El resplandor del récord del mundo de los 400 vallas femeninos cegó París. Sydney McLaughin incendió la noche. Pero hubo más cosas. Entre ellas el triplete de los estadounidenses en los 200. Es decir, se clasificaron uno detrás de otro. Pero ninguno en primer lugar, dominados nítidamente por un Letsile Tebogo (Botswana) que, en su brillo, se permitió el lujo de relajarse al final y, pese a ello, realizar 19.46 y mejorar su tope personal de 19.50.
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Para el aficionado común, e incluso para muchos de los más conspicuos, la temporada ciclista comienza realmente cuando debutan las mayores estrellas. Pues bien, este mismo lunes arrancan Wout van Aert y Tadej Pogacar. El belga, en la Clásica de Jaén. El esloveno, en el Tour de los Emiratos. El miércoles, en el Algarve, se estrenan Jonas Vingegaard y Primoz Roglic.
Los restantes miembros del 'Big 6', o 'Fab 6', Mathieu van der Poel y Remco Evenepoel, aguardarán a algunas de las clásicas de primavera para asomar por la ruta. Unos y otros, repartidos, mezclados, se irán viendo las caras aquí y allá a lo largo del curso. Coincidirán todos en un Tour apasionante. Y probablemente en el Mundial.
La campaña 2025 aporta una novedad. El color amarillo, el más emblemático del ciclismo, asociado generalmente al liderato en las carreras, se ha incorporado al reglamento en forma de tarjetas. Una especie de VAR con el propósito de velar por la seguridad general. Especialmente la del ciclista, el actor principal y el más asomado y próximo al peligro. El más vulnerable. El más castigado.
Bajo el nombre de SafeR, se trata de una iniciativa conjunta de la Unión Ciclista Internacional, la Asociación de Organizadores de Carreras y la de Equipos Profesionales. En 21 supuestos, después de la competición, no como en el VAR, y en virtud de un estudio de lo acontecido, las tarjetas pueden acarrear sanciones de diversa índole, cuantía y duración. Iván Romeo ha tenido el dudoso honor de ser el primer español castigado. Empujar al belga Gianni Vermeersch durante la Vuelta a la Comunidad Valenciana le acarreó una multa de 200 francos suizos y la pérdida de siete puntos en la clasificación.
Vicios del oficio. A fin de tratar de cambiar las malas y arraigadas costumbres que abundan en la caravana por parte de los mismos ciclistas y de toda clase de gente al volante, las tarjetas amarillas son una bienintencionada intrusión en un deporte que ya dispone de suficientes medidas punitivas como para embrollarlo adoptando otras. Un loable procedimiento disuasorio, pero farragoso y prolijo en la detección y procesamiento de los actos y en el dictamen de las culpas.
Un instrumento que se verá a menudo sujeto a las mismas interpretaciones que han hecho del VAR un irritante generador de confusión y polémica. En un terreno de juego delimitado por líneas estrictas, el VAR sólo es aceptable si acata la geometría, no si se interna en la psicología de los cerebros en ebullición o se entromete en la mecánica de los cuerpos en movimiento.
En el ciclismo, en la barahúnda de personas y máquinas, en la mezcolanza de complexiones y colores será muy difícil distinguir las maniobras evasivas de las intrusivas. Las defensivas, de las agresivas. Los roces inevitables, de los empellones arteros. Los bandazos y, en lenguaje aeronáutico, alabeos y guiñadas, de las imprudencias temerarias.
Al final del curso, a tenor del comparativo número de fracturas y erosiones, veremos si el amarillo cuaja como factor de alta protección, o si continúa siendo un cálido color que comparte el brillo del sol y el oro. Metáforas universales de la gloria y el dinero.
Olvidémonos de Eddy Merckx. La verdadera unidad actual de medida de Tadej Pogacar (26 años) es Bernard Hinault. Los tiempos son siempre distintos, ya se sabe. Pero de algún modo hay que establecer las comparaciones. Y, después de todo, el programa y el calendario son básicamente los mismos. Y todos los ciclistas, los de ahora y los de siempre, tienen un corazón, dos pulmones, dos piernas y deben dar pedales encima de la mejor bicicleta del momento.
