La Policía portuguesa realiza este domingo registros en varios establecimientos del club del Oporto relacionados con una operación desencadenada hace meses a raíz de los incidentes registrados en la Asamblea General del club.
La nueva dirección del club, liderada por André Villas-Boas, informó en un comunicado de los registros, llevados a cabo en la tienda del socio del Estadio do Dragão y en la sociedad Porto Comercial, participada por el Oporto.
El club “se compromete a prestar todo el apoyo a las autoridades en el desarrollar de sus diligencias”.
La Policía de Seguridad Pública (PSP) de Oporto confirmó a Efe que los registros están relacionados con la llamada Operación Pretoriano, que investiga los incidentes ocurridos en la Asamblea General del club, cuando hubo agresiones a aficionados.
La operación se saldó con doce detenciones, entre ellas la de Fernando Madureira, líder del principal grupo de hinchas del club, los Super Dragones.
Según documentos de la Fiscalía citados por medios locales, este grupo pretendía crear “un clima de intimidación y miedo” que sería “favorable a los intereses” de la entonces dirección del conjunto, liderada por Jorge Nuno Pinto da Costa.
La dirección de Pinto da Costa se demarcó y ofreció su cooperación a las autoridades.
Álex de Miñaur es un tenista con una mentalidad asombrosa. En los partidos pasa por momentos desesperantes, instantes crueles, y no mueve ni una ceja. Sigue a lo suyo, nunca se queja. No solo mantiene el tipo, también mantiene el tenis. Por eso este domingo era un adversario complicado para Carlos Alcaraz. En su debut en las ATP Finals de Turín, el español venció al australiano en dos sets (7-6 [5], 6-2) y demostró que le sobra confianza. ¿Ganar el torneo? Claro. ¿Recuperar el número uno? Por supuesto.
Con el recuerdo de la derrota en la primera ronda del Masters 1000 de París, Alcaraz podría haber temblado, vacilado, temido... pero no lo hizo. Pese a la resistencia de De Miñaur, sumó su primera victoria en una hora y 40 minutos de juego y ahora seguramente le bastará con un triunfo más —ante Taylor Fritz o ante Lorenzo Musetti— para clasificarse para semifinales. Su vuelta a la cima del ranking ATP, cada vez más cerca.
El juego del australiano encaja a la perfección con las virtudes de Alcaraz —de ahí que siempre le haya vencido—, pero no así su estoicismo. Ante alguien así, las dudas de los últimos tiempos podrían haberse multiplicado. Más aún teniendo en cuenta el desarrollo del partido.
Trabajo previo
El español apareció en la pista del Inalpi Arena con seguridad, listo para finiquitar pronto el duelo. Se notaba el trabajo psicológico previo: duro desde el primer punto. Pero De Miñaur estaba dispuesto a resistir cualquier cosa. Con 4-1 y 0-40 en contra, la mayoría de rivales le habrían concedido a Alcaraz el primer set, si no el encuentro entero. Pero el australiano levantó las tres bolas de break, remontó la desventaja y llevó el parcial hasta el tie-break. A base de piernas y actitud, su defensa hizo que Alcaraz empezara a acumular fallos, sobre todo con su derecha.
No era el desastre de París, pero en el box del actual número dos del mundo se notaban los nervios. En la muerte súbita, de hecho, De Miñaur llegó a mandar por 5-3, y tuvo que ser entonces Alcaraz quien mostrara entereza. Su recuperación para llevarse el primer set lo lanzó hacia el triunfo, aunque no fue gracias a recuperar su drive, a pegar golpetazos ni a imponer su fuerza. Fue gracias a su precisión.
Con varios golpes muy delicados, especialmente su revés paralelo, el español fue desarmando a su adversario, aunque este nunca se rindió. Incluso en ese segundo set, con 5-2 en contra, De Miñaur siguió buscando una resurrección que ya era imposible. A la espera de lo que ocurre en el duelo entre Fritz y Musetti, Alcaraz ya tiene el camino marcado para acabar el año con una alegría, por fin, de una vez.
Tribunales
GERMÁN GONZÁLEZ
Barcelona
Actualizado Jueves,
26
octubre
2023
-
18:59Ver 3 comentariosMantiene el rechazo a la Abogacía del Estado para que el...
