Melbourne es terreno propicio para experimentar. Se acaba la pretemporada, y el jugador, ¡al fin!, se siente de nuevo en su entorno natural: vuelve a competir, y lo hace después de un tiempo infrecuente de trabajo continuado en el que ha podido poner a prueba pequeños o grandes cambios con el fin de mejorar. Hay un estímulo renovado en ver otra vez las caras de tus oponentes, en disfrutar nuevamente de la ambición por el triunfo.
Como no podía ser
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
En uno de los momentos más candentes del duelo, tras considerar que un revés de Davidovich se había ido ancho, con 5-4 del lado del alemán y un set arriba el español, Zverev se dirigió al juez de silla de manera vehemente. "Hay un error en el sistema", le dijo, discutiendo la precisión de la electrónica. Al instante, y a la vista de que Mohamed Lahyani no accedía a sus demandas de bajar de la silla y comprobar el bote de la bola, tomó su móvil y sacó una foto de la marca, lo cual le costó un warning. Poco antes, Davidovich también había discutido un ace de su rival, hasta que el rastro del bote le fue mostrado en la pantalla.
Fue un partido intenso, con Alejandro Davidovich, claramente dominador en el primer set, mucho más exigido en el segundo ante el primer cabeza de serie y doble ganador del torneo. Un partido en el que el malagueño, finalista este año en Delray Beach y Acapulco y reciente semifinalista en Montecarlo, donde solamente le detuvo Carlos Alcaraz, evidenció sus progresos en la nueva etapa profesional, ahora al lado de Félix Mantilla y David Sánchez, ese punto de templanza del que suele adolecer su tenis.
No fue suficiente para mantener prendida la llama del tenis español en la Caja Mágica. Cayó por 2-6, 7-6 (3) y 7-6 (0), en dos horas y 44 minutos, y con él se fue el último vestigio español en un torneo que se queda sin representación local tanto en el cuadro masculino como en el femenino en octavos de final, algo que nunca había sucedido.
Oportunidad
Tuvo dos bolas de break en el noveno juego del segundo, con 4-4, pero no pudo aprovecharlas. En el comienzo de partido había encadenado diez puntos consecutivos y se fue pronto 4-0 ante un rival que tardó bastante en encontrarle la medida al partido. Reciente campeón en Múnich, el alemán llegaba a Madrid algo mejorado con respecto a otra temporada en la que sigue sin encontrar el tenis que siempre se le ha supuesto.
Fue Zverev quien, progresivamente más afinado con el saque, se llevó el desempate y entró en el tercer parcial con tres bolas para quebrar, neutralizadas por su oponente. El servicio del alemán fue un azote constante, obligando a Davidovich a evitar cualquier descuido con el suyo. Lo tuvo en un juego tan delicado como el noveno, dejando en manos del jugador de Hamburgo la llave para entrar en octavos.
Fiel a su aquilatada vulnerabilidad mental, Zverev cedió su servicio en blanco. Fue otra secuencia de ocho puntos consecutivos del malagueño, prendido de una grada deseosa de mantener vivo al menos a uno de los suyos. No pudo evitar Davidovich verse abocado a un nuevo desempate, letal para sus intereses. Tras un muy estimable partido, no anduvo fino en la resolución.
Alexander Zverev se sienta en la silla de la sala de prensa del Open de Australia, se inclina hacia delante y se prepara para la batalla. El tenis le sonríe porque es el tercer mejor jugador del planeta, el único que el año pasado jugó una final de Grand Slam sin llamarse Carlos Alcaraz o Jannik Sinner, pero vive los torneos en tensión. En parte, por sus problemas extradeportivos, como las denuncias de dos exparejas por malos tratos. En parte, por ese malditismo de quien ha estado muy cerca de ganar su primer ‘grande’ —ha jugado tres finales— y a sus 28 años todavía no lo ha conseguido.
«Me gustaría tener que hablar menos con la prensa, viviría más relajado», suelta a los periodistas en Melbourne y se queda tan ancho. Otra vez ante los medios. Otra vez en semifinales de un Grand Slam, la decimoctava de su carrera. Otra vez frente a Alcaraz (este viernes, 04.30 horas, HBO Max y Eurosport). Otra vez ante todos sus demonios.
