Un gran segundo recorrido del golfista español Jon Rahm le dejan cerca de los puestos cabeceros del Farmers Insurance Open
Jon Rahm durante el segundo recorrido del Farmers Insurance Open. APAP
La segunda vuelta de Jon Rahm en el Farmers Insurance Open del PGA Tour transcurría alejada de la efectividad que ha acostumbrado en sus últimas comparecencias. Rahm, tras el 73 de ayer, jugaba en el campo más fácil, el Norte, casi tres golpes más sencillo que el Sur. No quedaba más remedio que atacar en este segundo y ventoso día. Lo logró de inicio con dos birdies iniciales, una inercia positiva que se esfumaría con los bogeis del hoyo 12 y 18. La vuelta por los segundos nueve, los primeros del campo Norte de Torrey Pines, avanzaba tediosa y lenta, cuatro hoyos más de pares y un resultado de +1 que rompía su triunfal trayectoria de 21 torneos consecutivo pasando cortes, la racha más exitosa del momento. El destino parecía querer tirar por los aires sus espectaculares números en Torrey Pines. Pero no estaba en los planes de ‘Rahmbo’ hacer turismo en San Diego el fin de semana, y sin saber muy bien porque, algo cambió de pronto.
Una racha que le mete en la lucha del torneo
Un enorme drive en el hoyo 5, par cinco le dejaba a solo 180 metros a bandera, el putt de unos cuatro metros provocó la reacción del español, eagle. Coronó su racha de cuatro hoyos mágicos con tres birdies más. Otro buen putt en el 6, bombazo en el hoyo siete desde el tee de salida poniendo la bola directamente en el green y logrando el birdie con dos putts y el último birdie en el par tres, hoyo 8 con otro buen putt de unos cuatro metros. Lástima que no aprovechó el último hoyo y par cinco. Pero la remontada estaba consumada. La reacción positiva no solo aumenta su récord a 22 torneos consecutivos donde el español ha jugado los cuatro días, gracias a sus 67 golpes (-4) se coloca en el puesto 12. Con el final de -5 en los últimos cuatro hoyos, Rahm remontó desde el puesto 104, situándose con opciones de todo a falta todavía de dos días en juego.
Al cierre de esa edición, Sam Ryder lidera el torneo con -12 y tres jugadores comparten el segundo puesto con -7; los norteamericanos Brendan Steele y Sahit Theegala y el argentino Tano Goya.
«En ese momento la aparición de un pibe en el seleccionado brasileño no era para mí nada especial. Además, entró en el segundo tiempo. Recién al final me enteré de su nombre. Le decían Pelé. La historia de esa Copa Roca fue la acostumbrada para las selecciones argentinas. El equipo que ganó el Sudamericano de Lima en abril de 1957 fue liquidado con las ventas al exterior de Rogelio Domínguez, Maschio, Angelillo y Sívori. Por eso en julio ya se armó otro cuadro con gente nueva. De todos modos, este fue el primer partido y lo sacamos bien. Argentina aguantó atrás y un rato antes de terminar el primer tiempo ya ganábamos 1-0 con gol de Labruna. Ellos no podían llegar y en el segundo seguimos igual. Parecía que terminaba así. Pelé no tocó ninguna pelota. Pero en esta jugada se escapó uno de ellos y le pegó muy fuerte. Yo tuve que tirarme y no alcancé a retenerla. Ahí apareció Pelé, antes de que pudieran taparle. Todo fue muy veloz y la definió bien tocando con derecha. Por suerte, a los dos minutos el Gitano Juárez marcó un golazo y terminamos ganando dos a uno. Ahora que veo la foto y me voy dando cuenta de lo que significó ese negrito en el fútbol mundial, me asombro. ¡Pensar que ese pibe era Pelé...!»
Así describió el mítico Amadeo Tarzán Carrizo el debut de Pelé con Brasil, todavía con dieciséis años, el 7 de julio de 1957. En menos de un año, el 29 de junio de 1958, aquel chiquillo, ya con diecisiete, se proclama campeón del mundo en Suecia y regresaba a su país con seis goles en cuatro partidos. Su éxito lo saludaba así Nelson Rodrigues en su seguidísima columna semanal en Última Hora: «(...) Pelé, un menor de edad total, un menor en toda regla, que no puede entrar a ver una película de Brigitte Bardot. Para recibir el sueldo, para recibir los billetes con que le pagan, su padre tiene que actuar en su nombre. Pues bien, Pelé asombró al mundo. No se limitó a marcar goles, trató de adornarlos, de darles el mayor lustre posible (...)».
