Este mismo año había ascendido solo y sin cuerda por la vía Moulin Rouge, en los Dolomitas
Jonas Hainz, en su vídeo de la ascensión por la vía Moulin Rouge
El escalador Jonas Hainz, de 25 años de edad, ha muerto al sufrir una caída cuando intentaba ascender en solitario al Monte Magro, en Tirol del Sur, en el norte de Italia. Su muerte la ha confirmado el grupo de rescate Bergettrung Bruneck EO, del que formaba parte como socorrista.
Según los medios locales, Hainz sufrió una caída de unos 100 metros en la cara sur del macizo. Fueron sus compañeros los que avistaron su cuerpo, que fue recuperado por un helicóptero.
Jonas Hainz captó la atención de los aficionados a la escalada cuando, el pasado mes de septiembre, difundió el vídeo de su ascenso en solitario y sin cuerda por la vía Moulin Rouge, que habían abierto dos décadas antes su padre, Christoph Hainz, y Oswald Celva, en el macizo del Catinaccio, en Dolomitas.
Un logro que le llevó poco más de una hora y que él mismo definió como “un auténtico juego mental a cientos de metros sobre el suelo”.
Se aburrieron de ganar y dejaron el Mundial porque cada victoria, sencillamente, había dejado de ser noticia. Lancia dominó el panorama de los rallies entre 1987 y 1992 gracias a la superioridad de su Delta Integrale, una joya del diseño que aún hoy alimenta el deseo de los coleccionistas. Un coche de tracción a las cuatro ruedas con un motor turboalimentado que conquistó seis títulos de constructores y cuatro de pilotos, repartidos equitativamente entre Juha Kankunnen y Miki Biasion. Sin embargo, aquel proyecto de Cesare Fiorio, desarrollado en el Martini Team por el mánager Claudio Lombardi y Ninni Russo, su jefe de mecánicos, levantó también una oleada de sospechas entre sus competidores.
Para asistir a la génesis del Delta Integrale hay que viajar al Salón de Frankfurt de 1979, cuando Lancia presentó en sociedad su nuevo modelo compacto. Un diseño de líneas muy rectas, acorde a los gustos del momento, obra del genial Giorgetto Giugiaro sobre las bases del Fiat Ritmo. Un coche elegante y versátil como respuesta al recién nacido Volkswagen Golf, pero que no había sido concebido para la competición. Sin embargo, el empeño de Fiorio y Lombardi transformaría aquel vehículo funcional en la bestia rugiente que se impuso en 47 pruebas del Mundial durante siete años.
En realidad, la dinastía se erigió sobre las cenizas de la tragedia. La muerte de Atilio Bettega en el Rally de Córcega de 1985, sumada un año después a las de Henri Toivonen y Sergio Cresto, también sobre las diabólicas carreteras corsas, obligaron a la FIA a prohibir los coches del Grupo B, cuyo exagerado nivel de prestaciones impedía garantizar la seguridad de pilotos y público. Era el turno de los Grupo A, estrictamente basados en su versión de calle. El momento de Lancia, que contaba en la fábrica de Abarth con casi un centenar de mecánicos y técnicos expertos en rallies. Entre su selecto elenco de ingenieros destacaron Sergio Limone y Giorgio Pianta, dando el impulso definitivo a la tracción integral y los motores turbo, las claves para adaptar el coche a la nueva reglamentación. Por no hablar, claro, de los pilotos.
Destruir las pruebas
Algunos aficionados siguen hoy contando la historia de aquel tramo del Rally Mil Lagos que recorría el pueblo de la novia de Kankkunen y que él conocía de memoria porque pasaba por allí casi a diario. "Yo estaba en la salida y vi que se había dado un toque en el tren trasero, por lo que llevaba una llanta totalmente torcida. ¿Te puedes creer que con esa rueda sólo perdió unos segundos en la especial? Aunque flojeaba sobre asfalto, en los tramos de tierra Juha era una bestia. Al revés que Biasion", explica a este diario un testigo directo de aquella época dorada. Un rival que esboza una imagen bastante menos amable de Fiorio -"el típico italiano un poco estiradito"- y que desgrana, sin tapujos, algunos de los trapicheos que convirtieron a Lancia en una sospechosa habitual.
