El Valencia Basket jugará a puerta cerrada ante el Hapoel Tel Aviv este miércoles en el Roig Arena su partido de la cuarta jornada de la Euroliga. Así lo ha comunicado el club taronja este mediodía después de que la recomendación de las autoridades fuera que el encuentro se disputara sin público en las gradas.
El Valencia Basket justificó su decisión en la necesidad de “poner por delante” la “seguridad tanto de aficionados como de trabajadores” e insistió en que había “apurado todas las opciones posibles” para que sus abonados no se perdieran el compromiso, pero “ante el riesgo existente y las recomendaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad, así como la Delegación del Gobierno”, pone “por delante” la seguridad.
El club ha calificado la decisión de “la menos mala” ante el “riesgo existente y las recomendaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad, así como la Delegación del Gobierno”. De esta forma, se suma a la decisión que adoptaron el domingo La Laguna Tenerife y el Baxi Manresa, que se enfrentan respectivamente al Bnei Herzliya este martes en la Basketball Champions League y al Hapoel Jerusalén el miércoles en la Eurocopa.
En el caso valenciano, el partido coincide con la jornada de huelga convocada por los sindicatos y varios colectivos contrarios a las políticas de Israel en Palestina han convocado protestas frente al Roig Arena.
Desde la Delegación del Gobierno se remarca que la decisión ha sido “100%” del club tras haberle trasladado una “recomendación de seguridad basada en criterios objetivos”, aunque en cualquiera de los dos escenarios posibles, la seguridad “estaba y va a estar garantizada”.
Sergio Ramos quiere comprar el Sevilla, una propuesta que ha sacudido LaLiga al inicio de 2026 pero que no es una excentricidad. Las estrellas del fútbol empiezan a tener peso en la industria más allá del césped o de los banquillos. Los palcos, los despachos, las gerencias y la propiedad ya no son terreno inexplorado para los jugadores una vez llegado el final de su carrera deportiva. De la base de la industria están pasando a la cúspide, incluso al frente de grupos empresariales que abarcan casi todo el espectro de negocio relacionado con el fútbol profesional. Con razones variadas, son cada vez más.
Ramos, si los máximos accionistas del Sevilla aceptan la oferta presentada con un grupo de empresarios, puede seguir la estela de compañeros de selección que iniciaron la senda. Uno de ellos es David Villa. El Guaje creó antes de colgar las botas DV7 Group, una empresa que gestiona junto a Víctor Oñate, y que tiene una dimensión global, con divisiones que van desde el management y la representación -en su cartera están Davide Ancelotti o Quique Sánchez Flores- al marketing, la comunicación y la formación a través de academias repartidas en todo el mundo. El último salto lo dio en marzo de 2023 cuando compró el Club de Fútbol Benidorm.
El asturiano ya había invertido en 2019 en levantar el proyecto del Queensboro FC en Nueva York, una franquicia con plaza en la USL Championship, la segunda división en Estados Unidos. Con su vuelta a España, tuvo oportunidad de comprar el Burgos, pero buscó un club al que hacer crecer desde cero y lo encontró en la Costa Blanca. «Esto no es solo crear un club de fútbol que gane o empate los domingos; esto es mucho más», aseguraba el ex goleador. La idea es subir un peldaño más y acercar la metodología de sus academias internacionales al fútbol profesional.
Villa, junto a su socio y el alcalde de Benidorm.E.M.
Por el momento juega en la Lliga Comunitat, la Tercera Federación de la Comunidad Valenciana, pero ha hecho crecer la base con 38 equipos en la cantera, dos de ellos femeninos. Con un estadio, el Guillermo Amor, con 9.000 localidades, la intención es ir dando pasos, desde la sostenibilidad, al profesionalismo en una ciudad con un potencial infinito y una colonia británica que se deja notar en las gradas. Villa optó por crecer desde la humildad, porque las fuentes de ingresos de su conglomerado empresarial vienen de las otras ramas en las que su intervención directa es menor. Para el Guaje, el contacto con los jóvenes talentos y ejercer como padrino ha sido su motivación para entrar de lleno en la industria.
