Courtois, en una de sus paradas de la noche.Pablo GarciaAP
El Madrid ganó con un resultado absolutamente injusto, resuelto por una estúpida mano casi al final del partido, cuando el Valladolid debía estar ganando por dos tantos al menos. No se contabilizaron por la prodigiosa actuación de Courtois, el verdad
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Muchas crónicas, incluida ésta, habrán comenzado, habrán titulado con un 'la tigresa ruge de nuevo'. Lógico. Casi obligatorio. La 'tigresa' es Federica Brignone, que lleva pintado en su casco el feroz rostro del felino. Después de haber vencido el jueves en el supergigante, la veterana (35 años) esquiadora italiana se exhibió triunfal en el gigante tras una primera manga prodigiosa. Una exhibición de clase y carácter que remató en la segunda para llevarse otro oro como otro milagro del deporte, como otra demostración de, conocida su historia, la capacidad del ser humano de ponerse en pie después de haber caído. La noruega Thea Louise Stjernesund y la sueca Sara Hector, vigente campeona olímpica, compartieron la plata al empatar a tiempos (2:14.12), 62 centésimas más que Brignone.
El primer sector había ofrecido un asombroso triple empate a tiempos entre Thea Louise Stjernesund, Sara Hector y la italo-albanesa Lara Colturi, todas en 1:03.97. Parece imposible semejante coincidencia. Mikaela Shiffin se había quedado en 1:04.25. No muy lejos. Pero no muy cerca. O sea, descartada en ese mundo que parcela el tiempo en magnitudes mínimas. Esta temporada se muestra intratable en el eslalon, pero no en el gigante. En el eslalon del miércoles deposita su última esperanza en el seno de su última oportunidad.
Con las garras desenvainadas y los colmillos húmedos, bajó entonces Brignone para registrar un crono de 1:03.23. No lo rebajaron ni la alemana Lena Duerr (1:03.57) ni Sofia Goggia (1:03.69). Las medallas se jugarían en un manojito de centésimas, una fracción de tiempo despreciable en la vida cotidiana, pero capital en muchas ramas del deporte.
El legado de Brignone
En el segundo asalto, Stjernesund y Hector, duplicando el anterior asombro, volvieron a igualar sus tiempos. Esta vez los totales (2:14.12). Increíble. No los superaron Sofia Goggia y Lena Duerr, ya fuera de los metales. Quedaba Brignone. Así que cuando 'la tigresa' salió desde el portillón como si escapara de una jaula en la que ha estado mucho tiempo retenida, únicamente ella podía derrotar a las siamesas nórdicas.
Y así fue. Con un crono de 2:13.50, las dejó 62 centésimas atrás. Ambas se arrodillaron y postraron para rendir homenaje a una heroína sufriente y rediviva. Recordemos su historia. En abril de 2025, después de haber ganado en febrero el gigante del Mundial de Saalbach, sufrió una lesión terrible: fractura de tibia y peroné, rotura multifragmentaria de la meseta tibial, luxación completa de la rodilla y severa afectación de ligamentos y meniscos. A los 34 años, su carrera estaba acabada y, probablemente, tendría problemas para andar de un modo normal el resto de su vida.
STEFANO RELLANDINIAFP
Antes de un año de aquello, es campeona de supergigante y de gigante y, además, en Italia, donde los esquiadores (y nadadores y atletas) gozan de la misma fama que los futbolistas. Alberto Tomba fue durante años el deportista más popular del país, en gemelo trono invernal con Deborah Compagnoni. Hoy día, entre las mujeres, Sofia Goggia, Elena Curtoni y Federica Brignone no les van a la zaga.
Brignone ha adquirido un suplemento de devoción. Ganadora de 37 pruebas de la Copa del Mundo, unidas a 85 podios, vencedora de la general en 2020 y 2025, ha rematado en el gigante un creciente historial. Obtuvo el bronce en Pyeongchang18 y la plata en Pekín22. Ahora es oro. En la ceremonia de inauguración fue la abanderada italiana. Un augurio. Una premonición de grandeza merecida, de previo reconocimiento nacional a una de sus heroínas.