"Disponíamos de un aparato con el escuchábamos lo que se hablaba en los coches. En una ocasión, sin proponérmelo, oí preguntar a Lombardi: Si ha fatto el intervento? Al día siguiente, el Delta corría que era una barbaridad". Esa manipulación afectaba a una brida que Lancia ensanchaba para multiplicar el soplo del turbo. "Cuando iba a terminar el rally, antes de las verificaciones, dijeron que se les había roto el turbo y que para desarmarlo le habían pegado un martillazo. Por lo tanto, no dejaron pruebas de nada. Fue un gran escándalo".
Esas artimañas eran moneda habitual aquellos años, en plena belle époque de los rallies. Los equipos disponían de total libertad para desarrollar sus coches sobre el terreno; los pilotos fraternizaban en los hoteles; los duelos en el Col de Turini, el más legendario del Rally de Montecarlo, se prolongaban durante una noche entera, con casi 150 km cronometrados... "Aunque fuesen rivales, quedábamos para cenar, charlábamos y teníamos una relación que hoy ya no existe. No era ni mejor ni peor. Sencillamente, los rallies han cambiado y ahora son mucho más cortos. Hoy hacen test durante un par de días y antes nos pasábamos dos semanas", asegura Luis Moya, en conversación con este periódico.
[embedded content]
"Existía un respeto mutuo, pero jamás contabas cómo iba tu coche y tampoco sabías nada del de al lado, porque nadie hablaba de ello. Nunca se trataba nada de rendimiento, ni de otras historias" añade el ex copiloto de Carlos Sainz. Al volante de un Toyota Celica, la pareja española conquistó los Mundiales de 1990 y 1992. Por aquel entonces, las ventas del modelo japonés crecían como la espuma en España. Cualquier éxito durante el fin de semana se trasladaba el mismo lunes a los concesionarios. El Mundial arrastraba pasiones y los patrocinadores tendían sustanciosos contratos. Había demasiado en juego como para mantenerse lejos de la tentación.
Un año, los tiempos del Team Martini despertaron tantos recelos que ya sólo quedó la pista de la gasolina. "No sabíamos cómo lograban tanto rendimiento hasta que un día nos llegó un extintor. Parece de chiste, aunque fue ahí cuando descubrimos que se trataba de un depósito con combustible enriquecido, con la entrada del caudal por un lado y la salida por el otro. Cuando llamamos al proveedor nos dijeron que se habían confundido con las prisas. En realidad, todo aquello era para Lancia y nos lo entregaron a nosotros por error", rememora la citada fuente, que ha preferido no revelar su identidad.
El boliígrafo Bic
Estas triquiñuelas resultaban tan seductoras que Toyota, un equipo cuyo desorbitado presupuesto le permitía enviar 200 personas al Rally Safari, también terminó sucumbiendo. Los nipones fueron cazados por la FIA en el Rally de Catalunya de 1995 y apartados del Mundial durante dos temporadas. Hoy, los avances en la electrónica y las minuciosas telemetrías dificultan la adulteración, pero por entonces hasta un sencillo bolígrafo Bic permitía traspasar el reglamento. "Era una trampa mucho más sencilla. En el tubo de goma del turbo se metía la funda del boli, la punta con la parte transparente. Unos tres dedos nada más, para que el diámetro del turbo disminuyera y así soplara el doble. Como las asistencias se hacían en el campo, un mecánico retiraba el boli mientras te limpiaban el coche antes de la meta. Durante la verificación final de la presión del turbo imagina dónde podían buscar el Bic.
