De Doha regresa el Madrid con mucho más que una Copa Intercontinental. El The Best a Vinicius no es un premio cualquiera, porque se convierte en un premio de desagravio después del no Balón de Oro al brasileño y de las palabras de Florentino Pérez en la Asamblea. Al votar en The Best un espectro más amplio y heterogéneo, al incluir a seleccionadores y capitanes, fue como dar la razón al presidente, que llevó el Balón de Oro a la caricatura de for
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ORFEO SUÁREZ
@OrfeoSuarez
Actualizado Martes,
21
noviembre
2023
-
00:04La ministra Pilar Alegría.MariscalEFEEl Mundial 2030 se celebrará en la siguiente legislatura, pero...
Una carambola lanzada por Fede Valverde sostiene al Madrid como se sostiene un náufrago sobre la balsa. Es realmente lo único en lo que este Madrid se parece al Madrid, en buscar la orilla cuando otros desfallecen. De esa forma la alcanzó en Balaídos para respirar, con una pléyade de canteranos sobre el campo, la apuesta de Arbeloa cuando todo estaba perdido. No tenía mucho más, es la verdad. El lanzamiento de Valverde, en el tiempo añadido, golpeó en Marcos Alonso para tocar la red como el Madrid toca la orilla, la esperanza. [Narración y estadísticas (1-2)]
Mendy, prácticamente inédito en la Liga, apareció en la izquierda. Parece claro que a Arbeloa no le complace Fran García tanto como a Xabi Alonso. En la situación en la que está la defensa del Madrid, como una nave con vías de agua, no hay nadie liberado del servicio. A la plaga de lesiones conocida se sumaban en Vigo las bajas de Carreras y Huijsen, sancionados. El técnico no sólo utilizó al francés, sino que varió el mecanismo defensivo en busca de la seguridad que no encuentra, y es que no hay partido en el que Courtois no se aparezca en el área, como una virgen pagana. Amén.
La debilidad de Trent
Arbeloa mandó a Valverde situarse como lateral en posición defensiva, cuando atacaba el Celta, para calzar el talón de Aquiles del Madrid, la espalda de Trent. Cuando avanza con la pelota, el inglés traza centros como si lo hiciera con un compás. Pedirle martillazos a un compás es una locura, por lo que a Trent hay que auxiliarlo, acompañarlo o sentarlo. No está la cosa para sentar a nadie, porque sigue sentado Carvajal. Cuánto pesa la ausencia del capitán verdadero. Cuando el Madrid no tuvo tiempo de realizar la maniobra, por un balón al espacio, Swedberg desnudó a Trent, lento, sin anticipación pese a tener la ventaja, y blandito. Rüdiger lo veía y se hacía cruces, aunque en ciertas acciones mejor no seguir su temerario ejemplo.
La facilidad hizo a Swedberg gustarse en la suerte, estuvo torero. El pase hacia atrás para Borja Iglesias fue de academia, como el remate del 'Panda', ansioso e impreciso hasta entonces, lo que le costó una tarjeta, pero fino en la definición.
La acción llevaba un empate inesperado a Balaídos, porque hasta entonces el Celta había sido sometido por un Madrid tenso, ganador en los duelos, y dinámico, aunque no tuviera toda la profundidad deseada. Vinicius había lanzado al palo en una escapada, pero después desapareció, desconectado del juego. El ataque lo complentaba Brahim, en la derecha, sin que la posición de delantero centro tuviera un titular claro, con Gonzalo en el banco. Asomaba Güler del mismo modo que lo hacía hasta Valverde, cuando se incorpraba al área en las acciones de ataque. Al final funcionó.
El que se asomó primero, en cambio, fue Tchouaméni, con un doble remate en el balcón del área y el gol en la siguiente acción, tras un saque de esquina ensayado. El golpeo fue tan preciso como un centro de Trent: palo y red.
Junto a Mbappé y Courtois, Tchoauméni es de los mejores futbolistas de este irregular Madrid. En la eliminatoria frente al Benfica su prestación fue fundamental. El Madrid necesita un faro para su juego, es una evidencia, pero de momento ha encontrado la boya. No es poco antes de una reconversión necesaria.
Giraldez, juego e identidad
Si Tchouaméni marcó y tuvo ocasiones fue porque el Celta le concedió el espacio para llegar, al defender demasiado cerca de Radu. No es lo que le gusta a Giraldez, uno de los entrenadores de moda. Basta ver dónde estaba y dónde está el Celta, con una promoción continúa de su cantera. Miguel Román, un gran mediocentro a sus 23 años, es la última prueba. Giraldez, de O Porriño, conjuga juego e identidad. Buena cosa. Cuando ordenó a los suyos salir de la cueva, una vez conseguido el empate, la encontró, aunque ello implicara riesgos, con un choque más equilibrado. Vini se activó y Thiago Pitarch se estiró, con un remate cargado de intenciones, pero también lo hicieron el 'Panda' o Jutglà.
Vinicius, ante Ilaix Moriba, el viernes en Balaídos.AFP
Era momento de decisiones y la primera de Arbeloa fue la de retirar a Güler para poner en liza a otra canterano, César Palacios. No había estado excelso el turco, pero fue el primer sorprendido. Después entraron Manuel Ángel y Gonzalo, más cantera. Giraldez, por su parte, reaccionó con tres cambios, porque su equipo volvía a acusar el aumento de ritmo del Madrid, y más tarde añadió el picante de Iago Aspas. El palo negó la gloria al ídolo local, la gloria que el Madrid corteja, hoy, como un náufrago.