Más atrevido fue Gerard Piqué cuando, en 2018, compró a través de Kosmos el Andorra. Cubrió sus deudas y, un año después, invirtió 452.000 euros para comprar la plaza del Reus en la entonces Segunda B y hacer pasar al club del Principado de la Primera Catalana a las puertas del fútbol profesional al que, con una inyección de casi cuatro millones de euros, no tardaría en llegar. De momento, lo tiene asentado en mitad de la tabla en Segunda y, al contrario que Villa, poco amigo de los palcos, Piqué sí sigue de cerca los partidos de su equipo. «Claro que volvería a invertir en el Andorra y en el país porque ha sido un éxito estar donde estamos ahora. Me he rodeado de buenos amigos que saben de esto y estoy convencido que algún día escucharemos el himno de la Champions en Andorra. Sé que es difícil, pero lucharemos y normalmente logramos las cosas que nos proponemos», ha reconocido el ex azulgrana en uno de sus alardes. La tarea no será fácil.
Sin hablar de Champions, palabras mayores, asentar un equipo en Primera fue lo que buscó Ronaldo Nazario en el Valladolid. Logró dos ascensos, pero no llegó a consolidarlo y, con la afición en contra y expectativas en Brasil, acabó vendiéndolo. Hasta el momento, el brasileño es la única estrella que ha sido dueño de un club de la máxima categoría en España.
Mucho más éxito ha tenido David Beckham, pero en Estados Unidos, donde las reglas con otras y la inversión es menos arriesgada porque la MLS es una competición cerrada, sin ascensos ni descensos que lo condicionen todo. Cuando el inglés firmó en 2007 con Los Ángeles Galaxy, su contrato incluía un acuerdo para comprar una franquicia a un precio reducido de 25 millones de dólares. En 2014 llegó el momento. Se asoció con los empresarios Jorge y José Mas y, en 2020, nació el Inter de Miami, con un crecimiento deportivo en el que se involucró el ex del Manchester para acabar conquistando a jugadores como Leo Messi, Luis Suárez o Busquets, que acabaron vistiendo la camiseta rosa en Florida y le dieron una dimensión global al club.
Beckham, junto a Leo Messi.D. BECKHAM
Ya sabía Beckham lo que era poseer un equipo, aunque a escala mucho menor. Sus compañeros de la Clase del 92 en el United se lanzaron al rescate del Salford City en 2014, un club en la cuarta categoría inglesa. Ryan Giggs, los hermanos Gary y Philp Neville, Paul Scholes y Nicky Butt se hicieron con 60% de la propiedad y el otro 40% lo compartieron con Peter Lim, que le cedió un 10% a Beckham. El dueño del Valencia salió de la sociedad en agosto de 2024 vendiéndole su paquete accionarial a Gary Neville. La nefasta gestión en el conjunto valencianista le ha llevado a renegar del fútbol, aunque sea en categorías casi de aficionados y por romanticismo.
La nostalgia y el sentimiento de pertenencia también provocan que jugadores y entrenadores acaben invirtiendo en los que fueron sus equipos. O de sus familiares. Es el caso de Unai Emery, que se ha convertido en el máximo accionista del Real Unión de Irún, uno de los 10 clubes que fundó la Liga en 1929, con cuatro Copas del Rey y cuatro temporadas en Primera. Allí jugaron de porteros su abuelo Antonio y su padre Juan Mari. «Es un proyecto que va más allá de lo deportivo. Mi sueño es ver al Real Unión en Primera, pero el objetivo es que nos sintamos orgullosos de nuestra tierra», aseguraba el entrenador del Aston Villa, que tiene a su hermano Igor en la presidencia y a su hijo Lander como guardameta del primer equipo, que lidera el grupo 2 de Segunda Federación.
A la lista de propietarios se unió hace un año hasta Kylian Mbappé, que compró el Caen normando de la tercera francesa.
Alves, con la camiseta de su nuevo equipo portugués.E.M.
Más reciente es la compra de Dani Alves que, además de predicar tras sus problemas judiciales, se ha convertido en copropietario del São João de Ver, un equipo de la Tercera División portuguesa cercano a Oporto.
El francés ex del Chelsea N'Golo Kanté, tras su millonario fichaje por el Al-Ittihad, compró el club belga Royal Excelsior Virton, de la tercera división. Drogba y Maldini decidieron invertir en la segunda división de Estados Unidos, en el Phoenix Rising el goleador y en el Miami FC el lateral italiano.
Si la lista de propietarios es larga, la de accionistas no deja de crecer. Thierry Henry y Cesc Fábregas se unieron al Como italiano, equipo que ahora entrena el español, y ha sido seducido Luka Modric, que adquirió en marzo un porcentaje del Swansea británico.
