En el descanso se habían revitalizado en la grada los gritos contra el presidente y el director deportivo. Al regreso de Vigo, donde el Sevilla perdió 3-2 ante el Celta, los jugadores durmieron en la ciudad deportiva debido a la amenaza de los ultras. La atmósfera en el Sánchez Pizjuán era de extraordinaria tensión después de que la amenaza de perder la categoría se hubiese hecho real. La llegada de Joaquín Caparrós no había frenado la caída: dos puntos de 12 posibles antes de la visita de la Unión Deportiva Las Palmas en la noche de este martes.
Los nervios dominaron a ambos conjuntos en la primera parte. Los canarios llegaban a Sevilla en una situación dramática, obligados a todo para no quedar casi sentenciados. Tras la derrota, si el Alavés vence al Valencia este miércoles, serán equipo de segunda división. El tanto salvador de los locales lo marcó de cabeza García Pascual en el minuto 58, tras un golpe franco lanzado por Suso que prolongó Agoumé de cabeza para que el goleador se elevase por encima de la defensa y enviase el balón a la red.
En el minuto 77 el árbitro anuló un gol a McBurnie por falta previa de Cardona sobre el guardameta Nyland, una decisión muy protestada por los jugadores de Las Palmas y su técnico, Diego Martínez.
Desenlace angustioso
El tramo final del encuentro se vivió con angustia entre los aficionados, que olvidaron por unos instantes la reprobación a la directiva por un fervoroso apoyo a su equipo. Los visitantes atacaban de manera desesperada. El Sevilla esperaba terminar de resolver el partido al contragolpe. Caparrós transitaba por la banda, con la lógica inquietud.
Fueron 12 minutos de prolongación. Sandro tuvo oportunidad de lograr la igualada con un lanzamiento de falta. Supo sufrir el Sevilla, que si el Villarreal gana al Leganés se asegurará continuar en primera después de una temporada muy convulsa que acabará dejando cicatrices. Tras la celebración, resurgieron los gritos de “¡Junior vete ya!”, pidiendo la renuncia del presidente.
A Óscar Rodríguez (Los Navalmorales, Toledo, 1998) no le gustan las entrevistas. «No me van mucho. Hay gente a la que le gusta que la conozcan más y yo soy lo contrario. No me gusta hablar de mí», admite en la charla con EL MUNDO, sentado en el césped de la ciudad deportiva del Leganés. A un kilómetro, en Butarque, su equipo recibe esta noche al Madrid en la Copa. Y Óscar, canterano madridista durante una década, aprovecha para recordar algunas cosas de las vividas en Valdebebas, donde recibió a Kylian Mbappé a los 13 años, y para reflexionar sobre las redes, la familia y el dinero.
Mbappé jugó un partido con un equipo del Madrid en Valdebebas en 2012. Ahí había un Óscar...
Sí, era yo, aunque no era consciente de ello hasta que me enseñaron la foto hace poco. Creo que vino una semana a entrenar con nosotros, pero ya no me acuerdo de nada.
Esta temporada el Leganés ya ha ganado al Barça y el Atlético. ¿Son un poco 'matagigantes'?
A ver cómo llegan después de la derrota contra el Espanyol. Vienen de perder y vendrán como un tiro. Pero bueno, estamos con ganas. Hemos logrado buenos resultados contra los grandes y lo intentaremos.
Usted es de Los Navalmorales, un pueblo de Toledo. Cuando le fichó el Madrid a los 11 años, se hacía 150 kilómetros de ida y otros 150 de vuelta junto a su padre.
Sí, toda mi familia es de Los Navalmorales. Es un pueblo pequeño, muy humilde. Siempre estaba con el balón, desde los dos años. Tenía esa obsesión con el fútbol. Mi padre ha hecho muchos kilómetros para que yo lograra mi sueño. Nos llevaba a varios, hacía de taxista por Toledo y Talavera hasta Madrid.
Y ahora, tantos años después, ¿cómo maneja lo de ser futbolista?
Creo que soy sencillo y familiar. Tengo los mismos amigos de toda la vida, los que conozco y ya está. Soy cabezón cuando me sale un mal partido, me enfado y me tiro mi tiempo para que se me pase... Pero ahora con el niño ha cambiado la cosa.
¿Ser padre le ha cambiado?
Claro, al ser padre ya no puedes llegar a casa y estar cabreado. El niño te lo cambia todo. No me gusta salir de aquí y seguir hablando de fútbol, no quiero estar todo el rato mamando eso. Quiero salir de aquí y despejar la mente.
¿El futbolista es desconfiado con el que no es de su círculo de amigos?