Incluso así, es difícil llegar a conclusiones absolutas. Las relativas son admisibles como tabla de cálculo. Fechas por fechas, existen matices. Merckx nació en junio de 1945. La temporada de sus 26 años pillaba a caballo entre dos saltos temporales. Hinault es de noviembre de 1954. Hacía toda la campaña con la misma edad. Pogacar acaba de cumplir, el 21 de septiembre, 26 años. Es decir, ha hecho casi todo el curso con 25. Pero ya con los 26 ganó el Mundial, el Giro de Emilia y el Giro de Lombardía.
Por lo tanto, para no complicar en exceso el cotejo por unos meses más o menos, para concretar, pensemos en un Merckx de 26 años en 1971. En un Hinault de esa misma edad en 1981. Y en el Pogacar de 2024. Para centrar, acotándolas, las comparaciones debemos referirnos a las cumbres referenciales de las carreras ciclistas: las tres grandes rondas, los cinco Monumentos y el Mundial.
A sus 26 celebrados años, Pogacar lleva 88 triunfos, entre ellos hay cuatro grandes rondas, siete Monumentos y un Mundial. A esa edad, Hinault acumulaba 85 (tres menos que Pogacar), cinco grandes rondas (una más), cuatro Monumentos (tres menos) y un Mundial (empate). Trayectorias, en conjunto, parejas, homologables. Parece claro que Hinault es el hombre a batir por Pogacar en el futuro. Obviamente, no será fácil. Pero el esloveno se halla en disposición de superar las 10 grandes rondas del francés.
Pogacar y Eddie Merckx.MUNDO
No así en lo referente a Eddy Merckx, que a los 26 años había ganado, en la más comedida de las distintas estimaciones, 119 carreras, en las cuales figuraban cinco grandes rondas, 10 Monumentos y dos Mundiales. Acabará su trayectoria con 11 grandes rondas, 19 Monumentos y tres Mundiales.
Pogacar, por mucho que se apresure, no tiene tiempo material para superar semejante palmarés. Es verdad que ha hecho cosas inéditas, como ganar un Mundial escapándose a 100 kms. de la llegada y ganar en la misma temporada el Tour, el Giro, el Mundial y un par de Monumentos. Pero todos los grandes han protagonizado hazañas exclusivas. Hinault (dejemos aparte a Merckx), sin ir más lejos, otro gigante habitualmente solitario, ganó en Lieja en 1980 tras 80 kms. de escapada bajo un temporal de nieve y temperaturas bajo cero que hizo que llegasen a la meta sólo 21 hombres de los 174 que partieron. Dejó al segundo, Hennie Kuiper, a 9.24.
Merckx, critériums aparte, y arrollador en el campo amateur, obtuvo profesionalmente, según diversas fuentes que quizás añaden otro tipo de galardones e incluso el récord de la hora, 286 o 249 victorias. En la cifra más restrictiva, 220. Hinault, que es quien realmente nos incumbe, y por las mismas razones, 146 o 136. A Merckx, suprema jerarquía, ni siquiera se le acercan no sólo Hinault, sino los sprinters y/o los rodadores, que acumulan numerosos éxitos parciales en las pruebas por etapas o de un día. Ni Mario Cipollini, ni Roger de Vlaeminck, ni Rik van Looy, ni André Greipel, ni Alessando Petacchi, ni Freddy Maertens, ni Mark Cavendish. Ni, con virtudes complementarias, Sean Kelly, Francesco Moser, Laurent Jalabert o Giuseppe Saronni. Ni, entre nosotros, Alejandro Valverde.
Pogacar no está «en la estela de Merckx», sino en la de Hinault, que se interpone entre ambos. Es probable, pero no seguro, que Pogacar alcance a Hinault. Es prácticamente imposible que se eleve por encima de Merckx. Pese a ello, estamos ante un campeón no de época, sino de épocas. En averiguar cuáles son sus límites reside el mayor atractivo del ciclismo actual.