El piloto español Nani Roma ganó ayer la décima etapa del Rally Dakar en la categoría de coches en Shubaytah (Arabia Saudita), en una jornada en la que el sudafricano Henk Lategan se situó líder de la general tras los problemas sufridos por el saudita Yazeed Al-Rajhi. El Ford Raptor de Roma, de 52 años, concluyó la especial de 120 kilómetros en las dunas de Shubaytah en dos horas, seis minutos y 34 segundos, su primera victoria en la célebre carrera desde 2015.
“Es un rally difícil para nosotros desde el principio, intentamos hacer las jornadas perfectas y esta mañana estuvimos muy rápidos, luego comprendimos que teníamos que bajar un poco. Estamos contentos por el equipo, el coche es bueno, es sólido y el equipo funciona bien”, declaró Roma, una institución de la carrera con 28 participaciones y dos victorias. En 2004 venció en motos y en 2014, en una edición que se celebró en el continente sudamericano, lo hizo en coches.
El podio lo completaron el brasileño Lucas Moraes (Toyota), a 18 segundos, y la saudita Dania Akeel (Taurus), a un minuto y 40 segundos. La propia Akeel se hizo con la etapa en la categoría challenger. Es la cuarta mujer en ganar en el rally Dakar tras la alemana Jutta Kleinschmidt, la española Cristina Gutiérrez y la estadounidense Sara Price.
Aprovechando una trampa en la arena que le hizo perder importantes minutos a su rival saudita Al-Rajhi (Overdrive), el sudafricano Henk Lategan (Toyota) recuperó el primer puesto de la general.
Motos
El sudafricano Michael Docherty ganó en la categoría de motos, con el australiano Daniel Sanders al frente de la clasificación general. Saunders ha aumentado su distancia con el español Tosha Schareina en 1:46 adicionales, terminando por delante de él en la etapa. Ya le saca más de 16 minutos en el cómputo global.
Con las cicatrices de su abdomen aún frescas, mermado por una cirugía que le había dejado fuera de combate hace sólo dos semanas, Carlos Sainz dominó de forma aplastante en Albert Park, camino de su tercera victoria en la Fórmula 1. La más autoritaria, la más simbólica, la que ponía fin a la racha de nueve consecutivas de Max Verstappen, víctima de una avería en los frenos. Red Bull, por una vez, fue vulnerable y Charles Leclerc completó el doblete para Ferrari. El delirio rojo en Melbourne y la emoción de Sainz en la radio, casi a lágrima viva: "La vida es una montaña rusa".
Camino del champán, con la bandera española en la mano, Carlos aún se permitía las bromas con Leclerc y su amigo Lando Norris, que cerraba podio. Poco antes de cruzar la meta ya había ordenado a sus mecánicos que el monegasco se acercara para la celebración conjunta. Sobraba tiempo, porque un duro accidente de George Russell contra las barreras de la curva 6, había ralentizado la carrera en la última vuelta. De nada importaba tampoco que Leclerc le hubiese arrebatado el bonus de la vuelta rápida (1:19.813). Nadie podía discutir el protagonismo de Sainz, que controló a su antojo.
Rodando con singular regularidad en 1:21, el madrileño abrumó a la competencia durante sus dos relevos con el neumático duro. Ni siquiera concedió la duda a Ferrari, alejando del radar del DRS a Leclerc. Se hizo más fuerte cuando la debilidad le devoraba por dentro. Ahora puede parecer ventajista escribirlo, pero ni el propio Verstappen pareció en condiciones de aferrarse a su estela. Aunque no resulte equiparable, Sergio Pérez bastante tuvo con sujetar a Fernando Alonso, sexto en la meta.
La rotura de Hamilton
Todo lo que la Fórmula 1 llevaba meses esperando tomó forma en Albert Park. El aplastante dominio de Red Bull, convertido en soporífera monotonía, se hizo de pronto carbonilla. "Acabo de perder el coche. Ha sido realmente raro", adelantó por radio Verstappen tras un extraño en la curva 9. Por entonces, Sainz ya se lo había quitado de encima en la segunda vuelta, dejando constancia del brío de su Ferrari. Unos metros más adelante, un hilito de humo empezó a emanar del RB20. Los frenos de la rueda trasera derecha ardían en llamas. Justo en el mismo escenario, exactamente dos años después, el tricampeón del mundo mordía el polvo.