Sí, están estos que se te acercan... Pero los futbolistas no somos tontos. Sabes quién se acerca por interés y quién de verdad te quiere.
¿El dinero ha cambiado su forma de ser?
No, es que tampoco tengo caprichos. Tengo coches, como todos, pero no me llama la atención... Lo más caro es el coche, y no soy mucho de coches. Ni de comprar mucha ropa. Ahora los gastos ya son para el niño.
Ni gastos en usted, ni coches muy caros, ni caprichos... ¿Le dicen algo en el vestuario?
No, no... Saben que soy así, sencillo. Hoy en día la moda es aparentar, pero no me gusta, más que nada porque no lo he visto en mi familia.
Hábleme de ella.
Siempre me han apoyado, me lo han puesto muy fácil y ahora estamos siempre juntos, especialmente los hombres, mi padre, mis hermanos y yo. Nos vemos a diario.
¿Su padre le aconseja en decisiones futbolísticas?
Sí, es el que lleva la batuta. El que tiene la última palabra. Y también mi hermano. Pero siempre ha sido muy natural y nunca he tenido esa presión que sí que he visto en otros compañeros, que después de un partido decían «joder, la que me va a caer ahora...». Mi padre en la vida me ha dicho nada.
Salió del Madrid con 20 años, cedido al Leganés, luego ficha por el Sevilla y ahora, después de pasar por varios equipos, ha vuelto a Butarque. ¿Qué ha aprendido?
Salí del Madrid a Primera División, que era mi sueño, y lo cogí con muchas ganas. Ahora creo que tengo más madurez, he aprendido mucho más y todavía tengo ilusión.
¿Recibir alguna bofetada ayuda?
Sí, te das cuenta de la realidad. De que hay momentos mejores y peores, que así es el fútbol, que un día estás arriba y a veces abajo. Pero también te lleva a aprender y a madurar. La parte de Sevilla ha sido la más complicada. No me arrepiento, porque lo decidí yo junto a mi padre, aprendí mucho y me trataron muy bien. No tuve los minutos que quería, pero eso nunca se sabe, no me arrepiento.
Hablemos de música. Creo que adora el flamenco. ¿Canta?
No, no... Me gusta, pero no canto. Es lo que escucho, ni trap, ni reggaeton ni nada de eso.
No usa mucho las redes sociales.
No, cero. Las tengo ahí y antes las usaba más... Pero no le veo beneficio. Tampoco soy mucho de móvil, ni siquiera del WhatsApp. Prefiero quedar en persona. Muchas veces me ven y me dicen «te he llamado y no lo has cogido». Es que no me gusta estar con el móvil. Si estoy haciendo un plan o lo que sea, siento que el móvil te ata muchísimo.
Pues ahora los niños no se despegan del móvil.
Ahora con los dibujos no queda otra. Le pones los dibujos y se relaja un poco. Pero estoy en contra, si por mí fuera... En ese sentido soy como mi padre, que no tiene ni WhatsApp, va con un móvil de estos antiguos.
Hay sitios donde no se debe jugar al corro de la patata. El ataque del Madrid es uno de esos lugares. Altimira hizo algo peor. Giró sobre sí mismo, invirtió el sentido de la salida del balón y dirigió la pelota hacia Dmitrovic, su portero. En la maniobra tenía el peor acompañante posible: la duda. Los depredadores la sienten, la huelen. Los depredadores son Belligham, Vinicius o Mbappé. La muralla de Butarque había caído y ya no volvería a levantarse. Todo lo contrario.
A Bellingham correspondió el robo, a Vinicius el pase y a Mbappé el gol. Nadie en el Madrid lo necesita tanto, porque ya son siete goles en 14 jornadas, uno cada dos partidos, pero pocos para el francés. Lo sabe. La ansiedad ha atrapado a su juego, algo apresurado en el regate y en la definición, por lo que este gol le puede permitir serenarse en un contexto distinto, con el Barça más cerca tras su empate en Balaídos. Sin embargo, se fue con mala cara, después de perder un mano a mano, otro más. La diferencia en la clasificación, de cuatro puntos, es engañosa por el partido aplazado en Mestalla debido a la DANA. El Madrid no puede pensar que es uno, pero uno significaría la práctica igualdad en la cabeza de una Liga que vuelve a empezar.