De las finales de Champions que ha disputado el Madrid contemporáneo, a la que más podría parecerse la de Wembley es a la que jugó frente al Bayer Leverkusen, en 2002. Un rival alemán de clase media, inferior desde cualquier ángulo a los blancos, que desde 1988 han ganado dos veces a la Juventus, dos al Liverpool, dos al Atlético, una al Valencia y otra al citado Leverkusen: ocho de las 14. Sin embargo, la Novena, resuelta con la volea de Zidane en el minuto 45, fue la que supuso un mayor padecimiento para el Madrid, junto con la disputada en París, con un desenlace heroico para Casillas. La radiografía de los finalistas en el trayecto hacia Wembley no augura, inicialmente, algo similar, ya que de todas las superioridades que pueden apreciarse en el Madrid frente a su rival, ninguna es tan evidente como su producción goleadora en los 10 últimos minutos de los partidos o su alargue. Las estadísticas de este curso dicen que en ese tramo es imbatible, y no precisamente por su portero. Si es capaz de llegar sin sorpresas, nadie como el equipo de Carlo Ancelotti juega mejor la final de los 10 minutos.
Entre el gol que marcó Vinicius al Bayern Múnich en el minuto 83, en la ida de las semifinales, y el de Bellingham al Unión Berlín, en el minuto 93, en el primer encuentro de la fase de grupos, el Madrid ha conseguido cinco más (ver gráfico). Es decir, siete a partir del minuto 80 de los 26 marcados en total en la competición, un 26,9%. El porcentaje de su producción goleadora ya es mayor en el segundo tiempo (61,5%), aunque con una gran concentración en esa franja final. En el mismo segmento, el Dortmund sólo ha marcado dos tantos, el que anotó en el Metropolitano por medio de Haller (minuto 81), en cuartos, y el logrado frente al PSV Eindhoven, en la ida de los cuartos, a cargo de Reus (minuto 94). Un 11,7% de su bagaje goleador en esta Champions.
Al contrario, los alemanes han conseguido dos tantos en los primeros 10 minutos por ninguno de los blancos, que lograron el primero por parte de Rodrygo frente al Nápoles en el Bernabéu, a los 11 minutos. Sugiere el dato que el Dortmund parte más activado en los partidos frente a un Madrid que ha tenido arranques perezosos, algo de lo que los propios protagonistas han hecho autocrítica repetidamente. Los anticuerpos que son necesarios para evitarlo es de suponer que son más fáciles de activar en una finalísima.
UN RIVAL MEJOR EN EL ECUADOR
Los goles alemanes se reparten prácticamente a partes iguales entre los dos tiempos, tan sólo uno más tras el descanso. Sorprende que, pese a la diferencia en la producción (17 frente a 26), el Dortmund ha marcado más en el ecuador de los encuentros, entre los minutos 30 y 50 (cinco frente a dos). Las dos salidas al terreno de juego y el final del primer periodo son, según el recorrido anterior de los equipos, fases en las que el Madrid ha de estar especialmente vigilante.
Con muchos menos goles, en el equipo de Edin Terzic, en cambio, han marcado más futbolistas que en el de Ancelotti (12 por 10). Vinicius, Rodrygo y Joselu han anotado cinco cada uno, por cuatro de Bellingham. Ningún jugador del rival en Wembley ha conseguido tantos. Füllkrug suma tres por dos de Brandt, Reus y Adeyemi. Se trata de un equipo muy coral tanto en lo defensivo como en lo ofensivo, donde el despliegue de Adeyemi, Jadon Sancho y Brandt multiplica las opciones. El balón parado le da, asimismo, buenos frutos, como demostró Hummels en París. Füllkrug es un 'delantero-tanque' poderoso físicamente.
"NUESTRA AUTOESTIMA CRECIÓ"
El Madrid ha marcado en todos los partidos mientras que el Dortmund no lo hizo en los dos primeros, ante PSG y Milan. Curiosamente, no pudo ganar a los de Luis Enrique en ninguno de los dos encuentros de la fase de grupos, pero les derrotó en ambos en semifinales. Ello dice mucho de un equipo que ha crecido en los momentos de presión, como era la vuelta de cuartos después de perder en el Metropolitano. «A partir de la tercera jornada, cuando jugamos contra el Newcastle y ganamos, notamos cómo empezábamos a creer que podíamos conseguir algo. Nuestra autoestima comenzó a crecer», dice Terzic. La realidad es ya no dejó de hacerlo. La final es su premio. «Si jugáramos 10 veces contra el Madrid, sería difícil ganar en el balance general, pero a 90 minutos o 120 más los penaltis, podemos vencer a cualquiera».
El Dortmund será el cuarto rival alemán del Madrid en esta Champions, que la empezó ante el Unión Berlín, con una victoria pírrica en el Bernabéu, y en el mismo lugar tuvo su momento crítico del torneo ante el Leipzig. Padecer ante el Bayern estaba en el guion. Las finales tienen el suyo propio. Mejor para el Madrid sise decide en los 10 últimos minutos.