Porque Zverev tiene tenis y físico para ser el tercero en discordia, quien discuta la gloria al Big Two, pero siempre le falta algo, ese no sé qué para derrotarlos. En los últimos años ha probado diferentes estrategias, todas sin éxito. Ahora, para su duelo con Alcaraz, cuenta con una nueva ayuda con nombres y, sobre todo, con un apellido: Nadal.
10 días en Mallorca
«Después de lo que pasó en Wimbledon [cayó en primera ronda y se confesó deprimido], el tío Toni me llamó. Estoy muy agradecido por eso. Estuvimos hablando durante una hora y media y decidí ir a la academia de Rafa Nadal en Mallorca para verle. En julio pasé allí diez días y los dos, Toni y Rafa, dedicaron mucho tiempo a hablar conmigo. A veces, después de la cena, nos quedábamos hasta pasada la medianoche. Rafa me explicó muy claramente cómo es jugar contra mí y Toni me dio mucha confianza. Les estoy muy agradecido», contaba Zverev.
Posteriormente intentó que Toni Nadal le acompañara en el circuito, pero este declinó la propuesta. «Me lo preguntó, pero le dije que llevo muchos años sin ser entrenador y que ya tengo otro trabajo», explicó el español en la televisión RTL, aunque su ayuda fue igualmente muy valiosa para el alemán.
DAVID GRAYAFP
Desde su paso por Mallorca, el tercero del ranking ATP ha ido cambiando poco a poco su estilo de juego. En el pasado US Open no le sirvió de mucho —perdió en tercera ronda—, pero en este Open de Australia se le ve con capacidad para inquietar a Alcaraz y Sinner gracias a esa evolución. Siempre fue un jugador de saque potente y derecha contundente, pero solía conceder la iniciativa a sus rivales. Podía acabar los intercambios, pero no siempre se atrevía. «Es pasivo», analizaba Toni Nadal. Y eso es lo que está modificando.
Ahora Zverev arriesga más, especialmente al resto, y no le va mal. En cuatro de sus cinco partidos en este Open de Australia ha perdido un set, pero en ningún momento se ha visto al borde de la derrota. Además, está sano, algo poco habitual en los últimos tiempos. «Para mí, el mayor cambio este año es que no tengo lesiones. Es evidente que estoy trabajando en mi juego, que intento ser agresivo, pero lo que realmente me da confianza es que me encuentro bien», analizaba el lunes el alemán tras vencer a Learner Tien en cuartos de final.
La respuesta de Alcaraz
Para alcanzar su primera final en el Open de Australia, Alcaraz deberá afinar todos sus golpes y prepararse para lo desconocido. Hace justo un año, Zverev le eliminó en cuartos de final en la Rod Laver Arena, pero ahora ni uno ni otro son los mismos. Sirve de poco el historial previo, que recuerda que ambos se han impuesto en seis ocasiones.
«Sé en lo que está trabajando Sascha. Quiere salir de su zona de confort, ser más agresivo, no regalar bolas fáciles. He visto sus entrenamientos, he visto sus partidos. Tengo claro cómo enfocar el partido», advertía el número uno, confiado.
Este miércoles, en uno de sus dos días libres antes de las semifinales, Alcaraz aprovechó para descansar y para irse a «algún sitio tranquilo» de Melbourne a pasear con su equipo. Antes del Grand Slam, durante estas Navidades en Murcia, el tenista se había enganchado a la serie Stranger Things, pero ya en Australia dedica la mayor parte del tiempo a jugar a las cartas con sus ayudantes y, de vez en cuando, cuando el horario lo permite, a jugar online con sus amigos en Murcia. Toda relajación es poca ante el reto que tiene por delante. Enfrente, Zverev, con los consejos de Nadal y un nuevo tenis.
A la hora de recapitular, no resulta fácil escoger los instantes señeros del largo y triunfal paso de Rafael Nadal por Roland Garros, pues han sido 116 partidos los que ha protagonizado en la que será siempre su tierra infinita. Hasta este lunes, hasta esta digna derrota frente a Alexander Zverev, sólo Novak Djokovic, en dos ocasiones, y Robin Soderling habían sido capaces de vencerle. Ahí van algunos de sus encuentros más significativos en sus 19 presencias en el torneo.