Un año de la nada a la gloria, que no sería como en tantos casos transitoria, sino imperecedera. Aquel chico se llamaba Edson Arantes do Nascimento y era hijo de João Ramos do Nascimento, ex futbolista con el apodo de Dondinho al que una lesión de rodilla despeñó del Fluminense al humildísimo Baquinho, de Três Corações, y Celeste Arantes, que detestaba ese deporte que dejó lisiado y sin oficio ni beneficio a su marido. La familia salía adelante con dificultades; el pequeño Edson contribuía voceando periódicos y lustrando zapatos para aportar unas monedas.
Cuentan los historiadores de Pelé que Dondinho lloró desesperado junto a la radio cuando Brasil perdió la final del Maracanazo. Sufrió aquella derrota como si le hubieran arrancado la piel. Si Brasil hubiera ganado esa final al menos podría pensar el resto de su vida que un trocito de esa gloria le pertenecía, pero no se le dio. Junto a él estaba su pequeño Edson, de nueve años que, impresionado por las lágrimas de su padre, tuvo un arranque de gallardía: «Papá, no llores. Yo ganaré el Mundial para Brasil y para ti». El tiempo hará verdad esa ingenua promesa. Para ello habrían de unirse varias circunstancias: su genética, un bien urdido complot entre el padre y un ex internacional, la audacia de Vicente Feola y la coincidencia con una gran generación.
El chico jugaba en baldíos, con pelotas de trapo, hasta que llegó al Baquinho, el club aficionado en el que el maltrecho Dondinho arrastró sus últimas rengas carreras. El equipo lo entrenaba como distracción Walter Brito, mundialista en Italia 1934, con buenas relaciones en el mundo del fútbol. A espaldas de la madre, el padre y Walter le consiguieron al chico una prueba en el Santos, donde gustó. De vuelta, doña Celeste puso el grito en el cielo, justo ahora que Edson había entrado en una fábrica de zapatos con dos dólares al día, todo un porvenir. Ella siempre le decía que su obsesión por el fútbol le convertiría en un pelé, un pelado, un pobre (de ahí su apodo, aunque otra versión asegura que de pequeño pronunciaba así el nombre de Bilé, el meta del Baquinho, su primer ídolo, y que le vino de ahí). Pero nada podía frenar la ilusión del chiquillo, respaldada por el aval de un tipo tan acreditado como Walter Brito, así que fichó por el Santos. Allí le prepararon un plan para fortalecerle y con 16 años debutó en un amistoso contra el Corinthians, en el que marcó. De entonces conserva el Santos un telegrama de Porto Alegre pidiendo la cesión de un interior; le ofrecieron al novísimo Pelé y al veterano Pagão, y la respuesta fue: «Pelé desconocido, envíen a Pagão».
Pelé, con el 10, marcando uno de los goles en la final contra Suecia.EFE
Pelé no tardó en brillar en el ambiente paulista y conquistó Río en un torneo entre el Santos, el Flamengo, el São Paulo, Os Belenenses y el Dinamo de Zagreb, donde le hizo tres goles a Os Belenenses y uno a los demás. De seguido llegó el ya comentado debut en la selección, ante Argentina en Maracaná.
Para el Mundial Suecia 1958 se formó un revuelo en Brasil sobre si Pelé sí o Pelé no. Se había alcanzado la clasificación sin él, y delanteros buenos sobraban. Feola tenía que compartir la decisión con un comité técnico que completaban Paulo Carvalho, propietario de Rádio Record y muy impuesto en fútbol, y Hilton Gosling, sicólogo de profesión, que tenían dudas al respecto. Poco antes de salir hacia Europa la selección jugó contra el Corinthians, a cuyo ídolo local, Luizinho, no le habían convocado por su escaso físico (le apodaban Pequeno Polegar, o sea, Pulgarcito) y sin embargo llevaban a ese mocoso llamado Pelé, aún sin rematar en estatura ni en peso. El ambiente cerril favoreció que Ari Clemente, el defensa-matón corinthiano, le sacara del campo por un patadón.
Aún así, Feola le llevó a Suecia con un tratamiento de toallas calientes en la rodilla. No pudo jugar los amistosos previos, y el primer partido, ante Austria, la delantera la formaron Joel, Didi, Mazzola, Dida y Zagallo. Ganó Brasil 3-0, con solvencia. Esperado como un equipo pinturero, inestable y frágil que no contaba en los pronósticos, sorprendió con un orden táctico nuevo: Feola cambió la WM (3-2-2-3), de uso universal, por un 4-2-4 que asentaba la defensa con un cuarto hombre y adelantaba a un interior junto al delantero centro. La media se despoblaba, pero el sabio juego en largo de Didi permitía transiciones rápidas.