El Madrid lo hace con carencias por su parte de bajas, hecho que derivó en un once de circunstancias en Butarque. Asencio apareció en defensa, solvente, para proclamar que hay vida en la cantera, Valverde se situó como lateral en la izquierda y Fran García fue titular en la derecha. El único titular de verdad en la línea era Rüdiger. Ancelotti no cerró la opción de ir al mercado de invierno, pese a la resistencia del club. Los resultados lo decidirán, en la Liga como en la Champions. El choque de Anfield, el miércoles, llevará al extremo esos déficits. Algunos de los titulares en Butarque pueden no serlo ante el Liverpool. Veremos.
Ceballos, junto a Camavinga
Ceballos podría ser uno de ellos. Ancelotti lo situó junto a Camavinga, pero con un rol secundario para el español. Necesita su manejo de balón en una línea que lo pide a gritos, pero el manejo de verdad es para Camavinga, que ya se asienta como vértice principal. Tchouaméni, lesionado, no ha ofrecido en esa posición lo esperado y, dadas las circunstancias, podemos volver a verlo en muchos partidos como central, una vez regrese recuperado. Camavinga estuvo dinámico y solidario en el repliegue, pese a las escasas amenazas del Leganés, pero asentarse en ese lugar requiere tiempo y aprendizaje. No es el primero en adaptarse. Ni Kroos ni Modric llegaron como mediocentros puros al Bernabéu.
Con Camavinga hay dinamismo, pero Ancelotti necesita que también haya orden. El Madrid empezó eléctrico, especialmente cuando alcanzaba los tres cuartos, donde Mbappé progresó por la izquierda con Vinicius más centrado. Son dos futbolistas de un patrón similar, que alternan la banda y el área, aunque al francés no se le ha visto cómodo en el centro durante partidos anteriores. Si eso ha contribuido a su ansiedad, es difícil saberlo. La mejor terapia en esas situaciones, sin embargo, es volver al origen. Ancelotti no es terapeuta. Le basta con ser entrenador.
El cañón de Valverde
Mbappé pudo marcar en una acción al espacio, pero el fuera de juego volvió a devolverle a la casilla de salida. El gol fue mucho más sencillo, un regalo del Leganés puesto en la cajita por Vinicius. Cuando el Leganés suspiraba por su primera victoria con la igualada en el descanso, el error de Alti lo condenó. Los hombres de Borja ya no encontrarían argumentos para cambiar el decorado. El cañón de Valverde, tan duro como preciso, aumentó la ventaja y Bellingham se aprovechó del desgaste defensivo en el desenlace para cerrar una victoria plácida, sin sobresaltos antes de la batalla de Anfield.
Lo intentó Mbappé hasta el final, pero sin capacidad de desborde ni demasiada claridad, a pesar de estar más activo. En el mano a mano que le permitió un gran pase de Vinicius, el ganador fue Dmitrovic. Acto seguido dejó el campo, sustituido por Modric. Suma el francés, pero todavía se le espera.
Otro de los más esperados es Güler, no por su juego, sino por la decisión del técnico. Ancelotti le dio la banda derecha y el turco respondió con una acción de estrella en el área. Dmitrovic, por dos veces, le impidió marcar, pero el turco tiene cosas que este Madrid no debe despreciar, como las que aporta Brahim, mientras espera todavía al gran Mbappé. Anfield, un lugar ideal.
Comienzan a llegar niños al Butarque, la casa del Leganés. Aunque habrán salido hace poco del colegio, tienen de todo menos cansancio. Van preparados con su equipación del Lega y, mientras dan unos toques con el balón, esperan ansiosos su entrada al estadio. Podría ser para un entrenamiento más, pero en este caso no va a ser así: los 54 jugadores de las categorías alevín y benjamín del CD Leganés que están frente a la puerta vivirán la jornada de 'Futura Afición', un proyecto de la Fundación LaLiga.
Tal como explica a este periódico la directora de la Fundación LaLiga, Olga de la Fuente, 'Futura Afición' es "un programa educativo de transmisión de todos los valores positivos del deporte en general y del fútbol en particular: el respeto, la deportividad, el trabajo en equipo, el juego limpio, la tolerancia, el compañerismo.... Buscamos educarles en que la violencia no es admisible en ninguna de sus manifestaciones".
El proyecto destina sus actividades al ámbito escolar, con alumnos de 3º a 6º de primaria. Llevan 10 años de recorrido y por él han pasado ya más de 85.000 niños de más de 900 centros educativos. "La Liga a nivel institucional lucha muchísimo por la erradicación de la violencia en el fútbol y para ello toma medidas tanto en los campos, en los estadios, como de forma legal", termina Olga.
