El austríaco Daniel Tschofenig se impuso este miércoles, día de Año Nuevo, en la segunda prueba del Cuatro Trampolines, disputada en la estación alemana de Garmisch-Partenkirchen, y pasa a liderar la general tanto de la Copa del Mundo como del torneo.
Tschofenig, de 22 años, firmó su tercer triunfo en la Copa del Mundo de salto de esquí nórdico (todos ellos logrados este curso), gracias a dos saltos de 141,5 y 143 metros y 298,9 puntos.
Acabó segundo el suizo Gregor Deschwanden, que, con 290,3 puntos y dos saltos de 138 y 140,5 metros, impidió un nuevo triplete del equipo austríaco, como ya sucedió hace tres días en la estación germana de Oberstdorf. Completó el podio el austríaco Michael Hayböck con 289 puntos y 145, nuevo récord del trampolín, y 137,5 metros.
Stefan Kraft, ganador de la prueba inaugural del Cuatro Trampolines y defensor del título en la Copa del Mundo, sólo pudo ser esta vez octavo en el ‘Schattenbergschanze’ con 278,7 puntos y sendos saltos de 131,5 y 140,5 metros.
Daniel Tschofenig durante los Cuatro Trampolines de Garmisch-Partenkirchen.Matthias SchraderAP
Tschofenig, que fue tercero hace tres días en Oberstdorf, se hace con el liderato en la general de la Copa del Mundo, que se lo arrebata al alemán Pius Paschke, como de la del Cuatro Trampolines, que ocupaba Kraft.
El saltador de Villach suma 796 puntos en la Copa del Mundo, dos más que Paschke, que este miércoles acabó noveno en Garmisch. Asimismo comanda la del Cuatro Trampolines con 622,5 por os 614,6 de Jan Hörl y los 613,8 de Kraft.
El Torneo de Los Cuatro Trampolines se completará con dos cita en Austria: el 4 de enero en Innsbruck y el 6 de enero en Bischofshofen.
Se valorará con el tiempo, cuando se mire a esta época de frotarse los ojos. De coleccionar títulos, tantos que las cuentas de Unicaja se pierden en su grandeza. En Atenas llegó el sexto en tres años, la segunda Champions League consecutiva, que sería la guinda del proyecto Ibon Navarro si no fuera porque este colectivo parece lejos de estar saciado.
Todo empezó en Badalona, aquella Copa del Rey contra pronóstico despedazando gigantes. Unos meses después, ganar empieza a ser casi una obligación para este Unicaja histórico, que acabó con el Galatasaray (67-83) en una final de pura experiencia, de equipo que compite como nadie, que dominó toda la tarde a un rival al que remató en la recta de meta sin siquiera pestañear. Fueron Kendrick Perry, Kalinoski y Tyson Pérez los héroes y Tyson Carter el MVP, un grupo salvaje en el que se turnan el protagonismo para bien común.
No fue tarea sencilla, pese a la clara condición de favorito de Unicaja, su sabiduría ganadora, eso tan difícil de adquirir. El Galatasaray, a la sombra de Fenerbahçe, Efes y Besiktas en Turquía, ya desplumó aLa Laguna Tenerife en semifinales, evitando la final española de este torneo de la FIBA con premio de un millón de euros para el ganador. Y no se arredró ante la habitual pujanza malagueña, que venía con el viento a favor tras el más difícil todavía de ganar dos días antes al anfitrión AEK.
Tyson Pérez culmina una jugada, ante el Galatasaray.GEORGIA PANAGOPOULOUEFE
Los de Ibon Navarro tardaron dos minutos en ponerse en órbita. Fue un arranque extraño, con dos faltas en menos de un minuto de Kravish. Esas dudas pronto las despejó Unicaja con su baloncesto coral y agresivo, haciendo cada intento turco una verdadera pesadilla. Nadie en eso como Alberto Díaz, que volvía locos a los rivales: forzó en un momento hasta tres faltas en ataque. Una pericia tan jugosa casi como la del que mete triples. Así llegaron las primeras ventajas considerables, un 13-24 tras triple de Kalinoski.
Tyson Pérez
Pero el rebote era un problema inesperado y Galatasaray se reencontró con un parcial de 13-2 que igualó el duelo. Fueron seis puntos seguidos de Tyson Pérez los que rompieron esa dinámica incómoda para Unicaja y Tyson Carter el que remató antes del descanso con tres tiros libres para sus 12 puntos en ese instante. Eso, puntos (y triples), era lo que le faltaba a los andaluces para ser más ellos.