La estrella de Lancia empezaría a declinar a finales de 1991, cuando la cúpula de Fiat, la empresa matriz, decidió cerrar la división de fábrica del Martin Team. Dos años antes, Fiorio ya se había bajado del barco, por culpa de una oferta irrechazable de Ferrari, en busca de un director deportivo tras el fallecimiento de Don Enzo, Il Commendatore y presentara batalla a McLaren en el Mundial de Fórmula 1. "Había llegado un momento en que sólo salíamos en los titulares si no ganábamos", se justificaba Russo. En verdad, la razón más plausible para el final de este cuento de hadas deba achacarse a una errónea apuesta de Gianni Agnelli. El gran capo de Fiat, bajo el consejo de su director ejecutivo, Cesare Romiti, quiso potenciar una marca de lujo con lo mejor de Lancia y Alfa Romeo. Aquella estrategia se llevó por delante al rey de los rallies.
En 1992 aún pudieron despedirse con el último de sus seis títulos consecutivos de constructores. Pero ya no había vuelta atrás: el equipo oficial pasaría a manos privadas. Las del Jolly Club, propiedad de Claudio Bortoletto. El peor momento para el aterrizaje de Sainz, que se había comprometido unas semanas antes tras solventar un tormentoso conflicto de patrocinio entre Castrol y Repsol. Después de nueve victorias en tres años con Toyota, la pareja española no logró sumar ni una tras 13 carreras, incluida la descalificación del Rally San Remo por el uso de un carburante prohibido. Todo un descrédito para Lancia ante sus propios tifosi.
Ruote da Sogno
"No es que fuese el coche fuese malo, no, pero tampoco era bueno, porque no podíamos con nadie. Nos encontramos el Delta tal como lo habían dejado el año anterior. Hacíamos lo que podíamos, pero el coche se quedó en desarrollo cero. Desde principios de año no hubo ninguna evolución. Mientras los rivales iban avanzando y seguían trabajando, nosotros nos quedamos estancados", argumenta Moya.
Aunque el Volkswagen Polo cuenta con un mejor porcentaje de triunfos y de títulos consecutivos -cuatro entre 2013 y 2016- la huella del Delta Integrale sigue presente en las cunetas de media Europa. "Hay varios coches que han ganado mucho, como Citroën con Sebastian Loeb. También Subaru y Toyota han conquistado Mundiales, pero no podría decantarme por uno en particular. De hecho, no creo que tenga sentido comparar coches de diferentes épocas. Considero que no contamos con suficientes elementos de juicio", zanja Moya, sin un mohín de amargura pese a aquella funesta aventura.
"Es un modelo que marcó una época y siempre pensaré que es una lástima que Lancia no esté de vuelta en el Mundial"
Luis Moya
"Es un modelo que marcó una época y siempre pensaré que es una lástima que Lancia no esté de vuelta en el Mundial". De momento habrá que seguir esperando, ya que los rumores que situaban a Carlos Tavares, CEO del gigante automovilístico Stellantis, como nuevo condotiero nunca se confirmaron. El portugués, que ya lideró en 2017 el regreso de Citroën al Mundial, ha querido potenciar Lancia como una de sus tres marcas premium, aunque por ahora los balances de cuentas pesan más que el romanticismo.
La llama de la nostalgia, claro, sigue viva entre los fanáticos, que sobrellevan a duras penas la actual decadencia del WRC. Desde luego, el Delta Integrale es uno de los coches más eficaces y especiales jamás diseñados. Un modelo que toca la fibra sensible. Y es que, pese a su delicadísima puesta a punto, en algunas subastas se han escuchado ofertas de más de 250.000 euros. No sólo se trata del bramido de su motor (1995 cc y 300 CV) sino, a más pequeña escala, de su maravillosa colección de relojes en el cuadro de mandos, con un manómetro de la presión del turbo y otro de la temperatura del aceite. En cuaquier caso, nadie podrá medir o pesar el alma de este coche.