Vinicius salió del estadio Da Luz en silencio después de vivir otro episodio racista que acabó eclipsando la belleza de su gol al Benfica que pone franca la continuidad en la Champions para el Real Madrid. "Nada de lo ocurrido hoy es nuevo en mi vida y la de mi familia", confesaba el brasileño en redes sociales. Son más de una decena las denuncias acumuladas por llamarle "mono" en un estadio, pero siempre desde la grada, nunca otro compañero en el césped, como el brasileño -y Mbappé- denunciaron que había hecho Prestianni.
En este caso, no hay imágenes ni sonido, no hay carga de prueba que permita certificar sin dudas que hubo insulto racista grave y, aunque el colegiado francés Letexier le creyó y aplicó el protocolo, será la UEFA la que determine si hay o no sanción al jugador argentino. En LaLiga hay precedentes de denuncias similares que nunca tuvieron castigo.
En la memoria queda aquella noche del 21 de mayo de 2023 en Mestalla, cuando señaló a tres aficionados en la grada por insultos y gestos, paró el partido y amagó con irse del campo. No lo llegó a hacer el Madrid, pero aquel gesto dio la vuelta al mundo, adquiriendo una magnitud que sobrepasó a la real. LaLiga denunció a los tres seguidores, expulsados de por vida por el Valencia del estadio, y fueron condenados a ocho meses de cárcel de prisión por insultos racistas.
Mbappé sale en defensa de Vinicius por los insultos racistas: "Le ha llamado mono 5 veces"
Aquella fue la gota que colmó un vaso que iba llenándose desde octubre de 2021. En el Camp Nou, otro seguidor, a quien no se pudo identificar, le llamó "mono", y la Fiscalía acabó archivando. Lo mismo que ocurrió en mayo de 2022 en Son Moix. En diciembre, en Valladolid y bajo la presidencia de Ronaldo, le gritaron "negro de mierda" cinco aficionados, que fueron juzgados y condenados a un año de prisión por un delito de odio.
Apenas un mes después, en la previa del derbi contra el Atlético de enero de 2023, apareció colgado un muñeco que simulaba al internacional. Sus autores fueron identificados y condenados entre siete y 15 meses de prisión por delito de odio, y otros siete más por amenazas. En febrero fue en Son Moix, con otra denuncia y una nueva declaración judicial del futbolista, y en marzo en Pamplona y en el campo del Betis.
Pese al revuelo de Mestalla, poco cambió. En octubre volvieron a hacerle gestos de mono en el Sánchez Pizjuán y en marzo, antes del amistoso entre España y Brasil, Vinicius se rompió ante la prensa por el peso que ser foco de la ira racista. Ha aprendido a convivir con eso, pero en Lisboa volvió a estallar.
El futbolista señaló a Prestianni, sin querer generalizar a una grada que le pitó durante el resto del partido, incluso lo mandó "al carajo" con sus cánticos y protagonizó lanzamiento de objetos. Sin embargo, este episodio racista lo consideran, desde el entorno del Real Madrid, fruto de un "jugador maleducado, nada comparable a cánticos de un estadio". Por eso el club, y Vinicius, lo dejan todo en manos de la UEFA.
Principio de satisfacción
Qué pasará con el jugador argentino es algo que tendrá que determinar el máximo organismo del fútbol europeo. No hay imágenes, no hay audios, Letexier no escuchó y solo activó el protocolo antirracismo porque Vinicius se lo pidió. Ni siquiera el Real Madrid se fue del campo. "A Vini le pregunté si quería seguir. Estamos a su lado, siempre. No se puede tolerar. El árbitro me dijo que no había oído nada. Habríamos hecho lo que dijera Vini", aseguró Arbeloa. Mbappé, que dice que sí oyó el insulto, no supo explicar por qué no se fueron del campo, pero pidió contundencia.
¿Puedes escapar el argentino a una sanción? Si la jugada hubiera ocurrido en LaLiga, hay un precedente que indica que sí. El 4 de abril de 2021, el Valencia se retiró durante unos minutos del estadio del Cádiz porque el central Mouctar Diakhaby denunció que Juan Cala le había llamado "negro de mierda". El francés no pudo seguir en el campo y su equipo tuvo que volver a competir bajo la amenaza de que le dieran el partido por perdido.
La competición no encontró pruebas, ninguna imagen, que permitiera corroborar lo ocurrido y no hubo sanción. No se creyó a Diakhaby, lo que llevó al central a apartarse de toda la campaña de tolerancia cero que organizó LaLiga tras el episodio de Vinicius en Mestalla.
