporada en el Pabellón Pauley sin él", ha manifestado Cronin.
"Bill trasladó su entusiasmo contagioso por el juego a las retransmisiones, donde compartió comentarios llenos de conocimiento y de color que entretuvieron a generaciones de aficionados al baloncesto", ha destacado el comisionando de la NBA, Adam Silver, sobre la trayectoria de Bill Walton como comentarista.