El gigante de los Alpes encumbró al favorito y puso a prueba la capacidad de resistencia y sufrimiento de un orgulloso defensor del título. Tadej Pogacar derrotó a Jonas Vingegaard en las paredes nevadas del coloso Galibier en el primer desafío de alta montaña. Liderato para el esloveno, con una renta de 45 segundos sobre Remco Evenepoel y 50 sobre el danés. Una jornada espléndida para Juan Ayuso, que tras ejercer como gregario de Pogacar, tuvo el coraje de terminar tercero. Carlos Rodríguez y Primoz Roglic también entraron en el grupo de los mejores.
En la formidable cima alpina se volvió a escribir otra página gloriosa con un ejercicio tremendo de potencia de Pogacar y un emocionante descenso hasta Valloire, en el que sacó de punto a Vingegaard. La preparación del Tour del danés, tras la caída en el País Vasco, parece que se ha quedado corta.
Y es que el Galibier nunca defrauda. Desde la prehistoria de las máquinas de hierro, aglutina los relatos más épicos del ciclismo. En 1933 acogió la primera gran hazaña de esos escaladores con cuerpo de jilguero. Vicente Trueba, que presumía de recorrer Torrelavega y Madrid del tirón, estableció el primer gran récord de subida en el Tour de Francia: dos horas y 10 minutos en coronar la terrorífica cima alpina, 23 minutos menos que el mejor registro que ostentaba el francés Eugène Christophe.
"Donde las águilas no llegan''
El cántabro (1,57 metros y poco más de 50 kilos), corría sin equipo, sin asistencia mecánica y coronaba los puertos en primer lugar y en solitario. En las fotos siempre aparecía subiendo solo, por delante del pelotón. Fue el primer ganador del Premio de la Montaña y el pionero en escalar agarrado a la parte baja del manillar. Creó estilo. Henri Desgrange, el fundador de la ronda francesa, le bautizó como La pulga de Torrelavega. Al director y al público les apasionaba la manera salvaje de escalar del español nacido en el valle de Sierrapando.
Trueba fue un precursor al que le privaron de ganar el Tour. En la 10ª etapa de la edición de 1933, entre Digne y Niza, el cántabro se metió en una fuga de seis corredores que dejó a todo el pelotón descalificado por fuera del control. Pero Desgrange ordenó a los jueces que ampliaran el margen del retraso permitido, pasando del 8% al 10%, de esa manera rescataron a todos. En la clasificación general final, Trueba quedó sexto, los cinco primeros fueron corredores repescados. Lógico y entendible que siempre reclamara ese Tour.
Trueba, un peso pluma, volaba en las subidas y se hundía en los descensos. Carecía de la habilidad de Pogacar, que este martes se lució en la emblemática ascensión que determinó la resolución de la etapa. El esloveno retó a Vingegaard en un descomunal ataque a falta de 800 metros para la cima del Galibier y coronó primero, con una renta de ocho segundos, esa cúspide donde los ''hombres supieron elevarse a una altura donde las águilas no llegan'', según proclamó Desgrange.
Ayuso, Vingegaard y Pogacar, en la subida al Galibier.AP
La subida al Galibier (30 kilómetros de longitud) fue un ejercicio de desgaste. Después del paso por Lautaret, se abrieron las hostilidades. Tras neutralizar una fuga en la que se metieron Oier Lazkano, Van der Poel o García Pierna, Pogacar puso a trabajar a todos sus escuderos: Politt, Wellens, Soler, Sivakov y Almeida para estirar el pelotón y descolgar al líder Carapaz y a gente relevante como Bernal, Pidcock, Thomas, Enric Mas, Bardet o Simon Yates.
Carapaz, principal damnificado
A falta dos kilómetros ordenó a Juan Ayuso que asumiera el mando. El empuje del debutante español terminó por minar las energías de los enemigos de Pogacar. Cuando parecía que había quemado al equipo sin resultado, el esloveno saltó cerca de la pancarta de la Montaña y todos, excepto Vingegaard, se apartaron. En dos acelerones se desprendió del danés. A partir de ahí comenzó un nuevo festival, negociando con maestría las curvas en un descenso vertiginoso. Los ocho segundos en la cima se convirtieron en más de medio minuto en la meta.
El Galibier, una vez más, fue cuna de gestas y brutales desfallecimientos. El damnificado de hoy fue el líder Carapaz. Cedió cerca de cinco minutos y medio. Allí Vingegaard desnudó en 2022 a Pogacar con una sucesión de ataques coordinados del Visma; Contador firmó su ataque más desesperado en 2011, Pantani humilló a Ullrich en 1998. En su cima se lucieron Bartali, Coppi, Bahamontes, Charly Gaul, Merckx, Ocaña, Zoetemelk...Una subida sólo al alcance de los mejores.