Vuelco mayúsculo al Balón de Oro. Durante las últimas semanas, en los pasillos del fútbol europeo se deslizaba sin dudar el nombre de Vinicius Júnior como ganador del trofeo. No había demasiadas dudas. La Champions y la Liga levantadas por el brasileño, autor de uno de los goles de la final, y una temporada de más de 20 goles parecían asegurarle el trono. Pero en las últimas horas las votaciones han sufrido un giro de 180 grados. Rodrigo Hernández, campeón de la Eurocopa con España, es el favorito para ser coronado mejor jugador del mundo esta noche en París.
Sería el primer español en ser Balón de Oro en la era moderna, el segundo en la historia tras el de Luis Suárez en 1960. Un premio al centrocampista, ahora lesionado, tras un curso casi impecable con el Manchester City, con el que ganó la Premier League. Sin embargo, a nivel estadístico su temporada 2022-2023, con una Premier y una Champions en la que marcó gol en la final, parece mejor que la actual.
El enfado en el Real Madrid es colosal. El conjunto blanco había planeado el viaje de Vinicius Júnior, de varios de sus jugadores nominados, de Carlo Ancelotti y de Florentino Pérez a París, pero lo ha cancelado a última hora cuando se ha enterado que el brasileño no sería el elegido. En Valdebebas lo consideran “una falta de respeto“, tanto a Vinicius como a Carvajal, y no tendrán ningún representante en la gala.
En el Madrid creen que si Vinicius no es el seleccionado, los criterios del Balón de Oro deberían servir para que Dani Carvajal fuera el elegido. Entienden que el lateral fue clave en la Eurocopa levantada por España y en la Liga y la Champions ganada por el Madrid. En Wembley, de hecho, anotó uno de los goles de la final.
El Barcelona, por su parte, llegó a las 16:30 de la tarde con Aitana Bonmati, favorita al Balon de Oro femenino, Lamine Yamal, también favorito, en este caso al Trofeo Kopa, que reconoce al mejor jugador sub’21 y Dani Olmo liderando su expedición junto al presidente, Joan Laporta.
La temporada pasada, el Real Madrid tardó seis encuentros en dejar de ganar. Sumó de tres en tres durante las cinco primeras jornadas de Liga y nadie le pudo hacer daño hasta el derbi del Metropolitano, el 24 de septiembre. Antes, había ganado en Bilbao, en Almería, en Vigo y al Getafe y la Real en el Bernabéu. Un inicio inmaculado. Ahora, sin Kroos pero con Mbappé, el conjunto blanco suma dos empates en tres jornadas, cinco puntos que le alejan a cuatro de un Barça que ha comenzado venciendo en sus tres primeras citas. "Nos cuesta encontrar la solidez del año pasado. Tenemos que arreglar esto pronto", avisaba Carlo Ancelotti en la rueda de prensa posterior al duelo ante Las Palmas.
Fue otro partido malo del Madrid, especialmente en un primer tiempo en el que se vio por debajo en el marcador demasiado pronto y en el que no encontró respuestas para generar ocasiones. Ya no goles. Ocasiones. Algo que se da por hecho en un equipo con Vinicius y Mbappé. No en este momento, con el brasileño y el francés lejos de su mejor nivel.
En Gran Canaria, el galo fue algo más constante en su producción, pero el brasileño se llevó el foco al anotar desde los once metros. Fue su única aportación dentro de una actuación bastante negativa. Fue el peor jugador del Madrid en % de pase (66%) y apenas regateó dos veces a sus oponentes. Mbappé acumuló cinco regates y nueve disparos, tres más que Vinicius. Ninguno sorprendió a Cillessen, activo para detener todos los lanzamientos.
"Nos está costando más de lo que se podía pensar, pero hay que trabajar y focalizarse bien. Estos tres partidos me han mostrado muchas cosas que no están saliendo bien", admitió Ancelotti, que reconoció tener el problema reconocido: "El juego es lento, no hay movilidad, el balón llega a los delanteros cuando el equipo rival está cerrado, nos cuesta encontrar espacios entre líneas... El problema es bastante claro, hay que buscar la solución".
La realidad es que más allá de la imagen gris, el Madrid llegó más a la meta de Cillessen que su rival a la de Courtois. Disparó en 25 ocasiones, ocho de ellas a portería, por dos de Las Palmas. Una diferencia que no se tradujo en el marcador. "El primer tiempo ha sido un mal primer tiempo, nos cuesta encontrar jugadas, nos cuesta recuperar el balón, el equilibrio... todo lo que nos ha pasado contra el Mallorca. Tenemos que buscar una solución rápida y creo que la vamos a encontrar", reflexionó Ancelotti.
El técnico italiano puso sobre sus hombros la responsabilidad de este momento. "La solución la tengo que buscar yo, cuando hay un problema es el entrenador el que tiene que tener la responsabilidad de buscar una solución", e insistió: "La plantilla está cerrada".
Para Ancelotti, se trata de un problema futbolístico: "No creo que sea un problema mental, el equipo entrena bien. A veces en el fútbol pasa, no eres capaz de encontrar la manera mejor de jugar y de ser sólido y contundente como es este equipo. No veo falta de carácter ni actitud".