Al Barça le bastó con el primer tiempo para sumar una nueva victoria en la Liga. La contundencia ante la portería contraria de Robert Lewandowski, autor de un inapelable hat- trick y que sigue exhibiendo un estado de forma del todo envidiable a sus 36 años, unida a la trabajada estrategia del fuera de juego de los azulgrana, fueron los grandes argumentos del equipo de Hansi Flick para derrotar al Alavés con un contundente 0-3. [Narración y Estadísticas, 0-3]
El triunfo les permite a los barcelonistas marcharse al parón de selecciones manteniendo su ventaja de tres puntos en la cabeza de la tabla con respecto al Real Madrid, si bien sumaron un nuevo contratiempo en forma de lesión. Ferran Torres, que se resintió de unas molestias musculares, tuvo que dejar muy pronto el terreno de juego y obligará así al seleccionador español, Luis de la Fuente, a introducir un nuevo cambio en su lista para los próximos compromisos de la Liga de Naciones.
El Barça dejó el duelo en Mendizorroza prácticamente visto para sentencia en la primera parte. Con un Lewandowski que vive una segunda juventud de la mano de Flick y un Raphinha del todo imprescindible en los esquemas del alemán, los azulgrana se las arreglaron para poner un contundente 0-3 en el marcador en poco más de media hora.
El polaco, de hecho, aprovechó dos buenas asistencias del brasileño, la primera tras servicio de falta y la segunda después de una cabalgada espectacular del ex del Leeds, para anotar sus dos primeros goles de la tarde. Después, haría también lo propio con una buena asistencia de Eric García, relevo de un Ferran Torres que tuvo que dejar el campo a los cinco minutos por lesión, para poner algo más de tierra de por medio en el marcador. Poco antes de esa tercera diana barcelonista, el conjunto babazorro había contado con dos buenas intervenciones consecutivas de su arquero, Sivera, para aspirar a seguir metido en el duelo lo máximo posible.
Los azulgrana , no obstante, no solo marcaban diferencias ante la portería rival. La posesión, de nuevo, era su principal argumento para desmontar los intentos por meterse en el partido de un rival que tenía que fiar gran parte de sus opciones a tratar de sorprenderlos a la contra o por medio del balón parado. Y el Alavés, de hecho, consiguió enviar el balón al fondo de la red al límite del reloj en la primera mitad, pero su acción, tal y como le había sucedido también a Raphinha en el arranque, fue finalmente invalidada por fuera de juego.
Diferencias en la portería
Tras el descanso, el equipo de Luis García Plaza saltó al terreno de juego dispuesto, por lo menos, a reducir distancias en el marcador. Y a punto estuvo de conseguirlo muy pronto, aprovechando un mal palmeo de un Iñaki Peña tremendamente inseguro en los balones aéreos. El remate de Toni Martínez, quien había recogido el mal rechace del arquero, acabaría por se estrellarse en el poste derecho de la portería azulgrana.
Los locales, por supuesto, trataron de intensificar su acoso al área rival, con un Barça más preocupado en el segundo tiempo de conservar la renta conseguida que de ampliarla. Sus intentos, no obstante, carecieron en la mayor parte de las ocasiones de la puntería necesaria para lograr su objetivo. La mejor opción, nacida de las botas de Conechny, le permitió a Iñaki Peña resarcirse de sus dudas con una buena intervención en dos tiempos.
Y más se luciría aún Sivera en dos opciones casi consecutivas para evitar que Ansu Fati, relevo en el césped de Lamine Yamal, diera paso al póquer azulgrana cuando el duelo encaraba ya su recta final. Una recta final que vería también otra buena intervención del portero azulgrana tras un balón muy comprometido en defensa del joven delantero barcelonista. El Alavés, además, en su esfuerzo por meterse en el partido, caía también una y otra vez en la trabajadísima trampa del fuera de juego de los de Flick. Hasta tal punto, que el marcador no volvería a moverse ya hasta el término de un encuentro en el que los barcelonistas retomaron su velocidad de crucero en la Liga.