A la vuelta continuó la tónica. Unicaja, al que el retorno al partido de Kravish le dio mucho, pretendiendo romper la tarde, y Galatasaray, que sólo presume de un título europeo en sus vitrinas (la Eurocup de 2016), agarrándose a ella con todo lo que tenía, soñando con la sorpresa los de Yakup Sekizkok -que fuera ayudante de Ataman (ahí estaba en primera fila del Sunel Arena junto a Juancho, Vildoza...)- en el Efes.
Le 'mataban' los fallos en los tiros libres y tener enfrente a un grupo tan poderoso mentalmente como Unicaja, conocedor de los terrenos. Fueron cinco puntos seguidos de Kalinoski los que empezaron a hacer acariciar el trofeo. Era un +12, la máxima (56-68), con menos de cinco minutos de juego. Un poco más adelante, Ejim estiraba un poco más. Y después, dos tripes más, Perry y de nuevo Kalinoski, fue la puntilla cuando ya sonaba de fondo en las tribunas el 'Tu bandera' el himno de una era. El que se ha escuchado en cada uno de los cuatro trofeos de esta temporada (Intercontinental, Supercopa, Copa y Champions) de 11 en toda su historia.
Algunos ponen en duda que el ajedrez sea un deporte, pero nadie podrá negar que, en todo caso, es el más mental. Incluso un levantador de pesas, puro músculo, puede ver mermado su rendimiento por problemas psicológicos, pero lo que le ocurre al campeón mundial de ajedrez son palabras mayores. Ding Liren, de 31 años, no levanta cabeza desde que se convirtió en el sucesor de Magnus Carlsen. En realidad, el gran maestro chino logró el título cuando ya tenía problemas, nacidos de una ruptura sentimental justo antes de la gran competición de su vida.
Ding destaca por su extraordinaria humildad y eso propicia una preocupación colectiva mayor de lo normal. Su ausencia de los tableros recuerda a lo ocurrido con Bobby Fischer, quien después de derrotar a Spassky en 1972 tardó 20 años en reaparecer, con el buen juicio mermado. Con el campeón chino, la incertidumbre ha dado paso a la alarma en la ciudad noruega de Stavanger. En noviembre debería defender su título contra Gukesh, pero pocos creen que llegue en condiciones. Algunos piensan incluso que no comparecerá, aunque solo por jugar contra el indio se aseguraría un millón de euros.
El momento más triste de la carrera de Ding ocurrió el pasado domingo, precisamente contra Carlsen, en el Norway Chess. El jugador chino ya era último después de tres derrotas seguidas, algo insólito para quien tiene un récord de cien partidas consecutivas sin perder. Contra Magnus, ocurrió algo fuera de lo normal. En posición igualada, sin presión del reloj, Ding se dejó dar un sencillo mate en dos, parecido al del pasillo, que aprenden los niños cuando empiezan a jugar.
"A casi todos les ha pasado"
El mundo entero lo había visto tambalearse, pero esta vez algo se derrumbó dentro de él. Magnus, que no siempre reacciona bien cuando pierde, era incapaz de celebrar su victoria. Ding se limitó a dar la mano a su rival y a taparse la cara, una escena desoladora.
Las muestras de cariño hacia el campeón se han sucedido estos días. La húngara Susan Polgar, pentacampeona mundial, considera que el suyo es "el peor declive de un campeón durante su reinado". También Anna Muzychuk, que participa en el Norway Chess femenino, aseguró que todos los ajedrecistas sufren "periodos difíciles de vez en cuando".
Esto lo sabe bien el gran maestro español Paco Vallejo, durante muchos años número uno de España. En su caso, el detonante fue un conflicto con Hacienda que al final se resolvió a su favor, pero que lo llevó a abandonar la selección. "Yo sé lo que es eso y a casi todos los ajedrecistas les ha pasado en algún momento. Quizá los grandes campeones consigan evitarlo, pero incluso ellos alguna vez tienen una historia así", cuenta el menorquín para EL MUNDO. Vallejo remarca que en el ajedrez cualquier enfermedad o distracción es letal: "Es un deporte muy cruel, que penaliza mucho los errores. Desconectas un segundo y todo se va al carajo".