El vacío de Mad Max dejó patidifusos a los favoritos. Ferrari veía abrirse las puertas del cielo, McLaren calculaba sus opciones de podio y Red Bull depositaba sus opciones sobre los hombros de Pérez. Por si no sobrasen alicientes, Lewis Hamilton inflamó los ánimos en el séptimo giro con un madrugador paso por boxes. Dos vueltas más tarde, Oscar Piastri y Leclerc, en busca de un undercut ante Norris, cambiaron también sus gomas. El compuesto duro debía aguantar 25 vueltas, pero Sainz, con el medio seguía clavando los tiempos, sin que nadie le importunase.
Había interés en cómo gestionaría Ferrari el graining de sus gomas. Al volante de un monoplaza totalmente equilibrado, Sainz no mostraba ni un síntoma de debilidad. Incluso pudo levantar el pie para sostener su ventaja frente a Leclerc y los McLaren. Tras estirar al máximo los medios durante 16 vueltas, la primera parada se saldó saldada por los mecánicos rojos en 2,6 segundos. Un respiro.
Sainz, al volante del SF-24, el domingo en Albert Park.AFP
Por detrás, Alonso mostraba un ritmo de crucero más que notable con los duros, rodando casi a la par de Pérez y Norris. Aston Martin pretendía alargar la vida útil de los neumáticos, a la espera de cualquier eventualidad. Y por una vez, la fortuna se alió con el asturiano. El abandono de Hamilton, víctima de un fallo de motor a la salida de la curva 10, provocaba el virtual safety car. Un regalo del cielo para Alonso, que ganaba cinco posiciones.
Desde luego, las gomas amarillas obligaban a un ímprobo trabajo a Fernando, con unos cronos casi calcados a los de Lance Stroll. Quería negar los espacios a Pérez, pero el mexicano le arrebató la posición en la vuelta 27, con una sencilla maniobra a la llegada de la curva 9. De ahí hasta la meta se mantuvo a la defensiva frente a George Russell. Sobre un asfalto con cuatro zonas de DRS, con un rendimiento inferior al de Mercedes, Alonso parecía presa fácil para el británico. El acecho acabó de la peor manera. Con Russell contra el muro y con Alonso citado por los comisarios. Si consideran que su frenada fue verdaderamente errática, el domingo podría acabar peor de lo pensado en Melbourne.
Llama la atención que Adrián Mateos (San Martín de la Vega, 1994) hable de un año «agridulce». En 2025 ganó su quinto brazalete en las Series Mundiales de Póker y entró en el top 10 histórico de mayores ganadores de la historia, con más de 50 millones. Su logro más reciente ha sido la elección en Los 100 del Deporte de Marca, en la categoría de Mejor hazaña deportiva. En la «mesa final», acapara más votos populares que los otros nueve candidatos juntos. «Me apasiona el deporte y es un orgullo estar nominado al lado de tantas estrellas, como Carlos Alcaraz», asegura el jugador.
Otros finalistas son Aitana Bonmatí, Marc Márquez, Ilia Topuria y Lamine Yamal. En su categoría, después de Mateos el más votado es el alpinista Carlos Soria, con un 15 % de los votos. Es la primera vez que un profesional del naipe opta a estos premios deportivos.
«Esta nominación le viene muy bien al póker. Las nuevas generaciones ya lo ven como un deporte mental. Muchos de los estigmas o connotaciones negativas vienen del desconocimiento. Cuando no conoces algo, es difícil tener una opinión formada. Los nuevos jugadores lo entienden mejor. El póker requiere muchísimo trabajo para estar en la élite, como cualquier otro deporte».
Cada vez más solicitado para dar entrevistas, Adrián confiesa que al principio iba a los platós «con vergüenza». «No siempre estás igual de a gusto. Algunos se lo preparan y te hacen preguntas más precisas. Otros no tienen ni idea y sueltan lo primero que se les pasa por la cabeza. Tienes que navegar de diferente manera». Eso sí, casi siempre acepta: «Si creo que puedo hacer una buena labor como embajador, siempre estoy encantado de ayudar a que la gente conozca este mundo», asegura.