De un extremista a un liberal, de un energúmeno a un moderado, Joan podría dirigirse a Florentino en versos de Neruda: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente". Pérez, aliado de Laporta, su único socio, en la Superliga europea, calla y otorga en la Supercopa española. Hay silencios atronadores.
Alguna que otra vez, al franquismo le convino que el Athletic de Bilbao (el Bilbao, se decía entonces, como se decía el Gijón, el Santander, el
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James Rodríguez se agarra al brazalete de capitán de Colombia como a una tabla de salvación. A sus 31 años no le quedan muchas oportunidades para tratar de resucitar y relanzar una carrera que fue cayendo en picado desde su paso por el Real Madrid. Cada vez menos decisivo en el campo y más cuestionado fuera, sigue manteniendo algunas actitudes díscolas que tanto lastraron sus asombrosas cualidades. Sólo Colombia, su seleccionador Néstor Lorenzo, lo espera. El seleccionador no quiere renunciar a sacar partido a aquel '10' completo que asombró hace 10 años.
En el verano de 2014, James Rodríguez fue la sensación del Mundial de Brasil. Con seis goles, se llevó al Bota de Oro y confirmó que aquel chaval de 23 años que había brillado en Oporto y Mónaco podía tener hueco en el Real Madrid. Florentino Pérez pagó 80 millones de euros y lo puso a las órdenes de Carlo Ancelotti. El italiano pudo sacar lo mejor de él: fijo en el once, marcó 17 goles. Pero ni las exigencias de Rafa Benítez ni las de Zidane las entendió. Su ego era indomable y los problemas comenzaron a aparecer también fuera del campo, tanto que afloraron en una persecución policial por exceso de velocidad. El colombiano se había convertido en un quebradero de cabeza.
Su refugio fue una cesión por dos temporadas al Bayern de Niko Kovac, pero sus números no fueron brillantes. Ocho goles y un problema que describió Lotthar Matthaus: «Es simplemente una cuestión táctica. Es un jugador excelente, pero no tiene hueco en la mayoría de onces de Europa». Tampoco su actitud la tenía en un vestuario de la exigencia del bávaro y acabó desesperando al técnico croata. La reacción del colombiano fue encararse con el técnico y negarle el saludo al director deportivo, Hasan Salihamidzic.
De la Premier a Qatar
De regreso a Madrid, había perdido cualquier posibilidad de jugar en el Bernabéu bajo las órdenes de Zidane y una lesión de ligamentos volvió imposible su resurrección. Su tiempo en LaLiga había acabado y su agente, Jorge Mendes, le buscó acomodo en la Premier.
Recuperado, en el verano de 2019 su destino fue el Everton, esta vez de nuevo bajo el ala de Ancelotti. En este reencuentro de dos temporadas fueron los problemas físicos el lastre, tanto que le llevaron a perderse la Copa América de 2021. Su situación no mejoró, porque Benítez le abrió la puerta y salió camino de Qatar.
El Al-Rayyan pagó ocho millones y aguantó al atacante una temporada para después dejarlo marchar al Olympiacos. Seis meses duró en Grecia, hasta que, otra vez, discutió con el entrenador, José Anigo, y se negó a disculparse ante el vestuario. En abril de 2023 se quedó sin equipo y en el mercado de verano recaló en el Sao Paulo.
Críticas por un penalti
La vuelta a Sudamérica tampoco le ha sentado bien. Debutó y sufrió una lesión en el gemelo que le dejó sin ser inscrito en la primera vuelta del campeonato. Fue entonces cuando pidió rescindir su contrato, firmado hasta 2025, pero la ausencia de ofertas le hizo optar por la continuidad tras pedir disculpas al técnico Thiago Carpini y a sus compañeros. Inscrito para la segunda parte del campeonato, antes de viajar con Colombia a Londres vivió otra polémica. Sao Paulo se jugaba el pase a los cuartos del Campeonato Paulista en penaltis y James no se atrevió a tirarlo. El aluvión de críticas no ha tardado, incluidas las del ex madridista Cicinho: «¿Qué hace este tipo en Sao Paulo?».
Con la polémica pisándole siempre los talones y pocos partidos en las piernas, Colombia quiere intentar resucitar a uno de sus referentes de cara a la Copa América.