3/6/2005. Roger Federer
Llegaba avalado por un formidable curso sobre arcilla. Campeón en Montecarlo, en el Conde de Godó y en Roma, tenía ante sí a Federer, número 1 del mundo, en los albores de la que iba a ser una de las rivalidades más hermosas del deporte. El partido se prologó en Roland Garros como si se tratase de la lucha directa por el título, con el olfato promocional de confrontar a dos personalidades distintas y complementarias, dotadas de un enorme glamour. En el día de su 19º cumpleaños, Nadal venció al suizo por 6-3, 4-6, 6-4 y 6-3, antes de imponerse dos días más tarde a Mariano Puerta, para ganar el primero de sus 14 títulos.
31/5/2009. Robin Soderling
Fue su primera derrota en el torneo. Se despidió en octavos de final. Robin Soderling le superó por 6-2, 7-6 (2), 4-6 y 7-6 (2). Condicionado por una lesión crónica en el tendón rotulianode la rodilla izquierda, no podría defender el título conquistado un año antes en Wimbledon.
24/5/2011. John Isner
Ya pentacampeón, recuperado plenamente el pulso tras el accidente ante Soderling, Nadal hubo de salvar una primera ronda de alto riesgo. Ahí estaba John Isner, dispuesto a hacer valer sus 2,08 metros, para amenazar con la voladura de todos los barruntos en uno de los encuentros más delicados que el español ha encarado en su torneo. Necesitó cuatro horas y un minuto para acabar imponiéndose por 6-4, 6-7 (2), 6-7 (2), 6-2 y 6-4 y poner rumbo al sexto título.
7/6/2013. Novak Djokovic
Superado en cuatro sets por Nadal en la final de 2012, Djokovic envidó de nuevo en las semifinales de la siguiente edición. Ese partido se recordará, entre otras muchas razones, por el punto en el que el serbio tocó la red tras conectar una sencilla volea antes de que la pelota diera el segundo bote. Lo perdió, tal como dicta el reglamento. Mandaba 4-3 y saque en el quinto. Estaban 40-40. Nadal, presto a la reclamación en cuanto observó el desenlace de la jugada, venció por 6-4, 3-6, 6-1, 6-7 (3) y 9-7, después de cuatro horas y 37 minutos.
3/5/2015. Novak Djokovic
El annus horribilis. En un momento crítico, que le hizo meditar incluso con la posibilidad de su retirada, Nadal varó en cuartos de final ante el serbio: 5-7, 3-6 y 1-6. Era la consecuencia lógica de un tránsito decepcionante en la gira previa sobre arcilla, una inquietante secuencia a la que sabría poner remedio.
11/6/2017. Stan Wawrinka
A la derrota ante Djokovic le siguió el año siguiente una lesión que le impediría disputar la tercera ronda ante Marcel Granollers. Es por ello que el título de 2017, 6-2, 6-3, 6-1 a Wawrinka, en una edición en la que no concedió un solo parcial, posee un extraordinario valor.
Nadal abandona la Philippe Chatrier, este lunes.Jean-Francois BadiasAP
9/6/2019. Dominic Thiem
La segunda de las finales ante Dominic Thiem, quien se había vislumbrado como su heredero, supuso la cerfificación de que a Nadal aún le quedaban algunas vidas en París. El español venció por 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1. Thiem se llevó un set, a diferencia del año anterior, pero su revés a una mano volvió a sangrar demasiado ante el drive de plomo del zurdo.
11/10/2020. Novak Djokovic
Fue el Roland Garros de la pandemia. Mes de octubre. Frío casi invernal en París. El cambio a pelotas Wilson tras una década con Babolat generó beligerantes protestas del español: «Las bolas son una piedra, peligrosas para la salud», llegó a decir, incómodo desde el primer día por las circunstancias excepcionales en las que se desarrolló el torneo. Otra vez sin entregar un solo set en toda la competición, asestó a Djokovic una de las derrotas más crueles en su cara a cara: 6-0, 6-2 y 7-5.
29/5/2022. Felix Auger-Aliassime
Sólo tres hombres, Djokovic, Isner y el canadiense, pudieron llevarle a los cinco sets en Roland Garros. A Auger-Aliassime no le bastó con completar uno de los mejores partidos de su vida en aquellos octavos. Nadal ganó 6-3, 3-6, 2-6, 3-6 y 6-3.
5/6/2022. Casper Ruud
El noruego, puro ADN de tierra, bola pesada, tenista loado por los técnicos, algo aburrido para el público de a pie, había tomado el relevo de Thiem, con la nominación para hacerse grande en Roland Garros. Nadal le avasalló, 6-3, 6-3 y 6-0, para conquistar su decimocuarto título, el último de una cadena irrepetible.