En Torrelodones, donde transcurre esta conversación, ganó su primer gran torneo, el Circuito Nacional de Póker, en 2013. «Tengo muy buen recuerdo. Yo tenía 18 años y aún no era profesional. Vinieron mis padres, que no tenían ni idea. Era la primera vez que entraban en un casino y fue muy emocionante». A los pocos meses, Mateos tuvo otra gran victoria: «Fue un trampolín muy bueno. Yo ya jugaba mucho, se me daba bien y había tenido buenos resultados, pero gracias a aquellos dos les pude decir a mis padres que dejaba la carrera para dedicarme a esto, que iba a luchar por mi sueño».
Mateos regresa a Torrelodones como miembro del equipo profesional de Winamax, principal patrocinador de un CNP que ha crecido casi a la par que el madrileño. «En 2013 lo jugamos varios cientos de personas, pero este año ha superado todos los récords, con 2.600 solo en el torneo principal y 16.000 en todo el circuito».
¿Por qué no ha sido un año perfecto?
En vivo me perdí un par de partidas por asuntos familiares y jugué menos. He terminado algo en negativo, pero online ha sido uno de los mejores años.
Es curioso, porque los torneos por internet son las más duros.
Son más difíciles, porque el porcentaje de profesionales es mayor. Hay pocos recreacionales en estos torneos en internet.
Aparte del talento, ¿cómo se llega a la élite?
Ser mejor que mis rivales requiere mucho trabajo. Después de la pandemia me ha ido muy bien. Aquel año pude jugar más horas online, porque antes jugaba sobre todo en vivo, y eso me permitió escalar de nivel.
¿Cómo mejora alguien que ya domina el juego?
Cada situación es única y compleja. Cada día cometo muchos errores y cuando tengo dudas de una mano, la analizo después y estudio dónde mejorar. Es un juego de detalles. Estoy muy lejos de saberlo todo, nunca lo conseguiré. El cerebro humano no puede acumular toda la información posible. Luego, hay factores ajenos, sobre todo en vivo, y cada mano es única. Cada rival es diferente y tiene distintas tendencias.
¿Cuál es la principal causa de los errores más caros?
Tomamos decisiones en segundos o unos minutos. Luego analizo la mano y en cinco minutos veo que me he equivocado y corrijo.
¿Qué porcentaje de azar y de habilidad hay en el póker?
No hay un porcentaje exacto, pero cuantos menos manos juegues, el azar es más importante y si juegas muchas manos, es prácticamente nulo.
¿Cuántos días ha descansado este año?
Pocos. Menos de lo que debería. En agosto me lo tomé libre y poco más. Normalmente trabajo cinco o seis días a la semana, pero en los grandes torneos en vivo, como en Bahamas, son 14 días seguidos sin descanso.
¿Cuándo formará una familia?
Quiero ser padre, pero en el futuro. Todavía siento que quiero esperar un poquito. Supongo que en unos años, si todo va bien, tendré una familia.
¿Hay alguna habilidad que le haya dado el póker?
Se trata de tomar decisiones correctas, sin importar el resultado. La gestión de emociones también te vale para tu vida cotidiana. Y no pensar en los resultados sino en las decisiones correctas es algo que la gente no ve en muchos ámbitos.
¿Seguirá subiendo en la lista de mayores ganadores?
No creo que sea la más importante, ni mucho menos, aunque es llamativa. Estar en el top 10 es difícil, pero lo normal es que siga subiendo y que pase pronto a Daniel Negreanu, porque yo juego más, pero es un honor competir contra él y contra Phil Ivey. Son los ídolos que tenía cuando empecé.
¿Se ve jugando hasta los 50 y más adelante?
Sí, siempre y cuando me apasione. Soy muy competitivo y cuando no pueda dedicarme al cien por cien y seguir entre los mejores, jugaré menos. Me gusta sentir que puedo ganar a cualquiera. La vida cambia mucho. Tengo 31. Cuando tenga 50 igual tengo otras prioridades. A pequeña escala, me pasó en el tenis. Jugué a un nivel medio-alto hasta los 18. Ahora no me gusta, porque veo que soy malísimo. Me frustra y me voy al pádel, donde al menos sigo aprendiendo.
¿Sus padres han aprendido a jugar?
No han jugado ni una mano. Sí enseñé a mi hermano pequeño y al principio jugábamos los dos, pero no le apasionó. Lo dejó y me dijo: «Tú no pares».
¿Cualquiera puede ser un buen jugador?
Hace hace falta gestión de emociones, psicología... No todo el mundo vale para todo.