Martín Mantovani, exjugador del Leganés y actual representante institucional del club, está muy volcado con esto. "Estas jornadas son muy importantes por los valores que transmiten, algo que nosotros desde el club intentamos siempre trasladar. Yo creo que una de las cosas que pasó el último partido en el descenso de nuestro equipo fue justamente ese respeto mutuo, tanto de la afición con los jugadores como entre los jugadores. Hubo una fraternización muy bonita que pocas veces se suele ver", cuenta a EL MUNDO.
Es el primer año que Mantovani está como embajador del Leganés y señala que para él "disfrutar de la primera división fue espectacular, también porque te terminas encontrando con mucha gente que tuviste como rival o como compañero de equipo". El ex del Leganés coincidió cuando jugó en Las Palmas con Pedri, al que conoció con tan solo 16 años en un vestuario de segunda división y hoy ya ve como a "una estrella mundial".
El argentino valora la temporada del Lega de forma "muy positiva, aunque lamentablemente no se llegó al objetivo que era conseguir los 40 puntos para permanecer en primera". "El Leganés ha vivido un cambio interno muy fuerte. Tenemos muy claro que queremos ser el tercer equipo de Madrid, hoy en día un poco truncado porque vamos a estar en una categoría diferente, pero no tengo ninguna duda de que en corto plazo vamos hacia esa dirección", concluye.
La liga española la ve, además, como una de las más fuertes: "Está claro que tener al Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid en sus filas es importantísimo: son los equipos más importantes del mundo. Y, además, todas las estrellas que están saliendo y que vemos, que las canteras están dando muchos frutos. Yo creo que la Liga española se está posicionando como más fuerte, y con más carácter que antes".
A los niños que están viviendo esta actividad Martín les diría que "disfruten. Hacerles ver que es un deporte. Tengo a mi hijo de siete años y lo que más le inculco es que disfrute. Es difícil ver a niños que dejan de jugar porque otros compañeros les dicen algo o por su color de piel... Eso está muy mal. Lo importante es disfrutar, pero con respeto". Y para los pequeños que le tienen de referente, el mensaje que lanza es claro: "El mundo del fútbol no es un camino de rosas, es muy complicado. Mi camino fue el de sacrificio, el de sudor, el de mantenerse y el de constancia. Hay mucho que sale en todo este camino, pero sobre todo el no dejar de creer en ti y saber que vas a llegar hasta el final".
Algunos de los participantes creando murales en uno de los talleres.LALIGA
LOS TALLERES
La jornada, buscando cumplir ese objetivo de 'Futura Afición' de erradicar la violencia, se desarrolló usando la gamificación. A través de juegos, talleres y actividades los pequeños interiorizan esos valores transmitidos mientras, a su vez, se divierten.
Los talleres fueron tres: "No a la violencia", "Valores en acción" y "Mural de los valores". El primero constaba del visionado de vídeos y la reflexión sobre la violencia y la prevención del bullying. El siguiente era un juego en el césped del estadio y, el último, una actividad de reflexión y creación de un mural.
"Hemos coloreado unas cajas poniendo lemas chulos como 'Todos somos iguales', 'Todos somos especiales' o 'Juntos llegaremos más lejos', y también estamos viendo unos vídeos sobre el bullying. Aprendemos valores como el trabajo en equipo, el compañerismo, el respeto hacia los entrenadores, árbitros y jugadores contra los que jugamos. También a decir que no a la violencia, que todos somos iguales y que nadie es mejor que otro", comenta a EL MUNDO Nora López, participante de la jornada. "Estamos aprendiendo mucho de la solidaridad aquí en el Club Deportivo Leganés, y nos están enseñando valores", contaba también Andrés Arcila, otro de los menores allí presentes.
Menores participantes de 'Futura Afición'.LALIGA
Uno de los monitores de la Fundación LaLiga, Víctor, explica a EL MUNDO la importancia de realizar estas actividades desde el fútbol base, desde los más pequeños, que serán el futuro del deporte: "Al final estos chicos y chicas independientemente de que lleguen a ser profesionales, sí serán aficionados. Es muy importante trabajar con ellos desde el principio, desde la base, para que vayan asimilando esos valores, para que se adquieran".
Para la directora de la fundación del CD Leganés, Nerea Cacho, estas jornadas son "un regalo". "Que te regalen este tipo de talleres desde Fundación LaLiga para nosotros es un regalo que recibimos con mucho cariño. Que venga Olga a presentarte el proyecto es una maravilla y los niños disfrutan un montón. Nos ayudan a que nuestra afición cada vez sea mejor. Los niños aprenden, son unas esponjas y seguro que salen de aquí con otra visión mucho más en valores de lo que es el fútbol y no solo el juego como tal", termina contando a EL MUNDO.