Vinicius salva a Brasil del fiasco ante la imponente superioridad de Marruecos

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Brasil y Marruecos firmaron tablas en el primer gran partido del Mundial. El primero entre dos selecciones Top-10 del ranking de la FIFA. Los africanos, semifinalistas en Qatar, volvieron a demostrar que han llegado a la elite para quedarse y fueron superiores con y sin balón a los de Ancelotti, que vivieron gracias a un golazo de Vinicius Júnior. Sairabi, nacido en Terrassa, marcó con una extraordinaria vaselina el primero de los Leones del Atlas a pase de Brahim, nacido en Málaga.

Decía Achraf Hakimi en la previa del partido que “somos la Brasil de África“. En el momento pudo parecer exagerado, pero la realidad futbolística del MetLife Stadium de Nueva Jersey confirmó el comentario. Marruecos es más brasileña que la ‘seleçao’. Achraf fue un lateral de largo recorrido y potente, Bouaddi y Ounahi centrocampistas de toque, desborde y verticalidad, Brahim el mediapunta técnico diferencial y Saibari, con su vaselina, el goleador extraordinario. Marruecos tuvo toque, posesión, paciencia, inteligencia con balón e ímpetu sin él. Y sólo sufrió cuando apareció Vinicius Júnior.

El runrún entre el público sudamericano comenzó durante los primeros 15 minutos. Su equipo era incapaz de dar más de dos pases y los marroquíes llegaban una y otra vez sobre la portería de Alisson. Ancelotti apostó por Casemiro, Guimarães y Paquetá en el centro del campo y no ganó el duelo ante su rival, demostrando que en esa zona del campo Brasil parece haber perdido jerarquía en el fútbol internacional.

Ahí crecieron Bouaddi y Brahim. Uno para construir y el otro para crear situaciones de peligro. Una de ellas acabó en gol. El jugador del Madrid recibió en el centro del campo, se giró rápido y vio y encontró el desmarque de Saibari, rápido ante la lentitud de Gabriel. Sin tiempo, el delantero del PSV, nacido en Terrassa picó la pelota ante la salida de Alisson. Un golazo ‘Made in Spain’.

Ancelotti, sufriendo, encomendó el destino de su equipo a Vinicius, como en tantas otras ocasiones en el Real Madrid. Y el ‘7’ respondió. Ya le había dejado un centro medido a Igor Thiago que éste no alcanzó a rematar con claridad, pero después del empate se echó a su selección a la espalda.

Retó a Achraf una y otra vez y en el 31 le venció en la línea de fondo, recortó hacia dentro del área y definió con fuerza al lado izquierdo de Bono. En el banquillo, puños en alto, Ancelotti respiraba.

Lo hacía también el público y los periodistas brasileños, con la presión de 22 años sin ganar un Mundial y 12 sin pasar de cuartos. Demasiado tiempo para el país que ha dominado la historia del balón.

En el descanso, Ancelotti retiró a Casemiro, amonestado y sufriendo para contener el poderío físico marroquí, y a Ibáñez, que también tenía amarilla, para darle el partido a Danilo y Fabinho, otros dos veteranos de guerra.

Pero Marruecos domó el balón, siempre en los pies y en la cabeza del joven Ayyoub Bouaddi, de 18 años. El del Lille, en su debut en un Mundial, se hizo con el partido cuando quiso con la pausa de un treinteañero. Junto a El Aynaoui, de la Roma, fabricó el fútbol de los africanos para meter miedo a una Brasil impotente con balón cuando Vinicius perdió oxígeno.

Raphinha probó a Bono rozando el 80, pero el duelo, con ambos equipos fundidos físicamente, murió con un empate que deja a los dos contentos lo suficientemente contentos. Amaimouni tuvo la victoria marroquí, pero Alisson reaccionó a tiempo tras un rechace.

Brasil y Marruecos suman un punto camino de las eliminatorias y a la espera de vencer en sus dos próximos partidos ante los rivales más débiles del grupo. Los sudamericanos se medirán el próximo viernes a Haití en Philadelphia, mientras que los africanos harán lo propio contra Escocia en Boston.

kpd