¿Puede la UEFA hacer lo mismo? Puede, pero tiene un arma más: el principio de satisfacción razonable, que permite que el Comité de Control, Ética y Disciplina pueda considerar un hecho como probado cuando está razonablemente convencido de que ocurrió, basándose incluso en testimonios, y se ha aplicado en casos de cánticos racistas, uso de bengalas o disturbios. Ahora, como recordó Mbappé, "la UEFA, que hace mucho contra el racismo, ahora tiene un caso grave".
El Valencia no está para despreciar ni un solo punto, pero el arañado ante el Espanyol en Cornellá no es un tesoro. No saca del fondo de la clasificación, no ahuyenta las dudas sobre Rubén Baraja y no muestra demasiada progresión de un equipo que sigue siendo frágil y no tiene gol. Suma, pero sabe a poco. A valencianistas y a pericos. [Narración y estadísticas: 1-1]
Era una final para los dos equipos, con los mismos problemas e idénticas necesidades. Porque si el Espanyol tiene ahora cuatro puntos más, el Valencia arrastra un partido menos. Quizá por eso se repartieron el dominio en un duelo tenso donde no tuvieron más remedio que correr riesgos.
Se rebeló Rubén Baraja para gritar que es el capitán de un barco que, aunque tenga mucho riesgo de naufragio, no piensa abandonar. Un gesto de valentía que se, si no está acompañado de victorias y puntos, es un brindis al sol. Puede que el fútbol esté siendo injusto con el técnico, que haya sobre el equipo una nube negra que impida que algo caiga de su lado y que premie a sus rivales, pero lo cierto es que el Valencia se hunde y la salvación se sigue viendo lejana.
Ante el Espanyol, otro equipo atenazado, volvió a mostrar síntomas de ser un equipo de cristal al que se le niega el gol. Lo tuvo Diego López cabeceando forzado un centro de Luis Rioja que en Cornellá se vistió de lateral zurdo, ofreciéndole a los locales un zona franca a su espalda por la que atacar. Lo vio Puado, que estrelló un remate en el larguero en el minuto 20 y se quedó quedó solo ante Dimitrievski dos veces más sin conseguir batirle.
Si estaba fallón el canterano, la réplica en el otro área se la daba Diego López, que estrelló en el larguero su testarazo al centro de Fran Pérez. El duelo se lo llevó antes del descanso el jugador perico poniendo a su equipo en ventaja en esta final en los minutos de añadido en la primera parte. Un balón larguísimo a la espalda de Rioja lo bajó Roca para servir a Puado, alejado de la sombra de Mosquera, el primer gol. Otra vez el Valencia se llevaba un mazazo casi camino del vestuario.
Lejos de hundirse, el equipo de Baraja pisó de nuevo el césped y marcó. Se desquitó Diego López para darle vida. Se lanzó por el carril derecho Fran Pérez -tomando los galones que mostró su padre, Rufete, hace 22 años para salvar a Rafa Benítez-, se apoyó en Barrenechea su el centro-chut lo cazó el asturiano al segundo palo para igualar el duelo.
Como el Valencia no sabe vivir sin sustos, Cheddira se escapó de Tárrega a la carrera, lo tumbó Dimitrievski en penalti y, aunque el balón lo mandó Jofre al fondo de la red, todo quedó anulado porque nació en fuera de juego. Resopló de alivio el valencianismo antes de desesperarse de nuevo al ver cómo Dani Gómez desperdiciaba otra clara ocasión.
Desesperó el delantero que, por decisión de Baraja, dejó a Hugo Duro sin un solo minuto aunque el partido lo pidiera a gritos. Y es que el Valencia consiguió en la segunda parte mandar y arrinconar a un rival que le daba valor al punto. Volvió a hacerle daño a la contra Fran Pérez, pero Dani Gómez no acertó en su disparo. Buscó frescura Baraja y, aunque por momentos parecieron despertar los pericos, fueron poco a poco sometidos por un Valencia que no les hacía sangrar.
Tuvo un disparo de bolea Canós y otro más Gómez que estrelló en el lateral del área tras un pase filtrado por Javi Guerra, que puso talento. Volvió a marcar Diego López, pero en fuera de juego en el minuto 83, y el Espanyol, a pesar de que ya sólo pensaba en no perder, aún forzó algún error. Tuvo la fortuna a su favor en la penúltima jugada del partido, cuando Joan García repelió un tiro de Guillamón pero la pelota se le escapó y la cazó Dani Gómez. Ese fuera de juego evitó el castigo al Espanyol y que el Valencia pudiera despegar.