Steve Bonhage
Carlos Martínez, psicólogo especializado en ajedrez, cuenta cómo es posible que Ding Liren ganara el Mundial. "Cuando pasas por un momento traumático, si enseguida te expones a un nivel de exigencia tan grande, quizá te puedas aislar un poco y centrarte en la competición. Te puede ir bien para evadirte. Allí se rodeó de personas cercanas, como su madre, y pasó momentos dubitativos, pero ganó el título y parecía como si lo hubiera superado. Después de esa tensión, el problema se hizo más patente".
En opinión de Martínez, la buena noticia es que Ding Liren ha sido capaz de verbalizar sus problemas. "Ha contado que recibe ayuda de expertos y seguramente ha jugado en Noruega casi por prescripción. Es muy importante poner en palabras lo que sufre. Poquito a poco buscará las cosas que le gustaban y le hacían feliz. Habrá vuelto a entrenar y supongo que irá recuperando su actividad más o menos normal. Estar varios meses en el dique seco, sin entrenar ni mirar partidas, para un jugador de alto rendimiento marca una diferencia bestial".
"Creo que competirá"
En la versión más amable de esta historia, Ding Liren está en el buen camino y, como él dice, no tiene intención de dejar el ajedrez. Queda por saber si está a tiempo de convertirse en un rival competitivo para el Mundial, que debería empezar el 20 de noviembre. "Tengo serias dudas", admite Martínez, "aunque faltan meses y si trabaja bien, de manera constante, aún es posible". "Creo que competirá, aunque ya veremos cómo, porque físicamente tampoco está bien".
El propio ajedrecista asegura que se conforma con ser la segunda mejor versión de sí mismo. Un Ding Liren B aún podría dar guerra a Gukesh D, el candidato más joven de la historia, que acaba de cumplir 18 años el pasado mes de mayo. Si al final Ding no puede jugar, queda por resolver si el rival del indio sería el japonés Hikaru Nakamura, que terminó segundo el torneo de Candidatos, o habría un desempate con el gran maestro ruso Ian Nepomniachtchi y el estadounidense Fabiano Caruana, que hicieron los mismos puntos que él. En el anterior Mundial, la FIDE perdió a Magnus por aburrimiento y fue grave, pero perder a otro campeón por depresión sería mucho peor.
Ahora mismo, si Carlos Alcaraz adquiere dinámica, intensidad y ritmo de partido, resulta un jugador prácticamente invencible, más aún sobre una pista de tierra batida. Su mayor problema, si lo hubiere, reside en él mismo. Es un fórmula 1 que bien conducido se dispara hasta el infinito. Su mayor preocupación ha de ser no salirse de pista como consecuencia de toda la potencia y recursos que atesora. En las semifinales de este Roland Garros, Lorenzo Musetti sacó provecho durante un buen tramo de partido de su condición de outsider. Toda la responsabilidad estaba en el lado del defensor del título, así que el italiano se soltó y pudo mostrar gran parte de su enorme talento.
Alcaraz salió guiado por la inercia de su arrolladora victoria en cuartos de final ante Tommy Paul, un buen tenista que aún siendo de la escuela estadounidense es capaz de competir con actitud sobre arcilla. El español arrancó como más le gusta, con un juego directo y tratando de reducir la frecuencia de los intercambios. El exceso de velocidad le generó desorden. Y sucedió frente a un jugador en progresión constante, como es Musetti, con los mejores argumentos en arcilla.
Al límite
Alcaraz pagó el peaje por sus errores, sobre todo en la finalización de las jugadas, y dio alas a su rival, que se llevó el primer set y le llevó al límite en el segundo. Replicó sendos breaks del murciano y le llevó al desempate. Entre los muchos méritos del campeón en Montecarlo y Roma está haber sabido dar un paso atrás después de las serias dudas que atravesó. Recondujo el partido, puso más peso de bola sobre el revés a una mano del transalpino y le erosionó hasta doblegarlo. Su lesión y consiguiente retirada vino por la elevada exigencia a que se vio sometido a lo largo del encuentro.
Estamos ante la final que casi todo el mundo esperaba. Jannik Sinner, que se rindió en la final de Roma, sin suficiente engrase en su juego después de tres meses ausente, a buen seguro que ofrecerá más resistencia este domingo. Estamos ante los dos jóvenes llamados a disputarse el presente y el porvenir. El sentimiento que le produce Alcaraz es más inquietante sobre la superficie que nos ocupa. Si Carlos no quiere ir más rápido de lo que toca, diría que tiene un 55% de su parte. Promete ser una cita para no perdérselas, como señala la ya generosa lista de sus enfrentamientos.