El posterior 0-0 ante Inglaterra encendió alarmas. Una derrota en el tercer partido ante la URSS podría dejarles fuera. Así que Feola, apoyado por Nilton Santos, Bellini y Didi, convenció a sus colegas del comité de cambiar la delantera. Joel, que luego pasaría por el Valencia, dejó su plaza a Garrincha, y Mazzola hizo lo propio con Pelé, ya recuperado. Vavá ya había jugado ante Inglaterra por lesión de Dida y se mantuvo. Nacía una delantera legendaria: Garrincha, Didi, Vavá, Pelé y Zagallo. Todo con protestas de Hilton Gosling, que en su informe dijo de Pelé: «Es obviamente infantil. Carece del espíritu de lucha necesario». Y a Garrincha le puso prácticamente de deficiente mental.
Aquella delantera funcionó. Vavá no era un exquisito, pero sí un ariete incordiante, alrededor del cual Pelé flotaba como una mariposa y picaba como una abeja. Garrincha hizo locuras en la banda. Ganó Brasil con dos goles de Vavá, sendos tiros al palo de Pelé y Garrincha e innumerables paradas de Yashin. Contra Gales, en cuartos, volvió Mazzola al eje del ataque, en detrimento de Vavá, pero Pelé y Garrincha se mantuvieron. Hubo nueva exhibición, aunque el gol se retrasó hasta el 65, cuando Pelé recibió una entrega de cabeza de Didi, controló con el pecho, se giró bruscamente desconcertando a su marcador con un breve toque y cuando llegaba a cerrarle otro defensa remató duro junto al palo. Fue a la red, besó el balón y le abrazaron varios compañeros, apelotonados en un rincón de la portería, felices por su éxito y deslumbrados por la maniobra.
Contra Francia en semifinales, regresaría Vavá, a costa de Mazzola, porque su fútbol primario resultaba mejor complemento en el grupo de malabaristas. (Mazzola jugaría luego durante años en Italia con su apellido, Altafini. Lo de Mazzola era el apodo, perdida una 'z', con que se le conoció en Brasil por su origen italiano y su parecido con el gran Valentino Mazzola, fallecido trágicamente).
Pelé, durante un amistoso con Brasil.AP
Francia llegaba con copete de favorita y la pequeña sociedad Kopa-Fontaine en pleno rendimiento, pero se encontró con una exhibición portentosa de todo Brasil y sobre todo de Pelé, que despachó un hat-trick en veinte minutos. El resultado fue 5-2. El mismo marcador se dio en la final, ante los suecos, dos de los cuales, Gren (37 años), y Liedholm (36), duplicaban en edad a Pelé. Cuando este nació, Gren ya era internacional.
Marcó por delante Suecia con gol elegantísimo del milanista Liedholm, dando paso a un continuo ataque de Brasil, que al descanso ya había remontado con dos tantos casi idénticos: desborde de Garrincha, centro raso al borde del área chica y remate de Vavá, uno con cada pie, lo único que los distingue. Antes y después, una lluvia de ocasiones, entre ellas un zurdazo al poste de Pelé, desde fuera del área.
Tras la pausa se reanuda la tormenta de juego, y a los diez llega una jugada mágica que discute de tú a tú con el gol de Maradona a los ingleses en 1986. El lateral Nilton Santos, metido en el campo de Suecia y recostado a la izquierda, envía el balón al área, donde está Pelé, apretado entre dos rivales. Salta con agilidad, contacta el balón con el pecho para hacerlo pasar sobre la cabeza de Börjesson, para de inmediato hacerle un nuevo sombrero, este con el pie, a Gustafsson. Sobre el punto de penalti, mano a mano con el meta Svensson y antes de que el balón toque el suelo remata de empeine, duro y abajo. Una maniobra fugacísima en un metro cuadrado que anonada a tres rivales y eleva el marcador a 1-3, fuera ya del alcance de Suecia. Luego Zagallo marcará el 1-4, y a su gol siguieron los de Simonsson, que más adelante ficharía por el Madrid como pretendido sucesor de Di Stéfano, y finalmente otro de Pelé, casi sobre el pitido final del árbitro, de cabeza, con un golpe de parietal, cruzando al otro palo. Resultado final, 2-5. Pelé llora en los brazos del veterano meta Gilmar, mientras Garrincha, ante la euforia, pregunta si no hay que jugar una segunda ronda contra los mismos. Casi se apena, de tanto como se estaba divirtiendo. Brasil nunca perderá un partido con los dos en el equipo, toda una desautorización para el doctor Hilton Gosling.
¡Brasil Campeão! Ahora podían desempolvar los diarios brasileños el titular que quedó arrumbado en 1950. El niño de Três Corações había cumplido su promesa y el viejo Dondinho lloró esta vez de felicidad. L'Equipe hace una encuesta entre especialistas en la que Pelé sale como el jugador más cotizado del certamen, con una valoración de 100.000 dólares, por delante de Garrincha (90), Kopa, Fontaine y Vavá (80), y Didi (75). Doña Celeste pudo perdonar a su marido y al viejo Walter Brito aquel complot para llevarse al chico de casa.