El Madrid volverá a tener una oportunidad el domingo ante el Betis, nueva piedra de toque para un equipo que después de tres jornadas tiene más dudas que certezas. Las lesiones de Camavinga y Bellingham han dejado el centro del campo vacío de ideas y pulmones, con Tchouaméni y Valverde acumulando todos los minutos del mundo y con Modric, Arda Güler y Brahim rotándose para acompañarles. Más allá del nivel de Mbappé y Vinicius, es ese eje el que parece traer mayores quebraderos de cabeza al entrenador: "Hay mucha distancia entre las líneas, la presión muy alta la hemos hecho bien pero en bloque medio nos falta recuperar bien el balón".
El miércoles de Yeda fue el delirio de Joan Laporta, arrebatado por la alegría de la cautelar que le permitirá inscribir a Dani Olmo y Pau Víctor. Un júbilo que le encontró en pleno acceso al estadio King Abdullah de Yeda, justo antes de la semifinal de la Supercopa de España ante el Athletic Club. Allí, rodeado de directivos propios y rivales, de presidentes territoriales y de todo tipo de autoridades, soltó toda la rabia acumulada.
La noticia sorprendió a la expedición del Barça en su trayecto desde el hotel al campo. El Consejo Superior de Deportes (CSD) acababa de conceder la libertad a Olmo y Víctor, que volverán a ser inscritos «hasta que se resuelva definitivamente» el recurso presentado por el club azulgrana.
A poco más de una hora para el inicio de la semifinal de la Supercopa, el Barça y Laporta recibían la decisión del CSD en un clima de euforia. Poco importaba que con esos plazos tan ajustados Flick no pudiese incluir a Olmo y Víctor en la convocatoria ante el Athletic. En el interior del estadio, Joan Laporta se abrazaba con Enric Masip y Alejandro Echevarría, dos de sus asesores de confianza. Casi fuera de sí, el presidente azulgrana acompañó su alegría con un estrafalario corte de mangas camino al palco.
Eufórico abrazo
Allí, Jon Uriarte, presidente del Athletic Club, estaba tildando la decisión del CSD de «esperpéntica», definición que aterrizó en el seno del Barça para enfrentar todavía más a dos directivas que hace tiempo que no se tragan. «Es una decisión provisional tomada por un órgano político y ahora son LaLiga y la Federación quienes deberán defender la decisión que tomaron», insistió el dirigente rojiblanco en los micrófonos de Movistar.
En la sala anterior al palco llegó el show de Laporta. Según adelantó Marca y pudo confirmar este periódico, el presidente del Barça se transformó cuando vio a Dani Olmo acercarse a él. Abrazó con euforia a su futbolista y, rodeado de multitud de dirigentes, comenzó a gritar al aire «¡Hijos de puta, hijos de puta!». Fue una situación que algunos testigos consultados por este periódico tildan de «violenta». Después de los insultos, el máximo mandatario culé comenzó a golpear varias sillas mientras los demás no daban crédito.
Pasados unos minutos, Laporta encontró la serenidad, ya con Rafael Louzán, nuevo presidente de la Federación, al lado. Se intercambió un detalle protocolario con Uriarte, siempre con Louzán en el medio, y caminó hacia su asiento en el palco. Desde allí observó la victoria del Barça mientras sus contrarios comenzaban a reflexionar sobre las razones de la cautelar, mirando directamente a esa «decisión política» que reclamaba el presidente rojiblanco.
Los intereses de la selección
A esta tesis, la de la injerencia política, podría aferrarse quien examine con algún detenimiento los razonamientos jurídicos del CSD. Porque el órgano gubernamental apeló al artículo 27 de la Ley del Deporte, según el cual los deportistas profesionales tienen derecho «a una carrera deportiva conforme a sus potencialidades y con todas las garantías y certidumbre». Sin embargo, pasa por alto el hecho de que el Barça haya burlado el control económico que el resto de clubes cumplen a rajatabla.
No conforme, el órgano presidido por José Manuel Rodríguez Uribes aprovecha la presencia del Barça en la Supercopa para argumentar que dejar fuera a Olmo y Víctor «causaría un perjuicio económico y deportivo grave para el club y, sobre todo, para los futbolistas». «Esto podría dañar también los intereses de la selección española, así como del resto de las competiciones nacionales, incluida LaLiga», añade.
Uriarte, con aficionados del Athletic, en el King Abdullah de Yeda.ATHLETIC CLUB
De momento, la principal certeza para el Barça es que sus dos futbolistas podrán disputar la final del domingo en Yeda. Y la próxima jornada liguera, el próximo sábado 18 ante el Getafe en el Coliseum. Sin perder de vista el carácter provisional de esta cautelar, dado que en un plazo máximo de tres meses deberá resolverse definitivamente el recurso de alzada del Barça.
En cualquier caso, la decisión del CSD supone un duro golpe para Javier Tebas, presidente de LaLiga, que mostró su «absoluta disconformidad» con el CSD, al tiempo que no descartaba «plantear los recursos que procedan».
Casi en las antípodas de esta contundencia, la Federación Española no quiso entrar en más honduras. «Respetamos las decisiones de un órgano como el CSD, pero no podemos entrar en este tema. Cuando podamos conocer su escrito profundidad haremos una valoración», adelantó Rafael Louzán en Movistar, donde el flamante presidente reiteró que la RFEF había cumplido «escrupulosamente lo establecido».