Vishy Anand cumple hoy 55 años. El ex campeón, todavía en activo, es la gran inspiración del ajedrez indio, que ha estado a punto de celebrar otra jornada histórica en la penúltima partida del Mundial de Ajedrez. Gukesh Dommaraju venía de perder el día anterior, pero su entrada en la sala de juego -"como un ciclón", según los testigos directos- hacía presagiar una lucha a muerte. Así fue.
Con un margen para la reacción cada vez más pequeño, el campeón del mundo, Ding Liren, se agarró al estrechísimo camino hacia la salvación que supo encontrar en sus eternos apuros de tiempo. El gran maestro chino demostró una vez más lo engañosa que es su fragilidad exterior. Acabó "muy cansado", pero mañana tendrá una oportunidad de oro, con blancas, para mantener la corona en su poder. "No creo que veamos unas tablas rápidas", anunció un tipo que no se caracteriza por decir ni una palabra de más.
En todo caso, la partida número 14 será la primera sin vuelta atrás. El marcador refleja un empate a 6,5 y para ganar el título solo hay que llegar a 7,5 puntos. Quien venza se proclamará campeón. En caso de tablas, se disputarían cuatro partidas rápidas de desempate al día siguiente, con 15 minutos para cada jugador más un pequeño incremento por jugada. El ritmo estipulado por el nuevo reglamento es casi el doble de rápido que en campeonatos anteriores. Huelga decir que tanto en la partida de mañana como en los probables desempates, la fortaleza mental será el factor determinante.
Optimismo a prueba de balas
En ese sentido, cada uno en su estilo, ambos han demostrado que merecen el título de campeón. Ding Liren porque, a pesar de todos sus problemas, nunca tira la toalla. Sus recursos defensivos son extraordinarios, aunque este miércoles no atinó con los mejores planes de la defensa francesa, que por fin se atrevió a afrontar Gukesh. El indio, de sólo 18 años, ya es un ajedrecista de récord por estar en la final, donde exhibe cada día una valentía como no se ha visto en las últimas décadas.
El aspirante es un gran maestro con un optimismo a prueba de balas y lo demuestra de varias maneras distintas. En primer lugar, ataca siempre que puede, porque siempre piensa que su posición lo permite. Cuando la situación es igualada, tampoco se conforma con las tablas. Piensa que no está en peligro y que puede seguir intentádolo, pese a los inevitables riesgos. Por último, después de estrellarse contra el muro de Ding, no se viene abajo. Sabe mejor que nadie que se la ha escapado una oportunidad de oro, pero hoy ha vuelto a declararse satisfecho por su juego. Lejos de lamentar no haber resuelto antes el campeonato, celebra tanta emoción: "Es apropiado que el Mundial llegue a la última partida, porque ambos hemos demostrado mucho espíritu de lucha y jugado un ajedrez muy entretenido".
Lo cierto es que las máquinas pensaron que ganaría, pero el indio eligió mal entre dos opciones que parecían equivalentes. La respuesta de Ding, que encontró un recurso defensivo increíble pese a la enorme presión del reloj, probó que Gukesh se había equivocado al elegir ese camino. Cualquier otro habría perdido igual, pero contra el chino solo se puede triunfar sin cometer ni un error.
Ding, durante la decimotercera partida en Singapur.FIDE
¿Qué ocurrirá en la última partida? Gukesh podría arriesgar, pese a llevar las negras, si considera que es cierto que no sería el favorito a un ritmo más rápido. Es improbable que Ding se la juegue, pese a jugar con blancas. Magnus Carlsen sentó un precedente cuando en situación similar jugó a hacer tablas contra Fabiano Caruana, sabedor de su superioridad aún mayor cuando hay menos tiempo en el tablero. Pero como se comenta más arriba, Ding no espera unas tablas rápidas. Quizá su mejor opción sea plantear una lucha compleja y confiar en que su menos experimentado rival colapse antes que él.
Pase lo que pase, la recuperación del campeón es una gran noticia. Se había dicho que si perdía la corona abandonaría el ajedrez, pese a que sólo tiene 32 años, una edad ideal para estar en la cúspide de su carrera. Ayer aseguró que seguirá jugando, aunque quizás participe en menos torneos. Y como Carlsen, elegiría más competiciones de partidas rápidas y relámpago y menos duelos a cinco horas. Como sabe bien Carlsen, en esos niveles el ajedrez clásico es una trituradora.
Europa League
Entrevista
ANTONIO AGREDANO
Actualizado Martes,
30
mayo
2023
-
22:17El futbolista de Los Palacios jugará hoy su cuarta final europea. Las...